Libro

Dom Calmet

(1672-1757)

BIOGRAFÍA

Antoine Calmet nació un 26 de febrero de 1672 en la familia humilde de un herrero de Mesnil-la-Horgne, al sur de Commercy, en la Lorena francesa. Desde muy joven manifestó un temperamento proclive al estudio. El 23 de octubre de 1689 ingresó en la congregación benedictina de Saint-Vannes et Saint-Hydulphe. Ingresa como novicio en la abadía de Saint-Mansuy de Toul, donde pronuncia sus votos el 23 de octubre de 1689. Desde allí fue enviado a cursar estudios de Filosofía en la abadía de Saint-Epvre y de teología en la abadía de Munster. En 1696 es ordenado sacerdote y le envían como profesor de teología y filosofía a Toul, y después a Moyenmoutier.

En 1704 Calmet es el encargado de explicar las Escrituras en la abadía de Moyenmoutier y en la de Munster. En 1718 se convirtió en abad de Saint-Léopold de Nancy. Calmet tuvo acceso a las enormes bibliotecas de su orden y aprovechó bien esta circunstancia convirtiéndose en un auténtico erudito. En 1728 es nombrado abad de Senones, capital del principado de Salem donde permanecerá ya hasta la fecha de su muerte, el 25 de octubre de 1757. Durante su ejercicio como abad de Senones realizó una increíble actividad intelectual convirtiendo la biblioteca de la abadía en una de las mejores de toda Lorena. Antoine Calmet, que adoptó como nombre de religión el de Dom Augustin, y que sería conocido al fin con el sobrenombre de Dom Calmet, fue autor de muchas obras, históricas en su mayoría; y se ganó una muy excelente reputación como erudito y personaje culto de su época.

LA OBRA DEL BENEDICTINO

Calmet fue un autor prolífico de vastos conocimientos. Entre sus obras cabe destacar las siguientes:

  • Abrégé de l'histoire de la Lorraine, Nancy, 1734.
  • La Bible en latin et en français, avec un Commentaire littéral et critique, Paris, 1707-1716, 23 vol. in-4.
  • Bibliothèque lorraine, ou histoire des hommes illustres qui ont fleuri en Lorraine, Nancy, 1751.
  • Commentaires sur l’Ancien et le Nouveau Testament, en latin puis en français (26 volúmenes), 1707-1717.
  • Dictionnaire historique et critique de la Bible, Paris, 1722-1728, 2 vol. m-fol.
  • Dissertation sur les grands chemins de Lorraine, Nancy, 1727.
  • Histoire de l'Ancien et du Nouveau Testament.
  • Histoire de l'abbaye de Munster, Colmar, 1882.
  • Histoire de l'abbaye de Senones, Saint-Dié, 1877-1881.
  • Histoire ecclésiastique et civile de la Lorraine, Nancy, 1728.
  • Histoire généalogique de la maison du Châtelet, Nancy, 1741.
  • Histoire universelle sacrée et profane, Strasbourg, 1735-1747.
  • Notice de la Lorraine, Nancy, 1756.
  • Traité historique des eaux et bains de Plombières, de Luxeuil et de Bains, Nancy, 1748.
  • Traité sur les apparitions des esprits et sur les vampires, ou les revenants de Hongrie, de Moravie, etc., 1746.

UN TRATADO DE VAMPIROLOGÍA

Calmet se ocupó de aparecidos y vampiros en una obra, Traité sur les apparitions des esprits et sur les vampires, ou les revenants de Hongrie, de Moravie, etc. que distribuyó en dos volúmenes, el primero de ellos denominado Traité sur les aparitions des anges, des démons, et des ames des défunts; y el segundo, dedicado a los vampiros, Dissertation sur les revenants en corps, les excommunies, les oupirs ou vampires, brucolaques. La obra fue publicada por primera vez en París, en 1746. El éxito de la misma fue tal que se volvió a reeditar en 1749, 1750 y 1751 (un ejemplar de esta última edición es la que emplearemos para traducir algunos pasajes a lo largo de este artículo). En cada una de estas reediciones el material fue revisado y complementado con más datos que en las anteriores. La obra tuvo tanta repercusión que a menudo se considera a Calmet como el primer vampirólogo de la historia, y a su tratado como el primer tratado de vampirología. No obstante, no es, como a menudo se afirma, la primera obra dedicada al vampirismo, aunque desde luego su importancia es capital e indiscutible, y el hecho de no ser la primera no le resta mérito alguno.

Portada de Traité sur les apparitions des esprits et sur les vampires, ou les revenants de Hongrie, de Moravie, etc
Prefacio de Traité sur les apparitions des esprits et sur les vampires, ou les revenants de Hongrie, de Moravie, etc

Portada y primera página del Prefacio de la reedición de 1751 de Traité sur les apparitions des esprits et sur les vampires, ou les revenants de Hongrie, de Moravie, etc.

No obstante, lejos de ser motivo de satisfacciones, esta obra supuso para Calmet una injusta pérdida de prestigio entre sus contemporáneos. Pese al tremendo éxito que el Traité sur les apparitions... tuvo entre el público, su fama de sabio y erudito serio se puso en entredicho y fue muy duramente criticada por ilustrados y pensadores de la época que la consideraron irracional y supersticiosa. Y ello pese a que el mismo Calmet recalcó numerosas veces en su obra que no creía en la existencia de vampiros y buscaba explicaciones racionales al fenómeno. Calmet ya preveía que iba a recibir duras críticas por parte de los que creían en la existencia de los vampiros por un lado, y de aquellos que considerarían que se ocupaba de algo inútil y le acusarían sin más de fomentar la superstición por otro. Tan injusta apreciación se convirtió en realidad, y el resto de su obra se vio empañada por la publicación de su Tratado de las Apariciones, hasta el punto de que hoy en día es más famoso por ser el autor del mismo que por sus importantes aportaciones a la historia y la teología. Bien claro tenía que iba a recibir críticas de unos y otros como deja claro al final de su Prefacio al segundo volumen, que es el que dedica a la cuestión de vampiros y revenants:

«Emprendo la tarea de ocuparme del asunto de lo revenants o vampiros de Hungría, Moravia, Silesia y Polonia aún a riesgo de ser criticado de cualquier manera que lo aborde; aquellos que los creen auténticos me acusarán de temeridad y de presuntuoso, de haberlos puesto en tela de juicio, o hasta de haber negado su existencia y realidad; los otros me acusarán de haber empleado mi tiempo en tratar esta cuestión, que pasa por ser frívola e inútil en el ánimo de las personas con sentido común. De cualquier manera yo estaré satisfecho de haber profundizado en una cuestión que me ha parecido importante para la religión; ya que si el retorno de los vampiros es real, si es importante defenderlo y probarlo; y si es ilusorio es de razón para el interés de la religión desengañar a aquellos que lo creen cierto, y destruir un error que puede llegar a ser muy peligroso.»

HIPÓTESIS QUE SE BARAJABAN SOBRE LOS VAMPIROS

En el Prefacio, Calmet explica a sus lectores que son estos retornados o vampiros:

«En este siglo una nueva escena se ofrece a nuestros ojos, desde hace unos sesenta años, en Hungría, Moravia, Silesia, Polonia: se ve, dicen a hombres muertos hace muchos años, volver, hablar, caminar, infestas las ciudades, maltratar a hombres y animales, chupar la sangre de sus parientes, enfermarlo y causarles por último la muerte; de tal modo que no se pueden librar de sus peligrosas visitas e infestaciones sino exhumándolos, empalándolo, cortándoles la cabeza, arrancándoles el corazón, o quemándolos. Se les da a estos retornados el nombre de Upiros o Vampiros, es decir, sanguijuelas, y se cuenta de ellos tantas y tan detalladas singularidades, revestidas de circunstancias tan probables y de informaciones jurídicas, que casi uno no puede resistirse a la creencia que se tiene en esos países de estos retornados parecen salir realmente de sus tumbas y producir los efectos que se les atribuye.»

Y en el capítulo I vuelve a ofrecernos una definición casi idéntica a la anterior.

«Los retornados de Hungría, o Vampiros, que son el principal objeto de esta disertación, son hombres muertos desde hace bastante tiempo, a veces más, a veces menos, que salen de sus tumbas y viene a inquietar a los vivos, chupándoles la sangre, apareciendo ante ellos, haciendo ruido en sus puertas y casas, y causándoles a menudo, por último, la muerte. Se les da el nombre de Vampiros o de Upiros, que significa sanguijuela en esclavonio según se dice. No hay otra forma de librarse de sus infestaciones que desenterrándolos, cortándoles la cabeza, empalándolos, o quemándolos, o extrayéndoles el corazón.»

Y a continuación se hace eco de las hipótesis que se barajaban para explicar el fenómeno:

  1. Se trata de supersticiones sin fudamento creadas por la ignorancia de los pueblos que creen en ellas.
  2. Son personas que han sido enterradas vivas por error y regresan de forma natural.
  3. Son personas que han muerto realmente y retornan a la vida. Y aquí los que defienden esta hipótesis difieren en la causa; para unos es Dios el que les hace retornar por alguna causa por un permiso u orden divina especial. Para otros, sin embargo, es el diablo quien se vale de los cuerpos de los difuntos para infringir todo el mal que pueda a los vivos.

LAS OPINIONES DE CALMET ACERCA DE LOS VAMPIROS

En muchas partes a lo largo de su obra deja clara sus opinión respecto al tema, que puede resumirse en que no es posible ninguna resurrección sin la intervención divina, y que la mayoría de los casos de vampirismo se debían a causas naturales, entre ellas, menciona la posibilidad de que algunas personas acusadas después de vampirismo hayan sido enterradas prematuramente tras haber caído en alguna suerte de estado letárgico. En cuanto a los testimonios sobre incorruptibilidad y otros signos tradicionales de vampirismo no dudaba que también se debían a causas naturales, como por ejemplo a las características del terreno en el que fueron enterrados. Siguiendo el parecer de otros contemporáneos suyos hacía hincapié en que el vampirismo florecía en regiones azotadas por hambrunas y azotadas por todo tipo de enfermedades infecciosas, como la rabia o la peste, circunstancias que se convertían en un caldo de cultivo para temores y supersticiones de todo tipo. En el capítulo 54 (Edición de 1751), llamado Conclusión de esta Disertación, Calmet intenta resumir sus conclusiones al respecto. Traducimos literalmente del original francés:

«Retomando lo que hemos discutido en esta disertación, hemos mostrado como:

Que una resurrección propiamente dicha de una persona muerta desde hace un tiempo considerable, y cuyo cuerpo o estaba corrompido, o pestilente, o a punto de corromperse, como el de aquel Pedro resucitado por San Stanislas, enterrado hacía tres años, o el de Lázaro, que estuvo cuatro días en la tumba, y ya presentaba olor cadavérico; es obra sólo de Dios todopoderoso.

Que algunas personas ahogadas, abatidas por un síncope, o en letargo, o extasiadas, o tenidas de alguna manera por muertas, pueden curarse y volver a la vida, a su movimiento ordinario, a su anterior estado de salud, sin intervención milagrosa; sino tan sólo por efecto de la Medicina, o por una industria natural y sin misterio, sino por la paciencia, esperando que la naturaleza se restablezca ella misma, que el corazón retome su movimiento, y que la sangre circule libremente de nuevo por las arterias, las venas y los espíritus animales por los nervios.

Que los upiros, o vampiros, o retornados de Moravia, de Hungría, de Polonia, etc. de los que se cuentan cosas tan extraordinarias, tan detalladas, tan documentadas, tan revestidas de todas las formalidades que las hacen tan creíbles y de ser probadas incluso jurídicamente en los Juicios y en los Tribunales más severos y exactos; que todo lo que se dice sobre su vuelta a la vida, se sus apariciones, de la turbación que causan en las ciudades y en los campos, de la muerte que infringen a las personas chupándoles la sangre, o haciéndoles signos de seguirles; que todo ello no es sino ilusión, y efecto de imaginaciones que han recibido una fuerte impresión. No se puede citar ningún testimonio sensato, serio, imprevisto, que pueda atestiguar haber visto, tocado, interrogado, sentido, examinado con sangre fría a estos retornados, que pueda asegurar la realidad de su retorno, y de los efectos que se les atribuye.»

PREOCUPACIÓN EN CORTES Y UNIVERSIDADES

A continuación no duda de la buena fe de los múltiples testimonios alrededor de los casos de vampirismo, pero duda de que alguno de ellos sea objetivo y no sea presa del miedo y de su imaginación:

«No negaré que algunas personas muertas de miedo, se imaginen ver a sus allegados, que le llaman a la tumba, ni que haya otros que hayan creído oír llamar a sus puertas, molestarles, inquietarles; causarles enfermedades mortales, en una palabra; y que esos personas al ser interrogadas jurídicamente, no hayan respondido que han visto y oído lo que su imaginación exaltada les ha representado. Pero pido testigos no preocupados, sin miedo, sin interés, sin pasión, que aseguren tras serias reflexiones, que han visto, oído o interrogado a esos vampiros, y que hayan sigo testigos de sus operaciones, y estoy convencido de que no se encontrará ninguno de éstos.»

Continúa Calmet con una carta de un sacerdote de Varsovia que le comunica que pese a haber investigado en el lugar de los hechos algún que otro caso de vampirismo no encontró testimonios válidos. Pero la importancia de este pasaje radica además en las menciones a ciertas conclusiones del Colegio de la Sorbona en la Universidad de París en los que se aconseja "ajusticiar" a los cadáveres sospechosos de vampirismo cortándoles la cabeza. El sacerdote polaco menciona dos resoluciones entre los años 1700 y 1710; y el propio Calmet menciona una resolución de 1693. Así pues, la controversia sobre el vampirismo había alcanzado, años atrás, no sólo a los periódicos franceses y europeos que se había hecho eco de los casos de Hungría o de Polonia, se había extendido a ámbitos académicos. Traducimos del original francés:

«Tengo en la mano una carta, que me fue enviada y escrita desde Varsovia el 3 de febrero de 1745 por el Señor Sliviski, Visitador de la Provincia de los Padres de las Misiones de Polonia. Me dice que habiendo estudiado con mucho cuidado este asunto, se había propuesto componer sobre este tema una Disertación Teológica y Física, y que había buscado acerca de ello en la Memorias; pero que las ocupaciones de Visitador y de Superior de la casa de la Congregación de Varsovia no le habían permitido llevar a cabo su proyecto. Decía asimismo que había buscado inútilmente en dichas Memorias, que probablemente quedaron en manos de aquellos a quien él mismo se las había reportado. Decía también que entre dichas Memorias había dos resoluciones de la Sorbona, defendiendo ambas que había que cortar la cabeza, y castigar el cuerpo de los pretendidos upiros. Añade que se pueden encontrar estas decisiones en los Registros de la Sorbona, desde el año 1700 al 1710. Yo mismo aportaré más adelante una decisión de la Sorbona sobre este asunto del año 1693.

Dice además que en Polonia están tan persuadidos de la existencia de vampiros que se mira casi como herejes a los que piensan de otra forma. Hay tantos hechos sobre esta materia que se los contempla como incontestables, y se cita para ello una infinidad de testimonios. No obstante, dice, se tomó la molestia de interrogar a los que se decía que eran testigos oculares; encontrándose con que no pudo encontrar a nadie que se atreviera a afirmar que había visto los hechos, y que no eran sino delirios e imaginaciones causadas por el miedo y por discursos poco fundados. Esto es lo que me escribió este sabio y juicioso sacerdote.»

Para terminar Calmet expone una carta que le escribiera el Barón Toussaint, Barón de Lorena, que demuestra que la Corte de Viena se interesaba vivamente por los casos de vampirismo que se reportaban en las provincias austriacas. En dicha carta el Barón, que afirma haber visto los numerosos testimonios recibidos en la Corte por encargo del emperador cuando aún era Príncipe se muestra escéptico:

«Recibí además una carta de Viena, en Austria, escrita el 3 de agosto de 1746, firmada por el Barón de Lorena, que siguió en todo momento a su Príncipe. Me decía que en 1732 su Majestad Imperial, por entonces su Alteza Real de Lorena, hizo que le llegaran numerosos procesos verbales acerca de casos acontecidos en Moravia: <<yo los he tenido también, los he leído y releído, y a decir verdad, no he encontrado ni sombra de veracidad, ni incluso probabilidad de que sea cierto lo que se dice. Sin embargo estas actas se toman en este país como si fueran el Evangelio.>>»

Probablemente el revuelo en la Corte fue el producido por el caso de Arnold Paole en tierras serbias, y del que se hicieron eco los periódicos de la época. En ediciones anteriores Calmet hablaba de esta carta en un capítulo llamado Incertidumbre de todo lo que se dice acerca de los vampiros. La carta precedía a un párrafo en el que se hablaba de como el propio Luis XV, y la Corte de París, según le había informado el Marqués de Ypres, se interesaba en los extraños relatos sobre retornados y en los procesos verbales que tenían lugar en territorio austriaco. La siguiente traducción la realizamos a partir del original francés de la edición de1746:

«Asimismo he sabido por medio de un hombre muy esclarecido y de buen espíritu, que el rey Luis XV, deseando saber la verdad acerca de estos hechos, ordenó al Duque de Richelieu, su Embajador en Viena, Austria, que examinara con exactitud el tema, analizando los procesos verbales, y que le rindiera cuenta de ello. El Duque le comunicó todo con la mayor exactitud, y respondió al rey que nada le parecía más cierto que lo que se publicaba acerca de los Retornados de Hungría. Los incrédulos no se rindieron, y suplicaron al Rey que ordena de nuevo a su Embajador que fuera al lugar de los hechos, para que lo viera todo por sí mismo. Obedeció, y encontró que todo lo que se decía acerca de Vampiros y Redivivos, tenía más de aprensión y de imaginación que de verdad; de suerte que aún hoy en la Corte de Viena, hay dos posturas, la de los que tienen estas apariciones por verdaderas, y las de que aquellos que  las tienen por quiméricas e ilusorias.»

Son múltiples las muestras de que los viajeros y diplomáticos franceses se encontraban con inquietantes historias de revenants en los territorios del este. Acerca de los vampiros de Moravia, por ejemplo, dice Calmet al comienzo del capítulo VII:

«Hemos sabido por el Señor Vassimont, Ayuda de Cámara de los condes de Bar, que habiendo sido enviados a Moravia por su Alteza Real Leopoldo, primer duque de Lorena, por asuntos de Monseñor el Príncipe Carlos, su hermano, obispo de Olmuz y de Osnabruch, que oyó rumores populares según los cuales en ese país es bastante corriente ver hombres muertos tiempo atrás, presentarse y unirse a la mesa de personas que conocían sin decir nada; pero que al hacerles una señal con la cabeza a alguno de los asistentes, éste moría infaliblemente algunos días después. Esto le fue confirmado por numerosas personas, y entre otras un anciano sacerdote, que decía haber sido testigo de más de un caso.

Los obispos y los sacerdotes del país consultaros a Roma acerca de hechos tan extraordinarios; pero no han obtenido respuesta, ya que todo esto se ve allí como puras visiones o imaginaciones del vulgo. Enseguida se desentierran los cuerpos de los que retornan de este modo, se les quema, o se les consume de cualquier otro modo. Así es como se liberan de estos espectros inoportunos, que hoy en día son mucho menos frecuentes en el país de lo que eran antaño. Esto es lo que dice este buen sacerdote.»

VAMPIROS EN LA OBRA DE CALMET

La obra de Calmet es prolija en casos de vampirismo que el recogió de diferentes fuentes y que a su vez han aparecido en decenas de títulos posteriores basándose en el tratado del benedictino. A continuación listamos los casos de vampirismo recopilados por Calmet. Empleamos para ello la edición de 1751, que es la más completa en este sentido:

  • Phillinnium. No se puede decir que este caso, basado en la obra de Flegón sea un caso de vampirismo ya que la revenant no hace daño a nadie, pero es el caso que inspiró a Goethe la que podría decirse que fue la obra literaria de vampiros que sentó las bases de la narrativa vampírica romántica posterior  (pp. 22-25).
  • El soldado de Siria. Otro caso extraído de Flegón. Es una nota muy breve. Traducimos: «El mismo Phlegon dice, que un soldado sirio del ejército de Antioco, tras haber muerto en las Termópilas, se apareció en pleno día en el campo de los romanos, donde habló con numerosas personas." Los hechos transcurren durante la batalla de las Termópilas del año 191 a.C., en la que el rey sirio Antíoco III se enfrentó a los ejércitos de Roma (pp. 25-26). Tampoco hay datos suficientes como para considerarlo rigurosamente como un caso de vampirismo.
  • Harppe, vampiro de Dinamarca (p. 26).
  • La vampira, mencionada en Magia Posthuma por Charles Ferdinand de Scherz (pp. 33-34).
  • El pastor de Blow, extraído también de la obra de Schertz (pp. 34-35).
  • El vampiro de Olmutz, también tomado de la obra de Schertz (p. 36).
  • Los tres vampiros ajusticiados por el conde de Cabreras en la frontera de Hungría (pp. 37-39).
  • Peter Plogojowitz. Parte del caso lo toma Calmet de las Cartas Judías, del Marqués d'Argens (pp. 39-41); y otra parte la toma de la obra de Michaël Ranft (pp. 216-219).
  • Arnold Paole. Utiliza como referencia los artículos del periódico Le Glaneur historique (pp. 41-46).
  • Menciona Calmet que, según el opúsculo sobre vampirismo de Johann Christoph Harenberg,  se empaló a un vampiro en 1337, y a otro en 1347 (p. 48).
  • Los vampiros de Timisoara. La información procede de una carta enviada por un oficial de Timisoara (pp. 68-71).
  • Los vampiros de Polonia, el cura de Varsovia y el intendente del Conde Simón Labienski, vienen recogidos en una carta de un pariente del oficial de Timisoara (pp. 72-73).
  • Aswid, otro vampiro escandinavo (p. 82).
  • El retornado de Buckingham, un caso ocurrido en Inglaterra y que Calmet tomó de la Historia Rerum Anglicarum (Historia de las Cosas de Inglaterra), de William de Newburgh (pp. 84-85).
  • El retornado de Berwick, otro caso recogido en la Historia Rerum Anglicarum (Historia de las Cosas de Inglaterra), de William de Newburgh (pp. 85-86).
  • Catalina, una india de Perú. Calmet no cita la fuente, pero debe ser probablemente el Disquisitionum magicarum libri sex : quibus continetur accurata curiosarum artium, et vanarum, publicado en 1599, de Martín del Río. No encaja del todo en el perfil de un caso de vampirismo (pp. 86-88).
  • El retornado de Milo, un caso que Calmet obtuvo de la obra The Present State of the Greek and Armenian, de Paul Rycaut, un interesante ejemplo de la creencia de los cristianos ortodoxos según la cual la excomunión impide la putrefacción del cuerpo (pp. 127-129).
  • El brucolaco de Mykonos, caso en el que cita textualmente la historia de la ejecución de un brucolaco de la isla griega de Mykonos tal y como lo relata un testigo de excepción, Joseph Pitton de Tournefort, quien lo expuso en su Relation d'un Voyage au Levant (1717) (pp. 131-139).
  • El vampiro de Liebava, caso que le fue narrado por un sacerdote que viajó por Moravia (pp. 255-257).
  • La vampira polaca. Calmet extrae el caso de una carta escrita en latín desde Polonia a París el 9 de enero de 1693, en la que se dice que una chica polaca se despertaba de noche gritando de dolor y pidiendo ayuda porque la atormentaba un espíritu que tenía la forma de su madre muerta hacía años. Con el tiempo, al ver como se debilitaba y adelgazaba a ojos vistas, abrieron el sepulcro de la madre y la encontraron flexible, flácido, inflado y con tez sonrosada. Se cortó la cabeza del supuesto vampiro, y se abrió su corazón del que manó sangre en abundancia. A partir de ese momento la muchacha empezó a mejorar hasta sanar completamente. La ejecución habría tenido lugar delante de sacerdotes dignos de crédito que también habrían oído el testimonio de chica (pp. 307-308).

Pueden leerse una buena cantidad de fragmentos seleccionados de la obra de Calmet en el francés original de la edición de 1751, aquí.

© 2008. Del texto y traducciones,Javier Arries

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