Johannes Cuntius


Ubicación geográfica de Pęcz
Ubicación geográfica de Pęcz

Este caso fue recogido por Henry More en su An Antidote against Atheism, publicado en 1653. Posteriormente fue descrito por Montague Summers en su The Vampire in Europe.Para la descripción del mismo, entre otras fuentes y la bibliografía clásica, se ha utilizado el excelente artículo de J. Ardanuy El casos de revinguts d'Un antídot contra l'ateisme, publicado en el número de Septiembre de 2007 de la revista CercleV.

Los hechos habrían tenido lugar también en Silesia, en la ciudad de Pentsch, que es el nombre alemán de la acutal Pecz (Pęcz), en Polonia, una pequeña aldea situada a la latitud 50° 47'N y longitud 17° 3'E, próxima a la villa de Strzelin. En el año 2005 apenas contaba con 71 habitantes.

Conocemos los hechos por el testimonio de un teólogo, un pastor protestante de aquella ciudad. Allí vivía un regidor con fama de tener una conducta intachable llamado Johannes Cuntius (Cuntze en su lengua original). Cuando tenía 60 años intervino en un litigio entre algunos carreteros y un mercader de Panonia. Gracias a su intervención los litigantes llegaron a un acuerdo, razón por la cual recibió una invitación del alcalde para ir a comer a su casa. Antes, dijo, tenía que ir a la suya propia para arreglar ciertas tareas. Se le oyó decir entonces: "Es bueno estar contento mientras se pueda, porque las desgracias crecen día a día". En su domicilio Johannes tenía cinco buenos caballos. Ordenó que le trajeran uno del establo; pero al ver que faltaba una herradura levantaron la pata del animal. El caballo se encabritó lanzándoles una tremenda coz que les derribó al suelo. Johannes fue levantado del suelo y cuando pudo hablar exclamó "Desgraciado de mí, estoy ardiendo".

Desalojaron la estancia, y cuando las mujeres se fueron le examinaron cuidadosamente, pero no encontraron heridas. Sin embargo enfermó y empezó a delirar diciendo que sus pecados eran tantos que no había perdón para él, y que sólo sus pecados menores ya eran más grandes que los del resto del mundo. Con todo, se negaba a confesar ni a que llamaran a sacerdote alguno. Y así empezaron a correr los rumores acerca de que tiempo atrás vendió a uno de sus hijos, e incluso se oyó hablar de pactos con el diablo. Pronto se empezó a comentar lo rápidamente que había hecho fortuna.

La noche en que murió estaba presente su hijo mayor. Antes del desenlace fatal un gato negro abrió la ventana con las uñas y penetró en la estancia lanzándose sobre el rostro del moribundo, y arañándolo con tal violencia que parecía querer tirarlo de la cama. De repente el gato desapareció y el hombre murió desatándose al instante una tormenta. Era la hora tercera de la noche. El incidente fue ocultado convenientemente, y, gracias a cuantiosas sumas de dinero, Johannes fue enterrado a la derecha del altar. El temporal que se inició con su muerte se hizo especialmente violento durante el funeral y se calmó en el momento en el que fue enterrado.

Rotunda de Saint Gotard
Rotunda de Saint Gotard en Strzelin (WikiMedia Commons)

Dos días después de su muerte, y antes del entierro, el 8 de febrero, ya habían corrido rumores acerca de que un íncubo con el aspecto del difunto había violado a una mujer. Tras el entierro el muerto se apareció a un vecino que dormía diciéndole con la voz que tenía en vida: "No puedo dejar de golpearte hasta que mueras". También los vigilantes de la ciudad afirmaban que cada noche se oía gran estruendo en casa de Johannes, como si se lanzaran objetos contra las paredes. Las puertas de la casa aparecían abiertas de par en par cada mañana. Los caballos se agitaban en los establos como si se mordiesen entre ellos y los perros de toda la villa se ponían a ladrar al unísono de modo inexplicable. En varias ocasiones en las que el espectro visitó su propia casa habló con una criada que dormía en la cama junto a la viuda, diciéndola que le dejara sitio porque estaba en su derecho. Si se negaba la sacudía la cabeza por detrás. Acostumbraba el vampiro también a correr por el patio de la casa, las calles, y los campos con tal furia que levantaba chispas del suelo.

Poco después se advirtió que la lápida de su tumba en la iglesia se había movido a un lado, y que habían aparecido unos sospechosos agujeros en torno a la tumba que, pese a que se rellenaban de tierra cada noche, volvían a surgir a la mañana siguiente.

En cierta casa de la villa una criada y algunos que dormían escucharon un ruido que parecía producir un extraño como lanzándose contra las paredes. Los golpes hacían temblar los cimientos. Al mismo tiempo entraban chispas por las ventanas. Al día siguiente se dio cuenta de tales fenómenos al señor de la casa, el cual tras investigar por la casa se quedó muy preocupado cuando halló ciertas huellas que no se pudieron reconocer como de animal alguno.

En una ocasión el espectro se apareció a las once de la noche ante uno de sus amigos, concretamente el padrino de su hijo James. Y lo hizo para hablar con él, según relató dos días después de los hechos dicho amigo al pastor de la parroquia a la que pertenecía. Según su testimonio Johannes le había dicho lo siguiente: "En un cofre que dejé en casa de mi primogénito Steven, que vive en Jegerdorf (nombre alemán de la actual Krnov en la república checa), hay cuatrocientos quince florines. Y así te digo que a tu ahijado no se le ha de privar de un sólo florín y que es tu obligación procurar que eso no suceda; y si actúas de modo negligente la responsabilidad será tuya." Acabado el discurso el aparecido subió a las habitaciones de arriba haciendo retumbar la casa y dejando por allí sus extrañas huellas.

Sus múltiples perturbaciones no acaban aquí. En cierta posada mantuvo en vilo a un judío alojado allí yendo arriba y abajo por toda la casa. En otra ocasión se apareció en el establo a un carretero conocido suyo escupiendo fuego y mordiéndole el pie de tal modo que le dejó cojo.

En fin, la lista de sus desmanes era enorme. Más de una vez se apareció a algunos para discutir con ellos asuntos referentes a los carreteros como había hecho en vida. En una ocasión regañó a una comadrona por permitir que su criada fregara los platos en jueves. Llegó a tocarla con la mano; una mano fría como el hielo según afirmó la mujer. Una mujer que iba a lavar fue apedreada con tal furia por el no muerto que los proyectiles dejaron marcas en la pared. A otra trató de seducirla, pero la mujer trató de zafarse de su macabro abrazo diciéndole: "Cuntius mio, ¿no ves que soy vieja y estoy llena de arrugas y deforme? Ya no sirvo para este tipo de diversiones." Tras soltar una carcajada el vampiro desapareció.

Otros muchos y raros fenómenos tuvieron lugar. La llama de las velas se volvía azul cuando el vampiro se acercaba a ellas. Se bebía la leche de los tazones, la convertía en sangre, o arrojaba estiércol en ella. Arrancaba palos que hubieran necesitado la fuerza de dos hombres para hacer lo mismo; tiraba de las cunas de los niños. El caballo de Johannes experimentaba sudores y temblores sin causa aparente. Otros animales también sufrían sus tropelías. En una ocasión ató a un caballo a un pesebre y la pata de otro a un poste. Cazaba perros por las calles golpeando su cabeza contra el suelo; devoraba las aves de corral; chupaba la leche de las vacas hasta dejarlas secas, y ataba sus colas como se hace con los caballos; ahorcaba a las cabras en los corrales. Lo peor fueron los estrangulamientos de varios ancianos y las repetidas violaciones de mujeres.

El pastor que narraba estos hechos afirmaba que él mismo recibió la visita del vampiro. El diabólico cadáver le atacaba mientras dormía. En una ocasión se levantó agotado, y mientras pensaba en ello apareció el no muerto y se abalanzó sobre él sacudiéndolo ferozmente sobre la cama. Otra vez su mujer lo vio, con forma de enano, saltar desde la ventana, abalanzándose sobre ella cuando estaba en la cama, y retorciéndole la cabeza de tal modo que creyó que se la iba a arrancar. Afortunadamente sus dos hijas acudieron a socorrerla al oír sus gritos. En otra ocasión la mujer del pastor pudo oírle en su habitación haciendo ruidos, como masticando grano, dando palmadas, y gruñendo en alto. Le hablaron para tratar de alejarle de allí, pero no desapareció hasta que no se encendió una vela. A uno de los hijos le pegó sus llaves entre sí de tal modo que tardó mucho tiempo en poder separarlas.

Una tarde, cuando el pastor tocaba música con su esposa e hijos, como era su costumbre, notaron una fetidez espantosa que se extendió por toda la estancia. El pastor y su familia se pusieron a rezar pero el olor creció tanto y se hizo tan insoportable que tuvieron que subir a sus habitaciones. Se metieron en la cama, pero al cuarto de hora comenzaron a notar aquel hedor horrible y un aliento gélido dentro del cuarto. A raíz de aquello el pastor enfermó y tuvo que guardar cama durante días. Sus piernas, su cara y su estómago se hincharon sobremanera experimentando también dificultad para respirar; padeció también una gran inflamación en los ojos que le impidió ver durante mucho tiempo.

Tales eran los tumultos que el vampiro hacía en aquella casa que los criados dormían juntos sobre alfombras vigilando para no ser sorprendidos por el espectro. Sin embargo, en una ocasión, una criada valiente se empeñó en dormir sola en su cuarto. El inquieto vampiro empezó a tirar de las sábanas, y la hubiera arrastrado a ella misma si no hubiera intervenido la familia. Al verse sorprendido se mantuvo un momento detrás de una vela y luego desapareció. No solamente molestaba al pastor y a su familia, sino que mostraba su aversión a lo sagrado profanando el agua bendita de las iglesias. Las sobrecubiertas del altar a veces aparecían manchadas de sangre sobre su tumba.

Las cosas habían llegado a tal extremo que nadie de fuera visitaba la ciudad, y el comercio había decaído tanto que la población se había empobrecido sensiblemente. Por fin, el 20 de julio, tras casi seis meses después de su entierro, se decidieron a exhumar el cadáver y el de otros que habían muerto poco antes y poco después que él. Todos estaban podridos e irreconocibles salvo uno, el cuerpo de Johannes Cuntius, que permanecía incorrupto, con la piel fina y sonrosada. Su nariz estaba completa. Las articulaciones conservaban su flexibilidad. Al ponérsele un bastón entre las manos sus dedos se cerraron en torno a él. Sus ojos aparecían a veces cerrados, a veces abiertos. Le abrieron una vena de la pierna y la sangre brotó fresca.

Siguiendo el mismo proceso que se llevó a cabo en un proceso anterior en otro pueblo de Silesia (probablemente el del zapatero), se constituyó un jurado que tras examinar las pruebas condenó a Johannes Cuntius y resolvió que su cadáver debía ser quemado. Los albañiles sacaron el cuerpo del ataúd practicando un agujero en una pared de la iglesia, porque el cadáver pesaba tanto que las cuerdas se rompían al tratar de izarlo. Por fin fue puesto en un carro tirado por un caballo fuerte que no obstante se las vio y se las deseó para arrastrar su pesada carga. Varias veces se cayó del carro por el camino, con el consiguiente esfuerzo de hombres y animal que tenían que volver a subirlo para continuar. Para muchos estaba claro que el vampiro se resistía a ser "ejecutado". Al llegar a la hoguera el verdugo tuvo que hacer uso de garfios para poder sacarlo del ataúd y trocearlo para poder quemarlo. Su sangre era tan fluida que mientras lo cortaba en pedazos salpicaba su cara. Hasta cientoquince troncos grandes hicieron falta para reducir el inquieto cuerpo a cenizas, las cuales fueron esparcidas en el río. Aquello acabó por fin con las molestas apariciones de Johannes Cuntius poniendo fin a una pesadilla que mantuvo en vilo a la población durante meses.

ALGUNAS CONSIDERACIONES

El caso de Cuntius resulta muy interesante porque muestra algunas características típicas de la creencia en vampiros:

  • La creencia en que los hechiceros son marcados por el diablo, y que al morir se convierten en vampiros. El suicidio incrementa aún más esa posibilidad.
  • El animal que salta sobre el cadáver y lo convierte en vampiro. Curiosamente en este caso el animal se avalanza sobre él cuando aún está vivio infligiéndole heridas mortales.
  • La asociación del vampirismo con fenómenos meteorológicos; en este caso, una tormenta y chispas.
  • Alrededor de la tumba aparecen las llamadas "chimeneas", pequeños orificios del grosor de un dedo en torno a la tumba por los que el espectro sale para realizar sus correrías.
  • Intensa agresividad y sexualidad exacerbada propia de un súcubo. Como un vampiro típico visita a su viuda pretendiendo yacer con ella y viola a las mujeres.
  • Se mueve a gran velocidad "echando chispas" y manifiesta una fuerza sobrehumana.
  • Trae enfermedades y ahoga o consume a sus víctimas.
  • El caso del cadáver del hijo del tal Smith cuyos huesos fueron reblandecidos por el vampiro recuerda las historias acerca de dampiros, hijos póstumos de los vampiros que en lugar de huesos tienen cartílagos.

© 2008. Del texto y traducciones, Javier Arries

© 2016. Diseño y contenido por Javier Arries

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