Yule. La celebración del solsticio de invierno

Yule o Yuletiede («tiempo de Yule»), el Jól (Iol) islandés, Júl (Yul) en nórdico antiguo. es la fiesta que celebra el solsticio de invierno entre los pueblos germanos y da paso al nuevo año. Se trata en realidad de un festival de 12 días. El mes anterior era conocido como Ærra Jéola, «antes de Yule»; y el siguiente Æftera Jéola, «después de Yule», lo cual marca, claramente un antes y un después de este hito. En torno a este día se celebraría un blót, un sacrificio cuyos protagonistas serían, probablemente, los dioses asociados a la fertilidad. Con los animales ofrendados se celebraría un banquete en el que tampoco faltaría la cerveza fabricada especialmente para este día, la jólaöl. Sería una fiesta de carácter familiar donde se honraría a los antepasados, a los que no estaban, y en muchas ocasiones el banquete se realizaba frente a sus tumbas, junto a los túmulos.

Vinculado al festival invernal parece haber estado el disablot, sacrificio que se ofrecía durante la luna nueva a a las dísir, divinidades femeninas a las que resulta difícil identificar pero que parecen aosciadas al destino y a la muerte, como las nornas o las valkirias. El singular dís designaba de forma genérica a una diosa, y se aplicaba también a las mujeres cuando se las quería dar un tratamiento respetuoso. A menudo las dísir disponían de su propio santuario, el dísarsalr, edificación donde se las ofrendaba. Su culto estaba a cargo de mujeres según algunas sagas, aunque en ocasiones, como en la Saga Ynglinga, es el rey el que dirige la ceremonia, algo lógico, ya que el rey es el responsable de la fertilidad de la tierra. La misma celebración es la que parece estar detrás de la modranicht, «la noche de las madres», de los anglosajones, fiesta a la que Beda el Venerable aludía ya en el siglo VIII, y que los paganos celebraban en la víspera de Navidad.

Como era de esperar con la llegada de la cristianización, el festival fue asimilado a la Natividad cristiana, pero mantiene elementos en los que es fácil reconocer elementos paganos, precristianos, que han han sobrevivido en el folclore y algunas costumbres vinculadas a las celebraciones de fin de año.

Árboles sagrados

Es tradición encender el llamado leño de yule, un tronco de grandes dimensiones que se utilizaba de año en año, que ardía durante toda la noche. A las cenizas se le atribuían virtudes apotropáicas y se esparcían por los campos para asegurar la fertilidad del suelo. Es esta una tradición ancestral que los nórdicos comparten con otras culturas europeas. En la actualidad a menudo se ve sustituido por un pastel de chocolate que imita la forma del tronco.

tronco de yule

Yule Log, obra de Robert Alexander Hillingford

Aunque la costumbre de decorar el árbol de Navidad parece haberse originado en Alemania y el Báltico a finales de la Edad Media y durante el Renacimiento, a menudo se cree que podría ser una costrumbre pagana. Una leyenda cristiana refiere que en el año 723 San Bonifacio, que estaba predicando en Alemania, se encontró con un grupo de personas que bailaban en torno a un roble, y que se disponían a sacrificar un niño al dios Thor. San Bonifacio, invocando el poder de Jesús, derribó el árbol de un sólo golpe con un hacha. Desde entonces los árboles que los paganos tenían en sus casas se dedicarían a Jesús.

La leyenda tiene un evidente carácter cristiano y un fuerte componente antipagano, por lo que debe interpretarse con mucha prudencia, pero parece atestiguar la costumbre, por parte de los paganos, de reunirse en torno a un árbol sagrado por estas fechas. El árbol en la casa o en las proximidades de la misma representaría así al Yggdrasil, el árbol que atraviesa los nueve mundos, incluido el nuestro; el árbol en el que Odín se ahorcó atravesado por su propia lanza como sacrificio a sí mismo. No resulta difícil imaginar que las bolas que colgamos del árbol navideño son esos mismos mundos, aunque la leyenda cristiana las hace derivar de las manzanas con las que se representaba la fruta prohibida del Árbol de la Vida bíblico.

Un árbol solía ser la morada del genio local en la mayoría de las granjas, árbol que debía tratarse con todo respeto y sobre el que se realizaban ofrendas, que a menudo consistían en comida y leche. En el pueblo noruego de Bø, por ejemplo, había un roble en el que, en Navidad, se dejaba una ofrenda de carne hervida para el haugbonde, «el habitante del lugar». Si al día siguiente el plato se encontraba vacío era señal de que la ofrenda había sido aceptada y de que el año entrante sería fértil, tanto para la tierra como para el ganado.

Villancicos

wassailing

Wassailing en una granja de Bristol.

También la costumbre de entonar canciones asociadas a la Navidad parece tener un precedente pagano. En Inglaterra es habitual el yulesinging, «canto de yule», y el wassailing. El wassailing se realiza con dos variantes. En una los muchachos van de puerta en puerta llevando el llamado bol de wassail, ofreciendo una bebida llamada wassail, hecha a base de sidra caliente, quizá hidromiel en la antigüedad, azúcar, canela, jengibre, etc. La comitiva brinda con la gente de la casa a cambio de regalos. El nombre de wassail procede del anglosajón Wæsþuhæl, un saludo que significa «¡Que tengas salud!», al que se respondía con un Drinchæl, «¡Bebe! ¡Salud!». El wasseil se realiza los días 5 y 6 de enero.

Por otra parte otra variante del rito, esta vez dedicada a los árboles, se realizaba en los huertos donde se cantaban hechizos a los árboles frutales para alejar a los malos espíritus, y atraer prosperidad y buenas cosechas. Los cantos son dirigidos por un rey y una reina del wassail. La reina es alzada hasta las ramas de los árboles donde asperja la bebida del wassail. Después toda la comitiva monta un gran escándalo, haciendo salvas entre las ramas, golpeando tambores, instrumentos de cocina, etc. Hacer ruido y estrépito es una forma corriente de espantar a los malos espíritus. Esta tradición se mantiene hoy especialmente en los lugares donde se produce sidra.

El cerdo de Navidad

Es típico en estas fechas en los países nórdicos comer cerdo; especialmente el juilskinka o yulebogr; el «jamón de Yule». Galletas y dulces en forma de este animal también son habituales. Quizá se relacione esta costumbre de comer cerdo con el jabalí Gullinbursti, del dios Frey, dios de la fertilidad por excelencia. Gullinbursti fue fabricado por orfebres enanos, los hermanos Brokkr y Sindri. Tenía cerdas de oro, tan brillantes que iluminaba con ellas la oscuridad más densa, y corría más que cualquier caballo, sobre tierra, mar y aire, sin cansarse.

Jamón de Navidad

Jamón de Navidad, Suecia.

Otro jabalí importante en la mitología nórdica era Sæhrimnir, jabalí que alimentaba todas las noches a Odín y a los caídos en combate que residían con él. Cada mañana Sæhrimnir volvía a la vida y su carne estaba disponible para la noche. El mito recuerda a aquel otro, del que hablaremos más adelante, en el que el dios Thor sacrifica a sus dos cabras para comérselas en una reunión familiar y a las que resucita después con su martillos. En ambos casos se trata de animales sacrificados, que son compartidos por los asistentes, a los que se les asocia también el poder de la resurrección, del mismo modo que el propio Yule no es sino una celebración del declive y resurrección del propio mundo y la naturaleza.

El uso del cerdo como alimento ritual de estas fiestas entre los paganos está bien atestiguado en algunas sagas. Es el sacrificio del sonargǫltr, jabalí sobre cuyas cerdas juraban y hacían votos de forma solemne todos los que participaban en la ceremomia, tal y como dice la saga Hervarar: «Y sacrificarían un jabalí en el sonarblót. En la víspera de Yule, el jabalí fue conducido a la sala ante el rey; entonces la gente puso sus manos sobre sus cerdas e hizo votos.». Según la Saga Ynglinga, se empleaba también en alguna forma de adiviniación. Y es que los ritos adivinatorios son habituales en las festividades que celebran el final de un año y el comienzo del otro. Su fin es tratar de averiguar que nos depara el destino en el año entrante.

La cabra de Yule

En muchos lugares de Escandinavia es muy popular un adorno en forma de cabra. Es «la cabra de Yule»: el julbock o julgumse sueco; el julebuk, o julegjed de los daneses, quienes también la denominan Nytårsbuk o «cabra de Año Nuevo»; el julebukk noruego; el islandés fingálpn, y el finlandés joulupukki. Generalmente la cabra de yule se elabora de paja y se fabrican en todo tipo de tamaños. Antes de que Santa Claus, en sus variantes de Jultomten, Julenisse o Joulupukki usurpara esta función era la cabra la que traía los regalos, cabra que en ocasiones se convirtió en el animal que tiraba de su trineo. Es probable que el origen de la cabra de yule se encuentre en la costumbre de sacrificar una cabra en fin de año.

cabra de yule

Cabra de Yule que tradicionalmente se erige en la ciudad de Gävle, Suecia.

La cabra de yule nos recuerda muy de cerca a las dos cabras que tiran del carro de Thor. Sus nombres son Tanngrisnir y Tanngnjóstr, que en nórdico antiguo significan, respectivamente: «enseñadientes» y «dientes afilados». En una ocasión, Thor viajaba junto a Loki hacia el Jotunheim, el mundo de los gigantes. En el camino pidió hospitalidad a unos campesinos. Para cenar Thor mató a las dos cabras y las cocinaron para comérselas. Al día siguiente las cubriría con sus pieles, y al ponerles encima su martillo para consagrarlas volverían a la vida. Pero durante la cena el hijo de los granjeros, Þjálfi, rompió accidentalmente uno de los huesos de una de las cabras. Al día siguiente Thor resucita a las cabras pero una de ellas, a consecuencia del hueso roto, cojea. Thor entra en cólera, de sus ojos salen chispas; pero se apacigua cuando el muchacho, que confiesa que ha sido él, y su hermana Röskva se ofrecen como sirvientes suyos. Y de este modo ambos muchachos le acompañarán en muchas aventuras.

Quizá este mito de muerte y resurrección inspiró la costumbre de sacrificar una cabra en el momento del año en que todo se renueva; pero no tenemos evidencias al respecto. De hecho en el sur de Suecia alguien disfrazado de cabra era muerto simbólicamente para resucitar después mediante un canto. Disfrazarse de cabra es algo común en estas fechas en los países nórdicos. No olvidemos que las cabras suelen confeccionarse de trigo, y una creencia común en toda Europa, como bien puso de manifiesto Sir James Frazer en su Rama Dorada, es la creencia de que el espíritu del grano se oculta en la última gavilla de la cosecha. Este espíritu, benévolo si se le trata bien, pero cruel con los que son descuidados con sus obligaciones, a menudo era encarnado por hombres que se disfrazaban de animales y criaturas sobrenaturales que iban procesionando por las aldeas. Estas criaturas sobrenaturales que se pasean en los días de Yule no dejan de tener un aspecto siniestro, más oscuro, con el que se asusta a los niños díscolos.

Frau Holle

Holda

Holda, la diosa protectora,
ilustración del pintor Friedrich Wilhelm Heine

Hay diferentes personajes en los países nórdicos asociados con la Navidad que presentan ese otro aspecto oscuro. Por ejemplo, en Alemania, es muy popular, la Abuela Invierno, Frau Holda, «la señora Holda», o Frau Holle, Madre Holle, Madre Hulda,… Su nombre parece derivar de una palabra que significa amable, y es un personaje mitológico que rige sobre las actividades y labores femeninas. Si una mujer enferma y no puede ocuparse de las labores domésticas Frau Holle quizá haga su labor y hasta le deje algún dinero; pero si la dueña de la casa no hace bien su trabajo puede castigarla severamente. Hoy por hoy es un personaje navideño, pero parece haber tenido su origen en alguna divinidad germánica. Algunos eruditos apuntan a una diosa marina Hludana, Hluθena o Hlucena, diosa que aparece registrada en cinco piedras votivas con inscripciones latinas encontradas en el norte de Alemania y de Holanda y de la que nos hemos ocupado en otro artículo. Jacob Grimm la asocia con la giganta Hlóðyn o Jörð, representación de la Tierra con la que Odín yació y engendró a Thor. Otros apuntan a que Frau Holle podría ser una pervivencia de la diosa Frigg, la esposa de Odín.

Frau Holle es conocida como Spillaholle en Silesia y entre las gentes de habla alemana de Bohemia. En Navidad se muestra como una anciana mal vestida, a veces encapuchada, de baja estatura. Va visitando las casas espiando por las ventanas o por algún agujero para ver quien trabaja y quien no. Lleva consigo ortigas. Si queda contenta con la labor de las mujeres de la casa deja allí una ortiga, y la casa quedará entonces bendecida y bajo su protección para el año entrante. Pero si no le agrada lo que ha visto puede utilizar las ortigas como improvisado y doloroso látigo contra las perezosas. A menudo los padres amenazan a sus hijos con que la Spillaholle se los llevará si no trabajan. Cuando el viento sopla a través de la chimenea los padres dicen a sus hijos que la Spillaholle había llegado y les vigilaba desde la chimenea. Con la cristianización este tipo de personajes se vinculó con el diablo y las brujas.

Perchta

Frau Holle se vincula a menudo a otro personaje del folclore alpino y del sur de Alemania, la diosa Perchta, o Berchta, cuyo nombre podría derivar de una palabra que significa brillante. Otros, por el contrario lo relacionan con una palabra que significa oculto. Es un espíritu del grano con los mismos atributos que Frau Holle, incluida su asociación con las artes femeninas, especialmente las relacionadas con hilar. Puede presentarse en forma de mujer vestida de blanco, y se vincula entonces a la nieve, o como una desharrapada y harapienta anciana de largos cabellos y rostro arrugado, nariz aguileña y ojos vivos. Como a muchas entidades sobrenaturales la delata algo no humano. Lo más frecuente es que uno de sus pies sea de ganso o de cisne.

perchten

Perchten con cabeza de cabra en Abtenau, Austria. Créditos: 1

Se pasea por las casas en Navidad, especialmente el día de Reyes. De hecho este día se conoce en algunos lugares como día de Perchta. Y anda vigilando quien cumple con sus tareas de hilar. Premia a los niños que han sido buenos y hacendosos, llevándoles regalos y castiga a los perezosos. A las buenas hilanderas las regalará un carrete de hilo de oro que no se agota jamás, o les dejará una moneda de plata en uno de sus zapatos o en algún cubo. Pero a las que no han terminado sus tareas las castigará con horribles pesadillas, o las rajará en canal con un cuchillo o un hacha de hierro, les sacará el estómago y las tripas, y rellenará su abdomen con piedras y paja antes de arrojarlas a algún pozo o a alguna fosa.

Perchta viene acompañada por un séquito de espíritus, los perchten. Y tanto a ella como a sus acompañantes se le dejan alimentos y bebidas durante la Navidad. En el siglo XV, en Baviera, había quien denunciaba este culto de ofrendas a Perchta como un rito pagano, un pecado mortal contra la fe cristiana. Aún más atrás, en el siglo X, algunos escritos la mencionan como a una tal Vrouw Bercht, un espíritu que aparece de blanco y vinculada al arte de las hilanderas. Esto nos da idea de su antigüedad.

Procesiones de espíritus

Cacería Salvaje

Holle o Perchta en el papel de líder de la cacería salvaje
Ilustración de 1862

En la actualidad, en los Alpes, en muchos lugares, los hombres se disfrazan y enmascaran imitando a los Perchten, y simbólicamente liderados por Perchta visitan las casas en Navidad en una procesión conocida como Perchtenlauf. En el siglo XVI los enmascarados, a menudo imitando la forma de cabras de formas extravagantes, se dividían en dos grupos, unos luminosos, los «perchten guapos», traían fertilidad, bendiciones y abundancia para el año entrante. Los otros, los «perchten feos», fieros, terroríficos, que portan grandes colmillos, son liderados por el diablo, y se pasean por las casas echando a espíritus malos y demonios.

Junto a ellos van las almas invisibles de los niños muertos. Perchta guarda además las almas de los nonatos en fuentes y estanques. Perchta, al igual que Holda, Frau Holle, son consideradas entonces, en muchos lugares, como líderes de la Cacería Salvaje, o bien son la presa a la que la jauría persigue, y que suele manifestarse entre Navidad y el día de Reyes. Así pues los enmascarados representan a la propia cacería salvaje, que se manifiesta sobre todo en estas fechas, y cuyo cabecilla primero no sería otro que Odín, que sería por tanto el personaje en el que estaría basado Santa Claus con una mezcolanza de elementos cristianos y paganos.

Krampus

También de los alpes procede la figura del Krampus, personaje navideño siniestro, que toma la forma de un hombre peludo con patas de cabra, con cuernos en la frente, lengua roja y una cabellera negra. Se le describe de hecho como mitad cabra, mitad demonio. Esto último sería un añadido promovido por la cristianización que tendería a satanizar las viejas figuras mitológicas relacionándolas con brujas y demonios. El aspecto de cabra habría hecho mucho más fácil esta asimilación. No olvidemos que el macho cabrío es uno de los emblemas por excelencia que se han atribuido a Satán.

krampusnacht

Krampusnacht en una localidad austriaca. Créditos: 2

El krampus aparece en la víspera del día de Reyes, en lo que se conoce como Krampusnacht, «noche de Krampus». Lo encarnan hombres disfrazados que se pasean por las calles haciendo sonar cadenas o cencerros, y llevando ramas de abedul con las que golpean a los niños. A veces va sólo, a veces le acompaña San Nicolás. Lleva una canasta a la espalda o un saco, donde arroja a los niños que han sido malos para llevárselos al infierno y devorarlos allí sin prisa. El saco y la canasta recuerdan a los instrumentos de los agricultores que van a cosechar. Estas figuras navideñas cosechan niños, almas…

Aunque ahora son figuras más cómicas que aterradoras los disfraces de cabras pueden llegar a medir dos metros y ser terroríficos. Los niños, metidos en cestas, entre el ruido de los petardos, y la algarabía general debían pasar momentos aterradores. Tal vez todo ello sea la reminiscencia de algún rito de paso en el que el monstruo devora al niño y devuelve al hombre.

Como vemos las procesiones de gente que se pasea por las casas, a menuo disfrazados con elementos y cuernos similares a los de las cabras, pidiendo aguinaldo, castigando a los niños malos, premiando a los buenos, cantando, no son sino una representación de las hordas de difuntos que salen en este tiempo que es como un gozne entre el año que muere y el que nace. Es la cacería salvaje; Odín que cabalga a la cabeza de los seres del otro mundo.

El fino velo entre los mundos

Los elfos y la «gente oculta» están más activos en estas fechas, especialmente durante la noche de Navidad, la víspera del Año Nuevo y el seis de enero. Probablemente sean tradiciones paganas asociadas a Yule, relacionadas con la visita de los antepasados y de los elfos, asociados precisamente a la muerte y a los que ya se fueron. Una tradición corriente es la de encender hogueras, especialmente el 6 de enero, que se denominan literalmente álfabrennur, hogueras de elfos.

Todo tipo de sucesos extraños relacionados con seres sobrenaturales suceden en estas fechas, especialmente en Islandia: las vacas pueden hablar, pero es mejor no contestarlas porque te puedes volver loco; las focas toman forma humana y se pasean entre la gente; elfos y criaturas invisibles se dejam ver baiando e intentarán llevarse gente a su reino. El folclore está lleno de historias sobre como si uno deja su casa para festejar la noche de Navidad es posible que ésta sea invadida por los elfos que la emplearán para su propia celebración, y tienen fama de ser muy bulliciosos y jaraneros. En previsión, muchos islandeses, antes de Navidad, limpian la casa y dejan platos de comida para los visitantes. La víspera de Año Nuevo muchos dejan también velas encendidas para iluminar el camino de los elfos, que ese día acostumbran a mudarse a casas nuevas.

Créditos Fotográficos

1: By Holger Uwe Schmitt - Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=55276792

2: By Johann Jaritz - Own work, CC BY-SA 3.0 at, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=22941390

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