Auroras Boreales

Las luces del Norte

Aurora austral del 11 de septiembre de 2005

QUE SON

Las auroras boreales, o las auroras en general porque también existen las auroras australes, son uno de los espectáculos naturales más hermosos que pueden contemplarse sobre nuestro planeta. Se asemejan a cortinas de colores y luces cambiantes que se mueven en el cielo, como se puede contemplar en las imágenes que acompañan a este artículo, tomadas en diferentes puntos del planeta. La imagen sobre estas líneas corresponde a una foto tomada sobre el cielo austral el 11 de septiembre de 2005. En ella se muestra la disposición en anillo, típica de este fenómeno, cubriendo, en este caso, una vasta circunferencia alrededor del polo sur del planeta.

Aurora boreal sobre Bear Lake (Alaska)
Aurora boreal sobre Canadá
Aurora boreal sobre Bear Lake (Alaska)
Aurora boreal sobre Canadá
Aurora boreal sobre Canadá Aurora austral sobre las Nueva Zelanda
Aurora polar. Fotografía de la NASA
Aurora austral sobre Nueva Zelanda
Imágenes procedentes de Wikimedia Commons (pulsar en cada una para ver a mayor resolución)

Comienzan con la apariencia de una cortina de luz en movimiento que a menudo se extiende de este a oeste. A la medianoche el fenómeno se incrementa y adquiere gran movilidad y luminosidad. El fenómeno puede durar horas hasta que llega el amanecer y las luces empiezan a difuminarse y sólo se ven algunos hilos y trazos en regiones dispersas hasta que acaba desapareciendo.

Aurora sobre Oulu (Finlandia)
Fotografía tomada por Jouni Jussila en Oulu (Finlandia), el 21 de Octubre de 2001.

Son frecuentes en las zonas polares del planeta, y desde el espacio aparecen como anillos luminosos circundando las regiones polares. Aunque se dan con más frecuencias en las latitudes extremas, algunas de ellas pueden verse incluso desde los cielos del norte de España. Son más frecuentes justo bajo los anillos que se indican en los gráficos, llegando en ellos a una frecuencia tal que en un año puede haber hasta 240 noches en las que se puede contemplar alguna aurora boreal. Esta frecuencia disminuye según nos alejamos de dichos óvalos, ya sea hacia su centro o alejándonos hacia fuera. Pueden verse con más frecuencia de Septiembre a Octubre y de Marzo a Abril, ya que en los otros meses tiene lugar el fenómeno del Solo de medianoche, que consiste en que el Sol no se pone, de modo que no hay noche. Si estamos en Finlandia la mejor hora para verlas es a las 22:30 UT (Universal Time).

El viento solar deformando la magnetosfera Fotografía tomada el 22 de octubre de 2001 en Alaska por John Russell
Imagen tomada en Waukesha, Wisconsin, por Chris VenHaus (22 de octubre de 2001).
Fotografía tomada el 22 de octubre de 2001 en Alaska por John Russell

Las auroras que se producen en el Polo sur son llamadas a veces Auroras Polares.

COMO SE PRODUCEN

En principio se creía que las auroras se producían como un reflejo de la luz solar en los hielos árticos o en partículas de hielo suspendidas en el aire. Pero la explicación es muy diferente...

Nuestro Sol está emitiendo continuamente, en todas direcciones, un chorro de partículas eléctricamente cargadas. Se trata de un chorro continuo de electrones y protones sueltos que no forman parte de ningún átomo, viajando sueltos a velocidades que van desde los 300 a los 700 kilómetros por segundo. A ese estado particular de la materia, en el que no hay átomos, sino sólo una sopa de núcleos y electrones sueltos, se le llama plasma; y al generado por el Sol se le denomina con el romántico nombre de viento solar. El viento solar se aleja del Sol como un soplo continuo que alcanza la Tierra aproximadamente en un par de días desde que sale del Sol, e incluso va más allá. Más de un escritor de ciencia ficción ha soñado con veleros navegando entre los planetas de nuestro sistema propulsados por el viento solar recogido en enormes paneles solares a modo de velas. El viento solar rodea a la Tierra deformando su campo magnético de modo continuo.

El viento solar deformando la magnetosfera
En esta imagen de Wikimedia Commons se representa el Sol (izquierda), y nuestro planeta (derecha). El viento solar, representado como un flujo amarillento, envuelve a la Tierra deformando, barriendo las líneas de nuestro campo magnético, representadas como líneas azules. Algunas partículas son atrapadas y viajan en espiral hacia los polos, dando lugar, al chocar con moléculas de nuestra atmósfera, a las auroras.

Nuestro planeta tiene un campo magnético que la convierte en un enorme imán cuyos polos positivo y negativo están en las regiones polares. En los polos el campo magnético terrestre es más intenso, de modo que las partículas del viento solar que pasan cerca de ellos son atrapadas por el campo magnético terrestre y caen describiendo una trayectoria espiral. Nuestra atmósfera está compuesta entre otras cosas de oxígeno y nitrógeno, de modo que las partículas del viento solar atrapadas caen hasta que chocan con alguna molécula de oxígeno o de nitrógeno atmosférico. Ello ocurre concretamente en la ionosfera, una capa que se extiende hasta 60 o 100 kilómetros de altura desde la superficie de la Tierra. Al chocar con la partícula del viento solar la molécula de nuestra atmósfera recibe un aporte de energía extra a consecuencia del cual alguno de sus electrones se excita y salta a una órbita más alejada del núcleo. Sin embargo esta es una situación inestable para el átomo; de modo que el electrón sobreexcitado, en menos de una millonésima de segundo, tiende a volver a su órbita original, pero para ello tiene que librarse de la energía que le sobra, y lo hace emitiendo luz. Según la cantidad de energía sobrante que le fue proporcionada al átomo durante su choque con la partícula solar la luz emitida será de una longitud de onda u otra; es decir, de un color u otro. La coloración también depende del tipo de molécula golpeada por el viento solar. Las moléculas de oxígeno suelen emitir rayos verdes y rojos, mientras que las de nitrógeno son las responsables de los colores azules.

Aurora sobre Wisconsin
Imagen tomada en Wisconsin, el 28 de julio de 2006 por Tony Wilder.

Hasta 100000 megavatios llegan a producirse durante el hermoso espectáculo de una aurora, una enorme cantidad de energía que se manifiesta en forma de bellísimas luces danzantes. A la interacción entre la magnetosfera terrestre (el campo magnético de la Tierra) y el viento solar acompañan, cuando es intensa, todo tipo de interferencias en las emisiones radiofónicas, televisivas, además de interferencias eléctricas y en las comunicaciones por satélite.

A LA CAZA DE AURORAS BOREALES

La actividad solar se rige por ciclos de 11 años. Cuando se produce el máximo de dicha actividad es más probable ver auroras boreales más al sur en el hemisferio norte, y más al norte en el sur.

En Europa ya es costumbre hacer rutas turísticas que incluyan viajar hasta Laponia para ver auroras boreales, aunque los lugares más adecuados en el hemisferio norte son Canadá, Alaska y Groenlandia. Precisamente en Laponia, en Sodankylä se sitúa uno de los observatorios geofísicos más importantes dedicado al estudio de este bellísimo fenómeno, el Sodankylä Geophysical Observatory, que se ocupa además de recabar otros datos de interés geofísico.
Aurora en Lérida (21 de Octubre de 2001)
A veces es posible observarlas en latitudes inusuales, como la que puede verse en esta imagen tomada en la península ibérica, concretamente en Lérida, el 21 de octubre de 2001 (Fotografía de Alex Roca y Angels Escuer).

En abril del 2000 tuvo lugar una aurora boreal de dimensiones extraordinarias en Finlandia. Casi todo Helsinki salió a las terrazas a observar “el cielo en llamas”. Los tonos rojos daban la sensación de que el mismísimo cielo estaba en llamas.

Para los que viven en el hemisferio sur lo más fácil es desplazarse a las islas que circundan la Antártida ó Australia, especialmente Tasmania, y Nueva Zelanda.

Aurora sobre Vaasa (Finlandia)
Aurora boreal sobre Vaasa (Finlandia). Imagen tomada el 2 de octubre de 2002 por Kaj Hoglund

MITOS EN TORNO A LAS LUCES DEL NORTE

Para los nórdicos, según Thomas Bulfinch, las auroras boreales, las luces del norte (norðurljós), eran el reflejo del Sol sobre los escudos y armaduras de las valkjrjer, las doncellas guerreras hijas de Odín, cuando cabalgan sobre el cielo, aunque no existen referencias escritas sobre esta creencia. Si hay sin embargo una referencia al fenómeno en la crónica noruega Konungs Skuggsjá de 1230. La habrían observado marinos noruegos regresando de Groenlandia. Según esta crónica o se trataba de las llamas que rodeaban el océano que circundaba la Tierra, o eran llamas procedentes del Sol que sobresalían del lado oscuro del mundo, o era energía almacenada en los glaciares y que se emitía como una fluorescencia. También se las llamaba "luces de arenques", pues se pensaba que las producían los reflejos solares sobre los bancos de estos peces. Más en concordancia con la antigua mitología las luces del norte eran los fuegos que circundaban Midgard, la Tierra, rodeada por la serpiente del mismo nombre, una de las explicaciones que la ya tardía Konungs Skuggsjá daba para las luces avistadas por los marinos groenlandeses que navegaban hacia las costas noruegas, su patria original. También era común identificarlas con las doncellas muertas que danzaban en el cielo. Según una leyenda danesa las luces las provocaban bandadas de cisnes que en su viaje al norte quedaban atrapados en el hielo y batían sus alas produciendo chispas y reflejos.

Aurora sobre Wisconsin
Imagen tomada el 7 de Noviembre de 2004 en Green Bay (Wisconsin), por Peg Zenko.

Los fineses llamaban a las auroras boreales revontulet, “fuego de zorro”, pues creían que lo producían los zorros de Laponia, la tierra de los sami, cuando al correr por el monte golpean con sus colas la nieve, cansados de llevarla en alto. La cola del zorro levantaba así nieve, chispas y luces hasta el cielo. Los sami (lapones) del norte más extremo las llaman guovssahasat, y dicen que hay que ser muy prudente cuando se observan y permanecer quietos y en silencio porque las luces descienden sobre los que cantan y alborotan para matarlos cortándoles la cabeza. Samis y fineses en general son muy respetuosos con las luces del norte y creen que caerá la desgracia sobre quien se ría de ellas o pronuncie su nombre en voz alta. No sólo se apodera un respetuoso temor de los humanos cuando aparecen las luces celestes; hasta los lobos se alejan en silencio hacia sus madrigueras y los renos se agrupan hasta formar grandes congregaciones como para tratar de aliviar el temor. Los cazadores debían observarlas con respeto pues ello les traería fortuna, pero sus mujeres debían permanecer en el hogar, en silencio para no decir nada que pudiera desatar su furia. Hablar, silbar, hacer ruido hacía que las luces se acercaran al que provocaba los sonidos; y como hemos dicho si llegaban a acercarse demasiado podían matarlo. Un viejo cuento nórdico afirma que cuando Dios está enojado brilla la aurora. Por otra parte Pohjola, Laponia, siempre fue considerada tierra de temibles hechiceros, que entre otras cosas podían leer el futuro en las luces de colores.

Aurora en Quebec (Canadá)
Aurora sobre Quebec (Canadá), el 2 de octubre de 2004. Los aficionados a la Astronomía reconocerán el grupo de las Pléyades sobre los árboles a la iaquierda de la fotografía. Imagen tomada por Dominic Cantin.

En Estonia eran conocidas como virmalised, y se creía que eran espíritus celestes. Para sus vecinos letones se trataba de las almas de los guerreros muertos, y cuando eran rojas anunciaban guerras y hambrunas.

Aurora sobre Massachussets
Aurora sobre Cape Cod (Massachusetts). Fotografía tomada el 7 de noviembre de 2004, por Chris Cook..

En la céltica Escocia las luces del norte se identificaban con "alegres danzantes", los na fir-chlis. Imaginaban que empezaban a danzar alegremente en el cielo, pero luego peleaban y se mataban entre sí. Así explicaban probablemente los cambios de luces de azul y verde a tonos rojizos y sanguinolentos.

Aurora sobre Winnipeg (Canadá) Aurora sobre Inari (Finlandia)
Imagen tomada el 3 de octubre de 2002 en Winnipeg (Canadá) por Jo Majiko.
Imagen tomada en Inari, en la Laponia finlandesa, el 4 de octubre de 2002 por Juha Kinnunen.

Al otro lado del mundo, entre los indios algonquinos, era creencia que se trataba de las almas de los antepasados danzando alrededor de un fuego ritual. Los esquimales canadienses y groenlandeses identifican la Aurora Boreal con el reino de los muertos. Según su creencia, cuando cambian rápidamente significa que algún amigo muerto quiere comunicarse con quien las ve. Curiosamente muchos indios pensaban, al igual que los fineses y lapones, que al silbarle a las luces podían atraer hasta ellos a espíritus y fantasmas.

PÁGINAS CON IMÁGENES DE AURORAS

VIDEOS EN YOUTUBE

Auroras en movimiento:

Montajes con imágenes fijas:

Vídeos explicativos (en inglés):

© 2008. Javier Arries

© 2016. Diseño y contenido por Javier Arries

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