LA CABEZA DE MEDUSA

O CAMIÑO

Betanzos. Noviembre de quién sabe cuándo.

—Me has llamado, y ya ves que rapidez: aquí me tienes. Esta tarde no tenía nada que hacer, amigo. En tus ojos veos sombras que la última vez que nos vimos no estaban.

—La última vez que nos vimos…

—Sí, de eso hace ya dos meses.

—¡Dos meses!

Xan volvió a repetir mis palabras, visiblemente perturbado, con una sonrisa de anuncio de dentífrico, estática, y triste.

—Dos meses ya. ¡Parece que hubieran pasado veinte años!

Por la ventana de la cafetería se vislumbraba un cielo gris, acuoso, y algunas gaviotas con chillidos de naufragios, de barcos perdidos entre la niebla y las olas, y de faros en el fondo de la mar. Observé las grandes y cuidadas manos de mi amigo, eran las manos de un escritor. Un tejedor de palabras, paisajes, almas, memoria, sobre un tapiz de papel. Este tejedor de palabras, al contrario que yo mismo, ganaba lo suficiente con sus libros como para pagar más que desahogadamente, sus facturas y sus sueños. Antes de que la camarera apareciese en escena, Xan y yo ya nos habíamos fumado un par de cigarrillos entre suspiros y canciones de La dama se esconde. La música, en un volumen más que aceptable para un local público, amenizaba la descolorida tarde. La camarera, una chica rubia, delgadita, ojos castaños y enormes — tan parecida a Britney Spears, que a punto estuve de pedirle un autógrafo, si a mí en mi puñetera vida, me hubiesen interesado algo los autógrafos—, se acercó a retirar, por fin, los vasos y platos de los anteriores clientes.

—¿Qué va a ser, chicos?

Preguntó. Y sonó tan jovial, y afable su voz en medio de aquella atormentada atmósfera que venía acompañando a Xanti, que ambos, al mirarla casi pudimos ver un brillo feérico surgiendo de sus oscuros ojos de ondina. Pero nada de eso. La chica nos miró con aburrimiento como pensando, «Ya tenemos aquí a los típicos niñatos de siempre». Y bostezó encubriendo su bostezo una tos repentina y forzada, mientras sus palabras pedían un bourbon a palo seco.

—Para mi un café solo, pero muy caliente por favor.

Al cabo, una vez que la camarera rubia, la clon de Britney Spears, desapareció rumbo a la barra y sus misterios, reanudamos la conversación con el mismo entusiasmo o menos que antes.

—Supongo Xan, que no me habrás sacado de mi casa para que vea como te emborrachas.

— ¿Te acuerdas de Ainhoa, mi novia?

—Claro, hombre. Ibais a casaros después de hacer el Camino. ¿No?

—Sí, si…

Contestó con voz trémula, e inmediatamente echó la cara entre sus manos y rompió a llorar.

Yo, que soy un poco despreciable a veces y no tengo demasiada paciencia con los llorones, he de reconocer que la congoja de mi amigo Xan me pudo. Intente consolarle mientras Brit, la camarera rubia, con cerrado acento de Orense, nos trajo las consumiciones. Su bourbon a palo seco, y mí café, oscuro, amargo y caliente, como debe ser un café. Fuera llovía sin hacer ruido, con un agua fina y blanda que no se veía casi, pero que lo empapaba todo, casas, ropas, huertas, caminos, a conciencia, y hacía que el paisaje fuese fantasmal y lejano. En tanto allí, en la cafetería muy cercana a Betanzos, Xan y yo nos habíamos quedado solos. Y así, y con una taza de café entre mis manos, y mil pitillos entre mis dedos y mis labios, comenzamos a charlar mi amigo y yo. No, no es que yo fumase en esa época. Es que fumaba demasiado. Pero en peor estado se encontraba mi barbudo amigo Xanti de Castro, el cual, por si alguien no lo sabe, es un autor muy bien considerado por hidalgos de prensa independiente, y gentiles hombre de editorial oscura y selectamente minoritaria. Y es que a esas tempranas horas de la tarde, Xán estaba intentado recuperarse de la paliza que se había dado a sí mismo la noche anterior con los chupitos de José Cuervo

—Xan anímate hombre. Mira por las ventanas y verás que paisaje tan maravilloso nos regala esta monótona lluvia del otoño. ¡Por dios, no llores! ¡Sabes que nunca he podido soportar a ningún hombre llorando!

Entonces él me miro, de pronto, como si su mirada hubiese retornado de otro lugar a miles de años luz de allí. Me asusté de verdad e incluso pensé que estaba loco. Lo mejor era largarse cuanto antes.

—Vaya, que cara se te ha puesto de pronto, jajajaja. Bueno, por lo menos has dejado de llorar. Nada, Xan, ejem, que acabo de acordarme de que esta noche tenía plan y…

—No tengas tanta prisa, Jacobo. ¿No andas tu siempre metiendo las narices aquí y allá buscando como un perro, una buena historia para tu columna en La Voz de Galicia? Pues bien, te voy a contar mi historia. Si es que estás dispuesto a pasar un mal rato. Y veo, amigo mío, que lo estás.

«Como te dije cuando nos vimos aquella noche de mitad de julio, en menos de una semana mi novia y yo haríamos El Camino, desde Roncesvalles a Fisterra, y una semana más tarde nos esperaba el cura de Betanzos para casarnos. Amigo, no te puedes imaginar que días aquellos anteriores al Camino, felicidad, felicidad, felicidad. Días luminosos, risueños, jóvenes. Días que jamás nube alguna, a pesar de todos los pesares, conseguirán oscurecer. Ainhoa hermosa entre las más hermosas, me amaba con esa dicha imposible de disimular. Delante de amigos, familiares y extraños, me prodigaba las más apasionadas muestras de cariño. Y todo ello durante un verano grandioso, sin lluvias y sin cielos pardos, con temperaturas magníficas. La gente, los caminantes, por ello estaban de muy buen talante. Pero una tarde, creo que la última que tuvimos con  buen tiempo, el tiempo comenzó a cambiar de manera que en menos de un par de horas, el maravilloso y dorado verano, se transformó en un otoño de cielos  oscuros y horizontes acuosos. No me mires así, Jaco, por favor. ¡Qué íbamos a saber nosotros si en aquellos momentos el cielo era de un rotundo azul, las abejas revoloteaban alrededor nuestro, y el sol calentaba lo suyo, que en breves horas todo eso formaría tristemente parte del pasado! 

—Dijiste que El Camino fue el culpable.

—Sí, eso es. El Camino reventó mi vida. Ahora veo sombras donde antes caminaba del brazo de Ainhoa flotando sobre una alfombra mágica.

Y estrujando una colilla quemada de su Chester sobre un cenicero abarrotado de colillas quemadas y retorcidas, volvió a él de nuevo ese temblor feroz que le hacía parecer un fugado del psiquiátrico, sección locos peligrosos. No era, descubrí, un temblor de miedo, no, aquél hombre de casi metro noventa de estatura, espaldas de boxeador, y barbas de vikingo, temblaba de pura desesperación.

—Anda, hombre, tranquilízate. Bebe un poco más, apura la copa. Así… Y ahora cuéntame…

—No sé,… es que es todo tan irreal…, la noche aquella, la primera noche que pasamos en El Camino, Ainhoa y yo, buscábamos mordernos mutuamente como se muerden los lobos, como muerden los muertos de hambre un pedazo de pan. Locos, locos de amor, ebrios diría yo; salvajes, insolentes, y ferozmente jóvenes. Y con nulo sentido de la responsabilidad. Y así nos vimos con la noche a cuestas, aunque todos los caminantes, todos los peregrinos ya nos iban sermoneando que daba gusto oírlos. El dueño del mesón donde tomamos unos pinchos de tortilla y unas cervezas, un tipo enorme, blanquísimo, con boina, y la cara como un pan redondo y colorado, antes de ponernos de nuevo en marcha nos aseguró, mientras servía raxo y grelos a un peregrino que trasegaba ribeiro a destajo:

—Chavales, mirad que la noche llega. Y la noche por estos toscos parajes no es buena.

—Somos estudiantes de Biológicas y no tenemos miedo a las leyendas, ni a los miedos de las viejas. El Siglo de las luces hace ya tiempo que borró todo eso, jefe.

—Allá vosotros, nanos.

Y nos miraron, el de la boina y el del ribeiro, como quién mira un cuadro de esos de ojos como peces, y bocas como ojos, que no parecen ni ojos, ni bocas, ni peces.

Así que el imbécil irresponsable que era yo entonces, más que un imbécil, un asesino, creyéndome poco más que un héroe de la Marvel, se puso en camino con su dulce, con su bellísima Ainhoa, al filo de un amanecer de agosto que para más emoción, pintaba las nubes moradas y grises, casi negras, el cielo hacia poniente. Caminando sobre la hojarasca, viendo como huían las ardillas, y los vencejos a nuestro paso; besándonos, ahora con ternura, después con furia, en cada recodo, en cada clarear de las arboledas, que cada vez se volvía más y más infranqueable, fue transcurriendo el día. Pero nosotros dos solo teníamos ojos para nosotros dos, y más allá de Ainhoa, y de Xan no existía nada más. La noche se nos echaba encima, y te lo vas o no a creer, Jaco, nosotros ni cuenta. Pero en ese momento Ainhoa exclamó…

—Xan, ¿has oído?

—Jajaja ¿el qué, colibrí?

—Eso…

Un sonido incierto, gutural, angustioso, como un lamento, se dejó oír por todo el bosque.

-Parece…

-Sí, es eso, es exactamente eso. Sé lo que estás pensando Xan.

La palabra sonó alta y bien clara, al pronunciarla al unísono ella y yo: «aullido». Y casi al mismo tiempo, una ráfaga de viento frío y desapacible, enredó los cabellos de Ainhoa, cuyo rostro se había vuelto de una palidez preocupante. Nuevamente, ese lamento ronco, escalofriante, casi sobrenatural, descollaba poderosamente por los bosques.

— No, no es un aullido. Tranquilízate colibrí. Estamos posiblemente cerca de la mar. Es, a todas luces, la sirena de un barco.

— ¿Tú crees? Pues parece un aullido de lobo, Xan. Mira, es casi de noche y no nos hemos dado ni cuenta. ¡Busquemos un refugio ya por favor! ¡Por favor…!

—¡Jajaja! Es que, ¿qué se puede esperar del cerebro de dos enamorados? Venga colibrí mío, ¡seguro que no estamos lejos de algún refugio!

Pero, el miedo irremediablemente había anidado en el alma de mi novia. Ya no conseguí tranquilizarla. Se agolpaban en su memoria esas historias que nos han contado de pequeños a todos los niños gallegos, la Santa Compaña, los lobos, las jaurías…

—Xan, mira, corramos todo lo que podamos, por favor.

—Pero Ainhoa, ¿en serio tienes miedo? ¡Jajaja! ¡Qué cosas! Anda, ven abracémonos mas fuerte que nunca y verás como huye de tu alma cualquier atisbo de inquietud.

—Xan, en serio. ¡O nos vamos dando una carrera ya para la aldea otra vez, o me voy yo sola y ahí te quedas, idiota!

El amor, incluso la pasión más desbocada, puede desaparecer ante el peligro más inminente. Ese peligro desconocido que va adueñándose de nuestro espíritu como un inapreciable latido que, sin embargo, cada vez es más intenso. Cada vez más…

En ese momento, un chasquido crepitó tras de mí, y al momento mi cabeza, con los pelos completamente de punta, se volvió lentamente, con el miedo devorándome ya por dentro. Un lobo, otro y otro, hasta cinco lobos y una loba despeluchada, sucia, y con una dentadura como la de una sierra mecánica, bufaba y gruñía, con sus dulces ojos brillando como brasas, a cinco metros de Ainhoa. Ainhoa, paralizada de terror, quería llorar, quería gritar, quería salir corriendo como jamás había corrido en toda su vida. Pero, literalmente, no podía ser. A cambio de eso, lo único que su pequeño y trémulo cuerpo le permitía era sudar y tiritar de terror. Nada más. Justo en el momento en que quise tirarles una piedra, mi mochila, las botas, gritar, y liarme a patadas con todos esos bichos, la loba despeluchada, de dentadura tal como una sierra mecánica, se lanzó como un arpón sobre la indefensa, y apetecible garganta de mi novia. La mató al instante. Y al hacerlo, los demás lobos hicieron lo mismo, pero la loba de dientes de sierra mecánica, no lo permitió. Primero ella. Después el resto. Probablemente, de puro horror, perdí el conocimiento. Me desperté dos días después en un hospital de Santiago, magullado, roto, perdido. Eso es todo, Jaco. A ratos siento que mi mente sale a chorros desde el interior de mi cráneo; es una sensación que mata. Otras veces, y es lo peor, creo ver a Ainhoa entre la gente… Pero, amigo mío, el caso es que…, es que esta mañana… me he despertado con la cabeza de una vaquilla sangrienta sobre mi cama, así como un hueso roído y pelado, no quiero ni saber de qué animal; y mis manos y mi boca manchadas de sangre seca. Y hace poco que vengo oyendo aullidos de lobo por las noches… Y lo más terrorífico es que creo que soy yo.

Fin.

Ada García. Diciembre de 2021.

Correcciones gracias a la paciencia, amabilidad y sabiduría de Javier Arries.

MÁS QUE PALABRAS CON… JAVIER ARRIES

«DAR UNA CHARLA ANTE UN PÚBLICO IMPRESIONA, Y UNO SIENTE CIERTOS NERVIOS ESCÉNICOS. PERO DESAPARECEN CUANDO EMPIEZO A HABLAR, Y COMO ME EMOCIONO CONTANDO COSAS, PORQUE ME GUSTA, ACABO DISFRUTANDO Y CREO QUE ESO SE TRASMITE AL PÚBLICO»

Javier Arries, astrofísico, profesor, periodista, y ensayista.

Javier Arries acaba de publicar «Espíritus y seres de la Mitología Nórdica», de editorial Luciérnaga. Un libro magnífico, de esos que te acercas para leer un poco para ver de qué va, y, sin darte cuenta ya te has leído medio libro. Javier habla con una cadencia profunda, suave y recia que envuelve las palabras. Ante un congreso de más trescientas personas; en clase, frente a veinte alumnos en pie de guerra; en la intimidad de un estudio de radio, ya sea RNE, o Tiempo de Hadas, Javier Arries tiene el don innato de saber comunicar. Y sabe como contarnos cosas sobre vampiros, sagas, vikingos, dioses y arcanos, casas encantadas, muñecos diabólicos, faraones y cámaras secretas, que nos dejan sin aliento y con la mente maravillosamente ocupada por esas fascinantes historias. Es licenciado en Ciencias Físicas en la especialidad de Física de la Tierra y del Cosmos, programador, profesor, y autor de obras como Magia en el antiguo Egipto, Vampiros. Bestiario de ultratumba, Objetos malditos, Chamanes. Los amos del fuego. Su penúltimo libro publicado Magia y religión nórdicas, va ya por la tercera edición. Compagina su trabajo con su sección en el programa de RNE Una noche en el laberinto. Y, ¿os cuento un secreto? Javier arranca blues, a veces galácticos, de la muy vieja y negra Alabama, con su Gibson.

P. Javier, tras Magia y religión Nórdicas ¿por qué ahora Seres y espíritus de la mitología nórdica, tu último libro?

R. Porque me quedé sin espacio en Magia y Religión Nórdicas. ¡Me iba de páginas! Y ya el libro de por sí es extenso. De modo que me quedé con las ganas de ampliar el capitulo que dediqué a algunas criaturas del folclore germánico. Además, muchos lectores, me comentaban que Magia y Religión Nórdicas les había encantado, pero que aquel capítulo les había gustado muchísimo. De modo que me planteé terminar lo que dejé allí esbozado. Y el resultado ha sido una obra de más de 488 páginas en las que me despacho a gusto con una multitud de criaturas que, según el folclore germánico, habitan ríos, montañas, lagos, cascadas, minas, rocas, el aire, el mar, e incluso mundos diferentes al nuestro. He estudiado su evolución con el cristianismo hasta llegar a nuestros días, el aspecto que tienen, como viven… En fin, es prácticamente una guía completa sobre esos seres descritos en cuentos, sagas, baladas, leyendas, y el imaginario popular de las gentes del norte.

P. ¿Qué es lo que te resulta tan atractivo del mundo Nórdico antiguo?

R. Es una cultura fascinante. Sus mitos tienen una garra especial, una fuerza descarnada, épica, y a menudo cargado de segundas lecturas, de lecciones de vida, y de una visión animista que contempla el mundo y sus criaturas como algo en perpetuo movimiento, vivo, lleno de seres que no se ven hasta que ellos quieren, y que interactúan con los humanos. Cuando uno empieza a conocerla es difícil sustraerse a su encanto.

P, ¿Qué le gustaba al niño llamado Javier? ¿Te gustaban ya las mismas cosas que te gustan ahora, leer, las sagas, las guitarras, los vampiros?

R. De todo… Por un lado, me encantaba aprender, leer, curiosear, investigar el porqué de las cosas, saber cómo funcionaban… Me encantaba destripar relojes y radios, fabricar cohetes caseros a base de papel de aluminio y pastillas de cloruro potásico (en casa no tenían muy claro si algún día pondría la casa en órbita),… De ahí viene mi afición por las Ciencias Exactas (Matemáticas, Física, Química). Pero me encantaba también la Historia, las religiones, las mitologías. Me gustaba además todo lo que tuviera que ver con las cosas que no habían sido explicadas, que son un misterio, el mundo de lo sobrenatural. Y de ahí mi gusto por la Parapsicología, la Alquimia, la Cábala, las mancias… Y, por supuesto, me aficioné, desde que tengo uso de razón, a la literatura de terror, las películas de miedo, los vampiros,…  La afición a la guitarra me vino cuando era un chaval de instituto y, como tantos otros, descubrí la música y se convirtió en pasión. Ahorrando, conseguí mí primera guitarra, ya un poco maltrecha, pero que todavía me acompaña.

P. ¿Te hubiese gustado tocar en una banda de rock?

R. Claro, pero eso conlleva mucha dedicación y muchas horas al día. Y hay otras tantas cosas que me interesan que me lo tomé desde siempre como un hobby. Pero por supuesto que no habría estado nada mal tocar en una banda.

P. Vampiros. Bestiario de ultratumba, se ha convertido en ese oscuro objeto del deseo literario que muchos quieren tener. De vez en cuando vemos por internet al precio que se vende en la actualidad, hasta por más de 500 euros. ¿Para cuándo una nueva edición de esta legendaria obra tuya?

R. Pues lo cierto es que mucha gente me lo pide, y yo mismo le doy vueltas a hacer una edición revisada y aumentada. De hecho, creo que crecería tanto que estaría muy bien rehacerla en dos volúmenes que pudieran leerse de forma independiente, pero que se complementaran entre sí. Es una idea a la que le doy vueltas, porque evidentemente, desde que salió, han aparecido noticias nuevas, hallazgos arqueológicos, etc.

Desde el antiguo Egipto, hasta las gélidas tierras escandinavas, pasando por territorios cuajados de leyendas vampíricas,
o por el fascinante mundo de chamanes, y aojadores, los libros que ha publicado Javier Arries son pura aventura, cultura, y magia. Un tesoro de papel y tinta.

P. En tu libro Objetos malditos nos hablas de casas, joyas, y hasta juguetes famosos a los que se les adjudican maldiciones y todo tipo de desgracias. Javier, ¿tu personalmente has tenido alguna experiencia al respecto?

R. Con las aficiones que tengo, con el tiempo, han pasado por mis manos todo tipo de objetos, y he estado en muchos sitios de los que, como comento en Objetos Malditos, se ha dicho que estaban vinculados a todo tipo de fenómenos. En cuanto a edificios o lugares con mala fama, en muchas ocasiones he presenciado los típicos bajones de temperatura, raps, puertas que se cierran, bombillas que estallan; a veces incluso he creído percibir sombras o luces por el rabillo del ojo… Pero en la mayoría de los casos creo que no hace falta acudir a explicaciones de tipo paranormal, aunque siempre hay alguna experiencia que te impresiona más que otras. Lo malo de este tipo de experiencias es que a menudo, por su subjetividad, no hay forma de saber a ciencia cierta si hay algo más allá de lo meramente físico en ellas. Y si hablamos de objetos, pues personalmente no he sufrido ninguna experiencia negativa; pese a que he poseído objetos, como alguna que otra máscara japonesa y algún que otro objeto más o menos exótico, de los que se decía que estaban «impregnados» con alguna fuerza «oscura».

P. ¿Te arriesgarías a comprar un objeto que te guste mucho, una espada, una pintura, con una leyenda de maldiciones detrás?

R. Bueno, en tanto tiempo también aprende uno como «limpiarlos». Por si acaso… Hablando en serio, mucha gente tiene la costumbre de realizar todo tipo de pequeños rituales para despojar de posibles influencias negativas objetos que compran o que les regalan. Es muy corriente, por ejemplo, sumergir objetos pequeños, como joyas u objetos similares, en soluciones de agua con sal durante un tiempo, antes de utilizarlos. Otros, emplean inciensos o hierbas para ahumar… Es una práctica muy corriente en diferentes culturas y tradiciones religiosas y mágicas, y forman parte del acervo cultural general de todos los pueblos.

P. ¿Por qué crees que la muñeca Annabelle es la vedette de los congresos a los que asistes?

R. Por la mucha publicidad que se le ha dado en internet y el cine. Las muñecas además son objetos que causan sentimientos encontrados en mucha gente. Pero ésta además se ha convertido en la protagonista de films de mucho éxito. Y es curioso como cuando llevo una réplica suya a conferencias y ponencias todo el mundo quiere hacerse una foto con la muñeca como si fuera una estrella de cine o del rock.

P. Javier, ¿qué es más difícil para ti, dar clases a un grupo de chavales, o dar una charla ante un foro de más de trescientas personas?

R. Pues te puede resultar extraño, pero, sobre todo en los primeros días, me es más difícil dar clase ante un grupo de chavales, porque ellos te están evaluando desde el primer minuto. Dar una charla ante un público también impresiona, y uno siente ciertos nervios escénicos. Pero desaparecen cuando empiezo a hablar, y como me emociono contando cosas, porque me gusta, acabo disfrutando, y creo que eso se transmite al público.

P. Eduardo Mendoza dice que un artista, un novelista, actor, ensayista, nunca debe dar su opinión sobre nada, y menos sobre política. A diferencia de esos otros que opinan todo lo contrario, que el artista debe mojarse. ¿Estás de acuerdo con el autor de Sin noticias de Gurb?

El autor de Espíritus y seres de la Mitología Nórdica, durante una intervención televisiva.

R. Depende… Muchos artistas creen que el Arte también es compromiso, y por tanto desde el primer momento, y en su propia creación, dan su opinión sobre el mundo y la sociedad en la que viven. Es normal, por lo tanto, que también lo hagan fuera del escenario, del despacho donde escriben, o del estudio donde crean sus obras. Para otros, el Arte es una búsqueda de la belleza per se, aparte de las circunstancias personales y el entorno social. En mi caso, como me dedico sobre todo al ensayo, creo que en mis libros debo ser neutral y objetivo, y dar datos sin edulcorarlos con mi propia opinión, salvo cuando ésta es un mero aporte a lo que han dicho otros investigadores, porque por supuesto uno puede añadir sus propias hipótesis y teorías. Pero tengo claro que, a la postre, quien tiene la última palabra, es el lector.

P. ¿Qué cosas a estas alturas de tu vida consiguen enfadarte?

R. Las injusticias, por supuesto. Y, últimamente, los mediocres que opinan de todo tipo de temas sin haberse informado o conocerlos lo más mínimo, los plagiadores que se aprovechan del trabajo de otros, incluyendo a ladrones de ideas, oportunistas, trepas de esos que venderían a su progenitora por subir peldaños, caraduras, estafadores, «seres de luz» que dan consejos de a euro el kilo y que luego ellos mismos no se aplican, envidiosos, oportunistas… La lista es larga, aunque es mejor defenderse de ellos sin obsesionarse, y atender a las cosas que nos enriquecen, que son las que verdaderamente importan.

P. ¿Y qué cosas te ponen de buen humor?

R. Una buena cerveza, una buena historia (cine, literatura,…), una obra de arte, la compañía de las hadas, las puestas y salidas de Sol, y el pulpo a la gallega.

Como dijo aquél emperador loco, Cuarenta siglos te contemplan.

P. Javier, con respecto al Antiguo Egipto, ¿cualquier tiempo pasado fue mejor?

R. Eso nos parece siempre, pero todo tiene su luz y su sombra, en todo tiempo y lugar. Pero es inevitable sentirse fascinado por determinados periodos históricos.

P. Durante el pasado confinamiento, con librerías y grandes almacenes cerrados a cal y canto, tu anterior libro Magia y religión nórdicas, tuvo un rotundo éxito. ¿Esperas que se repita tal éxito con tu último hijo literario, Espíritus y seres de la mitología nórdica?

R. Sí. Fue una alegría cuando pocas semanas después de ser publicado Magia y religión nórdica, me comunicaron de la editorial que iban a por la segunda edición. Y poco tiempo después… ¡la tercera! La verdad es que es toda una satisfacción. Y este último, Espíritus y seres de la mitología nórdica, que complementa al anterior, aunque se pueden leer de forma independiente, también está teniendo una excelente acogida, tanto entre el público general que se acerca al folclore y la cultura nórdica por primera vez como a los que lo conocen bien y han leído y profundizado más en él. Lo cierto es que ambas obras me están dando muchas alegrías y el trabajo que llevan detrás ha merecido la pena.

P. ¿Hacer el vikingo es más correcto que hablar de un pueblo vikingo per se?

R. Era denominado vikingo aquel que se embarcaba para comerciar o enriquecerse mediante el pillaje, o ambas cosas. La palabra, tal como era utilizada en su tiempo, se refiere más que nada a una actividad y no a un pueblo o a una etnia determinada. Sin embargo, por extensión, se llama vikingos a los pueblos en los que ese tipo de actividades prosperó, y a la cultura que se desarrolló en los países escandinavos en aquel tiempo; aunque no todos ellos practicaran dicha actividad. Muchos eran agricultores o artesanos que nunca se movieron de sus territorios. Debe tenerse en cuenta además que la cultura vikinga destaca no sólo por los pillajes, sino también por los descubrimientos que llevaron a cabo, su sociedad, religión, avances técnicos, artesanía…

Black Sabbath , ´época James Dio.

P. Javier, dime una canción que te ayude a hacer más soportable un mal día.

R. Pues depende del momento; pero fíjate que a menudo lo que puede actuar como un bálsamo cuando nuestra mente está ocupada en tribulaciones y preocupaciones es… el silencio. Pero todo depende siempre del momento, del estado de ánimo, de lo que necesites expresar en ese momento. Así que puede ser desde una canción de Black Sabbath, de Mötorhead, de Lynyrd Skynyrd, de Hedningarna, de Vivaldi,..

P. Y ya para terminar, ¿dónde `podemos encontrar más cosas sobre ti, y tus trabajos, proyectos, etcétera?

R. Pues, por ejemplo:

Mi página web: https://arries.es
Mi página de Facebook: https://www.facebook.com/franciscojavierarres .También estoy por Instagram como @javier_arries

En cuanto a mis libros se pueden pedir en cualquier librería, incluidas tiendas online: Amazon, El Corte Inglés, la Casa del Libro…

Gracias Javier Arries. ¡Y que Thor te acompañe y sea tu amigo!

Más que palabras con… Juan Antonio Sanz

«YO CREO QUE HABÍA QUE DARLE UN TOQUE MÁS RACIONAL, INCLUSO HISTÓRICO, A LO QUE EL MITO DEL VAMPIRO SIGNIFICA»

JUAN ANTONIO SANZ

Un vetusto y oscuro ataúd abriéndose siniestramente, chirriando en la noche interminable. Girones de una niebla blanquecina adueñándose de lápidas carcomidas por el implacable martillo del tiempo y la humedad. Un castillo lejano, una aldea perdida, lobos aullando entre la nieve… si, amigos, imágenes que indefectiblemente nos evocan al amo de la oscuridad, al demonio retornado, al príncipe de las tinieblas, su satánica majestad el vampiro. ¿Están vivos? ¿Están muertos? ¿Es posible encontrar al vampiro, el No-muerto, en toda latitud y cultura? ¿Desde cuando existe la figura del vampiro? La última obra publicada sobre este mito eterno, es Vampiros, Príncipes del Abismo, de editorial Arcopress, grupo Almuzara, cuyo autor el periodista y viajero Juan Antonio Sanz, responde a estas vampíricas preguntas y algunas más. Para ir abriendo boca os dejo una breve reseña de su libro en Amazon:
«Príncipes del abismo no es un tratado sobre vampirismo. Es la crónica de una búsqueda personal de varias décadas en torno a un fenómeno, un mito o una leyenda que ha acompañado al ser humano desde el principio de los tiempos. Un fenómeno plagado de mentiras y fábulas, pero también de inquietantes realidades. Una de las tesis principales de este volumen escrito por Juan Antonio Sanz es que el vampirismo está íntimamente relacionado con la magia negra y con la búsqueda de la inmortalidad a cualquier precio. En este sentido, es la sangre la esencia fundamental que asegura esa inmortalidad y, por tanto, no sólo debe contemplarse como un alimento de los «no-muertos», sino como la piedra filosofal de su transformación. Un libro plagado de historias, escrito y pensado para los lectores más curiosos».

AD. Juan Antonio Sanz, ¿la sangre es la vida?

Juan Antonio Sanz. La sangre no solo es las vida, también es el vínculo con el otro mundo, con el lado del espejo que durante tantos siglos, tantos milenios, ha sido identificado como la muert. La sangre es ese puente que, a determinados seres, según las leyendas, les permite acceder a este plano nuestro, a la vida. Ellos son los vampiros, los nosferatu, los strigoii, como quieras llamarlos; desde Japón, con los jikininki,China, con los jiangshi, en todas partes encontramos esa leyenda de un ser espectral, depredador que quiere romper todas las barreras entre lo sobrenatural, y lo natural, y la vida entre lo prenatural y el mundo material, para poder acceder a la esencia del ser humano que es la sangre, o el prana, o la esencia vital con la que mantenerse en esa corporeidad. Esa es la clave del vampiro, un ente que a través de su vinculación con el ser humano adquiere las bondades que tiene este. Es decir, la materialidad.

El autor Juan Antonio Sanz en el Museo del Romanticismo, Madrid.

P. ¿Queremos ser entonces inmortales a toda costa?

R. Puedo subrayar que en este sentido, tres rasgos que definen al vampiro: una es su maldad; la maldad con la que este ser impone sus condiciones ante el ser humano, dentro de los rasgos es, como ya hemos comentado, su necesidad de la sangre para perpetuarse, para adquirir esa corporeidad. Otra característica es su relación, la relación del vampiro con la magia negra, precisamente los magos negros eran los primeros interesados en buscar la vida eterna, en buscar la perdurabilidad del cuerpo por encima de todas las cosas, y por eso recurrían a la maldad. Muchas de las leyendas a lo largo de todo el mundo, relacionan a los vampiros con magos negros que en un momento determinado de su vida adquieren, por un pacto con la maldad esa capacidad para introducirse en un cuerpo muerto, y al morir ellos transformarse en vampiro.

P. Zombis africanos y antillanos, la magia negra que utilizan para convertir a seres humanos en muertos vivientes, ¿están relacionados con el mito del vampiro o nada tienen que ver?

R. El hombre como un ser que tiene los días contados,mira más allá; quiere ser más rico, quiere ser más fuerte, y quiere ser más bello -cuando digo hombre hablo de mujer, por supuesto-, y quiere vivir lo más posible, y quiere superar la corrupción de la carne, y de estar en este mundo condenado a desaparecer como el resto de las cosas. De ahí que esa figura, esa imagen, del vampiro como un ser eterno, que no inmortal, puesto que puede ser aniquilado, sea muy atractiva para este hombre, para el ser humano. Y en ese sentido, como comentaba, los magos negros, los brujos, hechiceros que tienen posibilidades por una serie de conocimientos, acceder a esa vida eterna, a esa perduración de la materia, pues encuentran como el vampirismo puede ser un vehículo esencial. Esto es lo que nos cuentan las leyendas, y es lo más terrible en este sentido. Cuando leemos la novela Drácula nos damos cuenta de que no es solamente el cuento, el relato, de un archi vampiro que vive en Rumania, en los Cárpatos, y de pronto decide cometer sus fechorías en Inglaterra, no. Nos damos cuenta, como lo dice el propio Van Helsing, unos de los protagonistas, el cazador de vampiros por excelencia, nos dice que Drácula es un mago negro. Y en eso está la esencia del mito vampírico, en la necesidad de un ser perpetuarse gracias a la concepción de lo más preciado que puede tener una vida, que es la sangre. Y por eso la maldición del vampirismo está en que, los vampiros en primer lugar atacan es a sus propios parientes. El amor se corrompe de tal forma que se convierte en odio. Y yo creo que hay que diferenciar el tema de los zombis, de los vampiros. El zombi es un ser, en teoría, y según nos cuentan las leyendas, los cuentos al calor de una hoguera, los zombis son muertos que se han levantado y no tienen conciencia propia en realidad. Los vampiros si. El vampiro según todas las leyendas sabe lo que hace. Aunque en estas leyendas y cuentos pueden aparecer carácterizados quizás más como un zombi, que como el conde vestido con frac, de largos colmillos. Y es precisamente por que el vampiro significa eso, es la corrupción de la carne, para convertirse en devorador de la esencia humana.

P. Juan Antonio, has viajado al lejano y frío norte en busca del mito para conocer más a estos retornados, como les llaman por ejemplo en Francia. De todos estos viajes hablas en tu libro.

Descubriendo misterios…

R. Bueno, mi libro es una indagación, una búsqueda que me ha llevado a lo largo de treinta años, treinta años más activo, pero yo creo que desde que era niño, desde la primera vez que escuché hablar sobre los aparecidos en una pequeña aldea de Segovia,me ha llevado a seguir el rastro de este mito. Yo no iba buscando vampiros por medio mundo. Yo buscaba el origen de esta leyenda, y sobretodo, como esta leyenda afectaba a diferentes poblaciones en sitios muy distintos. Yo viví mucho tiempo en Rusia, casi ocho años, y ahí me volví a encontrar con el mito de los vampiros. Viajé por Ucrania y volví a escuchar sobre los mismos; escuché sobre el ……, sobre el vurdalac, y sobre otros seres semejantes. Viajé por la ruta de la seda y allí, escuché sobre el jianshi, este vampiro chino que se mueve a saltos, que es horrendo, y que podría parecer uno de esos zombis de los que hablábamos antes, pero que no es tal. En Japón también viví, y trabajé para la Agencia EFE, y allí pude seguir los rastros de los kitsunes, los kappa, los chikininki… Estuve en los montes del sur de la península de Kii, preguntando sobre estos seres que parecían encarnarse en death, y revivirlos y consumir precisamente, la esencia de los hombres. Es una de las diferencias con los zombis. El zombi es creado por alguien, o por una enfermedad, o por una epidemia, o por alguien que le hace transformarse en lo que es. El vampiro tiene su propia voluntad, como lo he comentado, tiene esa capacidad para reanimar un cuerpo muerto, y es esto lo que provoca el horror al retorno de los no-muertos. Es lo que podría recordar a loas kitsune,los vampiros-zorro de Japón. Tuve contcato en América con los antaguayas del lñago Titicaca, que tienen un aspecto que muchas veces podrían recordar a los kitsune de Japón.También escuché sobre los anchanchus, que son mucho más terrible, y de infausto recuerdo entre los habitantes de los habitantes del lago Titicaca, al pie de las faldas de los Andes. Estos anchanchus son muy parecidos a los vampiros de Europa central, de los Balcanes. Por eso es muy posible que hayan podido llegar a principios del siglo XVII o XVIII, con algunas de las migraciones o invasiones europeas, junto con soldados, o junto con los propios sacerdotes que querían propagar la fe cristiana. Estuve también en Grecia, que es además una de las cunas mágicas del vampirismo; en Rumania, por supuesto, siguiendo trazos que me dictaba la que yo considero que es la biblia del vampirismo, como es Drácula de Bram Stoker. Pude continuar las enseñanzas que uno de los más grandes, si no el más grande upirólogo que ha visto la luz, que fue Augusto Montague escribe en sus libros. Lo que escribe este buen hombre que es, como digo, un sacerdote que digamos se equipara al abad Calmet, que en el siglo XVIII nos contaba en su tratado de vampiros todas las incidencias de las epidemias vampíricas del siglo. Bueno lo que nos cuenta Montague es que hay una tradición riquísima de historias en todo el mundo, pero sobretodo en esta vieja Europa. Esta ha sido mi búsqueda. Soy periodista y, bueno, más especializado en otros temas. Pero, precisamente yo creo que había que darle un toque más racional, incluso histórico, a lo que el mito del vampiro significa. Y por eso me lanzé a hacer es la búsqueda. Yo investigado lo que son los vampiros ancestrales, los vampiros folclóricos, y también los vampiros antropológicos. No me interesaba en este libro escribir nada sobre los clanes vampíricos que son consumidores de sangre. O estos digamos nuevos cultos y sectas formadas por gente de todo tipo, sobretodo gente con muchos medios como para pagar a una persona para convertirse él mismo en un hematófago. Mi libro es una búsqueda, simplemente,una búsqueda personal, que empieza casi cuando era niño, se retoma unos años después y ya no para. Y en estos momentos sigo investigando sobre el tema. Otro de los lugares interesantes donde me encontré el fenómeno vampírico más reciente, fue en Estados Unidos. Allí tuve oportunidad de conocer el caso de Mercy Brown, que ocurrió en una localidad chiquita de Exeter (Rhode Island), y que tiene mucho misterio en torno, y que además refleja los mismos síntomas, las mismas características que el vampirismo del siglo XVIII en Rumania, en el norte de Serbia, sur de Hungría, que precisamente puede diagnosticarnos como la leyenda del vampiro puede extenderse de un lugar a otro.

P. Juan Antonio, ¿tu crees en los vampiros? Por otra parte, ¿crees que existe otra vida después de esta?

El vampiro, Max Schrenck, diluyéndose ante el sol de la alborada, en la película Nosferatu, de Wilhelm Murnau, 1927.

R. Creo en el fenómeno vampírico. Es decir, creo en la influencia, en los efectos, que esta creencia, la creencia en un ser sobrenatural, pero que tiene los pies o las garras muy asentadas en esta tierra, puede ejercer sobre una determinada población, en determinado grupo de gente. En todos estos viajes a lo largo de buena parte del mundo, he encontrado muchos testimonios de gente que sí cree en los vampiros. Creía en ellos como en entes reales. Yo no he visto, por supuesto, ningún vampiro; he escuchado relatos muy inquietantes que me han llevado a dudar, pero claro, yo soy hijo del cartesianismo de una época, y muy escéptico en casi todo. Lo que no quiere decir que no vaya a investigar en ellos. La esencia del vampiro está también en su capacidad para extender una plaga. Entonces, en ese sentido, el vampirismo ha existido, por supuesto que si. En el siglo XVIII recordemos casos como los de Mitguilla, y otros lugares en el oeste de Rumanía, en el caso de Serbia; la gente creía en los vampiros por qué veía como sus parientes, como las personas habitantes de una aldea iban cayendo uno tras otro enfermos; el vampirismo era algo muy real y por eso contrataban los servicios de los mutiladores de cuerpos, aquellos clanes gitanos que se dedicaban a decapitar, a exhumar, extraer los principales órganos, las vísceras, el corazón, a empalar, o clavar a los vampiros, y finalmente arrojar sus cenizas a un río con una corriente rápida. Estos cuerpos que ellos desenterraban, creían realmente que eran vampiros que estaban reposando. Entonces esa gente si creía realmente en el fenómeno vampírico. Y yo creo en las leyendas. Ahí está cuando uno de los primeros literatos que escribió sobre el tema de los vampiros, Gottfried Bürger, que escribió el poema llamado Lenore , el decía: die Toten reiten schnell! , Por que los death viajan deprisa. Y así viaja la historia del vampirismo. Desde la más lejana Siberia, por la ruta de la seda; China, cruzando los Balcanes; en Grecia, hasta Rumanía, y después saltando al otro lado del charco, donde ya había, por supuesto, sus propios cuentos, historias y mitologías vampíricas. Pero donde este fenómeno literario cultural folclórico, procedente de Europa y Asia crece con una facilidad increíble. Y bueno, ¿la creencia en una vida después de la actual? Quiero creer que hay otra cosa. No te puedo decir que sea una vida, que sea una no-vida, o que es lo que puede suceder; desde luego es esa llama la que permite al hombre no sumirse en la desesperación. Entonces, quiero creer, quiero creer. ¿Qué tenga muchas dudas? También es verdad. Ciertas investigaciones, ciertos viajes pues te llevan a pensar en algunas ocasiones, que efectivamente, el velo que separa nuestra vida de otra cosa, de otra dimensión, de otro espacio temporal, que pueda haber, o que precisamente se difumine en ese espacio y es tiempo, puede ser cierto. Yo voy buscando, no tanto como explicaciones, si no, los efectos de las creencias. En ese sentido lo puedo tomar desde un punto de vista antropológico, sin ser en absoluto académico en ese ámbito. Pero, si, quiero creer que hay otra vida, u otra realidad sobrenatural, que a lo mejor puede ser bastante más espeluznante de lo que nos podemos imaginar. Precisamente, la esencia del vampirismo, el terror que producen los vampiros viene por esa corrupción, la imagen que tenemos de la otra vida. El horror a los vampiros, es el horror más espeluznante, más terrible; es el horror a que los deaths, los habitantes del otro lado, o los que han cruzado ya la laguna estigia hacia sea el infierno, el purgatorio, el paraíso según la conceopción cristiana, que puedan retornar desde ahí. Ellos mancillan toda esa creencia, y entonces se alimentan de nuestra propia fe. Por tanto casi que crea o no crea, lo importante es preferir no creer en los vampiros. Sobretodo debes tener en cuenta, que este libro lo ha escrito un periodista. Y un periodista pone en duda todo. Pone en duda la existencia del propio mito; la existencia, por supuesto, del personaje, que se refiere ese mito. Pero al mismo tiempo no ceja en su cacería de la historia, lo busca. Los busqué en elpaso del Borgo en Transilvania, siguiendo los pasos de Jonathan Harker, tras la pista del Dracula de Bram Stoker, hasta las calles de Providence, en Estados Unidos, cerquita de Exeter, en Rhode Island, tras la leyenda de Mercy Brown; o desde las montañas escarpadas de Creta, en Grecia, hasta los valles más ignotos de los Andes, en donde escuchaba hablar sobre los anchanchu. Lo que si es cierto es que , existan o no existan los vampiros, partiendo de la idea de que no existen, su leyenda es real. He encontrado testimonios muy similares, que aunque hablaran de criaturas muy similares, o distintas en su morfología si tenían ese sustrato común de querer alimentarse de la esencia del ser humano.

P. ¿En qué lugar de todos estos que tú has recorrido, por ejemplo de los que nos hablas en tu libro Vampiros. Príncipes del Abismo, has podido encontrar esa leyenda, o esa vivencia que te ha hecho dudar, y te ha impactado más, Juan Antonio?

Región de Transilvania en Rumanía.

R. ¡Uf! Yo creo que han sido numerosos los lugares en donde me he podido encontrar con una… con algo más que una esencia folclórica del fenómeno vampírico. Uno de esos lugares fue, por supuesto, en Rumanía. En Rumanía en vampirismo se exhala, en cada calle, en cada iglesia, cementerio sobretodo, a lo largo de todo el país. En Sighisoara en donde pude visitar el cementerio sajón, en la cumbre de esa colina que alberga esta ciudad en donde nació Vlad Tepes. Cuando en Brasov en la estación de tren, estuve charlando con unos viejitos que estaban allí, y que valiéndome, bueno, del soborno de unas cervezas pude mantener una conversación muy amigable, y me comentaron el caso de Toma Petra, yo se lo puse encima de la mesa, a principios del 20o4, cuyo cuerpo fue exhumado, y sometido a rituales vampíricos. Esa misma historia después me la relató, Moana una directora de hotel donde yo me alojé en Bucarest. También en Bolivia, en las inmediaciones del lago Titicaca en la isla de Pariti. Uy, en la misteriosa isla de Pariti, antaño un lugar de ceremoniales tiaguanakotas, y de otros pueblos muy antiguos. Donde me hablaron sobre el antaguaya; incluso conocí a un científico, a un biólogo, que decía que había sido atacado por el antaguaya. Entonces todas estas historias, todos estos relatos, tienen siempre un punto demasiado inquietante como para hacerte dudar de que vas por el buen camino, por qué ves demasiadas cuestiones que se te quedan fuera. Y aunque no quieres creer en estas cosas, de hecho, no crees, pero sin embargo no puedes explicar muchas de ellas. Deambulando por los templos de Japón, cuando escuché por ejemplo en la falda del monte Fuji al señor Yokichi hablarme de los chikininkis que se comían, según él, los cuerpos de los de quienes se ahoracban en el bosque de los suicidas, Aoikagahara, en la falda de este monte. En el monte Koya, cuando pasé por un cementerio que hay allí que tiene entre doscientas mil, y medio millón de lápidas entre los árboles. Ahí percibes algo. Digamos que la sugestión te hace percibir cosas. Como unos monjes me contaron lso diferentes tipos de seres vampíricos, y yo tuve que pasar la noche allí. Han sido muchos los lugares en donde han pasado cosas que me han echo, por lo menos, si no dudar, que se me pusieran los pelos de punta.

P. ¿Por qué en nuestro país no ha cundido como en otras regiones el mito del vampiro?

R. Bueno, la cuestión es que no se han hecho tantos estudios antropológicos o floclóricos sobre la esencia nosferática en Españe, por que aquí los vampiros posiblemente se conocían con nombres diferentes. Precisamente el término «aparecido» se refiere en muchas ocasiones a los vampiros. La inquisición, sobretodo, en el siglo XVII relata procesos contra brujas en los procesos sorber la sangre de niños. Y eso siempre se ha estudiado desde el punto de vista antropológico, o folclorico, como simplemente ligado al fenómeno de la brujería, pero no como una posible muestra vampírica. Yo cuando era niño, en Turégano escuchaba cuentos sobre los aparecidos que después yo me he dado cuenta, tenían todas las características de un cuento, de una leyenda vampírica. Teníamos algunos cuentos vampirícos muy concretos, como la leyenda del conde Struch en Cataluña, en el Ampurdán, en el pueblecito de Gers. Es un lugar además que no he metido en mi libro, simplemente por qué no lo visité. Si no lo habría puesto y habría tratado con bastante ilusión esta historia. Y es la de un conde que venció, según algunos de los supuestos, en la batalla de las Navas de Tolosa, 1212 y que por su valentía le dieron una baronía allí en Gers, que está cerca de Figueres. Este hombre se comportó más o menos bien hasta que comenzó a cazar a brujas.
Bueno pues este hombre se dedicó a cazar brujas, una le maldijo y cuando murió, según la leyenda se transformó en vampiro, y comenzó a cometer tropelías de todo tipo. Finalmente fue, unos dicen que una monja, otros dicen que fue un cabalista judío, quienes lograrton que desapareciera, y que perdiera todo su poder. Aquí se demuestra de nuevo esa relación entre brujería y vampirismo, en nuestro país y en optros cercanos como puede ser Francia. O en el caso de Italia también hay fenómenos vampíricos, o licantrópicos está muy ligado al tema de las brujas. Ahí están los famosos benandanti, rumores también de brujas. Es muy curioso también las leyendas del norte de España, la xuxona, las lamias, que además nos recuerdan a entidades vampíricas romanas y griegas.

P. Has estado recorriendo también lugares como Providence en Rhode Island, que tiene un sabor y atmósfera profundamente lovecraftiano, ya que Howard Philip Lovecraft nació y vivió allí. Juan Antonio ¿tu próximo libro tendrá como protagonista a este genio del Horror Cósmico?

R. Bueno, Lovecraft es mi pasión. Digamos que los vampiros y algunas otras cosas sobre las que estoy escribiendo ahora son mi obsesión. Pero Lovecraft, Howard Phillip Lovecraft, es mi pasión. Empecé a leerlo ya con quince años o dieciséis, ya era talludito. Pero he estado en Nueva Inglaterra, en Maine, en Rhode Island, donde está Providence, he estado dos veces; y he recorrido todos los lugares lovecraftianos por excelencia. Por eso después caí en Exeter, donde sucede el caso de Mercy Brown. Pero si indagué mucho al respecto; estuve en Salem, en Newport que si recordamos La sombra sobre Innmouth, es donde comienza este relato. Encontré el lugar donde yo creo que en realidad se inspiró Lovecraft para localizar Innmouth; quizá algún día lo escriba en un libro, que ya he incluido en algún artículo, y yo creo que es Rockport. La aldeita de Rockport, ya que tiene todas las características, y tiene incluso el arrecife a lo lejos donde sucede. Yo creo que el horror que definió Lovecraft, ese horror cósmico, es el horror más terrible. algún día escribiré sobre Lovecraft.

P. ¿Y para terminar, Juan Antonio, cuales son las referencias más destacables de tu libro?

Juan Antonio Sanz durante una intervención en el programa Cuarto milenio.

R. Bueno, el libro Vampiros. Príncipes del Abismo. Crónicas de no-muertos, es de Arcopress- Almuzara. Una precisión. ¿Referencias? ¡Uf, muchas referencias! La fundamental, como ya he dicho antes, quizá el Drácula de Bram Stoker. Además es el libro que me permitió viajar por Rumanía, y por otras partes del mundo, con esa referencia clásica de los vampiros. Con esa relación entre el vampirismo y la magia negra. Bram Stoker habla de la escuela de la Chonomanze, una escuela regentada por el diablo en los Cárpatos. Una escuela donde se educaba a gente con mucha curiosidad por la nigromancia, y la magia negra, y donde Van Helsing nos cuenta que allí habría estudiado el propio Drácula. ¿Más libros? Pues posiblemente Soy leyenda; Carmilla, que ya lo he citado antes; El Vampiro, de Polidori, por supuesto; leí también en su momento Entrevista con el vampiro, y me gustó, pero desde luego no es el tipo de vampiro que a mi me atrae. Bueno,y por supuesto el Tratado de los vampiros del abad Calmet. Una gran deuda tengo con los autores españoles que se han referido al tema del vampirismo con ensayos, como es el caso de Javier Arries y su Vampiros. Bestiario de ultratumba, que es inigualable. Si alguien quiere leer un tratado sobre vampirismo ha de leer el tratado de Javier. También tenemos otros escritores como el bueno de Arasil que ha escrito sobre vampiros. No es un tema que se haya tratado desde el punto de vista ensayístico con tanta profusión aquí en España, y es que estos dos escritores tienen todo mi respeto.

Juan Antonio Sanz te deseo todo el éxito. Sé muy feliz.

Gracias.

Ada García, febrero 2021.

Más que palabras con… Juan Eslava Galán

«Hay que dudar de todo. Somos demasiado crédulos por vagancia. No nos enseñan a dudar y por eso gobiernos y gurus, políticos sociales o religiosos nos llevan al huerto».

A Juan Eslava Galán tuvimos el inmenso gusto de entrevistarle en la primavera de 2018, en Tiempo de Hadas para World Press radio. Durante aquella tarde de radio, en nuestro estudio situado en pleno barrio de Malasaña, en el Madrid aún con reminiscencias de organillos y clavel en la solapa, de limpiabotas niño, o de señor bigotudo con bombín,  el autor de En busca del unicornio, premio Planeta 1987,  La Historia de España contada para escépticos, o El Catolicismo explicado a las ovejas, hizo gala de ese fino humor que a mi, personalmente me encanta, y con el que disfruto tanto al leer sus libros. (Esta entrevista la podéis disfrutar en Ivoox o YouTube). Juan, que a veces ha escrito sus obras bajo el pseudónimo de Nicholas Wilcox, es jiennense de nacimiento, como dicen ahora que también lo fue Jorge Manrique, o Manuel Fernández Muñoz.

Ada G. Juan, ¿Cómo transcurrió tu niñez, la de esos años cincuenta que tan bien describes en muchas de tus obras, por ejemplo, De la alpargata al seiscientos? ¿Te gustaban el fútbol, el cine, los tebeos cuando eras pequeño?

Juan Eslava Galán. El fútbol nunca me ha gustado. Los tebeos, sí. Los de mi época Roberto Alcázar y Pedrín, El capitán Trueno, El cachorro…

P. Tu familia era una familia religiosa. ¿Ibas a misa, como todo buen español, los domingos y fiestas de guardar, o preferías corretear por las calles estilo Huck Finn?

R. Iba a misa, era la España nacional-católica. Y rezaba el rosario dos veces al día en el colegio y en casa. Demasiada misa para tan poco niño, que dice Terenci Moix.

P. ¿La pobreza, el hambre, la falta de libertad, hace artistas?

R. No lo creo. El artista nace  de algo de talento congénito  al que se le añade  mucho trabajo.

P. Tu fuiste un muchacho andaluz, que en los años sesenta se marchó al Reino Unido a proseguir sus estudios. Para tí sería como para Atreyu, el personaje de La Historia interminable, de Michel Ende, llegar al reino de Fantasía. ¿No? 

R. No exactamente porque yo llevaba años viajando los veranos por Europa (era fácil entonces hacer autostop) y ya estaba acostumbrado a la diferencia cultural y a la convivencia con extranjeros. Desde luego había un abismo entre España y el resto de Europa.

P. Juan ¿Dios existe?

R. Nunca he creído en Dios que yo recuerde. Ni siquiera cuando hice la primera comunión que por cierto fue sacrílega (lo he relatado en un cuento). Soy agnóstico desde que tengo memoria. Sin embargo siento un gran aprecio por la Biblia como obra humana y lamento que casi nadie la conozca entre nosotros, los educados en países católicos, porque creen que es un libro religioso y no saben lo que se pierden . La Biblia es en realidad una biblioteca y en ella hay libros aburridos, pero otros son divertidos, sabios, interesantes, entretenidos y buena literatura. En mi libro intento convencer a los que no creen en ella para que la lean. Es literatura.

P. Bajo tu punto de vista, ¿dónde colocarías  la Biblia, en el estante de Ficción o en el de No ficción? 

R. Ficción.

P. ¿Escribir sobre la Biblia es muchísimo menos peligroso que hacerlo sobre El Corán? ¿ Por qué la Biblia puede tolerar el tratamiento caricaturesco sin peligro para los autores, tipo Charlie Hebdo, y por el contrario, con El Corán hay amenaza real de muerte?

R. El Cristianismo experimentó en el siglo XVIII la experiencia de la ilustración que deslindó delito de pecado; el Islam no ha tenido esa ilustración y todavía une pecado a delito.

P. Cuando hace unos años, durante la Semana Santa de 2019, ardió Notre Dame de Paris, no fueron pocas las voces que se alzaron contra el  importante desembolso que iban a suponer las obras de restauración de la catedral parisina. Estas voces tan críticas contra la iglesia católica, pedían donar ese dinero a las personas más desfavorecidas del mundo. ¿Que se mueran las catedrales, entonces? 

R. Desde luego que no. Debemos mantener las catedrales. Son un capítulo muy importante de un legado cultural al que jamás deberíamos renunciar.

P. Juan, ¿Porque escribes preferentemente para escépticos? La pregunta no va en absoluto, exenta de ironía, claro. ¿Dudar es la cualidad del seso bien formado?

R. Hay que dudar de todo. Somos demasiado crédulos por vagancia. No nos enseñan a dudar y por eso gobiernos y gurus políticos sociales o religiosos nos llevan al huerto.


P. Juan ¿Qué está pasando en España? ¿Estamos como dice Yolanda Fuentes, la ex responsable de Sanidad en la Comunidad de Madrid, apurando los últimos minutos del Titanic?

R. Claro que no. Toda esto pasará. Desde luego va a pasar factura a los que ahora son jóvenes que heredarán una deuda enorme y muchos servicios que no podremos mantener. Eso es lo triste que una generación va a vivir peor que la de sus padres.

P. Juan, tu y  Almudena de Arteaga en Conversaciones en la Catedral, en Burgos. Cuéntanos un poquito más acerca de este fantástico evento.

R. Conversar con Almudena, una mujer y una escritora a la que tanto admiro, en la capilla de la catedral de Burgos ante unos burgaleses atentos y encantadores. Es uno de esos momentos de tu vida que te dejan un recuerdo imperecedero, una especie de plenitud y te hace pensar que vale la pena todo el esfuerzo que requiere ser escritor.

Gracias por tus palabras, por tu tiempo, y por tus libros, Juan Eslava Galán. Cuidate.

Ada García

Más que palabras con… Gerardo Alonso Zahonero

«RECIENTEMENTE HE PUBLICADO EL LIBRO ODONATA, UNA OBRA DE TEATRO EN VERSO QUE HABLA DE LA SOLEDAD, ALGO A LO QUE SE ESTARÁN VIENDO FORZADAS MUCHAS PERSONAS EN ESTOS TIEMPOS».

Gerardo Alonso Zahonero, Madrid, genial ilustrador de libélulas encantadas, hadas, hombres-bosque, oleajes a pie de lienzo, guerreros de la noche y soldados de la bruma. Además es un Poeta, con todo lo onírico, majestuoso y mágico que entraña esta palabra. Poeta y dramaturgo. Casi nada. Gerardo habla suavemente, nunca le he visto interrumpir a nadie, ni durante los programas, ni entre amigos. A veces escucharle serena, y otras veces piensas que lo que un artista tiene que decir, lo dice muchísimo mejor con sus obras. Más que palabras, la nueva sección de entrevistas de Tiempo
de Hadas inicia con Gerardo, el poeta, el ilustrador, su nueva temporada. Que ustedes lo disfruten bien.

P. Gerardo, la pregunta es inevitable: ¿Qué es para tí el Arte? ¿Eres antes poeta, o ilustrador?

R. Para mi cerebro el arte es la capacidad que tenemos los seres humanos de hacer algo que sea sustancialmente creativo e innovador, para lo cual se necesita una calidad técnica remarcable y el empleo normalmente de una buena cantidad de tiempo para poder desarrollarlo. Es algo tan maravilloso y preciso como las obras de mármol de Bernini y los versos de Espronceda.
Para mi corazón el arte reside en cualquier cosa que pueda parecerte hermosa, independientemente de si es algo considerado normativamente bello, creativo o majestuosamente bien elaborado. Es algo que puede residir en los colores del dibujo de un niño que usa por primera una nueva caja de lápices y en las proporciones áureas de una rosa floreciente antes de que llegue el otoño. Soy antes persona que cualquier otra cosa, de clase trabajadora.

El artista madrileño Gerardo Alonso Zahonero

P. ¿Qué recuerdas de tu infancia? ¿Fuiste un niño feliz? ¿Crees que la infancia es el castillo de hadas al que volvemos siempre cuando de adultos, las cosas no nos van tan bien?

R. De mi infancia recuerdo muchas cosas, casi tantas como las que habré olvidado. No era un niño especialmente feliz, pero cualquiera de las alegrías que he vivido han hecho que el resto de circunstancias merecieran la pena. En mi caso considero que el castillo de hadas al que puedo volver siempre que la realidad me golpea y me abate fue construido lentamente a lo largo de los años, la primera piedra la colocó aquel niño que fui y lentamente se ha ido construyendo a lo largo de los años, creo que la mejor de las fortalezas mágicas no solo depende de la solidez de sus murallas, también es necesario que posean floridos jardines y rincones oscuros donde las ninfas y los monstruos puedan crecer y convivir para mantener la
magia con vida.

Magnífico dibujo de Gerardo AZ. ¿Será este niño el artista? ¿Vosotros que pensáis?

P. ¿Recuerdas cuando comenzaste a dibujar? ¿Y a escribir poesía?

R. Imagino que empecé a dibujar la primera vez que cogí un lapiz de colores, una tiza o algo similar. Seguramente mi madre sea la que realmente recuerde a qué edad fue.

R. Comencé a escribir poesía, versos sueltos, cuando sentí que se me rompía el corazón por primera vez, e intente pegar aquellos fragmentos con palabras. Tendría diez u once años y muchos pedazos que juntar.

P. El pintor hiperrealista norteamericano Richard Estes, dice que lo improbable maneja nuestras vidas. ¿Para tí esto es o no cierto?

R. Yo creo que lo improbable nos puede cambiar la vida, pero lo probable es lo que la maneja. Pienso que lo más probable para una persona que nace en el seno de una familia económica y emocionalmente sana, es que tenga acceso a formarse en el ámbito que quiera y que sea capaz de desarrollar su vida a su gusto, esquivando las malas rachas que pueden ocurrir a lo largo de la vida de cualquiera; lo más probable para alguien que nace en un estrato social bajo es que termine su vida en ese mismo estrato por mucho
que se esfuerce por salir de el.

P. Gerardo ¿cuales son tus musas? ¿Dónde encuentras la fuente de tu inspiración?

R. Dejando aparte a las Odonatas, mis musas residen en cualquier lado. Aparecen tras un paseo por la playa o ver atardecer en el monte. Aparecen con los truenos y el olor de las tormentas y tras el rastro de una lagrima cayendo por la mejilla. Creo que las musas están por cualquier lugar solo hay que fijarse bien y no asustarlas.

P. ¿Crees que el Arte en nuestra época está hiper valorado? ¿Nada que ver con el Mundo Antiguo, Renacimiento, o Impresionismo? ¿Qué hay mucha estafa y mucho Traje nuevo del emperador, según el cuento de Andersen?

R. Creo que hay formas artísticas que a mí me parecen sobrevaloradas dentro del arte moderno y el arte contemporáneo, pero también las hay maravillosas. El lado negativo es que a veces parece que se da valor a cosas que no parecen haber sido hechas con esfuerzo, habilidad o sentimientos. El lado positivo es que hay gente que sigue creando, y están por cualquier lugar, escondidos, trabajando, solo por el placer de crear.

P. ¿Por qué en España merece tan poco, y es tan desagradecido ser artista?

R. El arte es algo muchas veces subjetivo y aunque siempre hay obras de las que es difícil dudar de su calidad artística no suelen ser la mayoría. Vivimos en una sociedad capitalista en la que es necesario ganar dinero para cambiarlo por bienes o servicios que nos permitan vivir y el arte muchas veces no tiene un valor económico que pueda cuantificarse y no se considera un servicio básico para la vida de las personas. Por esto es muy complicado a veces que las habilidades artísticas de una persona le generen los
ingresos necesarios para cubrir sus necesidades básicas y seguir desarrollándose como artista, en cualquier parte del mundo y en España en concreto. Si que es cierto que muchas veces se valora más poseer un modelo mejor de Smarthphone aunque cueste 500 euros, que gastarse 20 euros en un libro o 150 en una obra original de un artista

Odonata. Poesía ilustrada y teatro en verso. Una maravilla de trabajo que recomendamos muy insistentemente desde aquí.

P.¿Cómo ves la actualidad?

R. Cada vez la veo más desde la barrera, me siento muy ajeno a la manera de ser que me transmiten las personas. Tengo la sensación de que la socieda d lleva guardando mucho tiempo odio hacia el prójimo y que se carece de empatía.

P. La nana del Hada Blanca cuyo borrador, he tenido el placer de leer hace poco, me parece sencillamente sublime, con un desenlace impactante donde los haya. Sé que no te gusta hablar de proyectos nuevos por si se gafan. Si ahora te apetece ¿Qué últimos proyectos, obras, sueños has puesto en marcha? Háblanos de ellas.

R. Recientemente he publicado el libro Odonata donde he recopilado poemas e ilustraciones de 3 años y una obra de teatro en verso que habla sobre la soledad, algo a lo que casualmente se estarán viendo forzadas muchas personas en estos tiempos de aislamiento social en los que vivimos. He realizado una portada para un amigo y algunos encargos mas que han ido saliendo sueltos.
Como bien has dicho tu ahora estoy trabajando sobre la obra La nana del Hada Blanca en la que aun tengo que desarrollar el estilo de las ilustraciones y después crearlas. De lunes a viernes tengo un trabajo que no está relacionado con actividades creativas cuyo salario me permite comer y dormir bajo techo con dificultades, el tiempo restante de mi vida intento emplearlo en construir ese castillo mágico del que hablábamos antes
para que no se venga abajo.

P. Gerardo, ¿para ti qué es el éxito?

R. El éxito es conseguir aquello que deseas, no necesariamente tiene que ser algo ostentoso. El éxito puede ser acabar de escribir una obra y que te guste el resultado.

P. ¿Qué cosas importan a Gerardo Alonso Zahonero?

R. Como dijo Cernuda:
Porque en la vida no hay más realidades que éstas:

Un destello de sol, un aroma de
rosa, el son de una voz; y aun así de vanas y efímeras son lo mejor del mundo, lo mejor
del mundo para mí.

De manera más prosaica me importa que mis seres queridos estén bien y llegar a fin de mes, me imagino que como a cualquier persona.

P. Ser poeta no es una ambición mía. es mi manera de estar solo, dijo el gran poeta portugués Fernando Pessoa. ¿Qué opinas tú?

R. Me parece una muy bonita manera de estar solo.

P. Por último, dime el nombre de un artista que te haga estar a gusto allá donde fueres.

R. Hay muchos, pero sobre todo intento que me acompañe la música y la poesía. Considero que tengo unos gustos amplios y no se me ocurre un solo artista, si no cientos.

Ada García.

Vampiros como nosotros.

«-Me dice usted, amigo Cervenka, que son seres malignos. Que salen de noche de sus sepulturas para merodear por poblados y aldeas, para beberse la sangre de los vivos. Gnomos y hadas mi querido amigo, puro folclore y nada más. Yo no daría un chelín por la veracidad de esas leyendas».

(Vampiros a la luz de las velas. Radio Zombi, de Ada García).

Vampiros. Esas odiosas criaturas que se alzan de su tumba en medio de las tinieblas para, sedientas y lujuriosas, ir en busca de alguna apetitosa víctima. Esos implacables demonios que no están muertos. Pero que tampoco están ya vivos. ¿Existen realmente? ¿Son como dice en mi cuento Vampiros a la luz de las velas, el muy racional y escéptico doctor Clark, producto del folclore, de la calenturienta imaginación de las gentes, de la histeria? O bien, esos no muertos, esos upiros, lamias, lampusas, vurdalaks, nosferatus, según la diferente terminología del lugar, o del momento histórico… ¿ existen y están entre nosotros? Para un campesino de siglos pretéritos perdido en alguna aldea entre los oscuros y densos bosques de los Cárpatos, la respuesta esta muy clara: ¡Por supuesto que existen y quién diga lo contrario merece ser mordido por una bestia de esas!

Pero no a la luz de cualquier ciudadano iluminado ya por la Ciencia, la Lógica y la Razón. Aunque desde luego, a pesar de que la literatura primero y el cine más tarde, han popularizado la idea del vampiro aristócrata poseedor de un formidable y lúgubre castillo en Transilvania, la terrorífica figura de espectro bebedor de sangre la podemos encontrar en prácticamente todas las culturas del planeta, según leo en esa imprescindible Encyclopaedîa Vampira que es Vampiros. Bestiario de ultratumba, del autor Javier Arries: «El folclore ha situado a este no muerto que se alimenta de sangre en las zonas geográficas más diversas. Su amenaza se extiende desde Egipto y Sumer, hasta China.» Os recomiendo leer esta obra de Javier Arries y visitar su web si queréis conocer a fondo la figura de estos detestables personajes. Detestables pero tan admirados, e incluso amados. Ya que ¿quién desearía seguir lidiando con las penurias de esta perra vida, con las injusticias a las que la existencia nos somete, como un príncipe Hamlet dando saltos entre tumbas, con la calavera del pobre Yorick a modo de bastión, si pudiéramos elegir ser eternos, endiabladamente inmortales, jóvenes y bellos, a pesar de tener que morder gargantas ajenas para subsistir? El cine, la literarura, Polkidori fue el primero. Su Lord Ruthven tan atractivo y odiado es nada más y nada menos, que el retrato de su antiguo jefe y paciente, Lord Byron. Después, mucho después llegaron Sheridan Le Fanu, y pors supesto Bran Stoker, y su sempiterno Drácula. El cine tiñó de rubio las largos rizos de un vampiro tan sexi como terrible, ese Lestat al cual ni la mismísima Anne Rice pudo resistirse. Y no fue otro que Christopher Lee el que mordió gustosamente a cuantas encantadoras señoritas pilló en sus aventuras nocturnas, aunque con poco seso, y poca ropa

No, no nos reflejamos en el espejo.

«Me dijeron que lo mío no tenía cura, que me quedaba poco tiempo para irme al cielo o al infierno. Yo sonreí divertida. Los diagnósticos médicos siempre me habían producido en el pasado auténtico terror. Ahora ya no. ¿Para qué? Si yo sabía mejor que el doctor Clark por qué mi mirada se afilaba día tras día. Y el porqué de que la palidez de mi piel resultase ya escandalosa, con ese fulgor azulado alrededor de las mejillas y sobre mis párpados, tan semejantes a esas delicadas nubes que flotan sobre los campos a la hora del crepúsculo. Y también conocía el motivo de que mis uñas y colmillos creciesen a un ritmo irreal, de que mis latidos fuesen casi nulos. Y en la última noche descubrí maravillada que mi imagen no se reflejaba en el espejo».

Vampiros a la luz de las velas. Radio Zombi de Ada García

Y es que los vampiros además de ser así como somos, y al tener una muy larga vida por delante, leemos muchísimo. Sobretodo leemos todo lo que los escritores de ayer y hoy han imaginado sobre los vampiros. Es muy interesante conocer cómo nos ven, qué idea tienen de nosotros los vivos. Por mis manos han pasado obras tan clásicas y emocionantes como: Drácula, de Bram Stokker; Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu; Morella y Berenice, de Poe; La familia del Vurdalak, de Alexei Tolstoy; La novia de Corinto, de Goethe, y ya en una muy pop actualización del mito encontramos los Relatos vampíricos de Roger Vadim, los muy extraños y desconocidos de Alfonso Paso, y Entrevista con el Vampiro de Anne Rice.

«En ese momento suena la hora lúgubre de los espíritus, y entonces, solamente, la joven parece sentirse a gusto.
Ávidamente, de sus labios pálidos,
ella bebió el vino de un rojo sombrío como la sangre.
Pero del pan de trigo que él le ofreció amablemente,
no tomó la menor migaja.Y ella tiende la copa al joven,
quien, como ella, la vacía de un solo trago, golosamente.
Y durante esa comida silenciosa, él le solicita su amor.
Su pobre corazón, ay, estaba enfermo de amor».

– La novia de Corinto. Johan Wolfgang von Goethe