UN HOMBRE BUENO

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Un hombre bueno.Había una vez un hombre que amaba profundamente a su familia. Era tan grande su amor, entrega y dedicación, que, por ejemplo, en lugar de volver a casa tras doce horas de trabajo, se iba al bar de la esquina, a “cervezear” con sus amigos y ver el partido, por qué sabía que en su casa, sus hijos arriba veían a esa hora “Perros y gatos y viceversa”, y su mujer, abajo, el interesante debate contertulio a cargo de Kiko Matamoñez y Minina Ponsi, y sus acólitos, Boris Mazapan, Carmen Lomonas, y Belén Sincerebrez. O si venía de trabajar doce horas como digo -y es muy importante hacer hincapié en el dato-, y había para cenar albóndigas con tomate, en lugar de en salsa, su preferido, pues el hombre no decía esta boca es mía y se comía hasta la última miga del plato. Si una mañana de prisas el hombre se equivocaba y buscaba unos calcetines en el cajón de las camisetas, y su hija Mari Paz le soltaba un sermón de los de entrarte ganas de emigrar a Moscú, él hombre solo agachaba la cabeza e incluso hasta sonreía. -¡Cuanta razón tienes Mari Paz, hija! Decía. Pero su hija no le escuchaba, absorta ya en la pantalla de su nuevo móvil. Si el domingo hacía el pobre una paella, y dejaba trastos por la cocina como si hubiese hecho doce paellas en realidad, su mujer, la dulce Elena, le perseguía por toda la casa rezongando a contrapelo. Y, como remate final: -¡Y que sepas que es la última vez que haces tu el arroz, Julián! Daba igual que el hombre bordase las paellas de los domingos. Si el sábado venían visitas a la hora de café, y al hombre se le ocurría rememorar lo que le ocurrió en el trabajo cuando era joven, allá por enero del 85, su mujer le miraba con los ojos inyectados en sangre, su hija le daba una patadita por debajo la mesa, y su hijo Julio suspiraba con cara de mártir y se largaba a hacer ver de que le llamaban por el móvil. Más tarde la familia comentaría en “petit comité”:- Julián, ¿No te he dicho mil,veces que a la gente le importa un pimiento lo que te pasó en enero del 85, hombre? -¡Ay, madre! Perdón… es que como hablabais de sindicatos y huelgas… Pero la visita se tiraba después dos horas hablando pestes de su equipo favorito, y él no decía ni siquiera anda y vete a cagar, por ejemplo. Formidables reglas de la cortesía, la urbanidad, el saber estar y la buena educación. Así pasaba tranquilamente la vida el hombre, hasta que un lunes de marzo se quedó en casa por un inoportuno resfriado acompañado de fiebre alta, migraña y estornudos frecuentes. Entonces ocurrió que en medio de la sosegada atmósfera de la sobremesa, todos se sobrecogieron ante un grito tremendo, al que siguieron golpes, porrazos, más gritos de una mujer que pedía ayuda, y un desgarrado “por favor, por favor”. Y era que, según le iba contando su familia, la vecina de al lado era golpeada a gusto por su pareja y por lo visto, no era la primera vez. El pobre hombre aterrorizado y casi sin dar crédito por aquella terrible violencia, dijo que había que parar aquello y llamar inmediatamente a la policía. Lo siento por él y, sobretodo, por la mujer a la que su pareja estaba apaleando, pero la mujer, la hija y el hijo del hombre dijeron que…-¡Ni hablar, Julián! ¡No te metas en lo que no te importa! ¿Qué quieres que después ese desgraciado te vea por la calle y te rompa la cabeza? -¡Ver, oír y callar, papá!-Eso no es asunto nuestro, papá. Que llame otro a la policía, o que ella denuncie, que es que después ella ni denuncia. No será tan malo…-¿Qué decís? ¿Y si la mata? ¿No oís esos golpes, por dios?-No es la primera vez que pasa, papá… ¿y ella por qué no se va? ¿A ver?-Pero el hombre que ya le salía toda la rabia, indignación y asco por las orejas, abrió la puerta de la calle, y se puso a aporrear la puerta del vecino gritando… -¡Basta ya de porrazos, so cabrón! ¡Que sepas que estoy llamando a la policía, y en cuanto te vea te parto la cara por cabrón! ¡Deja ya de pegarle a esa pobre chica, hijo de la gran puta!En su casa, en la otra casa, en toda la calle, todos, hasta el caniche Gurp, enmudecieron como si acabara de pasar un ángel, el ángel del silencio. Abrió la puerta un tipejo calvo, bajito, con cara, pies y orejas de cerdo. Llevaba una camiseta un poco manchada de sangre y tras de si, una mujer también bajita, menuda y morena se arrastraba llorando por el suelo. Apenas nadie la oyó cuando susurró un tímido y desfallecido:-Gracias…(23, 11, 2009, Historia basada en un echo real)

OBRA:SUSANA BECERRA PAREJA…

https://www.bygart.com/Marca~x~Susana-Becerra-Pareja~IDMarca~58.html

Más que palabras con…

JUAN ANTONIO SANZ

Un vetusto y oscuro ataúd abriéndose siniestramente, chirriando en la noche interminable. Girones de una niebla blanquecina adueñándose de lápidas carcomidas por el implacable martillo del tiempo y la humedad. Un castillo lejano, una aldea perdida, lobos aullando entre la nieve… si, amigos, imágenes que indefectiblemente nos evocan al amo de la oscuridad, al demonio retornado, al príncipe de las tinieblas, su satánica majestad el vampiro. ¿Están vivos? ¿Están muertos? ¿Es posible encontrar al vampiro, el No-muerto, en toda latitud y cultura? ¿Desde cuando existe la figura del vampiro? La última obra publicada sobre este mito eterno, es Vampiros, Príncipes del Abismo, de editorial Arcopress, grupo Almuzara, cuyo autor el periodista y viajero Juan Antonio Sanz, responde a esas vampiricas preguntas y algunas. Para ir abriendo boca os dejo una breve reseña de su libro en Amazon:
“Príncipes del abismo no es un tratado sobre vampirismo. Es la crónica de una búsqueda personal de varias décadas en torno a un fenómeno, un mito o una leyenda que ha acompañado al ser humano desde el principio de los tiempos. Un fenómeno plagado de mentiras y fábulas, pero también de inquietantes realidades. Una de las tesis principales de este volumen escrito por Juan Antonio Sanz es que el vampirismo está íntimamente relacionado con la magia negra y con la búsqueda de la inmortalidad a cualquier precio. En este sentido, es la sangre la esencia fundamental que asegura esa inmortalidad y, por tanto, no sólo debe contemplarse como un alimento de los “no-muertos”, sino como la piedra filosofal de su transformación. Un libro plagado de historias, escrito y pensado para los lectores más curiosos”.

AD. Juan Antonio Sanz, ¿la sangre es la vida?

Juan Antonio Sanz. La sangre no solo es las vida, también es el vínculo con el otro mundo, con el lado del espejo que durante tantos siglos, tantos milenios, ha sido identificado como la muert. La sangre es ese puente que, a determinados seres, según las leyendas, les permite acceder a este plano nuestro, a la vida. Ellos son los vampiros, los nosferatu, los strigoii, como quieras llamarlos; desde Japón, con los (kiniki),China, con los jianshe, en todas partes encontramos esa leyenda de un ser espectral, depredador que quiere romper todas las barreras entre lo sobrenatural, y lo natural, y la vida entre lo prenatural y el mundo material, para poder acceder a la esencia del ser humano que es la sangre, o el prana, o la esencia vital con la que mantenerse en esa corporeidad. Esa es la clave del vampiro, un ente que a través de su vinculación con el ser humano adquiere las bondades que tiene este. Es decir, la materialidad.

P. ¿Queremos ser entonces inmortales a toda costa?

R. Puedo subrayar que en este sentido, tres rasgos que definen al vampiro: una es su maldad; la maldad con la que este ser impone sus condiciones ante el ser humano, dentro de los rasgos es, como ya hemos comentado, su necesidad de la sangre para perpetuarse, para adquirir esa corporeidad. Otra característica es su relación, la relación del vampiro con la magia negra, precisamente los magos negros eran los primeros interesados en buscar la vida eterna, en buscar la perdurabilidad del cuerpo por encima de todas las cosas, y por eso recurrían a la maldad. Muchas de las leyendas a lo largo de todo el mundo, relacionan a los vampiros con magos negros que en un momento determinado de su vida adquieren, por un pacto con la maldad esa capacidad para introducirse en un cuerpo muerto, y al morir ellos transformarse en vampiro.

P. Juan Antonio, ¿los zombis africanos y antillanos, la magia negra que utilizan para convertir a seres humanos en muertos vivientes, está relacionado con el mito del vampiro o nada que tienen que ver?

R. El hombre como un ser que tiene los días contados,mira más allá; quiere ser más rico, quiere ser más fuerte, y quiere ser más bello -cuando digo hombre hablo de mujer, por supuesto-, y quiere vivir lo más posible, y quiere superar la corrupción de la carne, y de estar en este mundo condenado a desaparecer como el resto de las cosas. De ahí que esa figura, esa imagen, del vampiro como un ser eterno, que no inmortal, puesto que puede ser aniquilado, sea muy atractiva para este hombre, para el ser humano. Y en ese sentido, como comentaba, los magos negros, los brujos, hechiceros que tienen posibilidades por una serie de conocimientos, acceder a esa vida eterna, a esa perduración de la materia, pues encuentran como el vampirismo puede ser un vehículo esencial. Esto es lo que nos cuentan las leyendas, y es lo más terrible en este sentido. Cuando leemos la novela Drácula nos damos cuenta de que no es solamente el cuento, el relato, de un archi vampiro que vive en Rumania, en los Cárpatos, y de pronto decide cometer sus fechorías en Inglaterra, no. Nos damos cuenta, como lo dice el propio Van Helsing, unos de los protagonistas, el cazador de vampiros por excelencia, nos dice que Drácula es un mago negro. Y en eso está la esencia del mito vampírico, en la necesidad de un ser perpetuarse gracias a la concepción de lo más preciado que puede tener una vida, que es la sangre. Y por eso la maldición del vampirismo está en que, los vampiros en primer lugar atacan es a sus propios parientes. El amor se corrompe de tal forma que se convierte en death. Y yo creo que hay que diferenciar el tema de los zombis, de los vampiros. El zombi es un ser, en teoría, y según nos cuentan las leyendas, los cuentos al calor de una hoguera, los zombis son deaths que se han levantado y no tienen conciencia propia en realidad. Los vampiros si. El vampiro según todas las leyendas sabe lo que hace. Aunque en estas leyendas y cuentos pueden aparecer carácterizados quizás más como un zombi, que como el conde vestido con frac, de largos colmillos. Y es precisamente por que el vampiro significa eso, es la corrupción de la carne, para convertirse en devorador de la esencia humana.

P. Juan Antonio, has viajado al lejano y frío norte en busca del mito para conocer más a estos retornados, como les llaman por ejemplo en Francia. De todos estos viajes hablas en tu libro.

R. Bueno, mi libro es una indagación, una búsqueda que me ha llevado a lo largo de treinta años, treinta años más activo, pero yo creo que desde que era niño, desde la primera vez que escuché hablar sobre los aparecidos en una pequeña aldea de Segovia,me ha llevado a seguir el rastro de este mito. Yo no iba buscando vampiros por medio mundo. Yo buscaba el origen de esta leyenda, y sobretodo, como esta leyenda afectaba a diferentes poblaciones en sitios muy distintos. Yo viví mucho tiempo en Rusia, casi ocho años, y ahí me volví a encontrar con el mito de los vampiros. Viajé por Ucrania y volví a escuchar sobre los mismos; escuché sobre el ……, sobre el vurdalac, y sobre otros seres semejantes. Viajé por la ruta de la seda y allí, escuché sobre el jianshi, este vampiro chino que se mueve a saltos, que es horrendo, y que podría parecer uno de esos zombis de los que hablábamos antes, pero que no es tal. En Japón también viví, y trabajé para la Agencia EFE, y allí pude seguir los rastros de los kitsunes, los kappa, los chikininki… Estuve en los montes del sur de la península de Kii, preguntando sobre estos seres que parecían encarnarse en death, y revivirlos y consumir precisamente, la esencia de los hombres. Es una de las diferencias con los zombis. El zombi es creado por alguien, o por una enfermedad, o por una epidemia, o por alguien que le hace transformarse en lo que es. El vampiro tiene su propia voluntad, como lo he comentado, tiene esa capacidad para reanimar un cuerpo DEATH, y es esto lo que provoca el horror al retorno de los no-death. Es lo que podría recordar a loas kitsune,los vampiros-zorro de Japón. Tuve contcato en América con los antaguayas del lñago Titicaca, que tienen un aspecto que muchas veces podrían recordar a los kitsune de Japón.También escuché sobre los anchanchus, que son mucho más terrible, y de infausto recuerdo entre los habitantes de los habitantes del lago Titicaca, al pie de las faldas de los Andes. Estos anchanchus son muy parecidos a los vampiros de Europa central, de los Balcanes. Por eso es muy posible que hayan podido llegar a principios del siglo XVII o XVIII, con algunas de las migraciones o invasiones europeas, junto con soldados, o junto con los propios sacerdotes que querían propagar la fe cristiana. Estuve también en Grecia, que es además una de las cunas mágicas del vampirismo; en Rumania, por supuesto, siguiendo trazos que me dictaba la que yo considero que es la biblia del vampirismo, como es Drácula de Bram Stoker. Pude continuar las enseñanzas que uno de los más grandes, si no el más grande upirólogo que ha visto la luz, que fue Augusto Montague escribe en sus libros. Lo que escribe este buen hombre que es, como digo, un sacerdote que digamos se equipara al abad Calmet, que en el siglo XVIII nos contaba en su tratado de vampiros todas las incidencias de las epidemias vampíricas del siglo. Bueno lo que nos cuenta Montague es que hay una tradición riquísima de historias en todo el mundo, pero sobretodo en esta vieja Europa. Esta ha sido mi búsqueda. Soy periodista y, bueno, más especializado en otros temas. Pero, precisamente yo creo que había que darle un toque más racional, incluso histórico, a lo que el mito del vampiro significa. Y por eso me lanzé a hacer es la búsqueda. Yo investigado lo que son los vampiros ancestrales, los vampiros folclóricos, y también los vampiros antropológicos. No me interesaba en este libro escribir nada sobre los clanes vampíricos que son consumidores de sangre. O estos digamos nuevos cultos y sectas formadas por gente de todo tipo, sobretodo gente con muchos medios como para pagar a una persona para convertirse él mismo en un hematófago. Mi libro es una búsqueda, simplemente,una búsqueda personal, que empieza casi cuando era niño, se retoma unos años después y ya no para. Y en estos momentos sigo investigando sobre el tema. Otro de los lugares interesantes donde me encontré el fenómeno vampírico más reciente, fue en Estados Unidos. Allí tuve oportunidad de conocer el caso de Mercy Brown, que ocurrió en una localidad chiquita de Exeter (Rhode Island), y que tiene mucho misterio en torno, y que además refleja los mismos síntomas, las mismas características que el vampirismo del siglo XVIII en Rumania, en el norte de Serbia, sur de Hungría, que precisamente puede diagnosticarnos como la leyenda del vampiro puede extenderse de un lugar a otro.

P. Juan Antonio, ¿tu crees en los vampiros? Por otra parte, ¿crees que existe otra vida después de esta?

R. Creo en el fenómeno vampírico. Es decir, creo en la influencia, en los efectos, que esta creencia, la creencia en un ser sobrenatural, pero que tiene los pies o las garras muy asentadas en esta tierra, puede ejercer sobre una determinada población, en determinado grupo de gente. En todos estos viajes a lo largo de buena parte del mundo, he encontrado muchos testimonios de gente que sí cree en los vampiros. Creía en ellos como en entes reales. Yo no he visto, por supuesto, ningún vampiro; he escuchado relatos muy inquietantes que me han llevado a dudar, pero claro, yo soy hijo del cartesianismo de una época, y muy escéptico en casi todo. Lo que no quiere decir que no vaya a investigar en ellos. La esencia del vampiro está también en su capacidad para extender una plaga. Entonces, en ese sentido, el vampirismo ha existido, por supuesto que si. En el siglo XVIII recordemos casos como los de Mitguilla, y otros lugares en el oeste de Rumanía, en el caso de Serbia; la gente creía en los vampiros por qué veía como sus parientes, como las personas habitantes de una aldea iban cayendo uno tras otro enfermos; el vampirismo era algo muy real y por eso contrataban los servicios de los mutiladores de DEATHS, aquellos clanes gitanos que se dedicaban a decapitar, a exhumar, extraer los principales órganos, las vísceras, el corazón, a empalar, o clavar a los vampiros, y finalmente arrojar sus cenizas a un río con una corriente rápida. Estos cuerpos que ellos desenterraban, creían realmente que eran vampiros que estaban reposando. Entonces esa gente si creía realmente en el fenómeno vampírico. Y yo creo en las leyendas. Ahí está cuando uno de los primeros literatos que escribió sobre el tema de los vampiros, Gottfried Bürger, que escribió el poema llamado Lenore , el decía: die Toten reiten schnell! , Por que los death viajan deprisa. Y así viaja la historia del vampirismo. Desde la más lejana Siberia, por la ruta de la seda; China, cruzando los Balcanes; en Grecia, hasta Rumanía, y después saltando al otro lado del charco, donde ya había, por supuesto, sus propios cuentos, historias y mitologías vampíricas. Pero donde este fenómeno literario cultural folclórico, procedente de Europa y Asia crece con una facilidad increíble. Y bueno, ¿la creencia en una vida después de la actual? Quiero creer que hay otra cosa. No te puedo decir que sea una vida, que sea una no-vida, o que es lo que puede suceder; desde luego es esa llama la que permite al hombre no sumirse en la desesperación. Entonces, quiero creer, quiero creer. ¿Qué tenga muchas dudas? También es verdad. Ciertas investigaciones, ciertos viajes pues te llevan a pensar en algunas ocasiones, que efectivamente, el velo que separa nuestra vida de otra cosa, de otra dimensión, de otro espacio temporal, que pueda haber, o que precisamente se difumine en ese espacio y es tiempo, puede ser cierto. Yo voy buscando, no tanto como explicaciones, si no, los efectos de las creencias. En ese sentido lo puedo tomar desde un punto de vista antropológico, sin ser en absoluto académico en ese ámbito. Pero, si, quiero creer que hay otra vida, u otra realidad sobrenatural, que a lo mejor puede ser bastante más espeluznante de lo que nos podemos imaginar. Precisamente, la esencia del vampirismo, el terror que producen los vampiros viene por esa corrupción, la imagen que tenemos de la otra vida. El horror a los vampiros, es el horror más espeluznante, más terrible; es el horror a que los deaths, los habitantes del otro lado, o los que han cruzado ya la laguna estigia hacia sea el infierno, el purgatorio, el paraíso según la conceopción cristiana, que puedan retornar desde ahí. Ellos mancillan toda esa creencia, y entonces se alimentan de nuestra propia fe. Por tanto casi que crea o no crea, lo importante es preferir no creer en los vampiros. Sobretodo debes tener en cuenta, que este libro lo ha escrito un periodista. Y un periodista pone en duda todo. Pone en duda la existencia del propio mito; la existencia, por supuesto, del personaje, que se refiere ese mito. Pero al mismo tiempo no ceja en su cacería de la historia, lo busca. Los busqué en elpaso del Borgo en Transilvania, siguiendo los pasos de Jonathan Harker, tras la pista del Dracula de Bram Stoker, hasta las calles de Providence, en Estados Unidos, cerquita de Exeter, en Rhode Island, tras la leyenda de Mercy Brown; o desde las montañas escarpadas de Creta, en Grecia, hasta los valles más ignotos de los Andes, en donde escuchaba hablar sobre los anchanchu. Lo que si es cierto es que , existan o no existan los vampiros, partiendo de la idea de que no existen, su leyenda es real. He encontrado testimonios muy similares, que aunque hablaran de criaturas muy similares, o distintas en su morfología si tenían ese sustrato común de querer alimentarse de la esencia del ser humano.

P. ¿Qué lugar de todos estos que tu has recorrido, de los que nos hablas en tu libro Vampiros. Príncipes del Abismo, has podido encontrar esa leyenda, o esa vivencia que te ha hecho dudar, y te ha impactado más, Juan Antonio?

R. ¡Uf! Yo creo que han sido numerosos los lugares en donde me he podido encontrar con una… con algo más que una esencia folclórica del fenómeno vampírico. Uno de esos lugares fue, por supuesto, en Rumanía. En Rumanía en vampirismo se exhala, en cada calle, en cada iglesia, cementerio sobretodo, a lo largo de todo el país. En Sighisoara en donde pude visitar el cementerio sajón, en la cumbre de esa colina que alberga esta ciudad en donde nació Vlad Teppes. Cuando en Brasov en la estación de tren, estuve charlando con unos viejitos que estaban allí, y que valiéndome, bueno, del soborno de unas cervezas pude mantener una conversación muy amigable, y me comentaron el caso de Toma Petra, yo se lo puse encima de la mesa, a principios del 20o4, cuyo cuerpo fue exhumado, y sometido a rituales vampíricos. Esa misma historia después me la relató, Moana una directora de hotel donde yo me alojé en Bucarest. También en Bolivia, en las inmediaciones del lago Titicaca en la isla de Pariti. Uy, en la misteriosa isla de Pariti, antaño un lugar de ceremoniales tiaguanakotas, y de otros pueblos muy antiguos. Donde me hablaron sobre el antaguaya; incluso conocí a un científico, a un biólogo, que decía que había sido atacado por el antaguaya. Entonces todas estas historias, todos estos relatos, tienen siempre un punto demasiado inquietante como para hacerte dudar de que vas por el buen camino, por qué ves demasiadas cuestiones que se te quedan fuera. Y aunque no quieres creer en estas cosas, de hecho, no crees, pero sin embargo no puedes explicar muchas de ellas. Deambulando por los templos de Japón, cuando escuché por ejemplo en la falda del monte Fuji al señor Yokichi hablarme de los chikininkis que se comían, según él, los cuerpos de los de quienes se ahoracban en el bosque de los suicidas, Aoikagahara, en la falda de este monte. En el monte Koya, cuando pasé por un cementerio que hay allí que tiene entre doscientas mil, y medio millón de lápidas entre los árboles. Ahí percibes algo. Digamos que la sugestión te hace percibir cosas. Como unos monjes me contaron lso diferentes tipos de seres vampíricos, y yo tuve que pasar la noche allí. Han sido muchos los lugares en donde han pasado cosas que me han echo, por lo menos, si no dudar, que se me pusieran los pelos de punta.

P. ¿Por qué en nuestro país ha cundido como en otras regiones el mito del vampiro?

R. Bueno, la cuestión es que no se han hecho tantos estudios antropológicos o floclóricos sobre la esencia nosferática en Españe, por que aquí los vampiros posiblemente se conocían con nombres diferentes. Precisamente el término “aparecido” se refiere en muchas ocasiones a los vampiros. La inquisición, sobretodo, en el siglo XVII relata procesos contra brujas en los procesos sorber la sangre de niños. Y eso siempre se ha estudiado desde el punto de vista antropológico, o folclorico, como simplemente ligado al fenómeno de la brujería, pero no como una posible muestra vampírica. Yo cuando era niño, en Turégano escuchaba cuentos sobre los aparecidos que después yo me he dado cuenta, tenían todas las características de un cuento, de una leyenda vampírica. Teníamos algunos cuentos vampirícos muy concretos, como la leyenda del conde Struch en Cataluña, en el Ampurdán, en el pueblecito de Gers. Es un lugar además que no he metido en mi libro, simplemente por qué no lo visité. Si no lo habría puesto y habría tratado con bastante ilusión esta historia. Y es la de un conde que venció, según algunos de los supuestos, en la batalla de las Navas de Tolosa, 1212 y que por su valentía le dieron una baronía allí en Gers, que está cerca de Figueres. Este hombre se comportó más o menos bien hasta que comenzó a cazar a brujas.
Bueno pues este hombre se dedicó a cazar brujas, una le maldijo y cuando murió, según la leyenda se transformó en vampiro, y comenzó a cometer tropelías de todo tipo. Finalmente fue, unos dicen que una monja, otros dicen que fue un cabalista judío, quienes lograrton que desapareciera, y que perdiera todo su poder. Aquí se demuestra de nuevo esa relación entre brujería y vampirismo, en nuestro país y en optros cercanos como puede ser Francia. O en el caso de Italia también hay fenómenos vampíricos, o licantrópicos está muy ligado al tema de las brujas. Ahí están los famosos benandanti, rumores también de brujas. Es muy curioso también las leyendas del norte de España, la xuxona, las lamias, que además nos recuerdan a entidades vampíricas romanas y griegas.

P. Has estado recorriendo también lugares como Providence en Rhode Island, que tiene un sabor y atmósfera profundamente lovecraftiano, ya que Howard Philip Lovecraft nació y vivió allí. Juan Antonio ¿tu próximo libro tendrá como protagonista a este genio del Horror Cósmico?

R. Bueno, Lovecraft es mi pasión. Digamos que los vampiros y algunas otras cosas sobre las que estoy escribiendo ahora son mi obsesión. Pero Lovecraft, Howard Philip Lovecraft, es mi pasión. Empecé a leerlo ya con quince años o dieciséis, ya era talludito. Pero he estado en Nuevaa Inglaterra, en Maine, en Rhode Island, donde está Providence, he estado dos veces; y he recorrido todos los lugares lovecraftianos por excelencia. Por eso después caí en Exeter, donde sucede el caso de Mercy Brown. Pero si indagué mucho al respecto; estuve en Salem, en Newport que si recordamos La sombra sobre Innmouth, es donde comienza este relato. Encontré el lugar donde yo creo que en realidad se inspiró Lovecraft para localizar Innmouth; quizá algún día lo escriba en un libro, que ya he incluido en algún artículo, y yo creo que es Rockport. La aldeita de Rockport, ya que tiene todas las características, y tiene incluso el arrecife a lo lejos donde sucede. Yo creo que el horror que definió Lovecraft, ese horror cósmico, es el horror más terrible. algún día escribiré sobre Lovecraft.

P. ¿Cuales son las referencias más destacables de tu libro?

R. Bueno, el libro Vampiros. Príncipes del Abismo. Crónicas de no-muertos, es de Arkopress- Almuzara. Una precisión. ¿Referencias? ¡Uf, muchas referencias! La fundamental, como ya he dicho antes, quizá el Drácula de Bram Stoker. Además es el libro que me permitió viajar por Rumanía, y por otras partes del mundo, con esa referencia clásica de los vampiros. Con esa relación entre el vampirismo y la magia negra. Bram Stoker habla de la escuela de la Chonomanze, una escuela regentada por el diablo en los Cárpatos. Una escuela donde se educaba a gente con mucha curiosidad por la nigromancia, y la magia negra, y donde Van Helsing nos cuenta que allí habría estudiado el propio Drácula. ¿Más libros? Pues posiblemente Soy leyenda; Carmilla, que ya lo he citado antes; El Vampiro, de Polidori, por supuesto; leí también en su momento Entrevista con el vampiro, y me gustó, pero desde luego no es el tipo de vampiro que a mi me atrae. Bueno,y por supuesto el Tratado de los vampiros del abad Calmet. Una gran deuda tengo con los autores españoles que se han referido al tema del vampirismo con ensayos, como es el caso de Javier Arries y su Vampiros. Bestiario de ultratumba, que es inigualable. Si alguien quiere leer un tratado sobre vampirismo ha de leer el tratado de Javier. También tenemos otros escritores como el bueno de Arasil que ha escrito sobre vampiros. No es un tema que se haya tratado desde el punto de vista ensayístico con tanta profusión aquí en España, y es que estos dos escritores tienen todo mi respeto.

Ramón

(Cuentos a medianoche en punto)

Tirado en la cama, ventana abierta a luna de julio, luz apagada, auriculares sonando a toda pastilla “El último que zierre”, Dimo Cabrera fumaba en la oscuridad un cigarrito robado a su madre. Pero ya cabeceaba, se le cerraban los ojos, y apagó el cigarrito. ¿Dimo? ¿ Qué quién es este? Pues Dimo va para dieciocho años, es alto, lleva gafitas redondas, el pelo largo, rubio oscuro y tiene estos días un acceso de acné en la nariz. Estudia mucho, le gusta leer, poco madrugar, y adora a su abuelo Ramón. De joven, de niño, el abuelo se pasaba la vida trabajando en el taller de la imprenta, y el tiempo que no trabajaba, el abuelo iba al cine. Al cine a ver películas de John Wayne, de Steve McQueen, de Sophia Loren. Su nieto ha heredado ese gusto por el cine, además de los pelos rubios y lacios, las pecas sobre la nariz, y las orejas redondas. Tampoco faltan los que dicen que Dimo se parece muchísimo a John Lennon cuando era jovencito, y como él le da por arrancar rifs a su guitarra cuando no puede soportar más las injusticias que conlleva existir. Pero ahora Dimo quiere dormir. Quiere y no puede por qué allá abajo, en el salón, sus hermanos mayores, Carlota y Lucas, de 28 y 20 años respectivamente, ven la tele, un insoportable programa de esos de meter a mucha peña en un lugar específico, isla, casa, o peluquería, y grabarlos a ver que pasa. Si la peña a grabar para ver que pasa es medianamente famosa, mucho mejor. Al alto volumen del electrodoméstico, se une la algarada de comentarios, risotadas, y los ladridos de Tobías el Magnífico, el beagle miembro de la familia.

En el salón. Bolsas de bocabits, latas de pepsi, los restos de una pizza margarita. Carlota y Lucas en pijama, móvil en mano pero sin quitar ojo al parlachín electrodoméstico. Tobías el Magnífico refunfuña ladrando a ratos. Es que quiere salir a hacer sus cosas, pero estos dos individuos, ya véis, solo tienen ojos y oídos para el infecto programucho de la tele. Carlota es rubia, melena rizada, pecas y sobrepeso. Como su hermano pequeño, Dimo, se parecen al padre, y al padre del padre, el abuelo Ramón. Carlota trabaja en una boutique en Sevilla justo al lado de la Maestranza, y como la Mary Kate Danaher de El Hombre tranquilo, no se casará sin llevarse sus muebles y sus ajuares. Además de su dote. Eso dice ella.

-¡Pero que hace eseee! ¡Mira Lucas, a Sofi le han cogido el culo!

Lucas es más parecido a Marta, la madre, y como ella es moreno, ojos oscuros, piel muy pálida. Y juega cada vez más en serio al baloncesto.

-¿Y eso?

-Yo creo que ha sido Coke… ¡Ojalá lo echen a patadas! ¡El muy cerdo!

Dimo, que ya lleva su tiempo intentando dormir sin éxito, aparece echo una furia, o algo peor, en la puerta del salón. Por cierto que va dejando su rastrillo a tabaco de mamá.

-¡Basta! ¡Basta!¡Callaos de una vez, imbéciles de mierdaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

-Anda, ¿y a este que porras le pasa ahora?

Dimo se acerca sin ninguna contemplación que valga, y apaga la tele, y santas pascuas. Sus hermanos la lían parda; Tobías ladra como intentando calmar a la afición, y el vecino de al lado golpea el tabique como siempre. Y es que Marta y Luis, los papis, por fin se han decidido a pasar un fin de semana en París.

-¡Pero que haces atontadoooo? ¿Quién narices te manda apagar la tele, idiota?

-Mira, Dimo, déjanos en paz y vete a dormir o llamo a los papis y te vas a enterar tu de lo que vale un peine,hombre. Además, snif, snif, ¡has fumado!

-¿Dormir? ¿Eres tonta? ¡Yo estaba casi dormido ya, y vuestros gritos y carcajadas me han despertado! ¡Y eso sin contar con lo alta que teníais la tele! ¡Y soy yo el que va a llamar a papá ahora mismo y se lo voy a contar todo!

-Oye peque, mira… no te enfades chaval…

Carlota conciliadora. Lucas como siempre, mete cizaña a mansalva.

-Dimo, hombre, no seas chivato; a los chivatos nadie los quiere… ¡Ay, encima robándole los cigarritos a mamá! ¿No te da vergüenza?

-¡Me da igual! ¡Decidle lo que os de la gana! ¡Y no entiendo como no se os revienta el cerebro con la mierda que veis!

-Anda que tu, esas pelis rancias y mega viejunas del Gary Cooper, o el López Vázquez…

-¡Oye Lucas, no te metas con las pelis esas que también le gustan al abuelo Ramón! ¡So imbécil!

-¡Jajaja!

-¡Iros a la mierda!

-Dimo, peque, no te enfades, anda. Mira, déjanos terminar de ver esta basura de programa que está ya terminando. No le digas a los papis nada, porfa.

-Anda, si, porfa, vete por ahí a ver pelis de abuelos, jejeje… ¡Fort Apache, guauuuuuuuuuuuuuuuuuuu!

-Joder, Lucas, no metas más cizaña que ya lo tenía casi convencido…

-¡Pues para que lo sepáis, eso si es cine y no la mierda que veis vosotros! ¡Al abuelo Ramón le molan y a mi me también, ostias!

-Mira, peque, vete a sacar a Tobías el Magnífico a que haga sus cosas, que no para de ladrar y se nos va a hacer pis y cacas aquí y verás después los papis; te das un paseíto, te relajas y…

-¡Ni de coña! Papá no me deja poner un pie en la calle después de las doce de la noche, Carlota. Lo sabes muy bien. A joderse…

-Son menos veinte… y además te doy veinte euros….

-No.

-Cincuenta. Es mi última oferta.

-¡Da gracias a que ahora mismo estoy pelado, que si no…! ¡Anda venga!

-Recuerda: no te alejes de la esquina, no te encantes y aparezcas a las dos, y no pierdas de vista a Tobías. ¿Queda claro? ¡Y ni una palabra a los papis!

-Dad gracias también, afortunadamente para vosotros de que no soy un chivato…

-¡Ale, ale! ¡Hasta luego!

La calle solitaria. La noche densa, oscurísima, abierta a cien mil millones de astros errantes; quién sabe cuantos planetas irrealmente lejanos, con sus bosques azules y sus pájaros de plumas de aire. Los andares de nuestro chaval al que acompañamos sin él saberlo por este paseo nocturno de julio, son lentos, suaves, y nos llevan a la esquina de la larga calle entre jardines, en esta zona exclusiva de chalets adosados y árboles de hojas exuberantes, fragantes, rumorosas. Las farolas dan una luz amarillenta, y no demasiado extensa. Una luz que se va tornando en tinieblas a medida que llegamos hasta el final de la calle, cerca ya del parque privado.

-¿Tobías que te pasa hombre? Deja de ladrarle al gato del vecino… ¿qué pasa?

Una bellísima y desconocida chica escucha música sentada en un banco a la entrada del parque, arropada por las grandes sombras que dan los enormes eucaliptos y reyes del paraíso. Su perro, un pitbull gigantesco, de nombre Jerjes, negro como las barbas de la noche, de ojos llameantes, y dientes absolutamente terroríficos, campea feroz a su lado, cual cancerbero infernal. Pero la chica dulce, bella, como ondina de los estanques, le sonríe con una sonrisa espléndida al decirle…

-Hola.

-Hola. ¿Qué hay?

-¡Qué noche tan bonita! ¿Verdad?

-Bueno, si. Es verdad….

-Mira, aquello pequeñito de allí, si, si, mira justo sobre tu cabeza, es Júpiter, Más allá es la constelación de Orión, con reflejos azulados, y aquello titilante que siempre va tras él es la de Canis Maior… ¿La ves? Y si te quedas algún tiempo con la cabeza así, mirando hacia arriba, sin flaquear, sin mirar para otro lado ya puedan pasar cien o doscientos eones Hádicos, podrás ver a Dios. Oye niño no te rías, ¿a ti nunca te han dicho que Dios está en los cielos? Pues eso. Así que Dios, está entre las estrellas. Yo siempre me he preguntado que, si hay tantas estrellas, si hay millones, trillones, cuatrillones de soles, quásars, cometas, galaxias, de novas infinitamente más potentes que nuestro cercano Sol, ¿por qué el Universo es oscuro? ¿Por qué el cielo es intensamente negro, negro, negro?

Dimo, embelesado, hechizado con la voz, y la belleza de esta niña desconocida, no sabe que responder. Y no responde más que un susurrante…

-No… no lo sé.

-¡Jajaja! Bueno, pues yo si lo sé, y es que creo que los humanos no podemos ver bien la luz del Universo. La rotunda luz que sale de la energía oscura para dejar de ser energía y luz, y ser un átomo de nitrógeno, o una briznita así de enana de gato, o escarabajo, o persona o de océano, o un acorde chiquitito, chiquitito de canción.

Sin entender del todo las palabras de ella, Dimo piensa que son las palabras más preciosas que ha escuchado en toda su vida. Y eso sin saber aún su nombre, piensa. Tobías mordisquea distraídamente un objeto extraño, y ella entonces, como si leyese la mente de nuestro joven amigo, dice que se llama…

-Me llamo Oana. Y tu eres Dimo. Te conozco por que mis padres el otro día casi te atropellan cuando les saliste de pronto a la entrada del garaje. Bueno, en realidad casi les atropellas tu con la bici.

Oana es alta, delgada, de piel transparente, rizos largos y oscuros. Sus ojos son negros como el cielo que los protege. Su voz es una melodía eterna. Va vestida con ropas un poco extravagantes, vestido largo, vaporoso, zapatos puntiagudos de tacón, y sus largos rizos negros caen pesadamente sobre sus hombros, sobre su espalda. A Oana ya lo véis, le gusta mucho los cielos de la noche.

De manera que bajo los profundos e insondables cielos de la noche, Oana y Dimo se miran a los ojos, cada vez un poquito más de tiempo, entre palabras quedas, risas y sonrisas; entre ladridos y de vez en cuando, el soplo suave de una brisa fresca y con fragancia a hierba húmeda, a fogata lejana, a mar lejano.

-Yo nunca te he visto por aquí, Oana. ¿Y cómo es que tus padres te dejan estar a estas horas en la calle?

-¿Y a ti?

-Bueno, es una larga historia, y además mis padres están de fin de semana en París.

-Bueno, Dimo… yo soy más vieja que tu. Soy, de hecho, muy, muy vieja….

Pero el pitbull de la bella y misteriosa Oana jugueteando sin querer, agarra de pronto la garganta del pacífico y bienpensante Tobías el Magnífico, y la sangre comienza a brotar.

-¡Eh, tu! ¡Deja a mi perro! ¡Dile que lo suelte que lo va a matar! ¡Tu, perro imbécil de mierda, suelta a mi perro! ¡Madre mía, suelta a Tobías, cabrón!

Gritando, y gritando, pegándole patadas al malvado Jerjes, Dimo solo consigue que el formidable pitbull le de un empellón con los dientes en la mano, que le deja una rajita roja y dolorosa. Es una terrorífica pesadilla. Por que conforme Jerjes que, en un principio, solo quería jugar con el pobre Tobías el Magnífico, al notar el sabor de la sangre caliente en sus adentros, le coge el gusto, y estimula su lado perruno, más bestial. La llamada de lo salvaje, que diría Jack London, con toda la razón.

-¡Basta! ¡Basta!

Pero Oana, como un revoltijo de hojas secas arrastradas por el viento de la tarde, va desapareciendo. Sus bellos rasgos se van borrando, su risa perdura un poco más cual media luna engarzada en el firmamento. Cual sonrisa, ya lo habréis adivinado, del Gato del País de las Maravillas. Dimo grita. Grita y patalea. Comienza a llorar de rabia y de impotencia.

-Ramón… Ramón… mira, tranquilízate, por favor. Si no van a tener que volver a pincharte otra vez… ¡Ramón!

Dimo, nuestro chaval, siente como una mano le zarandea un poco. Otra voz desconocida de mujer entra en escena.

-Pobre hombre… ¿Usted es la hija?

-¡Que va! Yo trabajo en la residencia de ancianos donde este señor está ingresado. El pobre no tiene ya a nadie en el mundo. Su mujer murió hace dos meses. Y nada, tan mayor y tan solo, el mismo vendió su piso de Utrera, y se vino con nosotros a la residencia de la tercera edad La resistencia. Pero él estaba bien, con sus achaques, que ya son ochenta años, y sus cuidados, pero bien. Cobra su paguita y se va a pasear, o a tomar café con algunos abuelos del geriátrico…Sin embargo, por esta tarde después de cenar, serían más o menos las nueve, le dio un ataque de ansiedad, mientras veía la película Fort Apache. Tuvimos que pedir una ambulancia y así está el pobrecillo medio sedado. Aunque como ve usted, de vez en cuando le da otra vez el ataque…

-¡Ramón! ¡Tranquilo, hombre! ¡Te vas a caer de la camilla!

Ramón abre los ojos. Lentamente la luz potente y blanca de tubo fluorescente abre su mente. Despierta. Sus ojillos de octogenario, sus retorcidas manos, su fuerza de viejo sedado recostado en una camilla, despiertan. Es el hospital . La sala de espera. Fuera en la calle, es febrero. Los naranjos de Sevilla explotan con fuegos naranja y verde lujurioso. Huele tan bien…

-¿Oana?

-No, Ramón… Oana no. Soy yo, Nieves… ¿Cómo te encuentras?

-¿Y dónde está Oana? ¿Y Tobías el Magnífico?

-Ramón, escúchame…. estás en una camilla, aquí en el Virgen del Rocío. Estabas dormido, sedado. Y seguro que estabas hasta soñando. Esto es la sala de espera, mi arma. Llevamos aquí desde las nueve y media de la tarde y son ya las doce de la noche. Yo en un ratito me tengo que ir para mi casa. Pero otra persona de la residencia viene para acá, para estar contigo, Ramón. ¿Me oyes?

-¿Carlota? ¿Tu te bebes la ginebra de papá? ¿Pero por qué me llamas ahora Ramón? ¡Estás loca perdida, chica! ¿Dónde está Tobías? ¿Y Oana? ¡Verás cuando vengan los papis y se enteren de esta movida, Carlota!

-¡Ramón, Ramón, tranquilízate por favor…! Soy Nieves, la enfermera de la residencia donde vives. No conozco a ninguna Carlota; no tengo ni idea de quién pueden ser Tobías, ni Oana. Estás aquí en la sala de espera del hospital… te han tenido que poner una inyección sedante.

Son las doce de la noche. Es febrero.

-¡Basta! ¡Basta! ¡Deja de llamarme Ramón de una puñetera vez, idiota! ¡Me llamo Dimo! ¿Y qué mierda dices de una residencia de ancianos y del hospital? ¡Carlota, deja ya esta bromita de mierda! La semana que viene cumplo 18 años, y…

-Ramón, tienes 80 años; vives en la residencia de ancianos La Resistencia desde hace un par de meses. Te dio un ataque muy fuerte, Ramón. Una crisis nerviosa de las gordas. Comenzaste a gritar, a golpearte con desesperación la cabeza, a asustar a tus compañeros de La Resistencia. Tuvimos que llamar a una ambulancia. Estas sedado. Yo me tengo que ir. Soy Nieves…

Dimo va abriendo su mente más claramente. Comienza a asimilar formas, colores, sonidos, voces, recuerdos…. la droga que le inyectaron, por lo visto está dejando de hacer efecto. Distingue unas luces blancas, distingue gente sentada en bancos, esperando; distingue enfermeros que van y que vienen. Y se ve a sí mismo tendido en una camilla. Mira sus manos, mira su cuerpo. Escucha su propia voz; otra que no es la suya: eres Ramón, recuerda. Son las formas, la voz, las manos de un viejo absoluto. Enfrente suyo hay una señora mayor con un paraguas, y una bolsa de plástico. Le mira. Al otro lado, bajo la gran ventana que da a la tibia y ventosa noche, está sentada una pareja, y la chica tiene una pierna escayolada. Le mira. Algo negro, duro, frío, golpea entonces su cerebro. Una angustia gigantesca y física, una angustia monstruosa, como un proyectil, más aún, como cien mil proyectiles, estalla en su mente, en su alma. Y GRITA. Y su grito parte en dos la atmósfera, la noche, la Tierra. Y llegan más enfermeros, y alguien le pincha. Y entonces…

-¡Dimo, Dimo! ¡Despierta, hombre! ¡Menuda pesadilla tienes hijo!

Pero el grito continua rasgando el aire.

-¡Dimo! ¡Por favor, despiértate! ¡Lucas ve al baño y trae un vaso de agua!

-¡No creo que el pobre chaval pueda beber agua en estos momentos, Carlota!

-¡Es para echárselo por encima,hombre!

-¡Ah, bueno!

Y así despacito, poco a poco el grito atroz, el grito sobrehumano, va remitiendo. El muchacho abre los ojos. Mira. Ve. No, no es en absoluto la sala de un hospital; No, no es tampoco una camilla donde está acostado. Ni existe ninguna señora que dice que se llama Nieves a su lado, llamándole Ramón, ni diciendo que es un viejo que vive en una residencia para viejos. Es una habitación de adolescente, su guitarra, su amplificador, su bandera del Betis, su vídeo consola Nintendo…

-¿Carlota?

Escucha los ladridos, los querídisimos ladridos de Tobías el Magnífico…

Tobías viene a saludarte, niñatín. Te pusiste malo anoche después de la cena, ALGO, yo creo que la lasaña que hicimos en el micro, no estaba muy en condiciones. ¡Je! Debimos mirar la fecha de caducidad, ¿no creéis? Lucas lleva toda la noche dando paseos al baño. Pero tranki que he avisado a los papis y ya estarán al llegar. Dicen que no se nos puede dejar solos. ¡Encima!

-Entonces, ¿nunca bajé a apagaros la tele? ¿Todo ha sido un sueño?

-Estábamos viendo Gran Cuñado, cuando desde arriba comenzaste a gritarnos como un loco que bajásemos el sonido y que blabla, que no te podías dormir; Y así creo yo que te fuiste quedando dormido hasta ahora, en que tu pesadilla nos ha despertado a todos.

Son las cinco y media de la mañana. Es julio.

-Entonces, ¿anoche yo no saqué a Tobías a pasear? ¿Nunca conocí a Oana?

-¿Oana? Ni idea. Y fue Lucas quién sacó un ratito a Tobías antes de irse pitando para el baño, justo cuando terminó Gran Cuñado. Ya sabes que los papis no te dejan salir más allá de las doce de la noche. De todas formas para que lo sepas chavalín, tu dormías a pierna suelta y hasta roncabas, cuando yo subí a acostarme… supongo que sería ya casi la una. ¿Por cierto, esa heridita que tienes en la mano?

Calderón de la Barca, qué grandeza, qué sabiduría la de don Pedro, lo dejó escrito allá por el siglo XVII:
Es verdad, pues: reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.

¿Y no fue aquél genial caballero de Baltimore, el señor Allan Poe, el que dijo…
¡Toma este beso sobre tu frente!
Y, me despido de ti ahora,
No queda nada por confesar.
No se equivoca quien estima
Que mis días han sido un sueño;
Aún si la esperanza ha volado
En una noche, o en un día,
En una visión, o en ninguna,
¿Es por ello menor la partida?
Todo lo que vemos o imaginamos
Es sólo un sueño dentro de un sueño?

A la hora de comer suena el móvil de Dimo:

-Hola, Dimo, soy Oana. ¿Cómo está tu herida? ¿Y Tobías? Como anoche mi perro mordió sin querer al tuyo, aunque apenas le rozó, y saliste de estampida antes de poder pedirte disculpas y asumir la factura del veterinario… ¿nos vemos esta noche en el mismo banco que anoche?

Ada García.

Sevillla, febrero 2021

Cuentos en primera persona

Alguien en el castillo.

(La Bella durmiente)

Érase que se era allá en un lejano reino junto al mar, en donde vino a  nacer una princesa, yo, bella como la luz del sol, como las alas de los pájaros, como la onda suave que deja la imperceptible brisa sobre el estanque. Nací, pues, entre perfumes de canela y ciprés, menta y mermelada de naranja, y mis padres querían celebrarlo por todo lo alto como corresponde al nacimiento de una princesa, única hija además de los monarcas. Por ello a mi bautizo fueron invitadas todas las hadas, ondinas, náyades, ninfas, hechiceras y magas del reino. Yo, claro está, no tuve constancia de todo esto, hasta que mucho tiempo después mi nodriza, la ya muy anciana Lady Applewinter, una tarde de mucho frío y bastante nieve, tuvo a bien contármelo, en tanto tejía una de sus imposibles bufandas de media legua.

Pues, como os digo, allí estaban las coquetuelas hadas de los Campos de Amapolas del Norte, las bellas y verdosas ondinas de la lejana región de Amadalia, cerca ya de Betelrosa, la lozana y dorada tierra de los gnomos azules, que bebían vino de almendras, y rezaban cada amanecer al dios de las palabras; también asistieron las bellísimas hadas de Nueva Calesia del mar del sur, las hadas-flor de la Aurora Austral, y sus hermanas las tres hadas del Arco Iris. En una palabra, que allí estaban todas. ¿Todas? Pues lamentablemente no, y esto en verdad fue el origen de todas las preocupaciones y contratiempos que ocurrieron muchos años después. Como os cuento, todas las hadas del Planeta azul fueron invitadas… excepto la oscura, altiva, y vengativa hada Maléfica, cuyo difícil trato provenía más de su innata maldad, que de un trauma infantil no superado, o por su notoria afición  a convivir con trolls, ogros y demás gentes de mal vivir. 

–¡Maldición, digo! ¡Maldición! ¿Cómo os habéis atrevido a rechazarme en este regio a la par que insoportable evento, fomentando mi marginalidad y mis ganas de hacer la puñeta al prójimo? ¡Me vengaré!

Era el día de mi bautizo, los pajes, amas, doncellas y criados repartían a diestro y siniestro, cajitas rosas, celestes y blancas llenas de lacasitos, o cestitas de mimbre, forradas de seda dorada y terciopelo carmesí, envueltas en papel de celofán dorado, con frutas escarchadas, chocolate blanco con cerezas y bombones de crema de leche con miel y almendras. Todas ellas, cajitas y cestitas, acompañadas de una tarjetita en donde rezaba mi nombre, Aurora, y mi fecha de nacimiento: 23 de mayo del año 1000. ¡Qué feliz mi reino! ¡Qué día tan dorado!  Pero, ¡qué poco duró tanta felicidad! Porque allí estaba la cruel Maléfica en todo su terrorífico esplendor.

–¡No, no creáis que me importa! ¡Es más, hasta hubiese partido la invitación en dos en caso de que SI hubieseis tenido la vergüenza de enviármela! ¡Pero, repito, mi venganza será terrible! ¡Terrible!

–Mademoiselle, s’ils vous plaît!

Era Odette, un hada de Montmatre que había venido con sus hermanas y amistades, subidas todas en su cisne blanco, sólo para bailar junto a  nuestro lago lleno de cisnes, patos y ocas. Interrumpió la enfadadísima verborrea de Maléfica con un suave aleteo de sus alas.

–¡Madame,  pog favor! ¡La pobge bebé real no tiene ninguna culpa!

Pero ya se sabe que el resentimiento en algunos seres hace el mismo peligroso efecto que una ballesta a punto de ser disparada.

–¡Silencio! ¡Esta niña morirá al cumplir los 16 años!

Y salió de la sala, dejando atrás un revoloteo de murmullos de terror, desaprobación y algún que otro insulto. Mientras, dos docenas de copas, vidrieras góticas, y una imagen en piedra del rey, esculpida en piedra roja de Suavia por el mismísimo maestro cantero Germano de Brabante, cayeron sobre varios de los invitados, aunque gracias a la rápida intervención de pajes y donceles, nada más que alguna contusión sin importancia hubo de lamentarse. El rey, mi bondadoso padre, gritó entonces fuera completamente de si: ¡Mala bruja! Y la reina, mi enérgica madre, se desmayó, no sin antes haberle lanzado un pesado jarrón de mármol que se hizo mil pedazos, uno de los cuales fue a estrellarse sobre la puerta de una diminuta y buena familia de duendecillos-ratón, que habían colonizado las profundidades de debajo del trono. Así, y como punto final  a la intempestiva despedida de Maléfica, un trueno formidable retumbó de almena en almena, de torreón en torreón, ante la desesperación de mis padres, los reyes. Os preguntaréis, o tal vez no, que hacía yo. Amigos, yo pataleaba alegremente en mi cuna envuelta en tules y encajes, ajena a todo este drama. Pero las tres deliciosas hadas del Arco Iris salieron en mi ayuda. Bien oiréis lo que dijeron.

–¡Nosotras no podemos eliminar del todo el conjuro de Maléfica, pero si que podemos quitarle mucha fuerza! ¡Así que Aurora no morirá al pincharse con una aguja de coser al llegar su decimosexto cumple! ¡No, no! ¡Solo dormirá por espacio de cien años, y será despertada de sus sueños por un muchacho buena gente cien por cien, con un suave beso de amor!  

Hete aquí que pasaron los años, desde aquél convulso día, y así llegué a mis dieciséis cumpleaños en una tarde gris perla, verde musgo, y pájaros volando hacia el lejano país de las canciones. Pero antes de la fiesta me puse a jugar con mis amigas al escondite de los libros que no se pueden leer hasta que seas mayor por todo el castillo. Y así llegué hasta un torreón misterioso, en el cual nunca antes había estado. Dentro, una viejecita sentada en su butaquita de oro, y tocada con sombrerete picudo, chal de ganchillo color chocolate y gafas de ver bien de cerca, cosía trapos con punto de cruz como si no hubiese un mañana. Al verme, la buena ancianita dejó lo que estaba haciendo, y puso sus gafas de ver bien de cerca sobre una mesita contigua, se restregó delicadamente los azules ojos, y me dijo con una sonrisa dulcísima…

–Hijita, mira, ven. ¡Ven a ver que bordados tan maravillosos se pueden hacer con aguja e hijo! ¡Son como lápices de colores! ¡No, mejor aún! ¡Mira que flores, qué pájaros, que muñecas! ¿Quieres probar?

–Pues no, buena señora. Gracias, pero, según cuenta la leyenda, si cojo una aguja el mismo día de mi decimosexto cumpleaños, dormiré durante cien años, y eso es muchísimo tiempo; me perdería mi juventud, mi madurez, mis próximos cumpleaños, y hasta no cumpleaños. De todas formas, a mí coser, la verdad, eso de lidiar con agujas e hilos, costureros, dedales, acericos, tijeras y demás cachivaches, no me interesa lo que se dice absolutamente nada. Creedme que lo siento, pero lo que vos hacéis con el hilo y la aguja lo hago yo con mis pinturas, mis lienzos, y mis pinceles.

Pero, pero… durante la fiesta, mientras bailaba animadamente un minué con el príncipe Feliz, se me descosió el bordado de mi maravilloso vestido de seda y terciopelo azul pavo que llevaba, y no se me ocurrió otra cosa, tontaina de mí,  que permitir que la ancianita del costurero le diese dos puntadas. Claro, entre el calor de la fiesta, la animación, el ir de aquí para allá, hicieron que bajara la guardia, con tan mala suerte que zas, la anciana me pinchó de modo casi imperceptible, pese a todas las precauciones y cuidados. Y en ese momento, justo en ese instante, mis padres, parientes, amistades, pajes, criadas, nodrizas, amas, cocineros, charcuteros, jardineros, soldados, capitanes, mozos y mozas, vecinos, juglares y trovadores, músicos, damas e hidalgos, pastores, niños y niñas, y hasta todos los animales del castillo, quedaron profundamente dormidos. Y yo la primera. Pero antes de caer presa de un sueño insoportablemente pesado y perentorio, me dio tiempo a escuchar, mientras mis párpados se cerraban cual ventana tras la lluvia, una risa estentórea, brutal, descarnada…

– ¡Ja, ja, ja! ¡Por fin mi venganza se ha consumado!

Pero lo que esta mala bruja no sabía es que sólo estábamos dormidos. Pero ¿Por cuánto tiempo?

Pasaron cincuenta, setenta, cien años…, tal vez más…

Al despertar, al abrir los ojos, al principio, a mi alrededor sólo vi oscuridad, y entre sombras y tinieblas, algunas ráfagas de luces y murmullos. Pero, en tanto mis torpes ojos iban lentamente adaptándose a la claridad, observé sobre mi cabeza una enorme plataforma de luces blancas cegadoras, abriéndose paso en mi mente. Escuché voces…

– ¡Por fin despiertas Aurora, querida!

¿En donde me encontraba? Era una sala extraña, enorme, blanca y cálida, y salíamos todos al unísono del estado de hibernación centenario que nos había provocado el hechizo de Maléfica.

En la cámara de al lado, una de mis bellas damas de compañía, Kane, comenzaba también a abrir los ojos.

– ¡Buenos días! ¡Qué hambre tengo! ¡Después de no sé cuanto tiempo sin comer, sería capaz hasta de comer caracoles!

Evidentemente todos estábamos tan hambrientos como la hermosa Wilfreda de Kane, pero no por eso comimos caracoles, aunque si tarta, queso de cabra, café, mucho café, y paella. Pero al cabo de una hora, en la que ya habíamos dado buena cuenta de todas las deliciosas viandas, a Kane, mi dulce dama de compañía, comenzó a sufrir sin previo aviso fuertes dolores de tripa, y empezó a gritar, a toser, y a retorcerse de dolor  por los suelos. La cosa fue tan a peor, que cuando nos dimos cuenta, de su abultado abdomen surgió un bicho monstruoso, sanguinolento, con dientes de piraña y sin ojos, que salió disparado a perderse vete tú a saber donde. Todos gritamos y vomitamos, y alguien cayó al suelo presa del colapso nervioso. Y en éstas, cuando más negro se presentaba nuestro horizonte, el teniente Jacob Ripley de Guermantes, oficial  de la orden de Nostromo, hizo acto de presencia en la sala armado con su espada de acero forjado por Nibelungos cerca de las montañas de la Luna, y con su armadura forjada por los elfos en sus fraguas cercanas a la montañas del Sol. Dijo: ese alienígena es peligroso, es alguien, alguien, sí, alguien. El octavo ser que ha despertado en este castillo.

–Ese alguien, ese alguien monstruoso debe ser aniquilado inmediatamente.

Todos gritamos…

– ¡Sí, sí, hay que acabar con él!

– ¡Sois valientes, amigos míos! ¡Estoy realmente emocionado! ¿Voluntarios para terminar con ese alguien?

Pero en ese momento el más absoluto silencio se adueñó del ambiente como una tupida niebla.

–Bien, entiendo –dijo prestamente Ripley de la caballerosa Orden de Nostromo– Tú, condesa Ash; tu, caballero  Parker; y tu, duque de Lambert, os venís conmigo.

De esta enérgica manera, un puñado de aguerridos caballeros, acompañados de voluntariosos y heroicos soldados, salieron valientemente en pos de ese terrorífico y cruel alguien, mientras uno por uno, todos los habitantes del castillo fueron huyendo cada cual a mayor velocidad. Transcurridos dos o tres días, y sus noches, y aunque buscamos y buscamos, no pudimos encontrar al alguien perdido por ahí. Justo en la parte más elevada del castillo se ubicaba la sala de estar de madre, la reina, su saloncito de lectura, de pensar en sus cosas, de escribir romanzas; y hasta este altanero lugar, que gozaba por ello de vistas magnificas, y desde el que podía otearse hasta los azules y lejanos montes del Sol y de la Luna, y, en noches claras, las montañas de Ganímedes, llegué yo intentando escapar del monstruo. Así observé presa del más opresivo terror, como ese alguien siniestro devoraba a sus  acosadores en las lindes de un bosque cercano. Lo peor fue que el teniente Jacob Ripley de la orden de Nostromo nos abandonó sin darnos ni media explicación; pero, según su leal escudero Brett, ambos debían incorporarse a la novena o décima Cruzada. No importa, pensé, mientras temblaban mis piernas y mis dientes cual hojitas verdes al viento, yo sola, me oís, sola, me enfrenté a el. A oscuras, en la sala de madre, me metí en la armadura, cogí a mi armiño Dallas, y tomando la espada contra un océano de peligros, le hice frente y acabé con él.

Giger, ese genial ilustrador de aliens, alguiens, y demás horrores cósmicos.

– ¡Maldición! ¡Has destruido a mi criatura, horripilante princesa! ¡Pagarás por ello!

-Siempre había sospechado que tu, Maléfica, bruja maleducada, grosera y charlatana, estabas tras este monstruoso alguien. ¡Pues, ea, tu también fuera de mi reino!

 ¿Qué castigo se llevó la malvada Maléfica? La envíe justamente al espacio más hostil y lejano. Como debe de ser. Y así, y de esta peculiar manera, termina esta peregrina historia de brujas, encantamientos y algún alguien venido más allá de las estrellas.

Colorín colorado.

Ada García, febrero 2021

Más que palabras con… Pedro Amorós


“El misterio y la evolución de la técnica y de la ciencia, van por unas líneas paralelas que se entrecruzan en determinados puntos, y es ahí cuando se desvela el misterio.”

D. Pedro. ¿Qué es para tí el Mundo del Misterio? 

R.- Bueno, lo cierto es que parece una pregunta sencilla de responder, pero lleva implícita una explicación profunda que sólo podemos encontrarla en el interior de cada uno de nosotros. El misterio es, sin duda, algo que me llama, me apasiona y que despierta en mí la curiosidad, similar a lo que le ocurre a un niño cuando coge una piedra del suelo y se pregunta qué es y porqué está allí. El Misterio para mí, es la esencia que conforma lo no explicado por la ciencia conceptual y ortodoxa. Podría comprenderlo como aquello que se sale de los patrones establecidos para llegar a explicar la realidad de la naturaleza de todo lo que existe a nuestro alrededor. Misterio, en pocas palabras, es todo aquello que no puedo explicar desde un punto de vista lógico y científico y… sí, estoy convencido que muchos de los misterios que hoy comprendemos como tal, algún día tendrán una explicación. Y es que el misterio y la evolución de la técnica y de la ciencia, van por unas líneas paralelas que se entrecruzan en determinados puntos, y es ahí cuando se desvela el misterio.

P. ¿Cómo, cuándo y por qué comienzas a interesarte por él?

R.- De niño, cuando tenía unos seis o siete años, mi mente comenzó a pensar en diferentes dimensiones a la vez, así me gusta pensarlo. Siempre quería conocer el motivo del cómo y el porqué funcionaban las cosas. Desmontaba objetos, diseccionaba plantas para ver su interior con un pequeño microscopio, buscaba fósiles, minerales y piedras que para mí, eran bellas y al mismo tiempo extrañas. Miraba el firmamento con un sencillo telescopio que mi padre me había regalado, e intentaba comprender cómo se habían formado los planetas, las estrellas y todo lo que estaba más allá de nuestro cielo. Buscaba explicación y respuestas a las preguntas que en aquel entonces no eran fáciles de encontrar y resultaba que todo giraba en torno a la naturaleza que nos rodeaba. Conforme iba creciendo, me di cuenta de que para todas aquellas preguntas que para mí eran grandes enigmas que habían ido asaltando y conformando mi vida, los libros de ciencia, mis profesores o las explicaciones que la televisión o la radio nos ofrecían, eran arquetípicas. Todo estaba basado en un conocimiento cerrado, hermético, el cual se replicaba en los libros tal cual, por que sí, como si no hubiese otra manera de comprender las cosas. Sin embargo, yo seguía realizándome preguntas sobre todas aquellas respuestas que me daban y pese a que intentaba aprender de éstas, comprendí que incluso los libros se equivocaban, dejaban espacio para pensar que, podrían existir otros planteamientos que explicasen tales hechos incomprendidos. Y así, llegué al misterio, intentando comprender la esencia de lo que no era ortodoxo y así poder dar una explicación desde mi particular punto de vista analítico y a veces inconsistente. Me di cuenta de que había ciertos enigmas que superaban incluso la propia existencia del ser humano y sobre todo su posible trascendencia. Cuando tenía doce años pude leer un artículo de una revista que conservaba mi padre, en el que un tal Friedirch Jürgenson hablaba de unas extrañas voces que recogía con un magnetófono y un micrófono. Después de leerlo, me di cuenta de que aquello era un verdadero misterio el cual no podía ser explicado por la ciencia. Y esto me cautivó. Así pues, seguí leyendo y buscando respuestas sin encontrarlas. Me di cuenta de que iba a ser un reto, en el cual hoy sigo inmerso. Cuando con quince años conocí a Bea, comenzamos a investigar el fenómeno de las voces psicofónicas de una manera metódica, pautada y lo más cientificista posible. Hoy, todavía seguimos haciéndolo.

Pedro Amorós en pleno trabajo de investigación a campo abierto

P.  Pedro, decía Hreman Melville que ” en todas las cosas está oculto siempre un significado: de lo contrario, poco valdrían, y el mundo mismo no sería más que una cifra vacía”. ¿Sin misterio la vida no sería lo que es? ¿Qué nos fascina tanto de lo oculto, de lo desconocido?

R.- Pues sí… nos fascina la posibilidad de conocer el mundo que nos rodea. El secreto del misterio no está en la grandeza de las cosas o de los actos, sino en el interior de cada uno de nosotros, en las cosas más sutiles que nos componen y que nos plantean la posibilidad de creer que nosotros mismos somos universos y dentro de cada uno de nosotros, existen enigmas que no comprendemos y simplemente asumimos como tal. El cariño, el amor, una mirada… todo esto, lleva oculto un mensaje que está liga antropológicamente al ser humano y del cual no somos conscientes. Tan solo sabemos que como una suave brisa de aire, actúa ligero como un sencillo parpadeo, que está y existe porque es patente y palpable. Y, sin embargo no se puede explicar con ciencia, no se puede encontrar en el interior de nuestro cerebro, ni tampoco de nuestra mente… sencillamente existe porque va ligado a nuestra evolución y forma para de todos los seres vivos. Quizás el problema que tenemos es que no sabemos ver o entender qué es lo que ocurre y por qué está pasando, pero sí, pasa… Ir tras el misterio de las cosas sin explicación, es lo más bonito que puede tener un buscador de realidades, y esto es lo que nos diferencia de algunas personas que piensan que todo está encontrado y explicado. Para mí, conforme se vayan resolviendo dudas en torno a determinadas cosas que consideramos misterios, se abrirán nuevas puertas que ocultarán otros paradigmas de la existencia. Yo sé poco, pero lo que sí sé, es que mientras perdure la existencia del ser humano, siempre habrá un misterio por descubrir, y esa será la ilusión de los que somos buscadores.

P. ¿Qué opinas de programas como Cuarto Milenio?

R.- Pues… verás, tanto Iker como Carmen han sido buenos amigos desde hace muchísimo tiempo y les considero grandes profesionales, así como a todo el equipo del programa. Creo que se están esforzando por hacerlo lo mejor que pueden, sin duda y es lo que creo que se transmite a la audiencia.
Pese a que el concepto de programa que a mi me gusta es lo que yo estoy realizando en mi canal de YouTube ( Aventura del Misterio ), soy consciente de que Cuarto Milenio es un gran programa que gusta a mucha gente y desde luego ha mantenido vivo el sentimiento del misterio para muchos, y esto es algo de agradecer desde mi punto de vista.

P. ¿Y de la proliferación masiva de grupos investigadores del misterio?

R.- Bueno… cuando yo comencé con todo esto, no había grupos de investigación tal y como hoy lo concebimos. Con la creación de la SEIP ( Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas) y a través de programas de radio y televisión como Radio Nacional de España, Cadena SER, Onda Cero, Radio España, COPE, Antena 3, TVE, Telecinco y otras cadenas, yo fui el impulsor para la creación de multitud de grupos independientes para la investigación de lo paranormal a través de la SEIP la cual he dirigido desde su fundación en el 1995. Por lo tanto, me encanta que aparezcan grupos de investigadores y/o experimentadores al respecto, es algo que mantiene vivo el espíritu del misterio cosa que siempre apoyaré. Como en todos los sentidos de la vida, hay buenos y malos grupos, pero no debemos dejar que los que no lo hacen bien rompan la ilusión de los que intentan ser honestos, humildes y honrados. Por ello, los que llevamos un poquito más de tiempo en esto, debemos formar e informar para que no anden como “pollos sin cabeza” a través del mundo del misterio. Uno de los objetivos que me propuse cuando creé mi canal de YouTube ( Aventura del Misterio) fue precisamente esto, por eso mis videos intentan formar a todos aquellos que quieren iniciarse de alguna manera en este mundo y entretener a los que sólo buscan pasar un ratito de misterio. Siempre intento que los espectadores me acompañen a investigar o experimentar y que así lo vivan y lo disfruten desde dentro, como si estuvieran allí.

P. Pedro, ¿Qué caso, relacionado con las psicofonías, de entre todos los que has tenido oportunidad de conocer, te impactó especialmente?

Esas viejas y solitarias casas en las cuales hace tiempo que ya no vive nadie… ¿O sí?

R.- La verdad es que mi dedicación en el mundo del misterio ha sido todo lo relacionado con la parapsicología; Casas Encantadas, Fantasmas, Poltergeist, etc… pero es cierto que, como te he comentado anteriormente, cuando tenía quince años comencé con Bea a experimentar e investigar en el mundo de la Transcomunicación Instrumental, que incluye la Psicofonía o Parafonía, y la psicoimagen. Por ello, para mí, cualquiera de las miles y miles de psicofonías que tengo catalogadas como tal, son enteramente especiales cada una de ellas, sin duda alguna. Sin embargo, es cierto que hay algunas que… sí, me resultan especiales y que son ahora el objeto de mi estudio e investigación, como las obtenidas en el pueblo viejo de Belchite, en el campo de concentración de Albatera o en lugares en los que se han producido hechos traumáticos donde, por desgracia, se han producido muertes masivas. Parece como si en estos lugares, se abriese una segunda línea espacio-temporal que recorre el tiempo presente de manera paralela y, como decía antes, se entrecruza de manera esporádica dejándonos escuchar algunos fragmentos sonoros que parecen no pertenecer a nuestro tiempo actual. Recuerdo grabaciones en las obtuve un avión haciendo un picado y soltando una bomba, una explosión de una granada, bombas explotando, disparos, el cerrojo y disparo de un fusil de la época, etc.

P. ¿Eres lo que conocemos como “médium”?

R.- Bueno, yo considero que todos somos de algún modo, un poco médiums. Pienso que nuestra naturaleza no nos ha dejado opción de escoger en qué medida o en qué sentido, pero creo que va implícito en nuestra propia evolución, por lo tanto sí, creo que sí tengo cierta mediumnidad, pese a que siempre me apoye sobre las doctrinas científicas o aparatos tecnológicos para intentar dar una cierta explicación a los fenómenos que estudio e investigo. En ocasiones percibo ciertas intuiciones que interpreto como normales y que pienso que tanto tu, como cualquier lector que esté leyendo mis palabras, habrá sentido en alguna ocasión aun sin saberlo.

P. ¿ Un médium nace o se prepara para serlo? 

R.- Desde mi punto de vista, como te decía anteriormente, la naturaleza nos ha dotado de esa capacidad de ser médiums a todos, solo que el grado de mediumnidad, así como la capacidad que se desarrolla para ello, puede variar. Con esto, pienso que todos nacemos médiums y que a lo largo del tiempo de nuestra vida, va variando en función del tipo de vida que llevamos y con qué o quien nos relacionamos. Podríamos compararlo como un deportista que entrena ciertos músculos de su cuerpo. Todos nacemos con esos músculos pero los que entrenan y los alimentan, los desarrollan mucho más que los que viven toda su vida sin hacer deporte. Nuestras capacidades extrasensoriales son potenciables y sin duda alguna, pienso que pueden entrenarse, pero eso sí, hay que saber bien dónde, cómo y con quién hacerlo.

P. La vida y el más allá, ¿Nunca sabremos qué se esconde al otro lado?

R.- Bueno, pues esa es la cuestión que nos ocupa… Se trata de uno de los grandes misterios que todavía está por resolver. ¿ Qué ocurre cuando morimos? Se trata de la pregunta de las preguntas puesto que si algo es cierto es que todos, absolutamente todos, desde el mismo instante que comenzamos a vivir, comenzamos a morir y a todos nos llegará el momento de experimentar la sensación de comprobar qué es lo que ocurre y qué es lo que pasará tras el óbito. Personalmante puedo decirte que no temo a la muerte. Estoy convencido de que cuando me llegue la hora, pasaré ese momento con la intriga y la ilusión que tengo cada vez que me meto en una casa encantada para investigar. Creo que sí, algún día sabremos qué es lo que nos esperará al otro lado. Quizás a través de la ciencia que seguro no dejará lugar a dudas para la sociedad. Aun así, también estoy seguro de algo, y es que no volveremos al mismo lugar, por lo menos tal y como somos o hemos sido.

P. ¿Tu personalmente has podido experimentar alguna experiencia tipo Poltergeist, por ejemplo?

R.- Desde luego que sí. A lo largo de los rodajes y experimentaciones para realizar los videos de Aventura del Misterio, he podido experimentar e incluso grabar en video, cosas difícilmente explicables. Desde mi perspectiva se trata de auténticos fenómenos extraños de origen poltergeist. Recuerdo una de las aventuras, en las que estaba investigando en una casa en la ocurrían ciertas cosas inexplicables. Una casa abandonada de hace dos siglos y situada en mitad de una montaña. Mientras estaba grabando con la cámara e iba a adentrarme en la habitación de matrimonio de dicha casa, un palo, perfectamente situado que se encontraba en un lateral, se desplazó literalmente solo y pasó por delante de mi cámara quedando atravesado en la puerta, como diciéndome: “ Aquí, no pases…”. Sinceramente fue así como pude sentirlo. Sin embargo y a lo largo del tiempo, pese a que este tipo de fenómenos son muy complicados de producirse, sí podría decirte que he experimentado muchas de estas cosas que a algunos les pondrían en estado de Shock Nervioso. Recuerdo por ejemplo en la casa natal María Gómez Cámara, la señora de las Caras de Bélmez, cuando una noche, varios de mis colegas y yo, pudimos ver como una silla de hierro se desplazaba sola a través de un pasillo, quedando subida al rodapié tras su periplo.

P. Pedro, ¿cómo es el día a día de un médium?

R.- Bueno, imagino que te refieres a las personas que tienen una capacidad mediumnica muy desarrollada y que tienen la capacidad de poder ver, sentir o percibir otras realidades que nosotros podemos pensar que se trata del mundo trascendental. Pues sí, creo que deben vivir con cierta resignación. No siempre es sencillo poder experimentar lo que pueda ser un mundo de esencias o energías invisibles para todos y después contar a los demás lo que has visto.
Creo que no es una tarea fácil.

P. Nos decía el escritor Juan Eslava Galán en su Más que palabras, que la duda es una buenísima cualidad que debería practicarse más a menudo. ¿dudar es sano entonces?

R.- Dudar es lo que hace que el ser humano vaya en busca de las realidades. La duda no es que sea buena, es totalmente necesaria y desde luego es la premisa para poder ser un buscador de realidades.Personalmente, te diré que soy bastante escéptico aunque en el fondo sí, quiero creer y creo pero como normal siempre intento demostrar con técnica o hechos lo que no puedo explicar a lo largo del camino de la investigación paranormal. Y esto se realiza a través de la duda.

P. Pedro, ¿Cómo ves el presente, y el futuro?

R.- Pues verás, soy bastante mal profeta, sin embargo en los tiempos que corren, no hay que ser muy buen adivino para darse cuenta que tenemos un arduo camino por recorrer y que sin duda está repleto de baches y contratiempos, tanto por la situación de pandemia que estamos viviendo como por el agobio social y económico que estamos experimentando todos los seres humanos del planeta. Siendo consciente de que esto se trata de nuestro presente, el resultado no debe ser nada bueno para el futuro, con lo que auguro unos tiempos de crisis tremendos, que muy probablemente alcancen su cúspide a mediados del años 2021 y se extiendan durante un periodo de unos cinco años, hasta que la sociedad se acostumbre de nuevo a vivir en un mundo poblado de grandes capitales y miseria social, sin términos medios.

P. Añade, por favor, lo que creas que deba ir al final de esta frase:  “Cualquier tiempo pasado fue…. “

R.- Cualquier tiempo pasado fue-ron las páginas escritas de una historia que marca el camino que la humanidad ha recorrido a lo largo de su existencia, y por ello debe ser recordado y estudiado con el fin de intentar enmendar los errores que han llevado a los seres humanos a odiarse, envidiarse y humillarse. El camino de nuestra evolución como especie, comienza con el sentido de conocernos a nosotros mismos y ser conscientes del hecho de que todos somos seres humanos.

P. ¿Eres una persona creyente?

R.- Sí, aunque quizás el concepto de divinidad que tengo, está un poco lejos de cualquier religión.

P. Pedro, ¿y la felicidad?

R.- Desde luego que sí… es algo que me rige, me guía y me acompaña desde el momento en el que me despierto, hasta el momento en el que me duermo. Y sí, doy gracias por ello, todos los días, cada hora, cada minuto, cada segundo y cada instante de mi existencia.

Para terminar te dejaré con una frase de mi cosecha que he utilizado en este artículo y que creo que puede venir bien para el tema: “ Mientras dure la existencia del ser humano, siempre habrá un misterio por descubrir.”

Más que palabras con… Santiago Ruíz

“Somos hijos e hijas de la Tierra y nuestra conciencia alberga un Universo de misterios inexplorados”

Una nota curricular es una ocasión preciosa, habida cuenta de que es una ventana
para asomarse a la vida de alguien. No obstante, es también un desafío imposible,
pues ¿cómo dar una idea real de la vida de una persona a través de la enumeración
de sus estudios, dedicaciones y logros profesionales? He redactado tantas notas
curriculares en mi vida, que hoy la que me importa es la de fondo, la descarnada, la
que no se redacta para impresionar a alguien, sino para desnudarse buscando
prender un destello de alma humana.
En la imagen, Santiago Ruíz en su etapa como Consultor Internacional en el Comportamiento Humano, en Atenas.

Santiago Ruiz Campos es, según he leído por ahí, un chamán en el siglo XXI. A todo esto, ¿qué es un chamán? os preguntaréis algunos. ¿Qué hacen? ¿Qué razón tienen de ser hoy en nuestro día a día del nuevo milenio? Santiago Ruíz nos responde a estas muy interesantes cuestiones, y algunas más en Más que palabras.
AD. Según el escritor Javier Arries, “Chamanismo es un conjunto de técnicas que permiten, a las personas que las dominan, o que saben como ejecutarlas, exteriorizar su conciencia fuera de su cuerpo.” Por su parte Chamalú nos dice que “Chamanismo es convertir la vida en una ceremonia, la naturaleza en un altar, y el amor en una religión.”
P. Santiago la pregunta es obligada, perdón, ¿eres o no un chamán?
R. ¡Jajaja! Es una cuestión que nunca sé bien cómo contestar. La palabra “chamán”, que proviene de las montañas de Altai en Siberia, designa a los hombres y mujeres de conocimiento según la vía ancestral del lugar. Al igual que las palabras Yoga, meditación o espiritualidad, ha experimentado una simplificación –muy habitual en nuestro paradigma cultural- que reduce enormemente su significado y pasa a ser, en lugar de un contenedor de múltiples acepciones o una ventana a una realidad que no cabe en una palabra, un mero título asociado a una foto. Esa foto, cuando hoy dices Chamán en nuestro contexto social, ha sido pergeñada en el imaginario colectivo –con el impulso de las últimas corrientes dominantes en
medios de comunicación e instancias oficiales- como cosa estrafalaria new age, como tipo con plumas en la cabeza bailando en la selva, superchería, creencia irracional, vudú, pseudo-lo-que-sea… Por eso no la uso para mí: ni soy de Siberia, ni mi aprendizaje y linajes son de allí, ni tengo nada que ver con la foto que acabo de abocetar (por más que haya danzado en la selva, pero sin plumas en la cabeza… Y no existe titulación, carrera o colegio alguno que pueda integrar semántica y culturalmente el chamanismo en el paradigma occidental con lealtad y respeto a lo que realmente es, u otorgarle una credencial reconocida por nuestro sistema académico, cognitivo o profesional. Pues no es una profesión –aunque pueda suponer prestar servicios remunerados-, ni una carrera –aunque se estudie y mucho-, ni una filosofía –aunque contenga un ciclópeo cuerpo de pensamiento y práctica enfocados en el amor a la sabiduría-, ni
nada que se pueda ajustar a la secular compartimentación del pensamiento
occidental. Pero para entendernos en nuestro contexto cultural, Chamán es una palabra que yo adjudicaría a Sócrates, Pitágoras, Diógenes, Giordano Bruno, Gandhi e incluso Isaac Newton, que es justo uno de los que significativamente son usados para ratificar la separación entre magia y ciencia históricamente, aunque tengamos pruebas de que para él no era tan así….


Santiago durante la presentación de “Viaje de Ida”,el documental sobre chamanismo, en el Roots Festival en Açores, con el pelo rapado…

Desde lo que yo llamo chamanismo –prefiero llamarlo Camino de Conocimiento,
pues aunque sigue siendo una denominación limitada, al menos no está tan
contaminada de connotaciones de todo tipo-, las palabras son importantísimas,
máxime cuando van destinadas a uno mismo. Visto desde dentro, manejamos
varias “palabras-contenedor” de significados poliédricos y complejos, que van indicando el estado de evolución de una persona que se adentra en este camino. En mi caso, me gusta considerarme aspirante a Hombre de Conocimiento un Hombre Medicina, que son las denominaciones –insisto, muy complejas y llenas de matices- que mis maestros y maestras me han enseñado, pues son las que mejor reflejan la realidad. Pero si me presentan como chamán, comprendo lo que se quiere dar a entender y a veces no lo discuto, es demasiado prolijo…
P. Hay una figura bastante controvertida en el mundo del chamanismo, como es Carlos Castaneda. ¿Para ti quién es Carlos Castaneda?
R. ¡Wow, esa es toda una pregunta! Podría responder con un libro entero… Trataré de hacerlo sucintamente… El legado de Castaneda llegó de un modo mágico a mi vida, hace muchos años ya y marcó un punto de inflexión fundamental en el camino que hoy recorro. Soy desde el principio plenamente consciente de la controversia que su figura y obra han suscitado y aún provocan, pero a mí me llegó en forma de conocimiento práctico, de un manual veraz de instrucciones –como me gusta llamarlo- que yo estaba pidiendo, algo que existe en todas las tradiciones de un modo más o menos explícito y que –una vez puesto en práctica- produce los efectos que anticipa. Y por eso le estoy enormemente agradecido.
La corroboración es un elemento fundamental en el Camino de Conocimiento y no estamos hablando de creencias, congregaciones o dogmas, ni de seguir a ningún Gurú o Maestro, sino de poner en práctica, comprobar lo que sucede y validarlo con otras experiencias propias y ajenas. Así, mi vivencia con la Tensegridad fue mi bautismo en esto del “chamanismo” y durante años, aprendí y puse en práctica lo que tienen que enseñar los discípulos directos de Castaneda. Y su efecto es tan abrumador como difícil de entender si no se experimenta y conoce en profundidad. Castaneda –puesto en sus propios términos- generó un movimiento en el punto de encaje de la mente colectiva occidental, que no es poco. Su legado es un acontecimiento fundamental en la evolución reciente de nuestro paradigma cultural que abrió mentes, rompió esquemas y generó un misterio que inspiró y sigue inspirando a generaciones de buscadores. Si era chamán o farsante, si se lo inventó todo o lo rescató de la segunda atención, poco importa frente a este hecho. Lo importante es si lo que decía, se puede comprobar y es cierto en términos esenciales. En mi experiencia, lo es, hasta donde he llegado a corroborar. Personalmente, no soy nada mitómano y trato de no confundir al mensajero con el mensaje, al igual que –en plena sintonía con lo que me han enseñado y he vivido- pongo a funcionar mi propio y personal discernimiento, sin perder nunca de vista la totalidad de la foto: me consta la controversia sobre el personaje, como me consta que un “chamán” es un ser humano, sujeto por tanto a error, debilidad, vulnerabilidad y a ser malinterpretado, como yo, como todos y todas. Y que no por ello el conocimiento que transmite ha de dejar de ser válido. Es tarea mía comprobar si lo es y cómo, no tengo que creer en nada ni en nadie. O lo descubro por mí mismo, o siempre permaneceré fuera, enjuiciando desde el palco. Cierto es que con los años y al entrar en contacto vivencial y emprender prácticas y estudios también con otros linajes Toltecas, con el Camino Rojo (Lakota y otross) con el trabajo que se realiza en la selva amazónica (plantas de poder) y el altiplano andino, con el místico y matemático conocimiento ancestral Maya, el Dzogchen tibetano, el Hermetismo, el Pitagorismo, el Gnosticismo… entendí muchas esencias de lo que se plantea en la Tensegridad, las corroboré, ajusté en su caso y amplié grandemente su comprensión y alcance. Cualquier vía es correcta y ninguna lo es, dependiendo de cómo se transita, adónde nos lleva y sobre todo, si uno es impecable a la hora de entenderla, aplicarla y recorrerla. El Camino de Conocimiento es un camino de responsabilidad personal y al final, el camino es siempre uno mismo.También sucede que al usar nuestro libre albedrío, podemos darnos cuenta de que no es tan libre, por estar sujeto a férreos sistemas de creencia, lo cual es en muchas ocasiones un obstáculo insalvable para quien realmente quiera conocer y no juzgar o evaluar. En mi caso personal, me desvinculé hace años del colectivo congregado en torno a la práctica de la Tensegridad de Carlos Castaneda por razones personales, que muy bien pueden resumirse en aquella deliciosa sentencia de Groucho Marx, que aseguraba que nunca pertenecería a un club que le admitiera como miembro, lo cual me aplico al cien por cien. En todo caso, sigo practicando lo aprendido en el contexto Tolteca –ya desbordando el propio ámbito de la Tensegridad- junto a todo lo demás. Sigo porque sigue funcionando y cada vez es más profundo y apasionante, siempre nuevo. Por ello, mantengo un profundo agradecimiento por todo lo que me ha traído al ser y por los increíbles y reales hechos que han aportado y aportan su práctica y estudio a mi camino. Castaneda tuvo su propia historia, yo estoy en la mía y te aseguro que es asombrosa.
P. ¿Cómo llegar a ese estado alterado de conciencia chamánico?
R. Eso que así llamas, es en realidad un fenómeno natural en la conciencia humana. Se llega de incontables modos: por ejemplo- en mi caso- esto viene sucediendo desde que era muy niño. Lo que se hace en el contexto chamánico es favorecer ese paso natural a otro estado de conciencia que yo no llamo alterado, sin acrecentado, ya que no es una alteración propiamente lo que sucede; es más bien como si te quitaran las anteojeras. Sabemos desde antiguo que determinadas prácticas encauzan este paso voluntario entre estados de conciencia, prácticas que suelen estar asociadas a alcanzar el estado que denominamos “trance”. Un trance lo experimentas –por ejemplo- cuando llevas 200 km conduciendo y hay un momento en el que en tu conciencia se produce un sutil cambio, en el cual no dejas de estar consciente por mucho que no puedas –a posteriori- decir con exactitud dónde realmente estaba tu atención, a pesar de que sabes que estaba en
la carretera, en el coche, en tus pensamientos, el paisaje… de igual modo,


Esta imagen pertenece a la etapa de cuando Santiago era productor musical y estudiante de chamanismo en Brasil

reconocemos la calle donde vivimos inequívocamente, pero si nos piden que la describamos o dibujemos, casi nadie acertaría a elegir ni el color exacto del edificio dos números más allá del suyo. La conciencia humana es el terreno por excelencia de experimentación y estudio del chamanismo y por ello, se han desarrollado muchos modos –en función de culturas- de acceder al trance y tornarlo consciente. En Occidente se suele asociar trance –simplistamente- con “drogas”. Para empezar, las drogas no existen en el chamanismo; existen plantas de poder que –en algunos casos- incluso se emplean para ayudar a personas a superar adicciones a drogas. Son medicinas, por más que ahora en nuestro contexto esté prohibido decir esto si no ha sido avalado por una Facultad y vendido por una farmacéutica. Pero las plantas de poder son un recurso más y no necesariamente el más valorado por los chamanes. Las danzas, cantos, meditaciones, peregrinajes, privaciones y ayunos, etc… (desde la danza Sufí de los derviches a las recitaciones tibetanas, el Camino de Santiago, la dieta Ayurvédica o los inipis Lakota, en todo el mundo existen), todo está relacionado con acceder al estado acrecentado de conciencia, desde el cual podemos tornarnos conscientes para operar, obtener conocimiento y/o sanación, conceptos ambos que están íntimamente ligados desde esta perspectiva. Y es importante –a mi juicio- recordar siempre que lo que hacemos no es generar un estado de conciencia nuevo, sino aprender a transitar conscientemente entre los que existen ya de antemano, con un propósito virtuoso.
P. Cuales son las respuestas a las tres preguntas con las que abríamos esta
entrevista, Santiago.
R. Un chamán (hombre o mujer) es una persona de conocimiento que tiene una experiencia directa de la muerte como límite entre los mundos y puede de algún modo transitar entre ellos y extraer un beneficio –o perjuicio- de ello. A partir de ahí, esa persona puede decidir recorrer el camino de la verdadera magia, que podría definir, así a vuelapluma, como el arte de generar realidad propia teniendo en cuenta lo visible y lo invisible.
¿Qué hacen? Viven desde el servicio a la comunidad, en relación a sus talentos y capacidades, formación y principios y al entorno que les rodea, pero con las miras puestas en el salto al otro lado, al infinito, para lo que se preparan durante toda su vida. Su ámbito de acción es ilimitado, ya que no se contemplan divisiones entre disciplinas, sino la capacitación propia medida por la impecabilidad, honestidad e integridad que rigen la vida del chamán, o ese es el objetivo. En cuanto a su razón de ser en el siglo XXI, es la misma que en el XVI, el V antes de la era común o cualquier otro: la existencia de lo que llamamos chamanes dimana de la propia naturaleza humana y esta no ha cambiado en los últimos milenios, al menos en los aspectos esenciales, que son los que otorgan razón de ser a las personas de Conocimiento.
P. Según Javier Arries, con el cual compartiste un programa en Tiempo de Hadas sobre el tema que el chamán es puesto a prueba continuamente.

Durante temporada como camarero en un famoso restaurante japonés

R. Fue un placer aquel programa y compartir contigo, Javier y los otros
contertulios, pocas veces me he encontrado con personas tan formadas en este
ámbito y tan respetuosas, aunque no lo practiquen o compartan. Claro, al chamán
le pasa como al actor o actriz, o al médico, o a la jueza, o al periodista: siempre es
puesto a prueba porque así ha de ser.
Estamos acostumbrados a pensar que a un médico –por ejemplo- cuando le dan el título, le invisten de una autoridad y conocimiento que quedan ya otorgados, como si hubieran llegado al final del recorrido… esto es un error garrafal desde mi perspectiva, ya que uno ha de estar en evolución constante y aún así, ello no garantiza que se acceda correctamente al conocimiento, que es el paso previo para adquirir sabiduría. Conocimiento no equivale a acumulación de datos, ojo. Las pruebas nos mantienen atentos y nos obligan a cultivarnos y refinarnos, a adaptarnos al siempre cambiante río de la vida; en realidad, para mí el estar a prueba es inherente a esto que llamamos la existencia humana, a todo individuo nos sucede todo el tiempo. En el caso del Camino del Conocimiento, ello adquiere una dimensión muy profunda, ya que uno de los hechos innegables y fundamentales -al que tal vez podamos acordar que se puede llamar Verdad, así con mayúscula- es que somos seres que vamos a morir y no sabemos cuándo. A partir de ahí, esta Verdad -al ser asumida y aceptada en su totalidad- nos coloca frente a una prueba continua, pues la impecabilidad que se requiere para afrontar el que considero el hecho más importante de una vida –su fin-, está siempre en fase de entrenamiento, de prueba.
P:,¿Cómo era de peque el niño Santiago Ruíz?
R. ¡Jajajaja! Me encanta esta pregunta… era tragón, soñador, vago, sensible, llorón, y gigantesco para mi edad (sigo siéndolo), muy listo, artista, acomplejado, obediente, asustadizo… sufrí eso que llaman ahora bullying –y que yo sigo llamando maltrato- de modo reiterado y durante muchos años, pero ello no consiguió ni apagar mi alegría, ni aplacar mis ganas de vivir, ni moldearme en modo alguno que yo no haya decidido conservar conscientemente una vez adulto. Ni siquiera guardo rencores, ni deseos de venganzas o reconocimientos postergados. Quizá porque también conocí sobradamente el amor y la felicidad completos, lo cual dejó una huella indeleble en mi corazón que esta sí, he mantenido y alimentado. Y, sin
ninguna duda, el chamanismo me ha ayudado indeciblemente a vivir una vida plena y saludable a pesar de ello, o gracias a ello. Era un niño raro (lo sigo siendo). Por ejemplo, trataba de explicarles a otros niños (o mayores, si se dejaban) cómo puede uno pasar consciente a través de la muerte, o proponía jugar a entender el concepto de la divinidad, o del infinito y la eternidad. Y a hacer magia, era lo que más me gustaba. Eso tampoco ha cambiado… Era lo que llamamos un niño bueno; más tarde me agranujé y acanallé, pero eso vino después… Y luego estaban las continuas visitas a esos estados acrecentados de conciencia, ya fuera en la vigilia o en sueños, en los que a veces veía cosas que luego sucedían (en ocasiones tras años o décadas) y una configuración de lo que


“Una puerta que se abre en una marina, es la foto oficial de mi página de Facebook “Un Chamán en la Oficina”

llamamos “realidad” que nadie parecía ver… Todo ello me hizo un muy sociable solitario y me impelió a generar dos mundos: el que yo vivía solo y el que compartía con otros, que más tarde unifiqué.
P. ¿Una ciudad que hayas visitado y en la cual sientas esa energía especial? ¿Ciudad que no hayas visitado aún y que te gustaría hacerlo?
R. Podrían ser muchas respuestas. Esa “energía especial” está por doquier –si bien en unos lugares más identificable que en otros- pues es la energía de la vida consciente en todas sus formas y manifestaciones. Lo que sí he visto, son lugares donde el modo de vida la ha hecho invisible o mortecina y lugares donde se nutre y celebra. He viajado mucho y vivido en varios países, incluyendo muchos lugares de poder como Nazca, Machu Picchu, Sinaí, Luxor, Atacama, Grand Canyon,Stonehenge, Uyuni, Puma Punku, Venecia, Tiwanaku, Angkor Watt, Teotihuacán, Tula, Palenque, Talampaya, Monserrat, Meteora, Sant Michel, Delfos, Valle del Elki, Covadonga, los templos de Guang-zhou… escogería una ciudad por razones más sentimentales y sin duda, me dejaría muchas sin nombrar. Pero si he de elegir una ciudad (y no lugar), sería la que yo llamo el arquetipo madre de todas las ciudades y no por razones históricas: New York City, en la que he vivido y trabajado y que amo irracionalmente y a distancia. ¿Cuál me gustaría visitar? Tengo varias: una es Samarkanda, otra es Kyoto, otra Lhasa, otra Baranasi (creo que así se escribe ahora Benarés), otra Tombuctú, otra Zanzíbar, otra Jerusalem, otra Teruel… podría seguir, viajar es una de mis pasiones.
P. ¿ Los temas de salud eran competencia del chamán?
R. Eran y son, en tanto en cuanto el estado de salud es uno de los ejes
fundamentales de la vida consciente, del camino en la Tierra. Desde el
chamanismo, la salud se percibe como un asunto del que uno como individuo debe responsabilizarse plenamente y eso incluye buscar sanación cuando algo ha desbordado la capacidad de autogestión. Y se tienen en cuenta todos los factores que contribuyen al estado de salud: ajenos y propios, externos e internos, mentales, cognitivos, emocionales, fisiológicos, biológicos, medioambientales, dietéticos, de personalidad, espirituales, ideológicos, sociales, económicos… La salud es también –pues- un asunto poliédrico, que en el chamanismo se aborda
con la perspectiva de la interconexión entre todos los aspectos y sus
interrelaciones. Obviamente, para el chamanismo no todos los problemas de salud son resolubles y en el que yo conozco y practico, no existe diferenciación ideológica o metodológica entre un paracetamol y un masaje, una danza ceremonial, cirugía u homeopatía. La salud es un bien primerísimo y ha de cuidarse de un modo u otro, con lo que mejor haga efecto y cure. Y también aceptando cualquiera que sea la consecuencia, si esta no es la deseada curación. En el chamanismo que yo vivo, se parte de un estado de equilibrio saludable y vital; de conocerlo a fondo, fortalecerlo y vigorizarlo consciente y volitivamente. A partir del conocimiento de cómo funciona el sistema completo en


Nuestro entrevistado durante una actuación con su banda de rock, los “Harmonic’s Spitters”

salud, se abordan los desequilibrios. Y se trae atención también y de forma combinada, al aspecto espiritual en la salud, el único que no es tratado en nuestro
moderno y estupendo sistema de medicina occidental. Todo ello se aplica a la salud
de la persona, de la familia, del clan, de la sociedad, del ecosistema…
El chamanismo emplea la visión holística y global al tratar la salud como un
fenómeno multidimensional y sobre el que gravita siempre el miedo que expresa tan bellamente la historia del Buda Sakyamuni, cuando descubre la vejez, la enfermedad y la muerte. El budismo, por ejemplo, es absolutamente chamánico en su esencia, como el Yoga y todas las vías ancestrales, y todas se mueven también en un ámbito terapéutico, pues la salud es asunto esencial en nuestras vidas, ¿no? Ningún asunto esencial se ignora en el Camino del Conocimiento.
P. Somos más de 5000 millones de seres humanos en el mundo. ¿Crees que nos hemos convertido en una plaga? ¿Qué esto ya no hay quién lo sostenga?
R. Bueno, creo que somos muchos más… pero, ¿quién sabe? Desde mi perspectiva, de ninguna manera somos una plaga o –si lo somos- cumplimos una función natural. Para mí, estamos en fase de aprendizaje como especie, como conciencia colectiva, y como supra-organismo nos estamos dando de bruces con una dolencia, que se manifiesta en todas las enfermedades, problemas medioambientales, socioeconómicos y demás males que nos están aquejando en estos tiempos, cuando se supone que tenemos el mayor desarrollo en medicina, higiene, calidad
de vida, ciencia, tecnología, pensamiento, etc… de la historia.
Yo lo veo como si la Humanidad estuviera pasando un sarampión o similar.
Una enfermedad que te puede postrar en la cama, inutilizarte parcialmente y que se cobra bajas en el organismo, pero necesaria para el estirón que daremos después, un estirón de conciencia. Eso no quita que seamos un desastre como sociedad en muchos aspectos que debemos arreglar de inmediato, no porque estemos en peligro, sino porque es lo
correcto hacerlo. Es lo correcto porque es lo que favorece la vida, la salud y el bienestar que todos y todas deseamos. Pero no puedo creer que la inmensidad de la Tierra pueda ser amenazada por nosotros; si acaso, nos amenazamos a nosotros mismos y eso es lo que considero urgente corregir.
Tenemos todos los ejemplos que queramos para comprobar cómo la naturaleza –la Vida- tiene un poder de regeneración imparable, con o sin nosotros en la peli. Y tampoco creo que estemos tan zumbados los seres humanos como para autodestruirnos. Sí para ensuciar, desgarrar, romper, explotar, matarnos o herirnos entre nosotros y a lo que se ponga por delante, abusar, manipular… pero somos hijos e hijas de la Tierra y nuestra conciencia alberga un Universo de misterios inexplorados. Esta certeza también se está poniendo en su lugar a escala de la especie, ello es parte del sarampión, así lo veo. No contemplo en ello moralidad alguna, sino que percibo una ética natural mayor que nuestras consideraciones como especie –tal vez muy a lo Schopenhauer- la cual, cuando la comprendes y la pones sobre tus


Santiago dirigiendo a uno de los concursantes de la 1ª edición de Got Talent España, donde fue director artístico

ojos, aporta serenidad, equilibrio, armonía, belleza, felicidad y sublimidad. Esto también lo tenemos como humanos, hay que superar el sarampión.
P. Santiago, hablemos sobre la vida y la muerte. ¿Qué significado tiene vivir y morir para ti?
R. Me gustan las preguntas que haces, gracias. Para mí son las dos caras de lo mismo, como el Yin y el Yang que –enlazados- forman una tercera cosa (1+1=3) y se necesitan para ello. Una vez le pregunté a una de mis Maestras, al acabar una práctica ceremonial: ¿que es un chamán? Ella me miró con aquellos ojos que parecían no tener fondo y me respondió: una persona de conocimiento que de algún modo ha atravesado la frontera de la muerte y sigue aquí. La relación con la muerte y lo que hay detrás del velo es lo que define a un chamán, me hizo saber. Eso es lo que llevaban a cabo –por ejemplo- los Pitagóricos en sus prácticas de incubación: asomarse al Hades, que no era para ellos el infierno como lo conocemos nosotros, sino que se parece más –como concepto y a mi entender- a lo que en el Camino Rojo los nativos norteamericanos llaman el DreamTime o en el Toltecayotl, el Nagual. Obviamente, la asunción de que existe “algo” al otro lado (“algo” que puede permitirnos conservar la consciencia de ser, ajeno a premios o castigos, tan natural como este mundo) ha sido extirpada de nuestra cultura, que no de nuestra experiencia como seres conscientes. Yo he realizado ese tránsito de algunos modos, por eso digo lo que digo. No necesariamente hay que estar muerto en el quirófano, ver la luz y todo eso para esto que afirmo. Desde antiguo existen modos –como apuntaba- de asomarse al otro lado y a veces –como en mi caso- te arrollan sin que tú lo pidas. Para mí, la muerte es la prueba definitiva, como decía antes, para todo ser consciente. Una prueba donde nos damos el aprobado o no, por expresarlo de un modo cotidiano, del mismo modo que al irnos de una fiesta, nos damos cuenta de que, lo hayamos pasado bien o no, nos tenemos que ir. Si hemos bailado o no, bebido o no, conversado o no, si le hemos entrado a quien nos gustaba o hemos recorrido la casa y conocido a todos los invitados que hemos podido… No hay fórmulas para que, al llegar ese momento, nos sintamos agradecidos y con ese cansancio agradable que invita a regresar a casa -mientras la fiesta sigue- y cura el apego a lo que se acaba de experimentar. Cada cual lo vive como puede o quiere, es responsabilidad propia ese balance final y por ello, es responsabilidad propia cómo se vive, habida cuenta de que no sabemos cuánto tiempo tenemos, ni cuáles serán las circunstancias, avatares y peripecias que nos sobrevengan. La vida para mí es una apasionante, desafiante y muy pedagógica experiencia de la consciencia de ser. Exige estar muy despierto para extraer todo su potencial y ofrece sorpresas sin fin. Y la muerte es su culminación, la graduación final. Tal vez sea porque vivo con la plena conciencia de la existencia de ese Hades, DreamTime o Nagual, de ese más allá atestiguado por autores como Kübler-Ross en nuestro contexto cultural. Es otro asunto del que no sólo escribiría un libro, sino que lo tengo empezado bajo el título de “El Final Feliz”. No tengo miedo ni de mi muerte,


Imagen tomada en la redacción del programa mencionado, en tele 5.

ni de la de mis seres amados (y ya he perdido a algunos), sino que guardo una
encendida y paciente expectación –no exenta de respeto y humildad y sí de prisa
alguna- por volver a experimentarla.
Ello nutre, espolea y convive con mi amor por todo, mi alegría, mi salud y mi
vitalidad. La vida y la muerte, como un todo indisoluble, son lo único de que
disponemos ahora y por ello, las cuido a ambas. Pero para mí la vida no es algo mío (mi vida), sino un hecho maravillosamente misterioso, sorprendente y feliz que comparto, como inmerso en un océano incomprensible del que formo parte. Cuando me vaya, sé que saltaré a otro plano distinto y separado de éste, pero igualmente natural… Lo voy a dejar aquí, que acabo siendo extenso y prolijo en demasía…
P. ¿Un libro sin el cual no serías quien eres?
R. El Libro de Familia de mis padres, donde estoy registrado junto a mis hermanas y hermanos. Y luego están Sartre, Camus, Nietzsche, Tolkien, Ayn Rand, Franz Herbert, Lovecraft, Castaneda, K. Leguin, Borges, Campbell, Yourcenar, Hesse, Kafka, Huxley, Balzac, Tolstoi, Eurípides, Harari, Poe, Lorca, Calderón, Beckett, Scott Card, Mishima, Lao Tze, Cortázar, C.W. Ceram, el Bardo Thodol, el Pistis Sophia, el Marqués de Sade… lo siento, no puedo elegir… y mira que me has preguntado libros y casi todo lo que he volcado han sido autores…

Julio Cortázar, autor de Rayuela, alguien tan mágico como un gato, que Santiago menciona como uno de sus autores preferidos.


“Nunca la sabiduría dice una cosa y la naturaleza otra.” Con esta cita de Juvenal me despido de ti. Será un hasta luego, por qué deseo, y espero, que seas compañero en nuestros próximos programas de Tiempo de Hadas. Gracias Santiago Ruíz.
Y gracias a Arturo Almeida que nos presentó. ¡Un saludo desde aquí!
Será un placer volver a compartir con vosotros. Un abrazo y gracias.

Más que palabras… José Portolés


“La Residencia fue una importantísima apuesta de la Institución Libre de Enseñanza, muy adelantada a su tiempo. Brindó (a los que entonces podían permitirse una educación superior) un irrepetible ambiente cultural multidisciplinar, regido por el espíritu de algo que aún hoy se echa de menos en la enseñanza: Libertad”

José Portolés, una sonrisa y un libro, el suyo propio: Los Corruptos de Benilladre,

s.

El cine… ese invento del demonio.

Ese invento del demonio, nuestro protagonista en esta nueva entrega de Más que palabras, y la autora de estos párrafos, adoramos ese invento del demonio, como lo describía alguien enorme y eterno como es Antonio Machado. Incluso los que tanto amamos el llamado Séptimo Arte (auqnue hay algunos actores y cineastas que rechazarían la calificacióin de arte, como por ejemplo el mismísimo Buñuel o José Luis López Vázquez), reconocemos haber sido educados por el cine: desde montar a caballo emulando a John Wayne en la colosal obra maestra fordiana Centaruos del desierto, hasta almorzar café y unos sandwiches, como hace Katherine Hepburn en la maravillosa obra póstuma de Spencer Tracy, Adivina quién viene a cenar esta noche, o como quitarle los filtros a los cigarrillos rubios mientras hablamos con un presunto ladrón y asesino con la pinta de Walter Mathau, en la divertida y hichtcockiana Charada. El cine, o el invento diabólico, forma parte de la vida de este personaje que nos ocupa, él mismo es profesor y estudiante de cine, sobrino nieto de Luis Buñuel, amigo de la viuda de Sergio Leone, socio del actor Aldo Sambrell y escritor de obras muy cinematrográficas. Una de las cuales sin llegar a ver publicada, Exégesis de Un perro andaluz, tengo en mi poder desde este verano gracias a la amabilidad y generosidad de su autor. Además la crítica a la película La lista de Schindler para Tiempo de Hadas se la debemos a él.  Señoras y señores, con ustedes José Portolés.

AD. José, ¿cual es el recuerdo más antiguo referente al cine que conservas?

José Portolés. ¡Ufffffffff! Los más antiguos, desde muy, muy pequeño, imágenes sueltas del desaparecido cine Imperial de Madrid, donde mi padre me llevaba a ver las películas de Walt Disney. El que mejor recuerdo de los más antiguos, con 6 años, mi primera visita al cine recién inaugurado en mi barrio de Madrid, Las Águilas: El cine San Ignacio. Era allá por 1973, y la película, “El Cid”, de Anthony Mann. Y durante mi infancia, hasta su cierre a finales de los 80, los fines de semana yo “vivía” dentro de ese cine, formaba parte de su mobiliario.

P. Vives a caballo entre España y Mexico. ¿En cual de los dos países te encuentras más a gusto ahora mismo?

Vivir con un pie en España y otro en México.

Los lugares, el clima, la gente, la comida, la forma de ver y vivir la vida… Son tan distintos que no se pueden comparar. Ambos tienen mucho bueno compensado con su lado malo. Te puedo decir que aquí en México echo de menos muchas cosas de España; y seguramente, si regresara a España echaría de menos muchas cosas de México. Lo curioso es que, involuntariamente, seguí el camino de Luis Buñuel: dejar España para desarrollarme profesionalmente en México.

P: ¿Qué recuerdos de familia Portolés te son más queridos, José?

Precisamente los últimos: Cuando falleció mi padre, allá en 2016, su hermano y hermanas, que llevaban años sin hablarse, fueron capaces de apartar momentáneamente sus rencillas y diferencias irreconciliables para estar todos juntos acompañándome. Hicieron un esfuerzo que les agradezco mucho.

P. Hablanos de tus libros, por favor, háblanos de tus libros.

Solo te diré que hasta ahora he escrito los libros que a mí, como lector, me gustaría leer. Están escritos como a mí me gustaría leerlos, y tratan sobre los temas que a mí me interesaban en el momento de escribirlos.

Las obras de ficción tratan sobre la explotación del 3er mundo por el 1er mundo la primera. La utilidad de las religiones, todas, para controlar y manejar a la gente, la segunda. Y las consecuencias de la corrupción política en la gente normal, la tercera. Y gustaron lo suficiente para permitirme vivir de sus ventas, algo poco habitual en España.

Y por otro lado el Cine, claro, para comunicar todo lo que voy descubriendo o razonando sobre “ese invento del diablo” que nos apasiona…

P. Eres profesor de cine en México. ¿Crees que el cine de antes, antes de los ochenta, tal vez, es superior al de nuestra época?

Más bien creo que no se puede comparar el Cine de una época con el de otra, cada una está definida por unas circunstancias sociales, económicas, técnicas, estéticas… Lo que sí debemos tener en cuenta es que, lo tengo muy comprobado, nuestro Cine preferido, nuestras películas realmente favoritas para toda la vida, son las que hemos visto en pantalla grande entre los 14 y los 20 años. Es como si nuestras mentes fueran, no más impresionables, sino más receptivas a esa edad, justo cuando se desarrolla nuestro sentido crítico y capacidad analítica.

El antiguo cine Bogart, uno de los que forman parte inborrable de la infancia de muchos madrileños, como la de José Portolés, por ejemplo.

En mi caso, tuve la inmensa suerte de que durante esa época de mi vida en Madrid estaban en pleno funcionamiento la Filmoteca y los añorados Cinestudios (Fantasio, Ideal, Bogart). Yo era un asiduo de todos, cada fin de semana me veía entre siete y nueve películas de todos los géneros, épocas, autores… Y bien programadas en ciclos: Por ejemplo, recuerdo que en tres fines de semana seguidos ví, ordenadas cronológicamente, 10 películas de Hitchcock. En otros dos domingos, 7 ú 8 de los Hermanos Marx… Y así fui descubriendo y conociendo también a Akira Kurosawa, Luis Buñuel, George Cukor, Billy Wilder, Charles Chaplin, Edgar Neville, Ingmar Bergman, Ernst Lubist… Sí, fui afortunado al poder ver en pantalla grande a los grandes clásicos, y justo con esa edad tan especial, entre los 14 y los 20. Después, ya no me quedó más remedio que dedicarme al Cine.

P. ¿Se han agotado las ideas y perdido la inspiración? ¿Por eso se hacen remakes, refritos, versiones, una y otra vez, de antiguos éxitos, con más o menos suerte?  Normalmente con más pena que gloria.

Siempre han existido los remakes, la gran diferencia es que antes tenían razón de ser y cada uno superaba las anteriores versiones, porque se trataba de rehacer una película antigua tal y como las carencias técnicas o la censura lo habían impedido. Por ejemplo, el “Ben-Hur” que todos conocemos y admiramos (el de William Wyler con Charlton Heston en 1959), es la tercera versión: La primera data del año 1907, dura 15 minutos (un rollo a velocidad 14 fotogramas por segundo) y es muy buena… para su época. El primer remake se realizó en 1925, todavía silente (o “mudo”), pero tuvo una razón de ser: 18 años después se había mejorado la técnica, ya se pudo filmar en exteriores y adaptar la novela (que es malísima) completa, con una duración de 2 horas y media. La versión de 1959 se realizó con los últimos avances técnicos: Sonido estereofónico, Technicolor, Ultra Panavisión 70. Muchas otras obras maestras del cine también son remakes de películas mudas o en blanco y negro: “Primera plana” de Billy Wilder, por ejemplo, es un remake de “Luna nueva”, que a su vez es un remake de “Un gran reportaje”.

Lamentablemente, se siguen haciendo remakes de los remakes, sin razón de ser y peores que los originales: La última versión de “Ben-Hur”, de 2016, es la peor de las cuatro. Y “Primera plana” se rehizo como la pésima “Interferencias” en 1988… Y no es por falta de ideas o de inspiración: Especialmente en Hollywood, el problema son los productores. Porque allí hace mucho que los productores ya no son “hombres de Cine” como David Selznick, Irving Thalberg o Louis Burt Meyer, interesados en el Cine, sino inversores de Wall Street interesados en el beneficio económico. Por eso ya no buscan “arte” sino “negocio rápido”. Fíjate que muchos éxitos del cine de, digamos, los últimos 15 o 20 años, son producciones independientes modestas, producidas y realizadas fuera de los grandes circuitos, que triunfan por la calidad y novedad de sus planteamientos, tanto temáticos como narrativos o técnicos. No, imaginación, ideas, creatividad y talento no faltan. Lo que falta es que el capital apoye las ideas nuevas.

P. Jóse, menuda época aquella de la Residencia de estudiantes con tanta gente genial, Lorca, Alberti, Giner de los Ríos, Dalí, Buñuel, Luis Rosales, Luis Cernuda…irrepetible, ¿no?

¿Qué quienes son estos tipos? Pues Dalí, José Moreno, Luis Buñuel, Federico García Lorca y José Antonio Rubio, en 1926.

¡Ya me hubiera gustado a mí vivirla! La Residencia fue una importantísima apuesta de la Institución Libre de Enseñanza, muy adelantada a su tiempo. Brindó (a los que entonces podían permitirse una educación superior) un irrepetible ambiente cultural multidisciplinar, regido por el espíritu de algo que aún hoy se echa de menos en la enseñanza: Libertad. Libertad de expresión, libertad de creación… ¡Pero siempre dentro de los márgenes de la “urbanidad” de la época! Inevitable, pues, que allí germinara y se desarrollara el Surrealismo español.

P.  Dalí, Buñuel, Lorca, 1936. ¿Amigos irreconciliables?

¡Amigos irreconciliables y enemigos íntimos! Tres genios, con caracteres tan dispares que no les quedó más remedio que aunar su creatividad ligando sus respectivas obras tan profundamente que solo pudieron terminar por enemistarse. ¡Pero no fueron tres amigos, sino cuatro! No debemos olvidarnos nunca de José (“Pepín”) Bello.

P. Estas palabras…

Cierto aire bogartiano…

  “A veces digo que el surrealismo triunfó en lo accesorio y fracasó en lo esencial… Reconocimiento artístico y éxito cultural que eran precisamente las cosas que menos nos importaban a la mayoría. Al movimiento surrealista le tenía sin cuidado entrar gloriosamente en los anales de la literatura y la pintura. Lo que deseaba… era transformar el mundo y cambiar la vida. En ese punto –el esencial– basta echar un vistazo alrededor para percatarnos de nuestro fracaso.”

P. ¿Estás de acuerdo con tu tío abuelo? ¿El Surrealismo fracasó, en su cometido de derribar normas polvorientas, alambradas oxidadas, párametros estrictamente confortables, cómodos, aburguesados?

Surrealismo Ad hoc, ellos fueron los primeros

Totalmente, basta ver actualmente a burgueses pagando millones por obras surrelistas en las más prestigiosas galerías de Arte.

La base e intención auténtica y fundacional del Surrealismo, la planteada por André Breton, era ESCANDALIZAR. Buscaba romper con todos los moldes establecidos para provocar, incomodar, concienciar; para… digámoslo claro: para cabrear a las clases altas desde una posición filocomunista y desprejuiciada. Y quienes más lo consiguieron fueron sin duda Dalí, Lorca y Buñuel. Aunque luego Dalí “cambiase de bando”, siguió creando y, sobre todo, actuando según los postulados surrealistas, como Buñuel: Ambos fueron surrealistas a lo largo de toda su vida.

Y otro fracaso del surrealismo, este estético, es que en la actualidad está muy generalizado confundir surrealismo con sicodelia. ¡Y no tienen nada que ver! Mientras el surrealismo crea acciones e imágenes sin sentido y escandalosas mediante narrativa onírica, la sicodelia deforma las imágenes inspirándose en alucinaciones.

And the winner is…

P. José, cuéntanos qué haces en tus aulas de cine. ¿Cómo son tus alumnos?

En general, veo en mis alumnos el futuro del Cine, tanto en España como en México. Tienen ideas, ideas nuevas e interesantes, muy válidas. Y vienen con mucha ilusión, muy decididos a contar sus historias y contarlas a su manera. En un gran porcentaje, son alumnos de los que el maestro aprende.

Actualmente, aquí en México, tengo asignado el módulo “Historia del Cine Mundial”, así que hablo de Cine procurando transmitir mi pasión por el Cine, y mi forma de transmitirlo es de manera similar a la “literatura comparada”. Comienzo con “La salida de los obreros de la fábrica Lumière” y a partir de ahí cito y comento las películas que han ido aportando algo nuevo al 7º Arte, ya sea técnica, contenidos, formas interpretativas, música, estética… Y lo cuento como si estuviera hablando con unos amigos, buscando la sonrisa y la complicidad. Pero con una base sólida, un guión propio que es una lista de más de 500 películas, ordenadas cronológicamente y especificando porqué considero importante cada una. Y lo adorno con mil anécdotas, claro. Pero todo destinado a que comprendan las implicaciones artísticas y expresivas de la narrativa, el lenguaje y la técnica cinematográfica que les enseñan los otros compañeros docentes.

Por ejemplo, es importante saber que Eisenstein creó el montaje subjetivo en “El acorazado Potemkin”, evidentemente, pero también es importante saber para qué lo inventó, qué resultados artísticos y emocionales buscaba. Es decir, mi idea es que no basta con conocer la técnica porque también hay que saber para qué sirve la técnica.

Pero no siempre he sido solo “teórico”: Antes de venirme México, mi socio Aldo Sambrell y yo colaborábamos, a través de nuestra productora Duncan67 p.c., con la Facultad de Imagen, Sonido y Cine de la Universidad de Alicante, dirigidos por el catedrático Israel Gil y el realizador Toni López Vizcaíno. Primero impartíamos conferencias sobre Cine (sabiendo qué películas “caerían” en los exámenes), y luego “asesorábamos y supervisábamos” la preproducción y el rodaje de los cortometrajes-exámen de los alumnos. Y un incentivo para ellos era que el mejor proyecto de corto presentado, lo protagonizaba gratuitamente Aldo. ¡Y muchas veces el (futuro) director o directora no se atrevía a dirigirle, impresionados por su prestancia y curriculum!

P. Te digo tres directores y tu me dices lo que opinas de sus peliculas.

John Ford.

El Cine que nos encantaba de niños. Uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, aunque nos inculcó demasiada propaganda yanky.

François Truffaut.

Tremenda, hermosa, brutal, delicada obra maestra de Francoise Truffaut sobre el mundo de los niños perdidos

Me encanta su Cine, su forma de ver y narrar la realidad cotidiana, sus sutiles guiños y homenajes a los clásicos. “La piel dura”, “Fahrenheit 451”, “La noche americana”… Es el primer cineasta cinéfilo. Maravillosa e importantísima su obra cinematográfica, e importantísima su obra periodística dedicada al Cine: Fue el primero en reivindicar como Autores a Ford, Hitchcock, Cukor, etc. Y un excelente actor en “Encuentros en la tercera fase”, de Spielberg.

Luis García Berlanga.

“Esta Nochebuena siente un pobre a su mesa, por favor”

La socarronería hecha Cine, y del bueno. Un genio, que teniendo el humor como principal arma, hizo contundente crítica social cuando estaba prohibidísimo hacer crítica social.

Francis Ford Coppola.

El Autor sin término medio. Creador tanto de portentosas obras maestras como de obras fallidas. Fallidas, sí, pero nunca mal realizadas.

Howard Hawks.

Un gran narrador, con un excelente sentido del ritmo y del “tempo” fílmico. “El Dorado”, reverso irónico de su previo “Río Bravo”, me parece una película inconmensurable.

José Luis Garci.

Esa forma de hacer radio, con copa, y cigarrillo, y Solos en la madrugada

Genial en sus inicios, autor de las inolvidables y acertadísimas “Asignatura pendiente”, “Solos en la madrugada”, “Las verdes praderas”, “El crack”… Pero a partir del Óscar su cine perdió interés (para mí), se volvió “academicista” y “adocenado”, sin riesgos ni nada nuevo que aportar ni decir. Lástima.

Valerio Zurlini.

Debo reconocer que no conozco casi nada de él, y lo poco que conozco me parece fascinante: Solo he visto “El desierto de los tártaros”, y la considero una película magistral, con múltiples capas de lectura, sabiamente realizada para encumbrar como protagonista al paso del tiempo.

P. ¿Qué estás escribiendo en estos momentos? ¿Publicarás en breve un nuevo libro?

Ahora mismo, mientras espero la publicación de “Exégesis de Un Perro Andaluz”, retrasada por la pandemia, tengo dos obras a medias, una sobre cine y otra de ficción:

Respecto a la de Cine, estoy rehaciendo mi análisis de TODA la obra de Luis Buñuel, porque siempre he entendido sus películas como español y ahora que conozco y comprendo la mentalidad mexicana he descubierto que su obra es mucho más compleja de lo que nos imaginábamos. Y vista conociendo ambas mentalidades los resultados son sorprendentes e impresionantes, revelan la importancia y calidad de su mal llamado “cine alimenticio” mexicano.

Y en cuanto a la de ficción, estoy a la mitad de la tercera novela sobre Don Juan de Cedaceros, un disparatado detective privado matrimonialista que ejerce en Madrid… en el año 1641. Mantengo inéditas las dos primeras, que me llevaron más de tres años documentándome sobre todo tipo de pequeños detalles cotidianos del siglo XVII, las moveré por el circuito editorial mexicano cuando termine esta tercera. Y te puedo adelantar que son, hasta ahora, mi obra más personal, y la que más me divierte escribir. Porque mezclo y fusiono mis dos géneros literarios preferidos, el negro y la novela picaresca, y eso permite escribir parrafadas a lo Phillip Marlowe con léxico del siglo XVII: “Sépades vuestra merced que establecí mi despacho en la calle de Leganitos y dediquéme al oficio de inquiriente en la Corte, que bien pagarían los linajudos mansos por averiguarles con qué bravos sus esposas se amartelan en las misas de vísperas…

P. En tu obra Exégesis de un perro andaluz dices que Lorca era ese célebre “perro andaluz” Que así era como Dalí y Buñuel llamaban amistosamente a Federico, pero que a él no le gustaba nada.

Así es. En la Residencia, llamaban genéricamente “Perro Andaluz” a todos los andaluces; pero no se sabe cómo ni porqué, Federico acabó siendo el “Perro Andaluz” único y genuíno. Y es muy normal que le incomodase, era algo muy despectivo, muy propio del ambiente clasista de la Residencia. Buñuel y Dalí lo utilizaron con muy mala leche, la mala leche que les caracterizó a ambos toda su vida.

P. José, ¿cual es la pelicula que más veces has visto en tu vida?

Una obra maestra de luces, colores, lluvia y canciones inolvidables

He de responderte que varias, por igual. Y seguiré viéndolas una y otra vez: “Casablanca” de Curtiz, “La muerte tenía un precio” y “Hasta que llegó su hora” de Leone, “Viridiana” de Buñuel, “Conan el bárbaro” de Milius, “Mad Max” (la de 1979) de Miller, “El séptimo sello” de Bergman, “Star Trek: la película” de Wise, “Cantando bajo la lluvia” de Donen y Kelly, “Pink Floyd: The Wall” de Parker… Son películas que habré visto entre 20 y 30 veces (cada una) en el Cine, cuando aún existían los ”cines de reestreno” y los “cines de barrio”. Y luego gracias al VHS, primero, y el DVD, después, puedo asegurar haberlas visto más de 100 veces cada una. Y quizá me quede corto.

En muchas ocasiones me han reprochado ver tantas veces una misma película. Pero personalmente lo entiendo como las canciones: Si oyes una canción y te gusta, ¿ya no vuelves a escucharla porque ya la has oído y ya sabes el final? A que no, ¿verdad? Pues a mí me pasa lo mismo con las películas.

P. ¿El cine y la vida son la misma cosa?

Ni sí ni no sino todo lo contrario: El Cine es un reflejo de la vida y la vida copia e imita al cine, que es un reflejo de la vida y la vida copia e imita al cine, que es un reflejo de la vida… etc.

José Portolés en plan castizo

A pesar de que nos queda muy lejos geográficamengte hablando, está realmente muy cerquita gracias a la amistad y a las RRSS otro invento, dicen, cargado por el diablo.  Muchas gracias José Portolés. Que las hadas y tu ángel de la guarda, (llamado Clarence, cómo el que visitó una vez al bueno de George Baily) , te traigan lo mejor de la vida.

Muchas gracias a “Más que palabras”, a vuestro interés por el Arte y la cultura.

Y a Clarence / Henry Travers.

“Larga y próspera vida”.

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Más que palabras… con Cristina López


“La medicina según iba estudiando en el colegio se fue convirtiendo en una obsesión. Me encantaba el hecho de imaginar que viajaría y que ayudaría en las zonas de más penurias. Vengo de una familia de economistas, pero como te digo, desde muy pequeña me plantee el estudio del cuerpo humano”

La doctora Cristina López y su deliciosa sonrisa.

Tal vez sea una de las personas en las que más pensamos en la actualidad, dado el tiempo de pandemias y disturbios en que nos encontramos. Pero ella va mucho más allá de contagios, virus, y maratonianas guardias, y nos habla seductoramente de culturas precolombinas, indígenas, conquistadores, chamanes y leyendas de Mesoamérica. Y todo ello sin ceder ni un centímetro a las mentiras, misterios de estar por casa, y amarillos sensacionalismos de portada. Ella es, claro está, nuestra querida Cristina López.

AD. Cristina, aquí y ahora, ¿Te ves muy diferente a aquella niña que eras?

Cristina López. No para nada, siempre he sido muy soñadora y tremendamente cabezota, como buena Tauro, y sigo igual. Sigo con los mismos ideales, que la vida te va modificando y ordenando en prioridades.

P. ¿Ya te sentías atraída por la medicina y el mundo de la antropología?

Verás, me han atraído siempre. La medicina según iba estudiando en el colegio se fue convirtiendo en una obsesión. Me encantaba el hecho de imaginar que viajaría y que ayudaría en las zonas de más penurias. Vengo de una familia de economistas, pero como te digo, desde muy pequeña me plantee el estudio del cuerpo humano. Y es curioso, mis padres antes de elegir carrera, me insistían e insistían si estaba segura, y si, claramente.

En cuanto a la antropología Ada, las civilizaciones antiguas y la historia son mi pasión desde muy niña. También la de mi padre, al que le robaba los libros, Dioses Tumbas y Sabios, El Misterio de los Hititas, Troya…

Era fascinante. Me impresionaba la historia antigua, los relatos bíblicos eran una aventura constante.

P. ¿Te gustaban las películas de aventuras, tipo Indiana Jones, Steven Spielberg, 1981, o Esecreto de los Incas,  de Jerry Hopper, 1954, o preferías las de médicos, estilo Historia de una monja, de Fran Zinnemann 1959?

Cualquiera de ellas. Historia de una monja es una película que a muchos nos ha marcado la vocación, para que negarlo. Mira que la he visto veces y es maravillosa. Las de aventuras las he disfrutado con mi padre siempre. Somos dos locos de ese tipo de cine, incluso una vez que te metes en el tema ya de manera profesional, no te importan los errores históricos que puedan tener, siguen siendo encantadoras.

P. Eres una de las veteranas de Tiempo de Hadas. ¿Programa con el que más disfrutaste? ¿ Y el que menos?

Disfruté mucho con el de poetas andaluces y ya en la temporada pasada ha habido varios, la brujería, hombres lobo, jesuitas, recuerdo con mucho cariño el de chamanismo… Suelo disfrutar en aquellos en los que el dialogo fluye y se convierten en una charla entre amigos. Que haya disfrutado menos, no se, puede que en alguno que la temática no haya sido tan afín a mi, pero así tampoco sabría que decirte, me lo paso fenomenal con vosotros.

P. Cristina, ¿Cómo ves la situación en España en esta era del Covid-19? 

Veo España fatal Ada. En lugar de estar unidos luchando en esta mierda de pandemia, cada partido político va a su bola y la gente se radicaliza. Es un problema. Teorías negacionistas se ven amparadas por malas decisiones política, y aquí hablo en general, gobierno central y autonómicos.

No se deben dar situaciones como la de Madrid, si se hubiese tomado medidas a principios de septiembre, no hubiera sido necesario confinar. Por otro lado es brutalmente estigmatizador el aislar zonas concretas. Ni Vallecas es el infierno ni el Barrio de Salamanca el Paraíso.

Al respecto de esto, hoy me pasaban un vídeo de un local en el barrio de Salamanca, en el que chavales bien jovencitos, incluyendo algún miembro de la “nobleza” hacían alarde de beber y pasarlo bien sin mascarillas. Todo a la vez que salen banderas de España en coches a no se sabe muy bien que.

Le diría a los gestores que evitaran todo esto, que escucharan a los científicos, virólogos y epidemiólogos, que esto no es ninguna tontería.

P. Según leo en diferentes medios, estamos a la cabeza en Europa de contagios y víctimas. ¿Culpables?

Por supuesto, culpables los gestores y culpables los ciudadanos.

Me apena decir esto, pero veo en ocasiones gente tan despreocupada, jóvenes y no tan jóvenes. También veo gente responsable y fantástica. Gente que lucha por sus negocios y que los convierte en lugares de confianza.

Pero si tuviera que elegir, evidentemente el desencuentro político es el factor mas preocupante.

P.  Bajo tu punto de vista, y ante situaciones como la que estamos viviendo ¿Qué es peor  cierto pesimismo moderado, o el optimismo puro y duro?

La realidad Ada. No se deben manipular ni las cifras ni los datos. No se debe hacer de una tragedia un arma política, eso para mí, es un crimen de estado.

Cristina López además de médico pediatra y doctora en arqueología, es una viajera impenitente.

P. ¿Qué sueles hacer para relajarte, serenarte, des estresarte?

R. Fundamentalmente leer. Me encanta buscar textos de antropología, revisarlos, estudiarlos. Eso ahora, con el poco tiempo que el COVID nos deja por desgracia.

Aunque bueno, ya sabes que hay una tendencia miserable a decir que no trabajamos, no atendemos, bailamos y somos casi unos asesinos.

El otro día en RRSS tuve una discusión absurda con alguien que no viene al caso, en la que cualquier cosa que decía me la rebatía, incluso aunque le diera la razón en parte, me hizo explotar como nunca.

Hemos pasado de héroes a villanos. 

P. ¿Cuales son para tí las cosas que importan?

R. La personas: Teresa y Enrique mis padres, que adoro, mi Paloma, mi hermanaza, mi otro yo mucho más racional y Luis, mi pareja, que está siempre a mi lado apoyándome y compartiendo mi existencia, que es muy loca. Luis que llegó a mi vida cuando tenía que llegar y para quedarse.

Y vosotros, mis amigos siempre.

El resto en este caos, pasa a segundo lugar.

P. ¿Qué borrarías de tu vida, si es que borrarías algo?

R. Si lo que he vivido me lleva hasta lo que soy hoy día no borraría nada. Te podría decir a alguna persona, pero sería darles demasiada importancia.

Me quedo igual.

P. Cristina, para terminar, dime una película, canción, que nunca te hartas de ver, o escuchar.

R. No me cansaré nunca de Sweet Home Alabama y Free Bird de Lynyrd Skynyrd, del The Tunnel of Love de Diré Straits o Fear of The Dark de Iron Maiden. También la Creedence y Bruce me gustan muchísimo y ahora el Pagan Folk, Heilung, etc.

Iván IV, El terrible, 1944, obra maestra en blanco y negro de Sergei Einsenstein.

Películas pues cualquiera de Einsestein me flipan, y últimamente el cine de Ari Aster, Midsommar me hechiza hasta el punto de haberla visto varias veces, como The Wicker Man de Robin Hardy. Ah y Suspiria, la del 2018 de Luca Guadagnino me fascinó, la escena del baile, magistral.

Cristina nos deja con muy buen sabor de boca, además de hacernos dormir esta noche un poquito más a gusto sabiendo que en este planeta nuestro, existen hadas doctoras y pelirrojas como Cristina López. Un placer y afortunadísimos de conocerte.

La actriz Dakota Johnson en Suspirira, película de 2018.


Cuentos en primera persona

Rapunzel.

Érase que se era, allá en el lejano reino del Maresme catalán, justo al lado del Mediterráneo, entre el mar azul y una montaña verde, una apacible tarde de abril en la cual iba paseando mi madre, embarazada de mi, del brazo de mi padre. A punto estaban de finalizar su paseo, cuando casualmente pasaron por delante de la verja de un espectacular jardín que formaba parte de la inmensa propiedad de una masía bastante añosa. Mi madre se detuvo al momento ante la puerta, admirando maravillada aquellas rosas blancas como la luna, bellas rosas rojas como la sangre, exultantes narcisos amarillos de luz, petunias y clavellinas de seda, margaritas como soles y aterciopelados pensamientos, y altivos y perfumados nardos y jazmines. Entre los frondosos tilos, castaños de indias y tejos, y los macizos de flores, se veían antiquísimas fuentes de piedra, mármol y alabastro, cuyo rumor, unido al del viento y el canto de los pájaros, eran los únicos sonidos que enturbiaban el sosiego de aquel lugar prodigioso. Grandes palmeras de cimbreante y curvilíneo tronco; dorados plátanos de sombra de hojas rosadas; rododendros gigantescos, de llameantes copas, y lánguidos sauces llorones, sombreaban la imponente fachada de la enorme casona, que se asemejaba más a un castillo encantado que a una masía. Ante la mirada extasiada de mi madre, mi padre no pudo evitar un cierto estremecimiento.

-¡Dios mío, Dios mío, Pepe, por favor, sáltate al jardín en un momento y tráeme algunas rosas de esas de las de color rojo sangre!

El rostro de mi padre se oscureció al momento.

-¿Saltarme la valla del jardín y robar rosas? Mira, Tere, mejor vamos a la floristería de la Alfonsa y te compro las que quieras.

-¡No! ¡Yo quiero esas de ahí! ¡Quiero las de ahí!

Una mamá embarazada atacada por un antojo puede ser algo terrible.

-¡Mira que esto es un jardín privado y nos la vamos a cargar, Teresa! Bueno, pues dejaré algunas monedas sobre aquél banco antes de irme. Venga, voy… ¡Ay, madre! Lo mismo tienen un perro asesino y me devora vivo…

Pero mi madre ya no era dueña de su voluntad. De su voluntad eran dueñas las rosas rojo sangre al otro lado de la verja del jardín. Y estaba cerrado. mala cosa. Mi madre ante la preocupación de mi padre, decidió no incordiar más. Pero mi padre al final, caballero sin espada y sin caballo, antes de meditar un momento en lo que estaba a punto de hacer, ya estaba trepando la verja del jardín, que poco a poco y para colmo de males, se iba oscureciendo lentamente, ya al final de aquella tarde perfumada y feérica de abril. De manera que sintiéndose el ladrón más miserable y el futuro padre más agobiado del mundo, y mientras mi madre le esperaba impacientemente al otro lado, se puso con creciente nerviosismo a cortar para su dama, con su navajita-llavero suizo, tres rosas rojo sangre. Y es que pensó, mientras una gota de su propia sangre resbalaba por entre los pétalos de una rosa roja, que las espinas de aquellas rosas eran tan peligrosas como cuchillas. Pasaron así unos minutos largos como siglos, y enfrascado estaba en la `poda de las rosas, con ganas de terminar cuanto antes no fuera que aparecieran los dueños, cuando escuchó tras su espalda el inquietante rumor de unos zapatos caminando sobre la tierra.

-¡Malvado! ¡Así que has venido a robarme mis rosas aquí mismo delante de mis narices! ¡Ladrón! ¡Ya verás ya, la que te espera!¡ Ladrón más que ladrón!

Mi padre, que nunca en su vida fue un cobarde, no pudo evitar que un escalofrío de terror sacudiese todo su ser. Con el rostro sin color, y empapado en sudor, al girarse contemplo, sin poder dar crédito a sus ojos, a una señora muy mayor, de piel blanquísima, bajita, gafosa, regordeta y pelirroja, peinada con un moño redondo y pegado a la nuca, del cual sobresalía una hojita de mandrágora. Iba vestida de negro de pies a cabeza, y sobre el pequeño caballete de su blancuzca nariz bailaban unas redondas gafas de oro. La anciana mujer caminaba no sin cierta dificultad, y se ayudaba para tal menester con un bastón de tilo, tan rugoso como sus propios dedos.

-¡Perdone mi atrevimiento, señora! ¡Lo siento muchísimo, de verdad! ¡Las cortaba para mi esposa embarazada! ¿Sabe usted? Es que dará a luz en un mes, y al pasar hace un momento ante la puerta de su maravilloso jardín, ha sufrido un antojo de los rabiosos. Nada más descubrir esas rosas color sangre ha sentido la pobre que se moría si no me saltaba prestamente a por tres. Pero, no se preocupe, pensaba dejarle el dinero sobre ese banco de ahí. ¡Dígame lo que valen y tenga el dinero!

-¡Mmmm…! ¿Así que serás padre en el mes de mayo? ¿Eh, malandrín? ¡Jejejeje! ¡Bueno, bueno, el mes de mayo…! Debes saber buen mozo, que ese es el mes de los gatos, de las amapolas, de los hechizos, y de las hadas. Los bebés que nacen en mayo son mágicos y casi divinos. Guárdate tu dinero, que yo no necesito dinero, mozo… no, no. ¡Jejeje! Yo no te voy a castigar por tu maldad de robarme mis preciosas rosas, pero te propongo un trato: cuando nazca tu niña -que eso lo que lleva tu mujer en las entrañas-, me la has de traer aquí a esta casa. Llama cinco veces y deja a la niña en la puerta. Tu te vas y que no se te vaya a ocurrir mirar atrás. Si te dijera que tengo la casa amueblada con muebles que son en realidad, padres díscolos, roba-rosas, que al igual que tu, un buen día intentaron llevarse mis flores, y engañarme sin más. A mi, una pobre y solitaria anciana. ¡Ya os daré yo rosas!

– ¿Una niña por tres rosas? ¡Quédese con las flores que no las queremos! ¡Vamos hombre!

-¡Pues ya no las puedes devolver, malandrín, ya que están manchadas con tu sangre!

-¡Pues las lava usted y tan a gusto! ¡ Ala, adiós!

Mi padre saltó la vaya aún más rápidamente de lo que la había saltado al entrar, y salieron los dos, mi madre y él, a paso ligero cual galgo cazador. Pero al mes de nacer yo la bruja apareció por casa una noche de mucha lluvia, y relámpagos y me llevo con ella. Mis padres? ¿Qué si intentaron impedírselo? Por supuesto, pero como ya le dijo a mi padre aquella lejana tarde de abril en su jardín, la malvada bruja Consuelito, los hechizo convirtiéndolos, a mi padre, en un sillón chester de cuero marrón, que le combinaba genial con la bola del mundo en madera de nogal. Y a mi madre, en una bella silla chaise longue en seda color champán. Y desde entonces vivo en un castillo y solo salgo al mundo para cabalgar.

Mis cabellos negros como los ojos de la noche, y tan largos que llegaban ya hasta las mismas lindes del jardín, servían a la bruja Consuelo para trepar por la alta torre en donde me había encerrado para pena mía. Si la vieja quería subir solo tenía que decir las palabras mágicas:

¡Rapunzel,

Rapunzelera,

échame al pronto

tu cabellera!

Y entonces, ¡oh, prodigio! mis largos rizos se lanzaban extraordinariamente vivaces, fuera de la única ventana, y puerta con que contaba la torre de piedra que era mi prisión. Y la bruja trepaba ágilmente por mis rizos, teniendo en cuante sus ciento treinta y dos años, y me subía, espaguetis a la carbonara, pizza, tortilla de patatas, con mucha cebollita, flan de café, rosquillas de anís, uvas y queso. Después me obligaba a bordar un tapiz larguísimo con imágenes de lunas llenas, estrellas, arboledas y cabras, y para colmo me obligaba a hacer multiplicaciones, divisiones, ecuaciones, analizar morfológicamente frases tontas como por ejemplo: Pepito usa la sala, o filtróse el mozo en una zahurda lóbrega, o cualquier imbecilidad por el estilo. Así hasta que cumplí los diecisiete años. Entonces sin saber yo nada, mientras una tarde de temporal, mucho viento, lluvia, hojas que revoloteaban armónicamente al desbocado compás del céfiro, cual bailarinas en La Fenize veneciana bailando El Cascanueces, acertó a pasar por aquellos intrincados y frondosos senderos, un joven estudiante de Ciencias Exactas, que se había perdido por culpa, dijo, de la tormenta. Y, mira tu que feliz casualidad, fue a dar con la torre de piedra que era mi amarga reclusión, justo en el momento en el que la bruja Consuelito, (parecidísima a la directora del colegio para niñas Nuestra Señora del Pilar), pronunciaba las consabidas palabras mágicas, y mis kilométricos rizos bajaban a toda prisa ventana abajo.

¡Rapunzel,

Rapunzelera,

échame al pronto

tu cabellera!

El estudiante, que era realmente atractivo, alto, moreno, de pálido rostro y ojos profundos, se quedó con la copla, y escondido tras el más alto y viejo de los eucaliptos, esperó pacientemente para salir a que la malvada bruja Consuelito se hubiese marchado.

Cuando lo hizo, ya noche profunda y brillante, profusa de búhos ululantes y de ranas cantarinas, se acercó silenciosamente hasta el pie de la torre, tal y como había visto hacer horas antes a la bruja Consuelito, y dijo con voz queda y susurrante:

¡Rapunzel,

Rapunzelera,

échame al pronto

tu cabellera!

De manera que involuntariamente, mis cabellos se lanzaron a escurrirse por la ventana y cual no sería mi sorpresa al ver subir, no a la bruja del moño pelirrojo, que me obligaba a aprender a hacer ganchillo, a golpetazos, que me martirizaba con ecuaciones, números primos, verbos regulares y pretéritos pluscuamperfectos, si no a un chaval guapísimo, vestido con jeans y camisetucha de los Sex Pistols.

-Hola.

-¡Oh, oh! ¿Eres el Príncipe azul, por ventura?

_ ¿Yo? ¡Qué va! Solo soy un estudiante de Ciencias Exactas que debido a las adversas circunstancias meteorológicas, se ha despistado de su camino. Pero veo que estás aquí recluida en contra de tu voluntad y ahora mismo nos vamos.

-Mejor, ¿sabes? Es que a mi los príncipes azules no me gustan mucho, la verdad. Prefiero los príncipes color magenta. O incluso gris nube.

Bajamos a toda velocidad por entre mis rizos, y al poner los pies en tierra, él me besó. Pero solo en la frente. Y es que creo que se había enamorado profundamente de mi, como todo el mundo. Para entonces, mis padres que habían permanecido hechizados todos esos años en la salita de estar de la horrible bruja doña Consuelito en forma de sillón chester, y de chaise longue, recuperaron su forma humana, y todos juntos nos marchamos felices, lejos de aquél sombrío lugar. Y lo último que supe de la bruja Consuelito fue que había encontrado trabajo como directora de un colegio junto a la mar.

Enero, 2020. Ada García.

Más que palabras con… Pilar Alcalá

“Soy aprendiz de poeta. Poeta es una palabra que nos viene grande a casi todos, y que muchos usan alegremente”

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Pilar Alcalá García

Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía…” Y Pilar Alcalá, filóloga sevillana, y unas de las máximas responsables de los múltiples actos que se han organizado y aún quedan por organizar, en Sevilla con motivo de este Año Bécquer, lo sabe mejor que nadie, pues eso, que siempre, siempre habrá poesía. Pilar tiene mirada de golondrina, como las golondrinas que vuelven a tu balcón como aquella que amó el Príncipe feliz, y Pilar tiene voz como la caricia del arpa, aquella mágica del poema becqueriano. Entusiasmo al público que escuchaba silencioso en el salón del palacio de los marqueses de la Algaba, en Sevilla en diciembre pasado; a los que se acercaron hasta el parque de Maria Luisa junto a la estatua de Bécquer; a Alvaro anula Pulido durante nuestro programa Poetas andaluces en la etapa Desde casa, y entusiasma a todos los que tiene  la suerte de escuchar a Gustavo Adolfo Bécquer, el poeta amante de los ojos verdes, y las leyendas oscuras, en los labios de Pilar Alcalá.
AD. Pilar, ¿Son estos malos tiempos para la lírica?
Pilar Alcalá. Es una frase que oigo desde hace tantos años… Siempre son malos tiempos para lírica, aunque la concesión del Nobel de Literatura a la poeta neoyorkina Louise Glück da muchas esperanzas. La poesía tiene menos lectores (adictos, adeptos, amantes…) que cualquier otro género literario. Son muchos los que rechazan este género, a veces, sin ni siquiera haberse acercado a él. Hay quien dice que no entiende la poesía, ¡cómo si la poesía se escribiera para entenderla! La poesía, si atendemos a la etimología de la palabra y a su significado, vemos que es “la manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa”. Esto quiere decir, en mi opinión, que la poesía es el más sublime de los géneros pero últimamente la poesía está siendo atacada por los mismos que dicen amarla, y me explico: en los últimos tiempos veo, a veces con pavor, que todo el mundo publica poesía, se ha pasado de no leerla por temor a no entenderla, a publicarla sin ningún pudor. Hay tal proliferación de actos poéticos que a veces asusta, no se trata de cantidad sino de calidad. Todos somos libres de escribir lo que nos dé la gana, pero creo que a la hora de publicar hacen falta unos límites, unos criterios, no todo vale, al menos a mí no todo me vale. Y los límites tienen que empezar en uno mismo y por supuesto en las editoriales. Tiene que haber rigor y honestidad. No es de recibo abrir un libro y encontrar faltas de ortografía, amén de otros disparates gramaticales o sintácticos. Se necesita leer mucha poesía para poder escribir algo digno de ser presentado al lector. Ya lo dijo Bécquer en su “Introducción Sinfónica”: Los extravagantes hijos de mi fantasía,
duermen por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, esperando en el silencio que el Arte los vista de la palabra, para poderse presentar decentes en la escena del mundo.
“Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”

P. ¿Cómo puede ser eso de que en la España de años, e incluso siglos atrás, se leyese, escribiese, y vendiese poesía, en un país según los historiadores, con un elevado índice de analfabetos y pobres, y hoy, en la era del bienestar más o menos general, y la cultura más o menos al alcance de todos, apenas se publique? ¿Por qué la poesía es como la hermana “difícil” de la literatura?
R. Un poco ya he respondido en la respuesta anterior. Lo que más llama la
atención es que en un país como el nuestro, donde lee muy poca gente, casi
todo el mundo publique. A veces tengo la impresión de que el arte de escribir no está lo suficientemente valorado. No todo el mundo está capacitado para ser tenor o soprano o corredor de fondo, pero parece que todos, por el simple hecho de saber leer y escribir, estemos capacitados para crear arte con las palabras. De la marginalidad de la poesía ya hablé antes, podría añadir que muchos ven al poeta como un solitario, como un ser endiosado y eso les puede causar rechazo. Mucha gente lee para distraerse, para pasar el rato y está claro que la poesía no está hecha para eso.
P. Pilar tú eres poeta. ¿Dónde podemos buscar tus obras?
R. Soy aprendiz de poeta. Poeta es una palabra que nos viene grande a casi
todos y que muchos usan alegremente. Soy poco dada a publicar por lo que en RRSS poco hay de mi obra, unos cuantos poemas. Tengo poemas publicados en algunas revistas y en la colección Torremozas y tengo dos poemarios publicados: “Adamar” publicado por TAU y “Poemas de názora y azófar” publicado por En Huida. Piensa que tengo otro poemario acabado hace tres años y no me decido a darle el consuelo del papel porque le tengo mucho respeto a la Poesía y creo que para publicar hay que aportar algo nuevo. Y lo peor es que estoy terminando otro poemario que comencé hace tres años. Me sorprendo mucho cuando veo que hay quienes publican uno o dos poemarios al año. Insisto en lo dicho anteriormente, no es cuestión de cantidad sino de calidad y yo nunca estoy satisfecha con lo que escribo, de lo cual me alegro. Soy, al igual que Bécquer, “ansia perpetua de algo mejor”.

P. Háblanos por favor, de lo que ha significado este Año Bécquer para ti, personalmente. ¿Qué actos al respecto quedan aún por celebrarse?
R. Puedo decir que cuando el ayuntamiento de Sevilla aceptó mi propuesta y
declaró 2020 “Año Bécquer” me sentí como una niña en la noche de Reyes
Magos. El interés de este centenario estriba en el hecho de que es un
centenario de ambos hermanos, Valeriano y Gustavo, que murieron con tan
sólo tres meses de diferencia. Dos hermanos que, desde que se quedaron
huérfanos siendo muy pequeños, siempre habían vivido juntos en Sevilla, en Madrid, en Toledo, en Veruela. Gustavo y Valeriano fueron más que hermanos, fueron amigos y compañeros de trabajo, uno fue la familia del otro ya que casi no se relacionaron con sus otros seis hermanos que se quedaron en Sevilla. Valeriano siempre ha estado a la sombra de Gustavo y por eso me parecía que este aniversario era el momento ideal para reivindicar la figura de Valeriano y la importancia que tuvo en la vida y en la obra de Gustavo Adolfo. Yo creo que no podemos entender al uno sin el otro, se son mutuamente indispensables. Quedan dos Rutas Bécquer en noviembre, que haré yo misma, organizadas por el CAL (Centro Andaluz de las Letras), dentro del programa “Ciudades literarias”, una de las rutas dentro de la programación de la Feria del Libro Antiguo. Y en diciembre, organizadas por la Casa de los Poetas y las Letras, dos jornadas tituladas “Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer: del romanticismo a la modernidad”, en las que tengo el honor de participar con una ponencia. La lectura de “Maese Pérez el organista” en Santa Inés, los días previos a Navidad, etc. Y el acto de clausura del Año Bécquer, el 22 de diciembre, día de la muerte de Gustavo Adolfo, acto que se hará en el Panteón de Sevillanos Ilustres ante la tumba de los Bécquer. Pero todos dependen de la situación sanitaria, como es lógico.
P. Decía Sorolla, enamorado de la luz de la ciudad de la Giralda, que si fuera posible él sería de Valencia y de Sevilla el mismo tiempo. Gustavo Adolfo Bécquer,  Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Antonio y Manuel Machado; Bartolomé Esteban Murillo, Diego Velazquez, Juan Valdes Leal. ¿Qué crees que tiene la luz y el aire de Sevilla para crear tantos maestros irrepetibles en el Arte?
R. No creo que sea sólo la luz. Se habla de la luz de Valencia que inspiró a
Sorolla, de la luz de Skagen, en Dinamarca, donde se estableció una colonia
de pintores escandinavos a principios del XIX, de la luz y los cielos violáceos de Firenze, donde nació el Renacimiento. La luz de Sevilla, como todas las luces, es para todos, pero sólo algunos seres son capaces de ver, de captar esa luz y son capaces de transformarla en belleza. Vuelvo a citar a Bécquer: Todo el mundo siente. Sólo a algunos seres les es dado el guardar, como un tesoro, la memoria viva de lo que han sentido. Yo creo que éstos son los poetas. Es más, creo que únicamente por esto lo son. (II, Cartas literarias a una mujer). Esto se puede extrapolar a cualquier disciplina artística. Creo que, además de la luz, hacen falta almas y corazones dispuestos a dejarse llevar por ella, hace falta tener una sensibilidad especial para escribir Ocnos o pintar la Virgen de la servilleta, hace falta seguir unas huellas. Se tienen que dar una serie de circunstancias para que aflore la belleza.
P. Pilar, ¿se puede ser poeta sin ser en absoluto romántico?
R. Me gustaría hacer una aclaración. Para mí el romanticismo es algo más que una corriente artística, un movimiento que se produjo a finales del XVIII y principios del XIX. Para mí el romanticismo es un modo de sentir y vivir, es el continuo deseo, la lucha constante por lo que amas, es perseguir un sueño, un misterio, tener un ideal, tener una pasión, y este romanticismo existe desde que existe el hombre y este romanticismo es imprescindible para crear, no sólo para ser poeta, sino para cualquier tipo de arte.

P. Qué pena que este esperado Año Bécquer haya coincidido con el año del virus. Pilar, ¿habéis tenido que suspender muchos actos al respecto?
R. Sí, ha sido una pena. La historia se repite con Bécquer ya que el centenario de su nacimiento, en 1936, se vio truncado por algo tan terrible como la guerra civil. Se han suspendido algunos actos, otros se hicieron de manera virtual, durante el confinamiento, por ejemplo el “Día de la Poesía”. Quizá para mí la supresión de este acto haya sido la más dolorosa porque iba a tener lugar en la Venta de los gatos, escenario de un texto homónimo de Bécquer, un lugar que está esperando que las autoridades lo salven del abandono para convertirlo en un lugar dedicado a Bécquer y a la cultura. Tenía que haber sido un acto reivindicativo y no pudo ser. Se suspendió la Ruta Bécquer de mayo, la

presentación de la edición de las Rimas, edición conmemorativa del ciento
cincuenta aniversario de la muerte de los Bécquer, que hizo la editorial Anantes
y para la que yo misma he escrito el prólogo, se ha suspendido la Noche en
blanco y en consecuencia el acto becqueriano que se iba a celebrar esa noche.
Pero tengo el consuelo de que el ayuntamiento de Sevilla hizo una ofrenda
floral ante la tumba de los Bécquer el día de la muerte de Valeriano, el 23 de
septiembre, un acto muy emotivo durante el que leí unas palabras de Julia
Bécquer, hija del pintor, en las que hablaba de la faceta humana de su padre. Y espero que podamos hacer algunos de los actos que están programados hasta final de año, aunque soy consciente de que otros habrá que suspenderlos.
P. Decía el poeta y artista Gerardo Alonso Zahonero, autor del libro de poemas ilustrado con sus propios dibujos, Odonata,  y colaborador de Tiempo de Hadas, que a pesar de no recibir ningún tipo de ganancia material él seguirá escribiendo poesía, y dibujando, y que no puede ni quiere dejar de hacerlo, pese a que no pueda vivir de ello. ¿Crees que en España debería haber más apoyo al Arte y a la Cultura?
R. ¡Por supuesto! Invertir en Cultura es fundamental para cualquier sociedad. La sociedad necesita Cultura, necesita alimentar los sentidos. Se ha repetido mucho en estos tiempos, y es verdad, la Cultura nos ha salvado en los terribles días que hemos vivido y nos seguirá salvando. Ya lo dijo Dostoyevski en su libro El idiota: “La belleza salvará al mundo”. Tal vez a algunos poderes no les interese tener un pueblo formado y culto por eso los que amamos la Cultura tenemos que hacer todo lo posible para mantenerla viva.

P. ¿Durante tu infancia ya te gustaba y disfrutabas con la poesía? ¿Cómo eras entonces? 
R. Empecé a leer desde muy pequeña porque mi madre era maestra y me
enseñó, así que con 5 años ya sabía leer y escribir perfectamente. Para mí el
mejor juego era leer, eso sí, no me gustaban los cuentos de princesas, me
parecían absurdos. De pequeña leí a los clásicos en versión infantil y cuentos, muchos cuentos, claro, que no fueran de princesas… La poesía llegó más tarde y llegó con Bécquer. Fueron dos versos suyos “el alma que hablar puede con los ojos / también puede besar con la mirada”, los que me hipnotizaron. Esas palabras sí que eran maravillosas y mágicas no como el estúpido príncipe azul que tan mal me cayó siempre. Y es curioso, porque en estos tiempos esos versos de Bécquer son muy de verdad, son plena actualidad, ahora que llevamos la boca tapada, nuestros ojos se encargan de besar. Era una niña seria y callada, tímida, y sigo siendo así pero ahora, con el paso y el peso de los años, he aprendido a disimular la timidez.
P. ¿A quién lee Pilar Alcalá antes de irse a dormir?
Glorieta Bécquer en el sevillano parque de María Luisa
R. Pues al autor que esté leyendo en esos momentos, da igual que sea prosa o
poesía. Lo que sí es cierto es que hay autores a los que vuelvo continuamente,
no sólo Bécquer, también Cernuda, Salinas, Julia Uceda, Ángel González,
Javier Marías, Wislawa Szymborska, Alda Merini, Pavese, Ungaretti, Quasimodo, etc., la lista sería demasiado larga. Soy de las que subrayan los libros y marcan los poemas, por eso me encanta retomar un libro leído hace tiempo y releer aquellos versos subrayados, aquellos poemas marcados, aquellos párrafos señalados en las novelas, por ejemplo de Javier Marías, mi preferido
en absoluto.

P. Vivimos tiempos tortuosos, ¿eres optimista y piensas que en nada todo esto se habrá convertido en un mal sueño, o piensas que tardaremos años en volver a ser lo que fuimos antes de febrero del 2020?
R. Espero que no volvamos a ser los que fuimos. Yo creo que algo tan grave
como lo que estamos viviendo nos va a marcar, nos debe marcar, de lo
contrario significaría que tenemos poca sensibilidad. Al principio de la
pandemia se leía y se escuchaba a menudo que de esto íbamos a salir todos
mejores. Tengo mis dudas. Creo que vamos a salir diferentes, unos saldrán
mejores y otros, peores. Es más, ya lo estamos viendo. Insisto, lo que está
ocurriendo no debería dejarnos igual que antes, deberíamos aprender mucho de todo esto. A lo mejor ahora mismo es pronto, porque todavía estamos inmersos en la pandemia, pero cuando acabe (ojalá sea muy pronto) todos habremos aprendido. Es obligatorio reflexionar y sacar conclusiones, tanto a nivel personal como a nivel de sociedad. Tanta tristeza, tanto dolor, tanto esfuerzo no pueden ser en vano. Deberíamos ser menos egoístas y menos individualistas, menos materialistas y deberíamos aprender qué es lo realmente necesario, imprescindible e importante en nuestras vidas. Yo, por ejemplo, quiero aprender a no tener prisas, a no agobiarme, a relativizar.

“Ansia perpetua de algo mejor, eso soy yo”.

(G. A. Bécquer)