El cuento del miércoles noche

Nuevas aventuras de Azofaifo Platillos, el incansable ufólogo

A la hora del té una buena tarde de finales de marzo, en la cual parecía que todos los grifos del mundo se habían abierto sobre el recóndito villorrio rodeado de huertos y páramos. El villorrio, cuatro casas desvencijadas, con sus puertas y ventanucos de madera carcomida por los años, y hasta los siglos, una iglesia románica medio en ruinas que con sus piedras románicas, su campanario y su pareja de cigüeñas. La señora Remigia Ortiguillas, ya octogenaria, y su cuñada la señora Eduvigis Palomo, que rondaría los sesenta, repantigadas cada una en su silla de enea se entretenían viendo pasar la tarde, lenta, brumosa, que olía a hierba nueva y a otoño. La una haciendo un pañito de croché para colocarlo en la parte delantera del tractor del Cucufato, su marido. La otra desgranando habas como quién desgrana días. Y así se pasó la tarde y la tormenta, y al final se quedó una noche limpia y perfumada, con mosquitos y murciélagos persiguiéndose al armonioso vuelos. En estas de entre los primeros murciélagos y los cirros naranjas y rosas del atardecer, surgió una nube de objetos voladores no identificados que se acercaban silenciosamente hacia la sosegada aldea.

-¡Ahí va! ¡Eso qué podrá ser, Remigia?
-¿Te refieres a esas naves plateadas, iluminadas profusamente con luces rojas, y esos haces como de láser que parecen otra vez las doce del día?
-Si.
-Pues hija, ¿qué va a ser? Avistamientos, leñe, avistamientos.
-Ah bueno… menos mal.
-¿Cómo que bueno, menos mal? ¡Yo por un momento me pensé que eran ángeles de esos que vienen a traerte la paz y los dineros!
-Oye, Remigia, ¿No crees que deberíamos llamar a esos del programa Cuarto Milenio?
-No sé, no sé. Si llamamos a esos del pograma aquí se va a liar la de Dios es Cristo. Nos pisotearán los tomates, las coles. Nos asustarán las gallinas y las cabras y vete tu a saber si esos encima no nos roban los huevos recién puestos.Mejor llamamos antes a la Guardia Civil que nos aconseje y nos tranquilice.
-¡Ay Remigia, que cabeza más bien puesta tienes, hija de mi alma! ¡Venga, vamos!

Entonces Eduvigis y Remigia llamaron a la Guardia Civil y al momento llegaron dos agentes muy bien plantados con su Land Rover y todo, El sargento Arnoldo Suarsenager salió primero y más tarde su acólito el cabo Silvestre Escalón.

-Buenas tardes señoras. Qué pasa aquí.
-Pues mire usté, señor agente ahí arriba. Está todo petado de avistamientos.
-¿Dónde si puede saberse?
-¡Mi teniente, ahí los tiene usted sobre el campanario de la iglesia!
-¿Dónde cabo Escalón? Yo no veo ná. ¿Eso? ¡Ay, señor! ¡Eso son los drones de Azofaifo Platillos que va por ahí grabando vídeos para el youtube!
-Ah, pues nada. Nos hemos ahorrado llamar a esos del Cuarto Milenio, Eduvigis.
-Eso mismo.
Nosotros, si no se les ha roto ninguna tripa más, perdón, si no desean nada más señoras, nos vamos yendo. Buenas noches.
-¡Vayan ustedes con Dios!

Pero al rato, mientras Eduvigis terminaba de cuajar una suculenta de tortilla de patatas para la cena, un ser viscoso, pero muy majo, y entrañable salió de la despensa colorado de comer torrijas. Sus ojos amarillos y con la pupila hendida brillaban como ascuas.

-Mira Remigia, ese se está zampando tus torrijas y no lo ha invitado naide.

Ash, al pobre alienígena le llovieron escobazos desde dos frentes diferentes, mientras un segundo ser viscoso pero majo y entrañable, hacia buena cuanta de la tortilla de patatas que se estaba terminando de cuajar.

Colorín Colorado.

Por que Tiempo de Hadas

Por varias razones, porque estas criaturas mitológicas no siempre son las dulces y empalagosas criaturas que nos vende la edulcorada industria del ocio infantil; y por el contrario, —cualquiera que conoce bien el folclore sobre estos y otros seres feéricos lo sabe bien—, pueden resultar inquietantes, peligrosas y hasta letales; porque en un mundo aséptico y anodino como el que nos imponen es necesario rescatar el lado mágico de la vida; y ¿por qué no? porque me llamo Ada y este es mi sitio y mi tiempo, un lugar para hablar de mi libro, de mi programa de radio, de las cosas que me gustan, de la cultura y del arte, de la buena literatura, del cine… un espacio propio al que te invito a entrar.