Una hora antes de la medianoche.

La sombras que borran cualquier contorno de la habitación se atenuan sobre la parte superior del armario. Entonces, un extraño fulgor casi verdoso ilumina a ese muñeco que sonrie siempre. Que nunca para de sonreir. Y sus dientes blancos y puntiagudos brillan en la oscuridad para horror de quien no puede dormir.

-¡Mamá! ¡Mamá! ¡Corre! ¡Corre! ¡Ven por favor!

Desde la habitación contigua se oyen los rápidos pasos de mamá que viene en auxilio de la pequeña Luisa. La pequeña Luisa guarda mariposa polvorienta en su libro de Naturales y ayer por la tarde, durante la clase de Religión hizo que la señorita Amelia regañase a su compañera Lourdes por haberle hecho reír. Después tiró de los pelos a su amiga Beata simplemente por gusto.

-¡Qué pasa? ¿Qué te pasa hija?

-¡Mamá, llevate ese horrible payaso de ahí!

-¿El payaso Clodoveo? ¿Pero porqué?

-¡Llévatelo! ¡Llévatelo! ¡Aaaag!

-¡Tranquila hija! ¡Por dios, no te pongas así que ya me lo llevo!

-¡Tíralo mamá!

El payaso Clodoveo y su tebeo en unos minutos termina en el contenedor de basura justo al lado de una caja de cervezas vacía. Y al pasar un coche junto a él, abre los ojos de par en par y echa a correr.


Ada García.

Historias de la radio.

Un genio de la radio de 23 años llamado Orson Welles.

Noviembre de 2017.

Durante la dramatización de uno de mis relatos en los estudios de World Press radio para mi programa Tiempo de Hadas, uno de mis colaboradores, el periodista y actor David Sentinella, se trajo un recorte de periódico que me impresionó. Un psicópata escapado de un centro psiquiátrico había conseguido burlar al personal de seguridad en unos estudios de Buenos Aires, llegando a atacar con un cuchillo a la directora y presentadora de un programa. Por lo visto las opiniones vertidas en el mismo por esta señora habían cabreado al demente hasta el punto de querer terminar con su vida. Lo más curioso es que yo, desconocía esta noticia y después de la reseña de Sentinella, no la consigo encontrar en internet. Mi primer flash de inspiración, fue la puesta en antena de la obra de H.G. Wells, La Guerra de los mundos en noviembre de 1938, a cargo de The Mercury Theatre capitaneados por un joven de 23 casi desconocido: Orson Welles.

Welles a la cabeza de The Mercury Theatre, en 1938.
Fotograma de la película de 1955 Historias de la radio, de José Luis Sáenz de Heredia.

Lo que aquella terrorífica y muy lejana noche de Halloween del 38 consiguieron hacer aquellos jóvenes actores con la obra de Wells, fue poner en guardia a casi todo un país que además vivía los negros meses previos a la Segunda Guerra mundial, el imparable auge del nazismo, y de otros totalitarismos en la vieja y desgastada Europa, aún hoy resuena de vez en cuando en alguna emisora de radio que quiere emular esa “proeza”, sin conseguirlo, gracias.

Este es básicamente el leit motiv de Radio Zombi. El relato sirve como nexo entre todas las historias que forman esta antología de historias, y que como define Javier Arries en su prólogo; “Es la metahistoria, una historia dentro de otra historia, una caja de muñecas rusa literaria…“.

Cartel de mi hijo Álvaro Díaz, 14 años, para Tiempo de Hadas, mítico programa de radio que se emitió durante dos temporadas en World Press radio.
Yo durante la emisión de Tiempo de Hadas en World Press radio, Madrid.

¿Para ser un buen locutor de radio hay que ser primero un buen peridodista, o conviene mejor ser una radio star? Bueno, pues yo creo que se puede ser las dos cosas. E incluso se puede ser todo lo que se te ocurra ser en el mágico mundo de la radio, el cine y la literatura.

La guerra de los mundos de Wells. Inspiración para Orson Welles y su The Mercury Theatre.
Clint Eastwood en la peli Escalofrío en la noche, 1971, que él mismo dirigió.

Ven a descubrir este fascinante y encantado programa de radio hecho libro. Radio Zombi. Esos relatos extraños, oscuros, líricos que nunca jamás dejan indiferente.

El cuento del miércoles noche

Nuevas aventuras de Azofaifo Platillos, el incansable ufólogo

A la hora del té una buena tarde de finales de marzo, en la cual parecía que todos los grifos del mundo se habían abierto sobre el recóndito villorrio rodeado de huertos y páramos. El villorrio, cuatro casas desvencijadas, con sus puertas y ventanucos de madera carcomida por los años, y hasta los siglos, una iglesia románica medio en ruinas que con sus piedras románicas, su campanario y su pareja de cigüeñas. La señora Remigia Ortiguillas, ya octogenaria, y su cuñada la señora Eduvigis Palomo, que rondaría los sesenta, repantigadas cada una en su silla de enea se entretenían viendo pasar la tarde, lenta, brumosa, que olía a hierba nueva y a otoño. La una haciendo un pañito de croché para colocarlo en la parte delantera del tractor del Cucufato, su marido. La otra desgranando habas como quién desgrana días. Y así se pasó la tarde y la tormenta, y al final se quedó una noche limpia y perfumada, con mosquitos y murciélagos persiguiéndose al armonioso vuelos. En estas de entre los primeros murciélagos y los cirros naranjas y rosas del atardecer, surgió una nube de objetos voladores no identificados que se acercaban silenciosamente hacia la sosegada aldea.

-¡Ahí va! ¡Eso qué podrá ser, Remigia?
-¿Te refieres a esas naves plateadas, iluminadas profusamente con luces rojas, y esos haces como de láser que parecen otra vez las doce del día?
-Si.
-Pues hija, ¿qué va a ser? Avistamientos, leñe, avistamientos.
-Ah bueno… menos mal.
-¿Cómo que bueno, menos mal? ¡Yo por un momento me pensé que eran ángeles de esos que vienen a traerte la paz y los dineros!
-Oye, Remigia, ¿No crees que deberíamos llamar a esos del programa Cuarto Milenio?
-No sé, no sé. Si llamamos a esos del pograma aquí se va a liar la de Dios es Cristo. Nos pisotearán los tomates, las coles. Nos asustarán las gallinas y las cabras y vete tu a saber si esos encima no nos roban los huevos recién puestos.Mejor llamamos antes a la Guardia Civil que nos aconseje y nos tranquilice.
-¡Ay Remigia, que cabeza más bien puesta tienes, hija de mi alma! ¡Venga, vamos!

Entonces Eduvigis y Remigia llamaron a la Guardia Civil y al momento llegaron dos agentes muy bien plantados con su Land Rover y todo, El sargento Arnoldo Suarsenager salió primero y más tarde su acólito el cabo Silvestre Escalón.

-Buenas tardes señoras. Qué pasa aquí.
-Pues mire usté, señor agente ahí arriba. Está todo petado de avistamientos.
-¿Dónde si puede saberse?
-¡Mi teniente, ahí los tiene usted sobre el campanario de la iglesia!
-¿Dónde cabo Escalón? Yo no veo ná. ¿Eso? ¡Ay, señor! ¡Eso son los drones de Azofaifo Platillos que va por ahí grabando vídeos para el youtube!
-Ah, pues nada. Nos hemos ahorrado llamar a esos del Cuarto Milenio, Eduvigis.
-Eso mismo.
Nosotros, si no se les ha roto ninguna tripa más, perdón, si no desean nada más señoras, nos vamos yendo. Buenas noches.
-¡Vayan ustedes con Dios!

Pero al rato, mientras Eduvigis terminaba de cuajar una suculenta de tortilla de patatas para la cena, un ser viscoso, pero muy majo, y entrañable salió de la despensa colorado de comer torrijas. Sus ojos amarillos y con la pupila hendida brillaban como ascuas.

-Mira Remigia, ese se está zampando tus torrijas y no lo ha invitado naide.

Ash, al pobre alienígena le llovieron escobazos desde dos frentes diferentes, mientras un segundo ser viscoso pero majo y entrañable, hacia buena cuanta de la tortilla de patatas que se estaba terminando de cuajar.

Colorín Colorado.

De lobos y de hombres

“De pronto, un nuevo y lúgubre aullido recorrió el bosque de parte a parte. Inmediatamente, la sangre se me heló en las venas, las palabras en la boca, y pegando un respingo me agarré llorando a la cintura de mi amiga. Ésta, lejos de asustarse, soltó una hiriente carcajada. Me miro con desprecio, casi con asco y poco le faltó para darme un puntapié.

-Solo es un lobo, niña estupida. Un lobo. ¿Qué te va a hacer? ¿Comerte las orejas?”

(Madre loba, Radio Zombi. Ada García)

La pequeña Caperucita sentada a la puerta de su casa, viendo como las sombras de la tarde corrían más que las ardillas que retozaban allí mismo entre los grandes árboles del bosque. Y en estas que su madre la llama, en lugar de ir ella, para que se acerque hasta la casa de la abuela que tiene tos y fiebre.

-Le llevas esta jarra con vino, esta barra de pan y estos pestiños para que se cure lo antes posible.

-Mamá, es ya muy tarde. Solo tengo diez años. ¿No sería más lógico que fueses tu misma? Mira que tengo que atravesar encima este bosque sombrío. Mira que hay lobos… ¿Acaso no oyes sus aullidos?

Pero, bah menudencias pero una madre de pelo en pecho.

-Las niñas deben obedecer a sus madres. Yo aún tengo que lavar dicisiete camisetas, diez enaguas y quince servilletas. Ale, venga. No tardes mucho. ¿Eh? para premiar tu obediencia te iré preparando torrijas y sopitas de ajo.

-Bueno. Yo no lo veo muy claro, pero en fin.

-Ábrigate bien con tu caperuza roja. No te entretengas por el camino y no le des conversación al lobo. Si lo ignoras se aburrirá y te dejará en paz.

-¿Tu crees?

-¡Tan seguro como que hoy es viernes!

Y así y de esta manera, la pequeña Caperucita Roja echó a andar bosque adentro, cayendo al final en la cuenta de que en realidad era sábado.

(Caperucita Roja, Charles Perrault. Versión Ada G.)

Una peli clásica imprescindible para todo fan del tema.

A traves de los siglos, la figura del lobo, ese animal casi siempre detestable, demoníaco, carroñero y sediento de sangre, ha constituido un acicate para la imaginación de las gentes. Esas gentes que nacían, vivian y morían entre los montes, los campos y una casa que la mas de las veces era apenas un montón de piedras, madera, cañas y barro.

https://www.arries.es/articulos/hombres_lobo.pdf

Si os interesa el tema licántropos y lobis home, os invito a leer este fántastico artículo del escritor Javier Arries, publicado en la revista Año Cero en 1998.

Vampiros como nosotros.

“-Me dice usted, amigo Cervenka, que son seres malignos. Que salen de noche de sus sepulturas para merodear por poblados y aldeas, para beberse la sangre de los vivos. Gnomos y hadas mi querido amigo, puro folclore y nada más. Yo no daría un chelín por la veracidad de esas leyendas”.

– Vampiros a la luz de las velas. Radio Zombi, de Ada García

Vampiros. Esas odiosas criaturas que se alzan de su tumba en medio de las tinieblas para, sedientas y lujuriosas, ir en busca de alguna apetitosa víctima. Esos implacables demonios que no están muertos. Pero que tampoco están ya vivos. ¿Existen realmente? ¿Son como dice en mi cuento Vampiros a la luz de las velas, el muy racional y escéptico doctor Clark, producto del folclore, de la calenturienta imaginación de las gentes, de la histeria? O bien, esos no muertos, esos upiros, lamias, lampusas, vurdalaks, nosferatus, según la diferente terminología del lugar, o del momento histórico… ¿ existen y están entre nosotros? Para un campesino de siglos pretéritos perdido en alguna aldea entre los oscuros y densos bosques de los Cárpatos, la respuesta esta muy clara: ¡Por supuesto que existen y quién diga lo contrario merece ser mordido por una bestia de esas!

Pero no a la luz de cualquier ciudadano iluminado ya por la Ciencia, la Lógica y la Razón. Aunque desde luego, a pesar de que la literatura primero y el cine más tarde, han popularizado la idea del vampiro aristócrata poseedor de un formidable y lúgubre castillo en Transilvania, la terrorífica figura de espectro bebedor de sangre la podemos encontrar en prácticamente todas las culturas del planeta, según leo en esa imprescindible Encyclopaedîa Vampira que es Vampiros. Bestiario de ultratumba, del autor Javier Arries: “El folclore ha situado a este no muerto que se alimenta de sangre en las zonas geográficas más diversas. Su amenaza se extiende desde Egipto y Sumer, hasta China.” Os recomiendo leer esta obra de Javier Arries y visitar su web si queréis conocer a fondo la figura de estos detestables personajes

No, no nos reflejamos en el espejo.

“Me dijeron que lo mío no tenía cura, que me quedaba poco tiempo para irme al cielo o al infierno. Yo sonreí divertida. Los diagnósticos médicos siempre me habían producido en el pasado auténtico terror. Ahora ya no. ¿Para qué? Si yo sabía mejor que el doctor Clark por qué mi mirada se afilaba día tras día. Y el porqué de que la palidez de mi piel resultase ya escandalosa, con ese fulgor azulado alrededor de las mejillas y sobre mis párpados, tan semejantes a esas delicadas nubes que flotan sobre los campos a la hora del crepúsculo. Y también conocía el motivo de que mis uñas y colmillos creciesen a un ritmo irreal, de que mis latidos fuesen casi nulos. Y en la última noche descubrí maravillada que mi imagen no se reflejaba en el espejo”.

Vampiros a la luz de las velas. Radio Zombi de Ada García

Y es que los vampiros además de ser así como somos, y al tener una muy larga vida por delante, leemos muchísimo. Sobretodo leemos todo lo que los escritores de ayer y hoy han imaginado sobre los vampiros. Es muy interesante conocer cómo nos ven, qué idea tienen de nosotros los vivos. Por mis manos han pasado obras tan clásicas y emocionantes como: Drácula, de Bram Stokker; Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu; Morella y Berenice, de Poe; La familia del Vurdalak, de Alexei Tolstoy; La novia de Corinto, de Goethe, y ya en una muy pop actualización del mito encontramos los Relatos vampíricos de Roger Vadim, los muy extraños y desconocidos de Alfonso Paso, y Entrevista con el Vampiro de Anne Rice.

“En ese momento suena la hora lúgubre de los espíritus, y entonces, solamente, la joven parece sentirse a gusto.
Ávidamente, de sus labios pálidos,
ella bebió el vino de un rojo sombrío como la sangre.
Pero del pan de trigo que él le ofreció amablemente,
no tomó la menor migaja.Y ella tiende la copa al joven,
quien, como ella, la vacía de un solo trago, golosamente.
Y durante esa comida silenciosa, él le solicita su amor.
Su pobre corazón, ay, estaba enfermo de amor”.

– La novia de Corinto. Johan Wolfgang von Goethe

El hombre que encontró aliens en la catedral de Palencia.

“Click, clack, click. Un hombre vestido de negro -camiseta negra de Black Sabbath, vaqueros negros, botas negras-, muy alto, más alto casi que nadie, un hombre de pelo largo y barbas cerradas, con los ojos pardos donde se reflejan las llanuras, y los cielos, y los montes y ríos de Castilla. El hombre va disparando su cámara aquí y allá, una vez y otra vez más. Los silenciosos muros, los pilares centenarios, y aquél hermoso altar donde ha muchos siglos lloró un rey Trastámara por su señora Doña Urraca…”

El hombre que buscaba aliens en la Catedral de Palencia. Radio Zombi, de Ada García

Catedral de Palencia
Catedral de Palencia desde la Plaza de San Antolín

La catedral de Palencia, durmientes de piedra, oquedades donde de pronto brilla como una joya un rayo de sol, arbotantes milenarios, campanadas y plumas de cigueña, dormita tranquila bajo un despiadado atardecer de julio. Mientras, mi cabeza va hilvanando todo esto, además de la misteriosa estampa del fotógrafo que va completamente vestido de negro y que busca… ¿Pero que es lo que busca dando vueltas y vueltas alrededor de la espléndida mole de la catedral?

Aliens dormitando en la puerta principal de la catedral palentina.

Aquél caluroso mes de julio, estaban próximas las Fiestas de San Antolín, y ya la ciudad bullía con el ir y venir de artistas, turistas, viajeros y curiosos, en tanto él, Javier, ajeno a todo ese trajín, se sumergía en las maravillas que le ofrecía esta sacra construcción cuyas piedras más antiguas, la cripta de san Antolín, por ejemplo, datan del siglo VIII. Yo le observaba intrigada pero feliz, ahora sentada en el pavimento, ahora en las escaleras, o bien dando vueltas alrededor de la catedral, siguiendo los movimientos de él.

Catedral de Palencia. Vista nocturna
Vista nocturna de la Cabecera de la Catedral de Palencia

Si queréis saber que buscaba, y encontró, el insistente fotógrafo vestido de negro, leed Radio Zombi y lo descubriréis. Así, la próxima vez que visitéis la catedral de esta hermosa ciudad castellanoleonesa, podréis buscarlo por vosotros mismos.

Podéis escuchar una genial dramatización de este cuento pétreo y voraz, con la voz de Elena Merino al final de la entrevista (a partir del minuto 165) que me hizo para su programa Elena en el País de los Horrores. La dramatización comienza a partir del minuto 177. ¡No os la perdáis!

Una cura llamada The Cure.

Cuando me preguntan que rutinas o manías tengo a la hora de escribir, es inevitable que mencione la noche -escribo mejor durante las horas nocturnas-, y la música; y es que realmente escribir sin estas dos circunstancias me resulta difícil. Casi todos los cuentos incluidos en mi primer libro Radio Zombi se han creado bajo estos mágicos influjos. ¿Hay una combinación más subyugante? Música en la noche… historias que van a comenzar a surgir.

La banda de Robert Smith, Simon Gallup, Andy Anderson, o Jason Cooper entre otros memorables miembros, es una de mis referencias a la hora de jugar un poco a ser como Dios y ponerme a crear seres con vida propia que exigen, menudos son ellos, su lugar al sol de la existencia. El mismo programa de radio que hace de columna vertebral en el argumento de Radio Zombi.

“Lúgubre tema, The Holy Hour el del grupo de Robert Smith y muy apropiado para una noche santa como esta, el que nos ha pedido Pepe Gracia desde Sevilla. Y que por supuesto, vamos a oír mientras no perdemos de vista la puerta antornada del amario, ni esa cara que medio asoma tras la cortina encubierta por el siniestro pájaro de las pesadillas”.

“…He quiet and empty bodies
Kiss the ground before they pray
Kiss the ground
And slip away…”

Así , con la música de esta siniestra cura donde las haya, comienza la andadura de un programa de radio en la madrugada del primer día de noviembre de un año, no importa cual. Y es esta mítica banda creada allá por 1979 en Crawley, Reino Unido, y que junto con la ya desaparecida Siouxsie and The Banshees, han influenciado a varias generaciones de siniestros y musicales vampiros. Temas como el que forma parte de Radio Zombi, The Holy Hour, o Siamese Twins, Boys don´t cry, Lovesong, Faith, The Blood, han acompañado esas silenciosas, oscuras noches; y me han ayudado a formar espectros, a vislumbrar casas perdidas en la niebla donde hay alguien que grita pero jamás se le escucha. Como muy bien dice Javier Arries en ese prólogo formidable:

«A través de un relato que actúa como hilo conductor Ada García nos lleva de una historia a otra. Un relato que esconde otros tantos relatos… una ilustre y venerable tradición que emparenta esta obra con lo que se dado en llamar “narración enmarcada”, técnica literaria “de la caja china”, que hunde sus orígenes en el tiempo… »

The Cure. Concierto en 2012
La banda de Robert Smith durante un concierto en 2012.

El Fantasma y la señora Muir

Ella (Gene Tierney) es una señora viuda que vive en el Londres de principios de siglo, con su hija de ocho años Anna (Natalie Wood), su suegra (Isobel Elsom), su cuñada (Victoria Horne) y su ama de llaves Martha (Edna Best). Un buen día decide marcharse a vivir junto al mar, ante la firme oposición de su suegra y cuñada, pero consigue salirse con la suya y alquila una preciosa y poética villa sobre unos acantilados. Esta marítima mansión que lleva por nombre “La Gaviota” y desde cuya habitación principal se disfruta de unas vistas maravillosas de marejadas, amaneceres y atardeceres marineros guarda en sus entrañas un fantasmagórico secreto. En efecto, en “La Gaviota” envuelta en poemas de Keats, blancos visillos levantados por el viento de la mar, y barcos anclados en el oleaje de los sueños, vive un fantasma: el del capitán Daniel Gregg (Rex Harrison).

Gener Tierney en El Fantasma y La Señora Muir

El pobre e irascible capitán murió asfixiado mientras dormía y claro, una forma tan tonta de morir es motivo más que suficiente para convertirle a uno en fantasma. Y así y de esta forma el capitán Gregg, mejor dicho, el fantasma del capitán Gregg se lo pasa bomba fastidiando a la gente que tiene la desvergüenza de querer habitar su casa. Pero Lucy-Lucia mejor, Lucía es nombre de reina, de amazona, que le diría un ya enamorado y fantasmal capitán Gregg a la valiente y atractiva viuda señora Muir-, no le amilana un fantasma descarado y gruñón, por muy lobo de mar que hubiese sido en su otra vida. Entonces, casi sin darse cuenta, van entablando una extraña relación mitad amistad, mitad… ¿amor? y aquí al principio de sus primeras conversaciones juntos, entre el capitán y la joven viuda, al lado del fantástico mirador de la habitación de ella, y que era de el cuando no era aun un fantasma.

Rex Harrison en 1947

Y así los días van transcurriendo rumorosamente como esas olas que rompen en la playa y en los acantilados, a veces dulces y dóciles, apenas una leve onda sobre la verde y eterna piel de la mar… pero otras veces, son terribles montañas de agua, borbotones de espuma que anegan y destruyen todo lo que se les ponga por delante. Ella y él, en esa complicidad más propia de amantes, escriben juntos un libro: las divertidas y a ratos procaces memorias del capitán.

Y se salvan a ella misma, su hijita Anna, y su fiel y resignada doncella Martha de ser desahuciadas de “La Gaviota”. Él le explica a la señora Muir que fue un niño bastante terrible criado por una vieja y pobre tía, que se pasaba la vida limpiando las alfombras que su sobrino ensuciaba sin tregua. Continúa explicándole a la muy interesada Lucy, mejor Lucia, que un buen día a la edad de dieciséis años abandonó a su tía para irse a recorrer los siete mares. Entonces en una escena de belleza sublime, ella se queda en silencio meditando, mientras él le pregunta en qué piensa. Y ella, ensimismada responde: “En lo sola que debió sentirse su tía viendo las alfombras limpias”. Creo que esta escena resume en dos o tres fotogramas de arrebatadora belleza el poder de sentimientos como el amor, el afecto, la soledad, la infancia que se marcha para no volver. Mientras continua el lento e implacable paso del tiempo representado por ejemplo, en otra escena inolvidable, Anna Muir de pequeña y con la ayuda de un amable pescador del pueblo, escribe su nombre en un palo hundido a mitad de la playa. Muchos años más tarde, durante una tormenta vemos el mismo palo, gastado, comido por la sal y las mareas, y el nombre de “Anna Muir” que pintaran aquella lejana tarde de la infancia, gastado y apenas legible ya…

“¡Cuantas cosas nos perdimos Lucía! ¡La galerna del norte que en el Cabo de Hornos hace que el mar se ponga blanco de espuma…! ¡Cuántas cosas nosperdimos!” Le susurra el capitán Gregg a una dormida señora Muir, antes de desaparecer durante muchos años. ¿Todo ha sido un sueño? Podría ser…pero…


Por que Tiempo de Hadas

Por varias razones, porque estas criaturas mitológicas no siempre son las dulces y empalagosas criaturas que nos vende la edulcorada industria del ocio infantil; y por el contrario, —cualquiera que conoce bien el folclore sobre estos y otros seres feéricos lo sabe bien—, pueden resultar inquietantes, peligrosas y hasta letales; porque en un mundo aséptico y anodino como el que nos imponen es necesario rescatar el lado mágico de la vida; y ¿por qué no? porque me llamo Ada y este es mi sitio y mi tiempo, un lugar para hablar de mi libro, de mi programa de radio, de las cosas que me gustan, de la cultura y del arte, de la buena literatura, del cine… un espacio propio al que te invito a entrar.