FILOMENA

Cuentos a medianoche en punto

Esta breve historia tal vez haya ocurrido. Pero ni hace mucho tiempo, ni en un lejano lugar, si no que está breve historia, como os digo, tal vez acaba de ocurrir, ahora, durante la ventisca y temporal de nieve que aún azota Madrid.

Aeropuerto de Barajas. Enero de 2021.

-Perdona, pero, ¿nos conocemos?

-Pues… no sé. No creo. ¿Por…?

-Pues porque llevas un rato largo que no me quitas ojo, chico.

-Ah, ¿es por eso?

-Por eso.

-Es que tus pies llevan ya un rato dándole pataditas y pisotones a mi maleta. Mira, jovencita, ¿ves? Esto está tan petado de equipajes y peña, que entiendo que le des patadas. Pero, jobá, tengo miedo de que mi ropa interior comience a desparramarse a la vista de todo quisque. ¿Entiendes?

-¡Oooh perdona! ¡Madre mía, que desastre!

-Nada, no te preocupes.

-Pero, ¿por qué no me has dicho nada en todo este tiempo, en lugar de mirarme de vez en cuando con ojos como de querer comerme viva?

– Perdóname tu a mi, entonces. Pero estaba, estoy, tan preocupado por el estado de esos paneles informativos, que no atinaba a preocuparme por nada más, la verdad.
-Pero si que podrías habérmelo dicho, hombre. Mira en el estado que está tu pobre maleta. Yo aquí, también nerviosita perdida, pendiente de si van o no a cancelar mi vuelo, mientras pisoteaba alegremente tu maleta. Pensando para colmo, que eras el típico ejecutivo ligón de aeropuerto.

-Si en lugar de ser mi maleta, llega a ser mi pie, te aseguro que no hubiese tardado nada en decírtelo. Ejem, ¿te parezco un ejecutivo ligón de aeropuerto, entonces?

-¿No lo eres? Es broma. ¿Qué eres pues?

– Como dijo no sé quién en no sé donde, solo soy un hombre. Que ya es bastante.

-Me refiero a qué hace un tipo como tu para poder comprarse zapatos y maletas.

-Ah, bueno. Me llamo Jaime , soy profesor de Historia, y escribo libros.

-¡Oh! ¿En serio? ¿Eres escritor? ¿Y qué escribes?

-Pues hasta ahora escribía libros de ensayo, muuy serios, y muuy académicos, tipo Tartessos, la Edad de hierro en Andalucía, pero, hostigado por mi ex mujer, un día me puse a escribir un mamotreto pseudo histórico con muchas páginas, mucho sexo y violencia, y la letra bien grande, El rey de fuego, inspirado en la vida y andanzas del rey castellano Pedro I el Cruel, y resulta que se está vendiendo como rosquillas. Donde más se está vendiendo, y es verdaderamente sorprendente, es en Francia. ¿Te lo puedes creer? Yo no, desde luego.

-¿El rey de fuego? Ah, claro, lo he visto en la prensa del aeropuerto antes, cuando he ido a comprar unas revistas.

-Vale, genial todo esto. Pero, ¿podemos ahora hablar de ti, por favor?

-Muy bien. ¿Qué quieres saber? ¿Mi nombre? Pues me llamo Lucia. Soy modelo, nací, y vivo, en Sevilla, y llevo cuatro horas dando vueltas, sentada, de pie, por Barajas, intentando saber cuando voy a poder volver a mi casa.

-Lucia…, ¡que nombre tan magnífico! Lucia es nombre de reina y de amazona, como muy bien dijo el capitán Greigg. En cuanto a tu vuelo no te preocupes más, mira esos paneles de ahí arriba: cancelado, canceled, cancelado.

-¡Me lo estaba temiendo! ¡Madre mía, que terrible panorama! ¿Y cómo vuelvo a mi casa? ¿Habrá algún tren que salga de Atocha para Sevilla?

-¡Hum… no creo. Mira, Lucia, lee lo que pone en los titulares de las noticias en mi móvil… hay un tremendo temporal de nieve sobre Madrid. ¿Ves?

-“El temporal “Filomena” colapsa Madrid, cierra Barajas y deja seis provincias en alerta máxima. Las peores nevadas en lo que va de siglo dejan más de 400 carreteras cortadas e interrumpe varios trayectos del AVE. El aviso rojo afecta a Madrid, Guadalajara, Cuenca, Albacete, Toledo y Valencia.”

-Produce escalofríos leerlo, ¿verdad?

-Entonces… ¿entonces estamos atrapados aquí, en este maldito aeropuerto? ¡Mira que pensé en irme para Sevilla en el coche de unas amigas anoche! ¡Qué tonta!

-Nada que hacer, más que esperar. Son las seis menos veinte ya de la tarde…

Y eso es lo que hacen. Esperar. Mientras nieva y nieva y remolinos blancos, esponjosos y gélidos van cayendo sobre Madrid. Y ellos, Lucia y Jaime, sentados, espera que te espera, al igual que tantos y tantos pasajeros y viajeros ese día en Barajas, Atocha, las carreteras de la comunidad, Toledo, Guadalajara, Castellón, Teruel…. caos bajo la tormenta Filomena. Entonces pasa un chino vestido de chino con una maleta gigantesca; pasa una chica pelirroja, muy alta, con pinta de eficiente secretaria; pasan un tipo gordo y su pareja, una chica muy mona, a la que alguien pide que por favor se ponga bien la mascarilla. Al rato pasa una pareja de amantes furtivos, ella morena y guapa, con los ojos violeta, y abrigada con un sensacional abrigo de Givenchy, y él, moreno, alto, pinta de rey del juego, chapurreando castellano con un tremendo acento francés.

-No creo que sean amantes, Jaime. Lo mismo ella es su vecina de enfrente y se acaban de encontrar casualmente en el aeropuerto.

-Observa como se miran a los ojos un momento, y después, intentan disimular su arrobamiento… da gusto verlos. O lo mismo es que son cuñada y cuñado y se van a Las Vegas a divorciarse.

-Tu estás divorciado, ¿no? Antes dijiste que tu ex mujer te obligo a escribir El rey de fuego…

-Mi mujer es jefaza en un Bankia de Albacete. Es una persona muy física, muy pragmática. Para ella poesía es tontería, y los poetas unos maleantes. Decía que o escribía algo que diese dinero, o se iba con su coach del fitness. Además no le gustaba mi perro. Un día le pisó el rabo a mala leche. Gritaba que lo llenaba todo de cacas y de pelos. Espero que esta señora se esté congelando en Albacete.

-A mi me encantan los perros. Pero a mi madre le da la alergia. También me gustan mucho los sábados por la tarde, siempre que no esté retenida en un aeropuerto. Me gustan así mismo los niños, montar a caballo, en bici, conducir, el mar, las chimeneas, Maria Callas y los pasteles de frutas. Ah, y viajar.

De nuevo esas miradas candentes. Flamígeras, incandescentes. De nuevo esas miradas con poderes paranormales cuyo contacto produce la misma sensación que una caricia. Una caricia cálida, hipnótica, poderosa como un imán. Suena un móvil y rompe el hechizo. Pero no del todo.

-¿Rafi? ¿Hola? ¡No puedo oírte! ¡Estoy tirada en Barajas! ¿Rafi… ? Nada.

-Tranquila Lucia. Me quedo contigo hasta que estés sana y salva en tu avión rumbo a Sevilla. Mira, ahí está otra vez la parejita furtiva….

-¡Uuuf! Estoy cansada de ver pasar gente y preguntarme qué guardarán en sus frigoríficos, o que estaban haciendo el año pasado tal día como hoy, Jaime.

– Lucia, te propongo, por ahora, irnos a la cafetería, y comer algo. Si quieres vaya…

-No sé… Dios mío, ¡es que no sé que hacer…! Creo que me voy a poner a llorar o a gritar en dos, uno, cero…

-Lucia, antes de pisoterme la maleta estabas aquí sola. Ahora el tipo de la maleta hecha un asco es tu amigo. Ya sabes que Sancho, cabal y muy discreto escudero, dijo aquello de: buen corazón quebranta malaventura. Y en mi libro alguien sabio y alegre dice también: no hay pies fríos, si el estómago está caliente.

-Pero, es que mi móvil está casi sin batería. ¡Y tengo que llamar a mi novio! ¡Hace dos horas que debería haber llegado ya a Sevilla!

-Toma, llámalo con el mío. Estoy ahí enfrente, en la cafetería. Ven si te apetece, Lucía.

Cogen sus equipajes, sus revistas y periódicos. Sus libros. Él pone rumbo hacia la cafetería, se sienta en la única mesa que queda libre. Pide un café solo, muy caliente, y una copa de Centenario Terry. Abre un periódico y se enfrasca en la lectura de un artículo muy bueno sobre el inexorable declive del Séptimo Arte… Ella, sin quitarle ojo, habla con su novio el futbolista del Sevilla. Fuera, la ciudad, como en una estampa siberiana envuelta en un fulgor fantasmal, enmudece. Lentamente la nieve va enterrándola con pespuntes infinitos, como plumas de cisnes de hielo. Arriba, mucho más arriba, un cielo lechoso, a pesar de ser noche profunda, sin ser más allá de las siete de la tarde, ilumina los caminos y carreteras cubiertos de estrellas de acero, y púas congeladas.

-¿Rafi… ? ¡Rafi! ¡Si supieras lo que te echo de menos!

-¿Luci? ¿Eres tu?

-¡Soy, soy! ¡Rafi!

-¡Hombre, menos mal! ¿Dónde estás, hija de mi alma? ¿Y por qué estás llamando con un móvil que no es el tuyo? Por la foto del contacto veo la cara de un tío… ¿de quién es este móvil?

-¡Es de un amigo, que me lo ha prestado ya que el mío estaba casi a cero, y el cargador debe andar por las profundidades de mi maleta! ¡Estoy en Barajas, y han cancelado todos los vuelos de hoy sábado! ¡Estoy bien, pero … !

-¡Joder, chica! ¡Hay que ver en los berenjenales que temes tu solita! ¿Eh? ¡Y mira que te lo dije, que no te fueras, que te olvidases de una puñetera vez de esta tontería de ser modelo, Luci! ¡Con lo a gusto que podrías estar ahora en casita! Pero tu, nada, que no le haces caso a nadie; tu a lo tuyo sin importarte nada los demás. ¿Verdad? Pues mira, te lo digo ya muy seriamente, o te olvidas del tema modelos o te olvidas de mi ¿Y ahora como narices te vas a venir p….?

-¡Rafi, adiós! ¡Gracias por todo!

Ahí fuera, mientras, como una corona de alguna diosa hermosa y blanca, la nieve rodea, y cubre casi completamente el mundo.

Pese a todo, en la cafetería, ella Lucia, la reina, la amazona, la chica que es modelo y quiere volver a su casa, y él, Jaime, el escritor de éxito, un treintañero, alto y atractivo, del tipo que hace volver la cabeza disimuladamente a las mujeres por la calle. Pero lo mejor es que él no lo sabe, y eso es lo que le hace aún más atractivo, su rotunda honestidad, maravillosa generosidad, y a ratos, intensa timidez. Y un sentido del humor a prueba de ventiscas.

-Hola jaime…

-¿Qué ocurre? ¿Estás bien, Lucia?

-¡Oh,si, muy bien! Gracias. Me apetece un té verde, y un par de bocatas. Uno de jamón y el otro también.

-Tienes rimmel resbalando en lágrimas por tus mejillas al rojo vivo. Por si te sirve de algo, estás guapa a rabiar, pero tienes una sonrisa triste. Como mi pointer Merlín cuando no dejo que me destroce las zapatillas, casi.

-Perdona, pero son cosas mías. Y gracias por lo de guapa y por decirme que tengo sonrisa de pointer. ¿Mis bocatas y mi té, por favor?

-Marisa, se llama usted Marisa ¿verdad? Marisa está en ello, Lucia. ¿Y ahora, me vas a decir que te ha dicho tu novio el futbolista para hacerte llorar?

-Ya te he dicho que eso no te importa. Es que él sencillamente es de Camas, y en Camas los chicos son muy posesivos con sus cosas. En realidad tiene razón, si él me hubiese llamado con el móvil de una muchacha atractiva, a 500 kilómetros de

mi, habría reaccionado igual.

-Osea ¿que tu novio se enfadado solo por que le has llamado con el móvil de otro tipo, a 500 kilómetros de casa, sola, con esta tormenta, y sin saber siquiera cuando podrás volver? Ese tío es un imbécil. No digo que yo, de vez en cuando, no lo sea también; pero es que tu novio lo es todo el rato. Hasta cuando duerme, creo.

-¡No sé para que he tenido que contarte nada! ¡Si solo hace dos horas que nos conocemos! En cuanto anuncien nuestros vuelos todo habrá llegado felizmente a su fin, y tu y yo nos diremos hasta siempre.

-Aquí están ya tus suculentos bocatas. Y yo que pensaba que las modelos solo comíais cosas repelentillas como miso, tofu etcétera…

-Que va, hombre. Todo eso es en realidad, pura leyenda urbana. Las modelos comemos menús de tres platos, postre y café.

-Y copa y puro, ¿no?

-Solo los domingos y festivos.

Ahora, entre cafés, bocatas y risas, transcurre el resto de la tarde sin que nadie se percate de que la tormenta de nieve se ha recrudecido. En toda la península hay vías de tren cortadas, aeropuertos cerrados, cientos de vehículos atrapados en la carreteras …. la noche no ha hecho mas que empezar.

-Lucia, son ya las ocho; salgo por ahí a ver qué pasa o qué no, con los pasajeros abandonados a nuestra suerte en Barajas. ¿Me esperas aquí?

-Si, por favor. Ven pronto a informarme, y en tanto me tomaré otro té.

Jaime Baras sale de la cafetería charlando por el móvil con su editora, la célebre Katherine Spencer de editorial Prometeus. Le dice que ella misma se ha tenido que quedar dentro del edificio de la editorial en pleno paseo de la Castellana, y que las predicciones meteorológicas anunciando la Gran Nevada, están resultando dolorosamente ciertas. Nadie sabe ni dice nada. Solo que hay que esperar a que la tremenda tormenta pase de largo. En estas, cuando va dando ya media vuelta en busca de la cafetería en donde aguarda Lucia, suena su móvil.

-Dime…

-Oye, soy Rafi Marín y si te estás acostando con mi novia, prepárate, colega. ¡Dile a mi novia que se ponga inmediatamente!

-Hola, ¿qué tal todo? Lucia -esa chica sensible, maravillosa, feérica, morena, guapísima-, está bien, a salvo, y se ha merendado dos bocatas de jamón a la catalana. También se ha tomado un té, o dos, bien calentito, y ha llorado un poco por culpa de un idiota cuyo nombre me importa un carajo. ¿Qué más? Ah, si, escucha: todos los vuelos cancelados. ¿Entendido? Ea, buenas noches amigo.

Como el móvil de Rafi Marín insiste e insiste, una y otra vez, Jaime termina por bloquearlo.

-¿Por qué oscura razón me toca siempre lidiar con semejantes cretinazos?

-Hola Jaime. ¿Qué? ¿Siguen todos los vuelos cancelados? ¡Qué horror! ¡Yo no sirvo para dormir ahí en un banco, toda la noche! ¡Me avergüenzo de mi misma pero es la dura realidad!

-Lucia, estoy contigo en esto. Un viejo proverbio zulú dice que eres responsable en parte, de toda persona que pisoteé con saña tu maleta. Además te presto mi abrigo, es un Burberrys recién estrenado.

-Gracias, Jaime, pero prefiero intentar llegar hasta un hotel. ¿Puedes mirar en tu móvil si hay alguno cercano a Barajas? Para colmo, mi móvil se ha quedado sin batería del todo. Creo que olvidé el cargador en la habitación del hotel. Cómico ¿verdad?

-Lucia, un kilómetro bajo esta ventisca puede ser terrible, en serio.

-¿Un taxi?

-Uf, no sé- le dice mientras mira lo del hotel en el móvil-, podemos intentarlo. Yo me quedaría en el aeropuerto a dormir. Es muy arriesgado poner un pie ahí fuera en estos momentos, Lucia.

-Tu puedes hacer lo que quieras, que yo me voy a dormir a un hotel.

-Espera, no me siento nada cómodo dejándote sola. Aunque sé que nos estamos metiendo literalmente en la boca de la bestia…

Llama al Iris Hotel, a un kilómetro escaso del aeropuerto, y reserva dos habitaciones, y una mesa para cenar.

-¿Recuerdas aquella película, la de Margaret Sullavan y James Steward, Caballero sin espada? Pues eso eres tu, Jaime. ¡Y hasta te llamas igual! Jaime…

-Dime.

-Gracias.

Salen al frío y al caos, todo es repito, blanco. Sigue nevando sin detenerse ni un instante. Al contrario, arrecia. Encuentran un taxi que va dando tumbos, pero el hombre los recoge, más que nada por que esos dos casi se les meten dentro a la fuerza, y sin mucha esperanza los lleva hasta el primer lugar con pinta de hotel que vislumbran a través de la ventisca. En circunstancias normales, el camino desde Barajas se echa en cinco minutos. Ellos tardan media hora.

-Miren, no se si tendremos que seguir el camino andando, pero allá vamos. Este coche es muy duro de pelar. ¡Yo lo llamo mi Clinteastwood!

“Tin tin tin. Son las nueve. Noticias Radio Nacional de España. El temporal de nieve que azota Madrid en estos momentos, colapsa el aeropuerto de Barajas, Atocha, Chamartín, y todas las estaciones de cercanías. Hay carreteras cortadas y muchas personas atrapadas en sus vehículos, en espera de que las máquinas quitanieves y la UME puedan socorrerlos. Filomena cubr de nieve media España. Desde Protección civil piden a la población que evite salir a la calle. El presidente de la comunidad de Castilla… “

-¡Lo que faltaba, señores! Primero el puñetero virus chino, y ahora, maldita sea, esta tormenta de nieve tan extraña! Lo que yo digo que esto es que nos quieren encerrar a todos en casa, el Soras, el Billie Gates, y el tío ese feo de las gafas que es dueño de Zara. El gallego ese dueño de todo, hombre.

-Se refiere usted a Amancio Ortega…

-¡Ese, ese! ¡Me cago en la mar… ! ¡Tengo cuarenta tacos y en mi vida he visto ni un virus como este ni una nevada como la puñetera Filomena esta! ¿Ustedes que dicen?

Ellos no dicen nada. No hacen otra cosa que evitar siquiera un roce, una mirada o una palabra. Ellos, bien lo saben ya, se beben sin mirarse el uno al otro. Ella piensa en su novio, pero de lejos, como si mirase un objeto lejano. Tan lejano que se pierde cerca de Alfa Centauri. Él tiene cerca de sus dedos el abrigo de ella, su perfume, y su pequeña maleta con pegatinas de nubes de purpurina.

-… Y por eso les digo yo que el Covid y la ventisca todo lo han apañao esas ratas del banco mundial. ¡Vamos hombre! ¡A mi me van a engañar estos canallas…. !

A nada de llegar al Iris Hotel, el coche definitivamente se pone atravesado en plena carretera y de ahí ya no hay forma de moverlo. De manera que el taxista se pide muy cabreado el hombre, una habitación en el hotel, y se va despotricando contra la nieve, las mascarillas y los hoteles.

-Buenas noches a todos. Yo me retiro a dormir, por que si no se me va a hinchar la vena; y cuando a mi se me hincha la vena….

Ella y él. Dos habitaciones cada una en una planta diferente. No hay nada más. Por las ventanas la nieve y la ventisca no deja ver más que eso, un mundo blanco. Eternamente, infinitamente blanco.
La vida es joven, libre, y expectante. Lo viejo, cobarde y triste no existe. Ya no.

-Mentira me parece que estemos aquí…

-Yo aún no me lo creo, Lucia. Estoy echo polvo, y muerto de hambre. ¿Te parece que vayamos directamente a cenar? Es que creo que si subo ya no tendré fuerzas para volver a bajar, Lucia. ¿Me acompañas?

Cenan. Apenas hay comensales en el restaurante. Suena Eric Satie muy flojito, y hay velas por todos lados que huelen a canela y coco. El mantel es de lino color arena, y la vajilla de cristal azul pavo; grandes arañas de cristal de Murano iluminan suavemente el lugar, un restaurante especializado en cocina mediterránea: quesos griegos, vinos franceses, arroces italianos, carnes españolas, legumbres marroquíes, higos tunecinos. De la pared, tapizada en damasco color caramelo, con grandes vigas vistas de hormigón, cuelgan obras de Santiago Rusiñol, Toulouse Lautrec, Ramón Casas, Zuloaga… Hay solomillo, vino del penedés, sopa y trufas. Hay tartitas de nata y almendras. Y después, mas tarde, hay champán, regalo de la dirección por que han reconocido al escritor Jaime Baras. Alguno casualmente acababa de comprar el libro,
un ejemplar de El rey de fuego, sobre la vida, muy novelada, de Pedro I el Cruel; sus amoríos, y su manía de matar a todo aquél que le cayese gordo. El director del hotel, disculpándose por ello, le pide muy cortés que se lo firme.

-Gracias , muchísimas gracias.

Suben. El ascensor es como una cápsula de cristal rumbo al espacio. Casi se sienten como en órbita, desde la cual se puede ver un planeta cuyas flores son de escarcha y nieve. Ella está en la tercera planta, él en la segunda. Pero la acompaña.

-No entiendo que a muchos escritores les moleste que los lectores que compran sus libros, se acerquen a felicitarlos.

-¡Buuf! Yo estoy tan agradecido de que una persona que no me conoce de nada, que no es mi madre ni mi hermana, se interese por lo que escribo, hasta el punto de gastarse 25 euros en un libro mío, que considero a esa persona un amigo.

La puerta de la habitación de ella, 1350, está al fondo de un precioso pasillo acristalado, con enormes vidrieras en plan invernadero. ¿135o? Qué casualidad, el mismo año que Pedro I de Castilla conoció a la que probablemente fue el gran amor de su vida, Maria de Padilla . Ella abre la puerta con su tarjeta; él va hablando de mesnadas, de asaltos, y traiciones épicas. Ella sonríe; él la mira.

-Bueno, este es el momento en el cual hay que decir adiós.

-Eso parece. Buenas noches Jaime. Gracias por todo.

Ella entra y lanza su gorro y sus guantes sobre la primera silla que encuentra.

Él sale hacia el pasillo. Se aleja… Ella le pregunta de pronto desde la puerta:

-Perdona, Jaime ¿puedes venir un momento, por favor?

Él no quiere. En realidad si quiere, pero se niega. No y no.

-Dime.

-Perdóname, sé que estas muy cansado…

-Estoy hecho polvo, Lucia.

-Estas hecho polvo, Jaime, y yo aquí pidiéndote un cigarrillo.

Él la mira. Sus ojos se van escurriendo hacia el interior más profundo de ella.

-Aquí no se puede fumar, y lo sabes.

-Solo una caladita. Antes de domir. ¿Si?

-Entra.

Él enciende un cigarrillo. Le da un par de caladas, se lo pasa a ella. Ella lo acerca hasta sus labios, le da una caladita y pasa la lengua por la boquilla que antes ha estado entre los labios de él. Y se lo pasa de nuevo a él, que lo apaga. Entonces él coge las manos de ella, que están heladas y azules, las pone sobre sus hombros, acaricia sus labios con sus dedos, y abrazando su cintura, la besa. Lentamente caen sobre la cama, lentamente, a oscuras, se besan sin tregua, se acogen el uno al otro, el uno dentro del otro. Ráfagas de nieve golpean despiadadamente los cristales. No hay más que murmullos de ropa que cae blandamente sobre la alfombra. Algún gemido sofocado por un beso voraz, o un mordisco. Nada más . Pasa el tiempo, las horas, las nubes, las estrellas cambian de lugar, el mundo da vueltas sobre sí mismo y al tiempo va dando vueltas alrededor del Sol.

Al amanecer, una luz azul de estanque encantado florece sobre el pálido gris perla de la cortinas. Suena intempestivo el móvil de ella; Él duerme desnudo, abrazado a ella bajo mantas y sábanas.

-Mira Rafi, lo sé: no tengo remedio. No, por favor, no más sermones, no mas regañinas, felicidades por tu gol. Pero no voy a volver. Por ahora. Échale la culpa a Filomena si quieres.

Fin.

Ada García.

Primeros de enero de aquella gélida era.

Más que palabras con… Pedro Amorós


“El misterio y la evolución de la técnica y de la ciencia, van por unas líneas paralelas que se entrecruzan en determinados puntos, y es ahí cuando se desvela el misterio.”

D. Pedro. ¿Qué es para tí el Mundo del Misterio? 

R.- Bueno, lo cierto es que parece una pregunta sencilla de responder, pero lleva implícita una explicación profunda que sólo podemos encontrarla en el interior de cada uno de nosotros. El misterio es, sin duda, algo que me llama, me apasiona y que despierta en mí la curiosidad, similar a lo que le ocurre a un niño cuando coge una piedra del suelo y se pregunta qué es y porqué está allí. El Misterio para mí, es la esencia que conforma lo no explicado por la ciencia conceptual y ortodoxa. Podría comprenderlo como aquello que se sale de los patrones establecidos para llegar a explicar la realidad de la naturaleza de todo lo que existe a nuestro alrededor. Misterio, en pocas palabras, es todo aquello que no puedo explicar desde un punto de vista lógico y científico y… sí, estoy convencido que muchos de los misterios que hoy comprendemos como tal, algún día tendrán una explicación. Y es que el misterio y la evolución de la técnica y de la ciencia, van por unas líneas paralelas que se entrecruzan en determinados puntos, y es ahí cuando se desvela el misterio.

P. ¿Cómo, cuándo y por qué comienzas a interesarte por él?

R.- De niño, cuando tenía unos seis o siete años, mi mente comenzó a pensar en diferentes dimensiones a la vez, así me gusta pensarlo. Siempre quería conocer el motivo del cómo y el porqué funcionaban las cosas. Desmontaba objetos, diseccionaba plantas para ver su interior con un pequeño microscopio, buscaba fósiles, minerales y piedras que para mí, eran bellas y al mismo tiempo extrañas. Miraba el firmamento con un sencillo telescopio que mi padre me había regalado, e intentaba comprender cómo se habían formado los planetas, las estrellas y todo lo que estaba más allá de nuestro cielo. Buscaba explicación y respuestas a las preguntas que en aquel entonces no eran fáciles de encontrar y resultaba que todo giraba en torno a la naturaleza que nos rodeaba. Conforme iba creciendo, me di cuenta de que para todas aquellas preguntas que para mí eran grandes enigmas que habían ido asaltando y conformando mi vida, los libros de ciencia, mis profesores o las explicaciones que la televisión o la radio nos ofrecían, eran arquetípicas. Todo estaba basado en un conocimiento cerrado, hermético, el cual se replicaba en los libros tal cual, por que sí, como si no hubiese otra manera de comprender las cosas. Sin embargo, yo seguía realizándome preguntas sobre todas aquellas respuestas que me daban y pese a que intentaba aprender de éstas, comprendí que incluso los libros se equivocaban, dejaban espacio para pensar que, podrían existir otros planteamientos que explicasen tales hechos incomprendidos. Y así, llegué al misterio, intentando comprender la esencia de lo que no era ortodoxo y así poder dar una explicación desde mi particular punto de vista analítico y a veces inconsistente. Me di cuenta de que había ciertos enigmas que superaban incluso la propia existencia del ser humano y sobre todo su posible trascendencia. Cuando tenía doce años pude leer un artículo de una revista que conservaba mi padre, en el que un tal Friedirch Jürgenson hablaba de unas extrañas voces que recogía con un magnetófono y un micrófono. Después de leerlo, me di cuenta de que aquello era un verdadero misterio el cual no podía ser explicado por la ciencia. Y esto me cautivó. Así pues, seguí leyendo y buscando respuestas sin encontrarlas. Me di cuenta de que iba a ser un reto, en el cual hoy sigo inmerso. Cuando con quince años conocí a Bea, comenzamos a investigar el fenómeno de las voces psicofónicas de una manera metódica, pautada y lo más cientificista posible. Hoy, todavía seguimos haciéndolo.

Pedro Amorós en pleno trabajo de investigación a campo abierto

P.  Pedro, decía Hreman Melville que ” en todas las cosas está oculto siempre un significado: de lo contrario, poco valdrían, y el mundo mismo no sería más que una cifra vacía”. ¿Sin misterio la vida no sería lo que es? ¿Qué nos fascina tanto de lo oculto, de lo desconocido?

R.- Pues sí… nos fascina la posibilidad de conocer el mundo que nos rodea. El secreto del misterio no está en la grandeza de las cosas o de los actos, sino en el interior de cada uno de nosotros, en las cosas más sutiles que nos componen y que nos plantean la posibilidad de creer que nosotros mismos somos universos y dentro de cada uno de nosotros, existen enigmas que no comprendemos y simplemente asumimos como tal. El cariño, el amor, una mirada… todo esto, lleva oculto un mensaje que está liga antropológicamente al ser humano y del cual no somos conscientes. Tan solo sabemos que como una suave brisa de aire, actúa ligero como un sencillo parpadeo, que está y existe porque es patente y palpable. Y, sin embargo no se puede explicar con ciencia, no se puede encontrar en el interior de nuestro cerebro, ni tampoco de nuestra mente… sencillamente existe porque va ligado a nuestra evolución y forma para de todos los seres vivos. Quizás el problema que tenemos es que no sabemos ver o entender qué es lo que ocurre y por qué está pasando, pero sí, pasa… Ir tras el misterio de las cosas sin explicación, es lo más bonito que puede tener un buscador de realidades, y esto es lo que nos diferencia de algunas personas que piensan que todo está encontrado y explicado. Para mí, conforme se vayan resolviendo dudas en torno a determinadas cosas que consideramos misterios, se abrirán nuevas puertas que ocultarán otros paradigmas de la existencia. Yo sé poco, pero lo que sí sé, es que mientras perdure la existencia del ser humano, siempre habrá un misterio por descubrir, y esa será la ilusión de los que somos buscadores.

P. ¿Qué opinas de programas como Cuarto Milenio?

R.- Pues… verás, tanto Iker como Carmen han sido buenos amigos desde hace muchísimo tiempo y les considero grandes profesionales, así como a todo el equipo del programa. Creo que se están esforzando por hacerlo lo mejor que pueden, sin duda y es lo que creo que se transmite a la audiencia.
Pese a que el concepto de programa que a mi me gusta es lo que yo estoy realizando en mi canal de YouTube ( Aventura del Misterio ), soy consciente de que Cuarto Milenio es un gran programa que gusta a mucha gente y desde luego ha mantenido vivo el sentimiento del misterio para muchos, y esto es algo de agradecer desde mi punto de vista.

P. ¿Y de la proliferación masiva de grupos investigadores del misterio?

R.- Bueno… cuando yo comencé con todo esto, no había grupos de investigación tal y como hoy lo concebimos. Con la creación de la SEIP ( Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas) y a través de programas de radio y televisión como Radio Nacional de España, Cadena SER, Onda Cero, Radio España, COPE, Antena 3, TVE, Telecinco y otras cadenas, yo fui el impulsor para la creación de multitud de grupos independientes para la investigación de lo paranormal a través de la SEIP la cual he dirigido desde su fundación en el 1995. Por lo tanto, me encanta que aparezcan grupos de investigadores y/o experimentadores al respecto, es algo que mantiene vivo el espíritu del misterio cosa que siempre apoyaré. Como en todos los sentidos de la vida, hay buenos y malos grupos, pero no debemos dejar que los que no lo hacen bien rompan la ilusión de los que intentan ser honestos, humildes y honrados. Por ello, los que llevamos un poquito más de tiempo en esto, debemos formar e informar para que no anden como “pollos sin cabeza” a través del mundo del misterio. Uno de los objetivos que me propuse cuando creé mi canal de YouTube ( Aventura del Misterio) fue precisamente esto, por eso mis videos intentan formar a todos aquellos que quieren iniciarse de alguna manera en este mundo y entretener a los que sólo buscan pasar un ratito de misterio. Siempre intento que los espectadores me acompañen a investigar o experimentar y que así lo vivan y lo disfruten desde dentro, como si estuvieran allí.

P. Pedro, ¿Qué caso, relacionado con las psicofonías, de entre todos los que has tenido oportunidad de conocer, te impactó especialmente?

Esas viejas y solitarias casas en las cuales hace tiempo que ya no vive nadie… ¿O sí?

R.- La verdad es que mi dedicación en el mundo del misterio ha sido todo lo relacionado con la parapsicología; Casas Encantadas, Fantasmas, Poltergeist, etc… pero es cierto que, como te he comentado anteriormente, cuando tenía quince años comencé con Bea a experimentar e investigar en el mundo de la Transcomunicación Instrumental, que incluye la Psicofonía o Parafonía, y la psicoimagen. Por ello, para mí, cualquiera de las miles y miles de psicofonías que tengo catalogadas como tal, son enteramente especiales cada una de ellas, sin duda alguna. Sin embargo, es cierto que hay algunas que… sí, me resultan especiales y que son ahora el objeto de mi estudio e investigación, como las obtenidas en el pueblo viejo de Belchite, en el campo de concentración de Albatera o en lugares en los que se han producido hechos traumáticos donde, por desgracia, se han producido muertes masivas. Parece como si en estos lugares, se abriese una segunda línea espacio-temporal que recorre el tiempo presente de manera paralela y, como decía antes, se entrecruza de manera esporádica dejándonos escuchar algunos fragmentos sonoros que parecen no pertenecer a nuestro tiempo actual. Recuerdo grabaciones en las obtuve un avión haciendo un picado y soltando una bomba, una explosión de una granada, bombas explotando, disparos, el cerrojo y disparo de un fusil de la época, etc.

P. ¿Eres lo que conocemos como “médium”?

R.- Bueno, yo considero que todos somos de algún modo, un poco médiums. Pienso que nuestra naturaleza no nos ha dejado opción de escoger en qué medida o en qué sentido, pero creo que va implícito en nuestra propia evolución, por lo tanto sí, creo que sí tengo cierta mediumnidad, pese a que siempre me apoye sobre las doctrinas científicas o aparatos tecnológicos para intentar dar una cierta explicación a los fenómenos que estudio e investigo. En ocasiones percibo ciertas intuiciones que interpreto como normales y que pienso que tanto tu, como cualquier lector que esté leyendo mis palabras, habrá sentido en alguna ocasión aun sin saberlo.

P. ¿ Un médium nace o se prepara para serlo? 

R.- Desde mi punto de vista, como te decía anteriormente, la naturaleza nos ha dotado de esa capacidad de ser médiums a todos, solo que el grado de mediumnidad, así como la capacidad que se desarrolla para ello, puede variar. Con esto, pienso que todos nacemos médiums y que a lo largo del tiempo de nuestra vida, va variando en función del tipo de vida que llevamos y con qué o quien nos relacionamos. Podríamos compararlo como un deportista que entrena ciertos músculos de su cuerpo. Todos nacemos con esos músculos pero los que entrenan y los alimentan, los desarrollan mucho más que los que viven toda su vida sin hacer deporte. Nuestras capacidades extrasensoriales son potenciables y sin duda alguna, pienso que pueden entrenarse, pero eso sí, hay que saber bien dónde, cómo y con quién hacerlo.

P. La vida y el más allá, ¿Nunca sabremos qué se esconde al otro lado?

R.- Bueno, pues esa es la cuestión que nos ocupa… Se trata de uno de los grandes misterios que todavía está por resolver. ¿ Qué ocurre cuando morimos? Se trata de la pregunta de las preguntas puesto que si algo es cierto es que todos, absolutamente todos, desde el mismo instante que comenzamos a vivir, comenzamos a morir y a todos nos llegará el momento de experimentar la sensación de comprobar qué es lo que ocurre y qué es lo que pasará tras el óbito. Personalmante puedo decirte que no temo a la muerte. Estoy convencido de que cuando me llegue la hora, pasaré ese momento con la intriga y la ilusión que tengo cada vez que me meto en una casa encantada para investigar. Creo que sí, algún día sabremos qué es lo que nos esperará al otro lado. Quizás a través de la ciencia que seguro no dejará lugar a dudas para la sociedad. Aun así, también estoy seguro de algo, y es que no volveremos al mismo lugar, por lo menos tal y como somos o hemos sido.

P. ¿Tu personalmente has podido experimentar alguna experiencia tipo Poltergeist, por ejemplo?

R.- Desde luego que sí. A lo largo de los rodajes y experimentaciones para realizar los videos de Aventura del Misterio, he podido experimentar e incluso grabar en video, cosas difícilmente explicables. Desde mi perspectiva se trata de auténticos fenómenos extraños de origen poltergeist. Recuerdo una de las aventuras, en las que estaba investigando en una casa en la ocurrían ciertas cosas inexplicables. Una casa abandonada de hace dos siglos y situada en mitad de una montaña. Mientras estaba grabando con la cámara e iba a adentrarme en la habitación de matrimonio de dicha casa, un palo, perfectamente situado que se encontraba en un lateral, se desplazó literalmente solo y pasó por delante de mi cámara quedando atravesado en la puerta, como diciéndome: “ Aquí, no pases…”. Sinceramente fue así como pude sentirlo. Sin embargo y a lo largo del tiempo, pese a que este tipo de fenómenos son muy complicados de producirse, sí podría decirte que he experimentado muchas de estas cosas que a algunos les pondrían en estado de Shock Nervioso. Recuerdo por ejemplo en la casa natal María Gómez Cámara, la señora de las Caras de Bélmez, cuando una noche, varios de mis colegas y yo, pudimos ver como una silla de hierro se desplazaba sola a través de un pasillo, quedando subida al rodapié tras su periplo.

P. Pedro, ¿cómo es el día a día de un médium?

R.- Bueno, imagino que te refieres a las personas que tienen una capacidad mediumnica muy desarrollada y que tienen la capacidad de poder ver, sentir o percibir otras realidades que nosotros podemos pensar que se trata del mundo trascendental. Pues sí, creo que deben vivir con cierta resignación. No siempre es sencillo poder experimentar lo que pueda ser un mundo de esencias o energías invisibles para todos y después contar a los demás lo que has visto.
Creo que no es una tarea fácil.

P. Nos decía el escritor Juan Eslava Galán en su Más que palabras, que la duda es una buenísima cualidad que debería practicarse más a menudo. ¿dudar es sano entonces?

R.- Dudar es lo que hace que el ser humano vaya en busca de las realidades. La duda no es que sea buena, es totalmente necesaria y desde luego es la premisa para poder ser un buscador de realidades.Personalmente, te diré que soy bastante escéptico aunque en el fondo sí, quiero creer y creo pero como normal siempre intento demostrar con técnica o hechos lo que no puedo explicar a lo largo del camino de la investigación paranormal. Y esto se realiza a través de la duda.

P. Pedro, ¿Cómo ves el presente, y el futuro?

R.- Pues verás, soy bastante mal profeta, sin embargo en los tiempos que corren, no hay que ser muy buen adivino para darse cuenta que tenemos un arduo camino por recorrer y que sin duda está repleto de baches y contratiempos, tanto por la situación de pandemia que estamos viviendo como por el agobio social y económico que estamos experimentando todos los seres humanos del planeta. Siendo consciente de que esto se trata de nuestro presente, el resultado no debe ser nada bueno para el futuro, con lo que auguro unos tiempos de crisis tremendos, que muy probablemente alcancen su cúspide a mediados del años 2021 y se extiendan durante un periodo de unos cinco años, hasta que la sociedad se acostumbre de nuevo a vivir en un mundo poblado de grandes capitales y miseria social, sin términos medios.

P. Añade, por favor, lo que creas que deba ir al final de esta frase:  “Cualquier tiempo pasado fue…. “

R.- Cualquier tiempo pasado fue-ron las páginas escritas de una historia que marca el camino que la humanidad ha recorrido a lo largo de su existencia, y por ello debe ser recordado y estudiado con el fin de intentar enmendar los errores que han llevado a los seres humanos a odiarse, envidiarse y humillarse. El camino de nuestra evolución como especie, comienza con el sentido de conocernos a nosotros mismos y ser conscientes del hecho de que todos somos seres humanos.

P. ¿Eres una persona creyente?

R.- Sí, aunque quizás el concepto de divinidad que tengo, está un poco lejos de cualquier religión.

P. Pedro, ¿y la felicidad?

R.- Desde luego que sí… es algo que me rige, me guía y me acompaña desde el momento en el que me despierto, hasta el momento en el que me duermo. Y sí, doy gracias por ello, todos los días, cada hora, cada minuto, cada segundo y cada instante de mi existencia.

Para terminar te dejaré con una frase de mi cosecha que he utilizado en este artículo y que creo que puede venir bien para el tema: “ Mientras dure la existencia del ser humano, siempre habrá un misterio por descubrir.”

Más que palabras con… Santiago Ruíz

“Somos hijos e hijas de la Tierra y nuestra conciencia alberga un Universo de misterios inexplorados”

Una nota curricular es una ocasión preciosa, habida cuenta de que es una ventana
para asomarse a la vida de alguien. No obstante, es también un desafío imposible,
pues ¿cómo dar una idea real de la vida de una persona a través de la enumeración
de sus estudios, dedicaciones y logros profesionales? He redactado tantas notas
curriculares en mi vida, que hoy la que me importa es la de fondo, la descarnada, la
que no se redacta para impresionar a alguien, sino para desnudarse buscando
prender un destello de alma humana.
En la imagen, Santiago Ruíz en su etapa como Consultor Internacional en el Comportamiento Humano, en Atenas.

Santiago Ruiz Campos es, según he leído por ahí, un chamán en el siglo XXI. A todo esto, ¿qué es un chamán? os preguntaréis algunos. ¿Qué hacen? ¿Qué razón tienen de ser hoy en nuestro día a día del nuevo milenio? Santiago Ruíz nos responde a estas muy interesantes cuestiones, y algunas más en Más que palabras.
AD. Según el escritor Javier Arries, “Chamanismo es un conjunto de técnicas que permiten, a las personas que las dominan, o que saben como ejecutarlas, exteriorizar su conciencia fuera de su cuerpo.” Por su parte Chamalú nos dice que “Chamanismo es convertir la vida en una ceremonia, la naturaleza en un altar, y el amor en una religión.”
P. Santiago la pregunta es obligada, perdón, ¿eres o no un chamán?
R. ¡Jajaja! Es una cuestión que nunca sé bien cómo contestar. La palabra “chamán”, que proviene de las montañas de Altai en Siberia, designa a los hombres y mujeres de conocimiento según la vía ancestral del lugar. Al igual que las palabras Yoga, meditación o espiritualidad, ha experimentado una simplificación –muy habitual en nuestro paradigma cultural- que reduce enormemente su significado y pasa a ser, en lugar de un contenedor de múltiples acepciones o una ventana a una realidad que no cabe en una palabra, un mero título asociado a una foto. Esa foto, cuando hoy dices Chamán en nuestro contexto social, ha sido pergeñada en el imaginario colectivo –con el impulso de las últimas corrientes dominantes en
medios de comunicación e instancias oficiales- como cosa estrafalaria new age, como tipo con plumas en la cabeza bailando en la selva, superchería, creencia irracional, vudú, pseudo-lo-que-sea… Por eso no la uso para mí: ni soy de Siberia, ni mi aprendizaje y linajes son de allí, ni tengo nada que ver con la foto que acabo de abocetar (por más que haya danzado en la selva, pero sin plumas en la cabeza… Y no existe titulación, carrera o colegio alguno que pueda integrar semántica y culturalmente el chamanismo en el paradigma occidental con lealtad y respeto a lo que realmente es, u otorgarle una credencial reconocida por nuestro sistema académico, cognitivo o profesional. Pues no es una profesión –aunque pueda suponer prestar servicios remunerados-, ni una carrera –aunque se estudie y mucho-, ni una filosofía –aunque contenga un ciclópeo cuerpo de pensamiento y práctica enfocados en el amor a la sabiduría-, ni
nada que se pueda ajustar a la secular compartimentación del pensamiento
occidental. Pero para entendernos en nuestro contexto cultural, Chamán es una palabra que yo adjudicaría a Sócrates, Pitágoras, Diógenes, Giordano Bruno, Gandhi e incluso Isaac Newton, que es justo uno de los que significativamente son usados para ratificar la separación entre magia y ciencia históricamente, aunque tengamos pruebas de que para él no era tan así….


Santiago durante la presentación de “Viaje de Ida”,el documental sobre chamanismo, en el Roots Festival en Açores, con el pelo rapado…

Desde lo que yo llamo chamanismo –prefiero llamarlo Camino de Conocimiento,
pues aunque sigue siendo una denominación limitada, al menos no está tan
contaminada de connotaciones de todo tipo-, las palabras son importantísimas,
máxime cuando van destinadas a uno mismo. Visto desde dentro, manejamos
varias “palabras-contenedor” de significados poliédricos y complejos, que van indicando el estado de evolución de una persona que se adentra en este camino. En mi caso, me gusta considerarme aspirante a Hombre de Conocimiento un Hombre Medicina, que son las denominaciones –insisto, muy complejas y llenas de matices- que mis maestros y maestras me han enseñado, pues son las que mejor reflejan la realidad. Pero si me presentan como chamán, comprendo lo que se quiere dar a entender y a veces no lo discuto, es demasiado prolijo…
P. Hay una figura bastante controvertida en el mundo del chamanismo, como es Carlos Castaneda. ¿Para ti quién es Carlos Castaneda?
R. ¡Wow, esa es toda una pregunta! Podría responder con un libro entero… Trataré de hacerlo sucintamente… El legado de Castaneda llegó de un modo mágico a mi vida, hace muchos años ya y marcó un punto de inflexión fundamental en el camino que hoy recorro. Soy desde el principio plenamente consciente de la controversia que su figura y obra han suscitado y aún provocan, pero a mí me llegó en forma de conocimiento práctico, de un manual veraz de instrucciones –como me gusta llamarlo- que yo estaba pidiendo, algo que existe en todas las tradiciones de un modo más o menos explícito y que –una vez puesto en práctica- produce los efectos que anticipa. Y por eso le estoy enormemente agradecido.
La corroboración es un elemento fundamental en el Camino de Conocimiento y no estamos hablando de creencias, congregaciones o dogmas, ni de seguir a ningún Gurú o Maestro, sino de poner en práctica, comprobar lo que sucede y validarlo con otras experiencias propias y ajenas. Así, mi vivencia con la Tensegridad fue mi bautismo en esto del “chamanismo” y durante años, aprendí y puse en práctica lo que tienen que enseñar los discípulos directos de Castaneda. Y su efecto es tan abrumador como difícil de entender si no se experimenta y conoce en profundidad. Castaneda –puesto en sus propios términos- generó un movimiento en el punto de encaje de la mente colectiva occidental, que no es poco. Su legado es un acontecimiento fundamental en la evolución reciente de nuestro paradigma cultural que abrió mentes, rompió esquemas y generó un misterio que inspiró y sigue inspirando a generaciones de buscadores. Si era chamán o farsante, si se lo inventó todo o lo rescató de la segunda atención, poco importa frente a este hecho. Lo importante es si lo que decía, se puede comprobar y es cierto en términos esenciales. En mi experiencia, lo es, hasta donde he llegado a corroborar. Personalmente, no soy nada mitómano y trato de no confundir al mensajero con el mensaje, al igual que –en plena sintonía con lo que me han enseñado y he vivido- pongo a funcionar mi propio y personal discernimiento, sin perder nunca de vista la totalidad de la foto: me consta la controversia sobre el personaje, como me consta que un “chamán” es un ser humano, sujeto por tanto a error, debilidad, vulnerabilidad y a ser malinterpretado, como yo, como todos y todas. Y que no por ello el conocimiento que transmite ha de dejar de ser válido. Es tarea mía comprobar si lo es y cómo, no tengo que creer en nada ni en nadie. O lo descubro por mí mismo, o siempre permaneceré fuera, enjuiciando desde el palco. Cierto es que con los años y al entrar en contacto vivencial y emprender prácticas y estudios también con otros linajes Toltecas, con el Camino Rojo (Lakota y otross) con el trabajo que se realiza en la selva amazónica (plantas de poder) y el altiplano andino, con el místico y matemático conocimiento ancestral Maya, el Dzogchen tibetano, el Hermetismo, el Pitagorismo, el Gnosticismo… entendí muchas esencias de lo que se plantea en la Tensegridad, las corroboré, ajusté en su caso y amplié grandemente su comprensión y alcance. Cualquier vía es correcta y ninguna lo es, dependiendo de cómo se transita, adónde nos lleva y sobre todo, si uno es impecable a la hora de entenderla, aplicarla y recorrerla. El Camino de Conocimiento es un camino de responsabilidad personal y al final, el camino es siempre uno mismo.También sucede que al usar nuestro libre albedrío, podemos darnos cuenta de que no es tan libre, por estar sujeto a férreos sistemas de creencia, lo cual es en muchas ocasiones un obstáculo insalvable para quien realmente quiera conocer y no juzgar o evaluar. En mi caso personal, me desvinculé hace años del colectivo congregado en torno a la práctica de la Tensegridad de Carlos Castaneda por razones personales, que muy bien pueden resumirse en aquella deliciosa sentencia de Groucho Marx, que aseguraba que nunca pertenecería a un club que le admitiera como miembro, lo cual me aplico al cien por cien. En todo caso, sigo practicando lo aprendido en el contexto Tolteca –ya desbordando el propio ámbito de la Tensegridad- junto a todo lo demás. Sigo porque sigue funcionando y cada vez es más profundo y apasionante, siempre nuevo. Por ello, mantengo un profundo agradecimiento por todo lo que me ha traído al ser y por los increíbles y reales hechos que han aportado y aportan su práctica y estudio a mi camino. Castaneda tuvo su propia historia, yo estoy en la mía y te aseguro que es asombrosa.
P. ¿Cómo llegar a ese estado alterado de conciencia chamánico?
R. Eso que así llamas, es en realidad un fenómeno natural en la conciencia humana. Se llega de incontables modos: por ejemplo- en mi caso- esto viene sucediendo desde que era muy niño. Lo que se hace en el contexto chamánico es favorecer ese paso natural a otro estado de conciencia que yo no llamo alterado, sin acrecentado, ya que no es una alteración propiamente lo que sucede; es más bien como si te quitaran las anteojeras. Sabemos desde antiguo que determinadas prácticas encauzan este paso voluntario entre estados de conciencia, prácticas que suelen estar asociadas a alcanzar el estado que denominamos “trance”. Un trance lo experimentas –por ejemplo- cuando llevas 200 km conduciendo y hay un momento en el que en tu conciencia se produce un sutil cambio, en el cual no dejas de estar consciente por mucho que no puedas –a posteriori- decir con exactitud dónde realmente estaba tu atención, a pesar de que sabes que estaba en
la carretera, en el coche, en tus pensamientos, el paisaje… de igual modo,


Esta imagen pertenece a la etapa de cuando Santiago era productor musical y estudiante de chamanismo en Brasil

reconocemos la calle donde vivimos inequívocamente, pero si nos piden que la describamos o dibujemos, casi nadie acertaría a elegir ni el color exacto del edificio dos números más allá del suyo. La conciencia humana es el terreno por excelencia de experimentación y estudio del chamanismo y por ello, se han desarrollado muchos modos –en función de culturas- de acceder al trance y tornarlo consciente. En Occidente se suele asociar trance –simplistamente- con “drogas”. Para empezar, las drogas no existen en el chamanismo; existen plantas de poder que –en algunos casos- incluso se emplean para ayudar a personas a superar adicciones a drogas. Son medicinas, por más que ahora en nuestro contexto esté prohibido decir esto si no ha sido avalado por una Facultad y vendido por una farmacéutica. Pero las plantas de poder son un recurso más y no necesariamente el más valorado por los chamanes. Las danzas, cantos, meditaciones, peregrinajes, privaciones y ayunos, etc… (desde la danza Sufí de los derviches a las recitaciones tibetanas, el Camino de Santiago, la dieta Ayurvédica o los inipis Lakota, en todo el mundo existen), todo está relacionado con acceder al estado acrecentado de conciencia, desde el cual podemos tornarnos conscientes para operar, obtener conocimiento y/o sanación, conceptos ambos que están íntimamente ligados desde esta perspectiva. Y es importante –a mi juicio- recordar siempre que lo que hacemos no es generar un estado de conciencia nuevo, sino aprender a transitar conscientemente entre los que existen ya de antemano, con un propósito virtuoso.
P. Cuales son las respuestas a las tres preguntas con las que abríamos esta
entrevista, Santiago.
R. Un chamán (hombre o mujer) es una persona de conocimiento que tiene una experiencia directa de la muerte como límite entre los mundos y puede de algún modo transitar entre ellos y extraer un beneficio –o perjuicio- de ello. A partir de ahí, esa persona puede decidir recorrer el camino de la verdadera magia, que podría definir, así a vuelapluma, como el arte de generar realidad propia teniendo en cuenta lo visible y lo invisible.
¿Qué hacen? Viven desde el servicio a la comunidad, en relación a sus talentos y capacidades, formación y principios y al entorno que les rodea, pero con las miras puestas en el salto al otro lado, al infinito, para lo que se preparan durante toda su vida. Su ámbito de acción es ilimitado, ya que no se contemplan divisiones entre disciplinas, sino la capacitación propia medida por la impecabilidad, honestidad e integridad que rigen la vida del chamán, o ese es el objetivo. En cuanto a su razón de ser en el siglo XXI, es la misma que en el XVI, el V antes de la era común o cualquier otro: la existencia de lo que llamamos chamanes dimana de la propia naturaleza humana y esta no ha cambiado en los últimos milenios, al menos en los aspectos esenciales, que son los que otorgan razón de ser a las personas de Conocimiento.
P. Según Javier Arries, con el cual compartiste un programa en Tiempo de Hadas sobre el tema que el chamán es puesto a prueba continuamente.

Durante temporada como camarero en un famoso restaurante japonés

R. Fue un placer aquel programa y compartir contigo, Javier y los otros
contertulios, pocas veces me he encontrado con personas tan formadas en este
ámbito y tan respetuosas, aunque no lo practiquen o compartan. Claro, al chamán
le pasa como al actor o actriz, o al médico, o a la jueza, o al periodista: siempre es
puesto a prueba porque así ha de ser.
Estamos acostumbrados a pensar que a un médico –por ejemplo- cuando le dan el título, le invisten de una autoridad y conocimiento que quedan ya otorgados, como si hubieran llegado al final del recorrido… esto es un error garrafal desde mi perspectiva, ya que uno ha de estar en evolución constante y aún así, ello no garantiza que se acceda correctamente al conocimiento, que es el paso previo para adquirir sabiduría. Conocimiento no equivale a acumulación de datos, ojo. Las pruebas nos mantienen atentos y nos obligan a cultivarnos y refinarnos, a adaptarnos al siempre cambiante río de la vida; en realidad, para mí el estar a prueba es inherente a esto que llamamos la existencia humana, a todo individuo nos sucede todo el tiempo. En el caso del Camino del Conocimiento, ello adquiere una dimensión muy profunda, ya que uno de los hechos innegables y fundamentales -al que tal vez podamos acordar que se puede llamar Verdad, así con mayúscula- es que somos seres que vamos a morir y no sabemos cuándo. A partir de ahí, esta Verdad -al ser asumida y aceptada en su totalidad- nos coloca frente a una prueba continua, pues la impecabilidad que se requiere para afrontar el que considero el hecho más importante de una vida –su fin-, está siempre en fase de entrenamiento, de prueba.
P:,¿Cómo era de peque el niño Santiago Ruíz?
R. ¡Jajajaja! Me encanta esta pregunta… era tragón, soñador, vago, sensible, llorón, y gigantesco para mi edad (sigo siéndolo), muy listo, artista, acomplejado, obediente, asustadizo… sufrí eso que llaman ahora bullying –y que yo sigo llamando maltrato- de modo reiterado y durante muchos años, pero ello no consiguió ni apagar mi alegría, ni aplacar mis ganas de vivir, ni moldearme en modo alguno que yo no haya decidido conservar conscientemente una vez adulto. Ni siquiera guardo rencores, ni deseos de venganzas o reconocimientos postergados. Quizá porque también conocí sobradamente el amor y la felicidad completos, lo cual dejó una huella indeleble en mi corazón que esta sí, he mantenido y alimentado. Y, sin
ninguna duda, el chamanismo me ha ayudado indeciblemente a vivir una vida plena y saludable a pesar de ello, o gracias a ello. Era un niño raro (lo sigo siendo). Por ejemplo, trataba de explicarles a otros niños (o mayores, si se dejaban) cómo puede uno pasar consciente a través de la muerte, o proponía jugar a entender el concepto de la divinidad, o del infinito y la eternidad. Y a hacer magia, era lo que más me gustaba. Eso tampoco ha cambiado… Era lo que llamamos un niño bueno; más tarde me agranujé y acanallé, pero eso vino después… Y luego estaban las continuas visitas a esos estados acrecentados de conciencia, ya fuera en la vigilia o en sueños, en los que a veces veía cosas que luego sucedían (en ocasiones tras años o décadas) y una configuración de lo que


“Una puerta que se abre en una marina, es la foto oficial de mi página de Facebook “Un Chamán en la Oficina”

llamamos “realidad” que nadie parecía ver… Todo ello me hizo un muy sociable solitario y me impelió a generar dos mundos: el que yo vivía solo y el que compartía con otros, que más tarde unifiqué.
P. ¿Una ciudad que hayas visitado y en la cual sientas esa energía especial? ¿Ciudad que no hayas visitado aún y que te gustaría hacerlo?
R. Podrían ser muchas respuestas. Esa “energía especial” está por doquier –si bien en unos lugares más identificable que en otros- pues es la energía de la vida consciente en todas sus formas y manifestaciones. Lo que sí he visto, son lugares donde el modo de vida la ha hecho invisible o mortecina y lugares donde se nutre y celebra. He viajado mucho y vivido en varios países, incluyendo muchos lugares de poder como Nazca, Machu Picchu, Sinaí, Luxor, Atacama, Grand Canyon,Stonehenge, Uyuni, Puma Punku, Venecia, Tiwanaku, Angkor Watt, Teotihuacán, Tula, Palenque, Talampaya, Monserrat, Meteora, Sant Michel, Delfos, Valle del Elki, Covadonga, los templos de Guang-zhou… escogería una ciudad por razones más sentimentales y sin duda, me dejaría muchas sin nombrar. Pero si he de elegir una ciudad (y no lugar), sería la que yo llamo el arquetipo madre de todas las ciudades y no por razones históricas: New York City, en la que he vivido y trabajado y que amo irracionalmente y a distancia. ¿Cuál me gustaría visitar? Tengo varias: una es Samarkanda, otra es Kyoto, otra Lhasa, otra Baranasi (creo que así se escribe ahora Benarés), otra Tombuctú, otra Zanzíbar, otra Jerusalem, otra Teruel… podría seguir, viajar es una de mis pasiones.
P. ¿ Los temas de salud eran competencia del chamán?
R. Eran y son, en tanto en cuanto el estado de salud es uno de los ejes
fundamentales de la vida consciente, del camino en la Tierra. Desde el
chamanismo, la salud se percibe como un asunto del que uno como individuo debe responsabilizarse plenamente y eso incluye buscar sanación cuando algo ha desbordado la capacidad de autogestión. Y se tienen en cuenta todos los factores que contribuyen al estado de salud: ajenos y propios, externos e internos, mentales, cognitivos, emocionales, fisiológicos, biológicos, medioambientales, dietéticos, de personalidad, espirituales, ideológicos, sociales, económicos… La salud es también –pues- un asunto poliédrico, que en el chamanismo se aborda
con la perspectiva de la interconexión entre todos los aspectos y sus
interrelaciones. Obviamente, para el chamanismo no todos los problemas de salud son resolubles y en el que yo conozco y practico, no existe diferenciación ideológica o metodológica entre un paracetamol y un masaje, una danza ceremonial, cirugía u homeopatía. La salud es un bien primerísimo y ha de cuidarse de un modo u otro, con lo que mejor haga efecto y cure. Y también aceptando cualquiera que sea la consecuencia, si esta no es la deseada curación. En el chamanismo que yo vivo, se parte de un estado de equilibrio saludable y vital; de conocerlo a fondo, fortalecerlo y vigorizarlo consciente y volitivamente. A partir del conocimiento de cómo funciona el sistema completo en


Nuestro entrevistado durante una actuación con su banda de rock, los “Harmonic’s Spitters”

salud, se abordan los desequilibrios. Y se trae atención también y de forma combinada, al aspecto espiritual en la salud, el único que no es tratado en nuestro
moderno y estupendo sistema de medicina occidental. Todo ello se aplica a la salud
de la persona, de la familia, del clan, de la sociedad, del ecosistema…
El chamanismo emplea la visión holística y global al tratar la salud como un
fenómeno multidimensional y sobre el que gravita siempre el miedo que expresa tan bellamente la historia del Buda Sakyamuni, cuando descubre la vejez, la enfermedad y la muerte. El budismo, por ejemplo, es absolutamente chamánico en su esencia, como el Yoga y todas las vías ancestrales, y todas se mueven también en un ámbito terapéutico, pues la salud es asunto esencial en nuestras vidas, ¿no? Ningún asunto esencial se ignora en el Camino del Conocimiento.
P. Somos más de 5000 millones de seres humanos en el mundo. ¿Crees que nos hemos convertido en una plaga? ¿Qué esto ya no hay quién lo sostenga?
R. Bueno, creo que somos muchos más… pero, ¿quién sabe? Desde mi perspectiva, de ninguna manera somos una plaga o –si lo somos- cumplimos una función natural. Para mí, estamos en fase de aprendizaje como especie, como conciencia colectiva, y como supra-organismo nos estamos dando de bruces con una dolencia, que se manifiesta en todas las enfermedades, problemas medioambientales, socioeconómicos y demás males que nos están aquejando en estos tiempos, cuando se supone que tenemos el mayor desarrollo en medicina, higiene, calidad
de vida, ciencia, tecnología, pensamiento, etc… de la historia.
Yo lo veo como si la Humanidad estuviera pasando un sarampión o similar.
Una enfermedad que te puede postrar en la cama, inutilizarte parcialmente y que se cobra bajas en el organismo, pero necesaria para el estirón que daremos después, un estirón de conciencia. Eso no quita que seamos un desastre como sociedad en muchos aspectos que debemos arreglar de inmediato, no porque estemos en peligro, sino porque es lo
correcto hacerlo. Es lo correcto porque es lo que favorece la vida, la salud y el bienestar que todos y todas deseamos. Pero no puedo creer que la inmensidad de la Tierra pueda ser amenazada por nosotros; si acaso, nos amenazamos a nosotros mismos y eso es lo que considero urgente corregir.
Tenemos todos los ejemplos que queramos para comprobar cómo la naturaleza –la Vida- tiene un poder de regeneración imparable, con o sin nosotros en la peli. Y tampoco creo que estemos tan zumbados los seres humanos como para autodestruirnos. Sí para ensuciar, desgarrar, romper, explotar, matarnos o herirnos entre nosotros y a lo que se ponga por delante, abusar, manipular… pero somos hijos e hijas de la Tierra y nuestra conciencia alberga un Universo de misterios inexplorados. Esta certeza también se está poniendo en su lugar a escala de la especie, ello es parte del sarampión, así lo veo. No contemplo en ello moralidad alguna, sino que percibo una ética natural mayor que nuestras consideraciones como especie –tal vez muy a lo Schopenhauer- la cual, cuando la comprendes y la pones sobre tus


Santiago dirigiendo a uno de los concursantes de la 1ª edición de Got Talent España, donde fue director artístico

ojos, aporta serenidad, equilibrio, armonía, belleza, felicidad y sublimidad. Esto también lo tenemos como humanos, hay que superar el sarampión.
P. Santiago, hablemos sobre la vida y la muerte. ¿Qué significado tiene vivir y morir para ti?
R. Me gustan las preguntas que haces, gracias. Para mí son las dos caras de lo mismo, como el Yin y el Yang que –enlazados- forman una tercera cosa (1+1=3) y se necesitan para ello. Una vez le pregunté a una de mis Maestras, al acabar una práctica ceremonial: ¿que es un chamán? Ella me miró con aquellos ojos que parecían no tener fondo y me respondió: una persona de conocimiento que de algún modo ha atravesado la frontera de la muerte y sigue aquí. La relación con la muerte y lo que hay detrás del velo es lo que define a un chamán, me hizo saber. Eso es lo que llevaban a cabo –por ejemplo- los Pitagóricos en sus prácticas de incubación: asomarse al Hades, que no era para ellos el infierno como lo conocemos nosotros, sino que se parece más –como concepto y a mi entender- a lo que en el Camino Rojo los nativos norteamericanos llaman el DreamTime o en el Toltecayotl, el Nagual. Obviamente, la asunción de que existe “algo” al otro lado (“algo” que puede permitirnos conservar la consciencia de ser, ajeno a premios o castigos, tan natural como este mundo) ha sido extirpada de nuestra cultura, que no de nuestra experiencia como seres conscientes. Yo he realizado ese tránsito de algunos modos, por eso digo lo que digo. No necesariamente hay que estar muerto en el quirófano, ver la luz y todo eso para esto que afirmo. Desde antiguo existen modos –como apuntaba- de asomarse al otro lado y a veces –como en mi caso- te arrollan sin que tú lo pidas. Para mí, la muerte es la prueba definitiva, como decía antes, para todo ser consciente. Una prueba donde nos damos el aprobado o no, por expresarlo de un modo cotidiano, del mismo modo que al irnos de una fiesta, nos damos cuenta de que, lo hayamos pasado bien o no, nos tenemos que ir. Si hemos bailado o no, bebido o no, conversado o no, si le hemos entrado a quien nos gustaba o hemos recorrido la casa y conocido a todos los invitados que hemos podido… No hay fórmulas para que, al llegar ese momento, nos sintamos agradecidos y con ese cansancio agradable que invita a regresar a casa -mientras la fiesta sigue- y cura el apego a lo que se acaba de experimentar. Cada cual lo vive como puede o quiere, es responsabilidad propia ese balance final y por ello, es responsabilidad propia cómo se vive, habida cuenta de que no sabemos cuánto tiempo tenemos, ni cuáles serán las circunstancias, avatares y peripecias que nos sobrevengan. La vida para mí es una apasionante, desafiante y muy pedagógica experiencia de la consciencia de ser. Exige estar muy despierto para extraer todo su potencial y ofrece sorpresas sin fin. Y la muerte es su culminación, la graduación final. Tal vez sea porque vivo con la plena conciencia de la existencia de ese Hades, DreamTime o Nagual, de ese más allá atestiguado por autores como Kübler-Ross en nuestro contexto cultural. Es otro asunto del que no sólo escribiría un libro, sino que lo tengo empezado bajo el título de “El Final Feliz”. No tengo miedo ni de mi muerte,


Imagen tomada en la redacción del programa mencionado, en tele 5.

ni de la de mis seres amados (y ya he perdido a algunos), sino que guardo una
encendida y paciente expectación –no exenta de respeto y humildad y sí de prisa
alguna- por volver a experimentarla.
Ello nutre, espolea y convive con mi amor por todo, mi alegría, mi salud y mi
vitalidad. La vida y la muerte, como un todo indisoluble, son lo único de que
disponemos ahora y por ello, las cuido a ambas. Pero para mí la vida no es algo mío (mi vida), sino un hecho maravillosamente misterioso, sorprendente y feliz que comparto, como inmerso en un océano incomprensible del que formo parte. Cuando me vaya, sé que saltaré a otro plano distinto y separado de éste, pero igualmente natural… Lo voy a dejar aquí, que acabo siendo extenso y prolijo en demasía…
P. ¿Un libro sin el cual no serías quien eres?
R. El Libro de Familia de mis padres, donde estoy registrado junto a mis hermanas y hermanos. Y luego están Sartre, Camus, Nietzsche, Tolkien, Ayn Rand, Franz Herbert, Lovecraft, Castaneda, K. Leguin, Borges, Campbell, Yourcenar, Hesse, Kafka, Huxley, Balzac, Tolstoi, Eurípides, Harari, Poe, Lorca, Calderón, Beckett, Scott Card, Mishima, Lao Tze, Cortázar, C.W. Ceram, el Bardo Thodol, el Pistis Sophia, el Marqués de Sade… lo siento, no puedo elegir… y mira que me has preguntado libros y casi todo lo que he volcado han sido autores…

Julio Cortázar, autor de Rayuela, alguien tan mágico como un gato, que Santiago menciona como uno de sus autores preferidos.


“Nunca la sabiduría dice una cosa y la naturaleza otra.” Con esta cita de Juvenal me despido de ti. Será un hasta luego, por qué deseo, y espero, que seas compañero en nuestros próximos programas de Tiempo de Hadas. Gracias Santiago Ruíz.
Y gracias a Arturo Almeida que nos presentó. ¡Un saludo desde aquí!
Será un placer volver a compartir con vosotros. Un abrazo y gracias.

Cuentos en primera persona

Adiós señora Danvers

(Inspirado en la obra Rebecca, de Daphne de Maurier)

Había una vez una hermosa y altiva mansión, allá en el lejano y brumoso reino de Britania, que se elevaba esplendorosamente entre densos y sombríos bosques, en donde era posible escuchar a los venados berrear. Cerca, muy cerca de la vieja y señorial mansión, bramaba y lamía un mar casi siempre airado y espumoso.

Enrevesados senderos cruzaban estos bosques, senderos que llevaban hasta Manderley, que es como se llamaba la soberbia y ancestral mansión, rodeada de hermosos jardines, donde florecían exultantes las más bellas flores que imaginarse pueda, jacintos, lirios, rosas, alhelíes, hasta la humilde y escondida violeta. Los habitantes de Manderley,  los De Winter, habían vivido entre sus gruesos muros, habían nacido, amado, perecido desde los bárbaros tiempos de la reina Maria la Sanguinaria. Yo supe todo esto un poco después de haberme casado con Maxim, tan parecido a Laurence Olivier, pero mucho más sencillo, y menos dado a la ginebra galesa. Lo supe, válgame el cielo, una tarde de té al limón con galletas de jengibre y canapés de pepino a la mostaza, en la cual desde el gran ventanal del gabinete del oeste, contemplaba la reluciente tarde. En tanto, Maxim, ojeando el Times distraídamente mientras mordisquea con desgana un pedacito de bollo suizo, me contó la historia de su vida. Como basta con que encuentres a esa persona que muy bien podría ser tu media naranja, como suelen decir los pueblerinos, para que en el momento de máxima felicidad el típico aguafiestas aparezca en escena para fastidiarlo todo, en estas apareció la temible señora Danvers, nuestra fantasmal ama de llaves, a meter las narices en asuntos que no le incumbían. Por otra parte, el más activo, insoportable, y escrupuloso hábito de entre sus variados quehaceres domésticos.

-Me permito comentarle a la señora, que mi anterior señora siempre ponía especial interés en las salsas. Ella decía que un menú nunca estaba resuelto del todo si no se combinaban bien las salsas.

O bien…

— Observará la señora que he dispuesto a los señores para la cena, tal  y como le gustaba a mi anterior señora. Ella siempre decía que el éxito de una buena cena depende, a veces no tanto de las viandas, como de la distribución de los invitados.

O bien…

— Veo que la señora lleva una falda oscura con una blusa más oscura aún. Mi señora, quiero decir, mi anterior señora, siempre vestía armoniosamente durante las mañanas con colores claros: hermosos amarillos pétalo, brillantes rosas palo, delicados beige, y blancos espuma de mar. Se reservaba los grises topo, o acero, los negros, los café oscuro, los marinos, o verde oliva para la noche. La señora de Winter…, quiero decir, la anterior señora de Winter, jamás hubiese llevado colores tan oscuros antes de las doce del día. Ella decía que la noche ama los colores de la noche…

De manera que aquella tarde, cuando apurábamos ya la última taza de té, y el penúltimo canapé de  roastbeef con salsa de mostaza, y entonces el relámpago más deslumbrante vino a iluminarlo todo durante un segundo, como una suerte de fuegos artificiales, y nos quedamos mudos durante unos instantes, debido al formidable retumbar del trueno que le siguió. Ella, mientras, la fantasmal señora Danvers, el ama de llaves de Manderley, aparecía en escena.

—Buenas tardes. ¿Tomará el señor el té en el jardín? La señora espera al señor.

-¿Qué señora, señora Danvers?

Preguntó al momento Maxim, mientras algo de la ceniza de su pipa revoloteaba sobre el Times.

-Señor, la señora de Winter, naturalmente.

-Señora Danvers, la señora de Winter está ahí al lado suyo junto a la ventana tomando té verde al limón. ¿No debería ir al médico un día de estos, señora Danvers?

-Señor, la verdadera señora de Winters, la única, la genuina, la bella, mi querida Rebeca, está ahí fuera… si el señor tiene la amabilidad de acercarse a la ventana…

-Maxim,-dije yo, mientras me llevaba el dedo índice a la sien- creo que a esta mujer el recuerdo de su antigua señora la tiene totalmente desquiciada. Que se vaya  de vacaciones a Islandia quince o veinte años. ¿Si?

Pero, al acercarse mi querido Maxim de Winter al ventanal mayor del gabinete, sus boca antes sonriente, alegre sus ojos, sonrosada sus mejillas, mutaron de súbito en una máscara marchita de puro espanto.

Como Maxim casi se desmaya de la impresión, me apresure a ayudarle rápidamente, y al asomarme a la ventana yo misma estuve a nada de sufrir, no ya un desmayo, si no un síncope nervioso en toda regla. Porque, amigos lectores de Cuentos en primera persona, allí, creedme, allí fuera, en jardín bajo los macizos de rosas color crema y las intensamente rojas copas de los rododendros, estaba tranquilamente, bella, jovial, exultante, Rebeca, la anterior señora de Winter. Rebeca, aquella que una mañana de tempestad se aventuró a salir a la mar con su balandro y nunca, nunca más volvió. Pero allí estaba, increíblemente bella, cual adorada reina de los cielos, o de los océanos, saludando con la misma delicada y pálida mano, mientras la otra sujetaba suavemente su taza de porcelana cartujana. Saludándonos a Maxim y a mi vestida con un maravilloso vestido de seda blanca, largo hasta ocultar completamente sus pequeños pies, uno de los cuales asomaba tímidamente descalzo entre los transparentes pliegues del vestido. Bella y triunfante, con sus largos y negros cabellos ondulantes cual sierpes de brillo hipnotizador, y radiante sonrisa, feliz, irresistible. Una sonrisa que pese a su magnitud, no dejaba de producirnos escalofríos de pánico, ya que de entre esos grandiosos y rojos labios afloraban dos blancos y puntiagudos colmillitos, brillantes, afilados, apenas perceptibles. Pero lo suficiente como para que yo terminase de caer en redondo.

No recuerdo la verdad, nada de lo que pudo ocurrir después. Solo sé que me desperté en mi cama, cuando en los vetustos relojes de Manderley daban las doce de la noche. Una noche que había de ser la más larga de mi corta vida. Mientras terminaba de desvelarme, apenas había abierto los ojos al violáceo claroscuro de mi cuarto, cuando recordé… “por los bosques de Manderley vagaba una mujer, alta y esbelta, una mujer que daba la sensación de ser una serpiente”. ¿Una serpiente? Recordé también aquellas viejas historias que alguna vez, aterrada en la noche, cubierta de pies y cabeza con las mantas, leí de pequeña. Historias que hablaban de lamias, de ondinas, de hadas y vampiros. En mi inocente mente de niña mezclaba todas aquellas criaturas terribles, no obstante con aspecto de mujer bellísima. Con la desagradable sensación del miedo abriéndose paso en mi alma, encendí la lamparilla de noche, me puse la bata y las zapatillas que Clarice, mi joven doncella, había dejado junto al duermevela de terciopelo verde oliva que había a los pies de mi cama, y surgí así, aterrada, al pasillo que estaba en plena oscuridad. Llamé a  Maxim. Nada. Volví a llamar. Ahora llamé a Clarice dejando ya que la angustia quebrase mi voz. Nada otra vez. Pero una voz suave de mujer, casi imperceptible,  preciosamente  modulada y agradable, me llamó.

-Querida, querida niña… ven… Nadie sabe cual es tu nombre. Es curioso. ¿Ni mi Maxim? Jajajaja. Ven. No temas nada de mí.

-¿Quién es usted? ¿Quién anda ahí? ¿Clarice? ¿Señora Danvers?

-No, no soy Danny. Por dios… Tampoco esa gordinflas de tu doncella. Jajajaja. Si no vienes querida chica sin nombre, no descubrirás el misterio.

Me fui a acercando lentamente hacia el oculto lugar de donde provenía la voz. La habitación del Mar. La habitación más hermosa, decían, de la hermosa Manderley. La habitación de Rebeca. Estaba al final de un recodo magnífico del largo pasillo, sumergido en sombras cenicientas. Hermosas molduras finamente labradas en madera de caoba, con motivos florales, y racimos de uvas,  coronadas por un capitel dorado con rosas color coral, franqueaban ambos lados de la puerta de entrada a la habitación de Rebeca. De la puerta de la habitación, abierta de par en par, surgía la luz de un sol lánguido y color de rosa escondido vergonzosamente tras las hebras de nubes doradas del amanecer, iluminando suavemente  de paso una franja del tenebroso pasillo. Ella, Rebeca, la antigua señora de Winter, la célebre Rebeca, que una mañana de tempestad salió imprudentemente a la mar en su garboso balandro, y nunca más volvió, me esperaba en su habitación. Me invitaba a entrar en aquel santuario polvoriento, claustrofóbico, como el palacio de una reina poderosa pero ya olvidada. Y al entrar recordé aquél poema de Shelley.

La ruina es de un naufragio colosal

A su lado, infinita y legendaria,

Sólo queda la arena solitaria.

-Pasa, pasa… Por favor, no te quedes ahí querida niña sin nombre…

Rebeca de Winter, recostada sobre mullidos almohadones de raso y encaje francés, color caramelo, vestida con el más alucinante de los camisones, negro de tul y gasa transparente, con el pecho bordado en terciopelo de seda. Junto a ella, arreglando almohadones y retirando flores marchitas de un enorme jarrón de alabastro y plata maciza, la insoportable y repulsiva señora Danvers. Debí despedirla el mismo día en que llegué a esta casa, pensé. Demasiado tarde, idiota. Seguí pensando.

Al sonreír volvió a mostrar a hora con toda su crudeza, aquellos colmillitos blancos, afilados, y puntiagudos. Qué bella era, en efecto, tal y como todos me habían insistido en decir: Frank Crawley, el administrador de Manderley…,  Beatrice, la amable aunque charlatana hermana de Maxim…, Giles, su inoportuno marido… ¡hasta Robert y Firt y por supuesto, una y otra vez, una y otra vez, la horrible señora Danvers! Mire, mire señora, que bella es mi Rebeca. Observe qué oscuros sus cabellos, qué ojos alargados y del color verde marino; observe qué nariz, qué pómulos… Usted no le llega ni a la altura de los zapatos. ¡Ay, mí querida Rebeca! Por fin ha vuelto, señora de Winter. ¡Qué disgusto no dió!

-Mire, señora, mientras usted estaba perdida en las profundidades del mar, su esposo, ese torpe y atolondrado Maxim, que el diablo confunda, se fue a Mónaco de vacaciones para olvidarle. ¡Olvidarte! ¡A usted! ¡Cómo si eso fuese posible! Y de allí nos trajo a esta pobre criatura. Fíjese señora de Winter, qué chica esta, siempre despeinada, mal vestida con esa horrible prenda llamada rebeca para colmo. Y por no tener, no tiene ni padres, ni nombre.

-Me pregunto que le habrá visto Maxim… Ah, claro. Ella está viva. Jajajajaja. Pero eso lo arreglo yo sin más tardanza. Ven, ven. ¿Acaso no quieres ser como yo? Mírame… te querrán todos una vez hayas fallecido. Nunca falla. Ven… con este beso te regalo la Vitam Aeternam… Ven…

-No, no, no, no…

-No te resistas, niña. Ve con la señora de Winter. ¡Ve!

-Ven, ven si quieres que Maxim te amé como me amó a mi. Como aún me ama. No lo dudes… Ven…

¡Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!

En ese momento, justo en ese momento, como todos los que sueñan, desperté por culpa de mis propios gritos, envuelta en sudor, y casi al borde del colapso. ¡Todo había sido una terrorífica pesadilla! Maxim entró inmediatamente, cuando la luz de esa mañana de plata y agua acariciaba el dosel de mi cama. Yo gritaba aún, cuando el entró. Pero sus abrazos, sus palabras amorosas y su dulce sonrisa, borraron el más mínimo atisbo  de terror. Probablemente, la visión de nuestra ama de llaves, todo el día tras de mi, hablándome de su bella, perfecta y desaparecida Rebeca habían calado profundamente en mi subconsciente.

Aquella mañana Maxim tenía que salir para un asunto de fincas en Londres. Por mucho que le pedí que se fuera, y de insistirle dulcemente de que yo ya estaba plenamente recuperada de mi pesadilla nocturna, él no lo hizo. Partió hacia Londres al lunes siguiente, cuando estuvo completamente seguro de que yo ya estaba completamente recuperada. Pero a los pocos minutos de yo tranquilizarme, apareció la señora Danvers por la puerta de mi cuarto.

-¿Se encuentra mal la señora? Convendrá el señor que dejar descansar a la señora a solas en su cuarto, a oscuras, y a puerta cerrada, sin que nadie la moleste, sería lo más recomendable, dado el estado de la señora. Yo misma me encargaré de atenderla, señor de Winter. Comenzaré por sacar el teléfono de aquí, para que nadie importune su descanso.

_¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo… !

Grité con todas mis fuerzas.

—¡Maxim, por favor! ¡No dejes que se acerque a mi! ¡Dile que se vaya, dile que me deje en paz! ¡No me dejes a solas con esta mujer, por favor!

Aquélla mañana en la biblioteca donde desayunábamos íntimamente Maxim y yo, mis palabras fueron absolutamente tajantes. Maxim, en tanto, no hizo otra cosa que mirar muy fija y seriamente al ama de llaves que Manderly había soportado durante más de diez años. “Ella vino con la anterior señora de Winter”. Me dijo Frank mi primer día en Manderley. Fue su ama de cría., su niñera. Estaba obsesionada con Rebeca. En realidad, tenía la cabeza completamente trastornada.

— Mire señora Danvers,  todas las pertenencias de la desaparecida señora Rebeca de Winter van a ser donadas a una fundación de caridad. Libros, cuadernos, abrigos, cuadros, vestidos, todo, todo, lo que sea de Rebeca, todo lo que tenga una letra “R”, hemos dado orden de ir guardándolos en cajas y llevarlo a la parroquia. Allí ya se encargaran de darle la utilidad que ellos vean. En cuanto a usted, impertinente, entrometida, e intrigante, señora Danvers, son exactamente las diez en punto de la mañana. Tiene hasta las doce para hacer las maletas y dejarnos vivir en paz. Gracias y adiós.

-Pero…

-Adiós, señora Danvers.

The End.

Ada García. Enero de 1940.

Más que palabras… José Portolés


“La Residencia fue una importantísima apuesta de la Institución Libre de Enseñanza, muy adelantada a su tiempo. Brindó (a los que entonces podían permitirse una educación superior) un irrepetible ambiente cultural multidisciplinar, regido por el espíritu de algo que aún hoy se echa de menos en la enseñanza: Libertad”

José Portolés, una sonrisa y un libro, el suyo propio: Los Corruptos de Benilladre,

s.

El cine… ese invento del demonio.

Ese invento del demonio, nuestro protagonista en esta nueva entrega de Más que palabras, y la autora de estos párrafos, adoramos ese invento del demonio, como lo describía alguien enorme y eterno como es Antonio Machado. Incluso los que tanto amamos el llamado Séptimo Arte (auqnue hay algunos actores y cineastas que rechazarían la calificacióin de arte, como por ejemplo el mismísimo Buñuel o José Luis López Vázquez), reconocemos haber sido educados por el cine: desde montar a caballo emulando a John Wayne en la colosal obra maestra fordiana Centaruos del desierto, hasta almorzar café y unos sandwiches, como hace Katherine Hepburn en la maravillosa obra póstuma de Spencer Tracy, Adivina quién viene a cenar esta noche, o como quitarle los filtros a los cigarrillos rubios mientras hablamos con un presunto ladrón y asesino con la pinta de Walter Mathau, en la divertida y hichtcockiana Charada. El cine, o el invento diabólico, forma parte de la vida de este personaje que nos ocupa, él mismo es profesor y estudiante de cine, sobrino nieto de Luis Buñuel, amigo de la viuda de Sergio Leone, socio del actor Aldo Sambrell y escritor de obras muy cinematrográficas. Una de las cuales sin llegar a ver publicada, Exégesis de Un perro andaluz, tengo en mi poder desde este verano gracias a la amabilidad y generosidad de su autor. Además la crítica a la película La lista de Schindler para Tiempo de Hadas se la debemos a él.  Señoras y señores, con ustedes José Portolés.

AD. José, ¿cual es el recuerdo más antiguo referente al cine que conservas?

José Portolés. ¡Ufffffffff! Los más antiguos, desde muy, muy pequeño, imágenes sueltas del desaparecido cine Imperial de Madrid, donde mi padre me llevaba a ver las películas de Walt Disney. El que mejor recuerdo de los más antiguos, con 6 años, mi primera visita al cine recién inaugurado en mi barrio de Madrid, Las Águilas: El cine San Ignacio. Era allá por 1973, y la película, “El Cid”, de Anthony Mann. Y durante mi infancia, hasta su cierre a finales de los 80, los fines de semana yo “vivía” dentro de ese cine, formaba parte de su mobiliario.

P. Vives a caballo entre España y Mexico. ¿En cual de los dos países te encuentras más a gusto ahora mismo?

Vivir con un pie en España y otro en México.

Los lugares, el clima, la gente, la comida, la forma de ver y vivir la vida… Son tan distintos que no se pueden comparar. Ambos tienen mucho bueno compensado con su lado malo. Te puedo decir que aquí en México echo de menos muchas cosas de España; y seguramente, si regresara a España echaría de menos muchas cosas de México. Lo curioso es que, involuntariamente, seguí el camino de Luis Buñuel: dejar España para desarrollarme profesionalmente en México.

P: ¿Qué recuerdos de familia Portolés te son más queridos, José?

Precisamente los últimos: Cuando falleció mi padre, allá en 2016, su hermano y hermanas, que llevaban años sin hablarse, fueron capaces de apartar momentáneamente sus rencillas y diferencias irreconciliables para estar todos juntos acompañándome. Hicieron un esfuerzo que les agradezco mucho.

P. Hablanos de tus libros, por favor, háblanos de tus libros.

Solo te diré que hasta ahora he escrito los libros que a mí, como lector, me gustaría leer. Están escritos como a mí me gustaría leerlos, y tratan sobre los temas que a mí me interesaban en el momento de escribirlos.

Las obras de ficción tratan sobre la explotación del 3er mundo por el 1er mundo la primera. La utilidad de las religiones, todas, para controlar y manejar a la gente, la segunda. Y las consecuencias de la corrupción política en la gente normal, la tercera. Y gustaron lo suficiente para permitirme vivir de sus ventas, algo poco habitual en España.

Y por otro lado el Cine, claro, para comunicar todo lo que voy descubriendo o razonando sobre “ese invento del diablo” que nos apasiona…

P. Eres profesor de cine en México. ¿Crees que el cine de antes, antes de los ochenta, tal vez, es superior al de nuestra época?

Más bien creo que no se puede comparar el Cine de una época con el de otra, cada una está definida por unas circunstancias sociales, económicas, técnicas, estéticas… Lo que sí debemos tener en cuenta es que, lo tengo muy comprobado, nuestro Cine preferido, nuestras películas realmente favoritas para toda la vida, son las que hemos visto en pantalla grande entre los 14 y los 20 años. Es como si nuestras mentes fueran, no más impresionables, sino más receptivas a esa edad, justo cuando se desarrolla nuestro sentido crítico y capacidad analítica.

El antiguo cine Bogart, uno de los que forman parte inborrable de la infancia de muchos madrileños, como la de José Portolés, por ejemplo.

En mi caso, tuve la inmensa suerte de que durante esa época de mi vida en Madrid estaban en pleno funcionamiento la Filmoteca y los añorados Cinestudios (Fantasio, Ideal, Bogart). Yo era un asiduo de todos, cada fin de semana me veía entre siete y nueve películas de todos los géneros, épocas, autores… Y bien programadas en ciclos: Por ejemplo, recuerdo que en tres fines de semana seguidos ví, ordenadas cronológicamente, 10 películas de Hitchcock. En otros dos domingos, 7 ú 8 de los Hermanos Marx… Y así fui descubriendo y conociendo también a Akira Kurosawa, Luis Buñuel, George Cukor, Billy Wilder, Charles Chaplin, Edgar Neville, Ingmar Bergman, Ernst Lubist… Sí, fui afortunado al poder ver en pantalla grande a los grandes clásicos, y justo con esa edad tan especial, entre los 14 y los 20. Después, ya no me quedó más remedio que dedicarme al Cine.

P. ¿Se han agotado las ideas y perdido la inspiración? ¿Por eso se hacen remakes, refritos, versiones, una y otra vez, de antiguos éxitos, con más o menos suerte?  Normalmente con más pena que gloria.

Siempre han existido los remakes, la gran diferencia es que antes tenían razón de ser y cada uno superaba las anteriores versiones, porque se trataba de rehacer una película antigua tal y como las carencias técnicas o la censura lo habían impedido. Por ejemplo, el “Ben-Hur” que todos conocemos y admiramos (el de William Wyler con Charlton Heston en 1959), es la tercera versión: La primera data del año 1907, dura 15 minutos (un rollo a velocidad 14 fotogramas por segundo) y es muy buena… para su época. El primer remake se realizó en 1925, todavía silente (o “mudo”), pero tuvo una razón de ser: 18 años después se había mejorado la técnica, ya se pudo filmar en exteriores y adaptar la novela (que es malísima) completa, con una duración de 2 horas y media. La versión de 1959 se realizó con los últimos avances técnicos: Sonido estereofónico, Technicolor, Ultra Panavisión 70. Muchas otras obras maestras del cine también son remakes de películas mudas o en blanco y negro: “Primera plana” de Billy Wilder, por ejemplo, es un remake de “Luna nueva”, que a su vez es un remake de “Un gran reportaje”.

Lamentablemente, se siguen haciendo remakes de los remakes, sin razón de ser y peores que los originales: La última versión de “Ben-Hur”, de 2016, es la peor de las cuatro. Y “Primera plana” se rehizo como la pésima “Interferencias” en 1988… Y no es por falta de ideas o de inspiración: Especialmente en Hollywood, el problema son los productores. Porque allí hace mucho que los productores ya no son “hombres de Cine” como David Selznick, Irving Thalberg o Louis Burt Meyer, interesados en el Cine, sino inversores de Wall Street interesados en el beneficio económico. Por eso ya no buscan “arte” sino “negocio rápido”. Fíjate que muchos éxitos del cine de, digamos, los últimos 15 o 20 años, son producciones independientes modestas, producidas y realizadas fuera de los grandes circuitos, que triunfan por la calidad y novedad de sus planteamientos, tanto temáticos como narrativos o técnicos. No, imaginación, ideas, creatividad y talento no faltan. Lo que falta es que el capital apoye las ideas nuevas.

P. Jóse, menuda época aquella de la Residencia de estudiantes con tanta gente genial, Lorca, Alberti, Giner de los Ríos, Dalí, Buñuel, Luis Rosales, Luis Cernuda…irrepetible, ¿no?

¿Qué quienes son estos tipos? Pues Dalí, José Moreno, Luis Buñuel, Federico García Lorca y José Antonio Rubio, en 1926.

¡Ya me hubiera gustado a mí vivirla! La Residencia fue una importantísima apuesta de la Institución Libre de Enseñanza, muy adelantada a su tiempo. Brindó (a los que entonces podían permitirse una educación superior) un irrepetible ambiente cultural multidisciplinar, regido por el espíritu de algo que aún hoy se echa de menos en la enseñanza: Libertad. Libertad de expresión, libertad de creación… ¡Pero siempre dentro de los márgenes de la “urbanidad” de la época! Inevitable, pues, que allí germinara y se desarrollara el Surrealismo español.

P.  Dalí, Buñuel, Lorca, 1936. ¿Amigos irreconciliables?

¡Amigos irreconciliables y enemigos íntimos! Tres genios, con caracteres tan dispares que no les quedó más remedio que aunar su creatividad ligando sus respectivas obras tan profundamente que solo pudieron terminar por enemistarse. ¡Pero no fueron tres amigos, sino cuatro! No debemos olvidarnos nunca de José (“Pepín”) Bello.

P. Estas palabras…

Cierto aire bogartiano…

  “A veces digo que el surrealismo triunfó en lo accesorio y fracasó en lo esencial… Reconocimiento artístico y éxito cultural que eran precisamente las cosas que menos nos importaban a la mayoría. Al movimiento surrealista le tenía sin cuidado entrar gloriosamente en los anales de la literatura y la pintura. Lo que deseaba… era transformar el mundo y cambiar la vida. En ese punto –el esencial– basta echar un vistazo alrededor para percatarnos de nuestro fracaso.”

P. ¿Estás de acuerdo con tu tío abuelo? ¿El Surrealismo fracasó, en su cometido de derribar normas polvorientas, alambradas oxidadas, párametros estrictamente confortables, cómodos, aburguesados?

Surrealismo Ad hoc, ellos fueron los primeros

Totalmente, basta ver actualmente a burgueses pagando millones por obras surrelistas en las más prestigiosas galerías de Arte.

La base e intención auténtica y fundacional del Surrealismo, la planteada por André Breton, era ESCANDALIZAR. Buscaba romper con todos los moldes establecidos para provocar, incomodar, concienciar; para… digámoslo claro: para cabrear a las clases altas desde una posición filocomunista y desprejuiciada. Y quienes más lo consiguieron fueron sin duda Dalí, Lorca y Buñuel. Aunque luego Dalí “cambiase de bando”, siguió creando y, sobre todo, actuando según los postulados surrealistas, como Buñuel: Ambos fueron surrealistas a lo largo de toda su vida.

Y otro fracaso del surrealismo, este estético, es que en la actualidad está muy generalizado confundir surrealismo con sicodelia. ¡Y no tienen nada que ver! Mientras el surrealismo crea acciones e imágenes sin sentido y escandalosas mediante narrativa onírica, la sicodelia deforma las imágenes inspirándose en alucinaciones.

And the winner is…

P. José, cuéntanos qué haces en tus aulas de cine. ¿Cómo son tus alumnos?

En general, veo en mis alumnos el futuro del Cine, tanto en España como en México. Tienen ideas, ideas nuevas e interesantes, muy válidas. Y vienen con mucha ilusión, muy decididos a contar sus historias y contarlas a su manera. En un gran porcentaje, son alumnos de los que el maestro aprende.

Actualmente, aquí en México, tengo asignado el módulo “Historia del Cine Mundial”, así que hablo de Cine procurando transmitir mi pasión por el Cine, y mi forma de transmitirlo es de manera similar a la “literatura comparada”. Comienzo con “La salida de los obreros de la fábrica Lumière” y a partir de ahí cito y comento las películas que han ido aportando algo nuevo al 7º Arte, ya sea técnica, contenidos, formas interpretativas, música, estética… Y lo cuento como si estuviera hablando con unos amigos, buscando la sonrisa y la complicidad. Pero con una base sólida, un guión propio que es una lista de más de 500 películas, ordenadas cronológicamente y especificando porqué considero importante cada una. Y lo adorno con mil anécdotas, claro. Pero todo destinado a que comprendan las implicaciones artísticas y expresivas de la narrativa, el lenguaje y la técnica cinematográfica que les enseñan los otros compañeros docentes.

Por ejemplo, es importante saber que Eisenstein creó el montaje subjetivo en “El acorazado Potemkin”, evidentemente, pero también es importante saber para qué lo inventó, qué resultados artísticos y emocionales buscaba. Es decir, mi idea es que no basta con conocer la técnica porque también hay que saber para qué sirve la técnica.

Pero no siempre he sido solo “teórico”: Antes de venirme México, mi socio Aldo Sambrell y yo colaborábamos, a través de nuestra productora Duncan67 p.c., con la Facultad de Imagen, Sonido y Cine de la Universidad de Alicante, dirigidos por el catedrático Israel Gil y el realizador Toni López Vizcaíno. Primero impartíamos conferencias sobre Cine (sabiendo qué películas “caerían” en los exámenes), y luego “asesorábamos y supervisábamos” la preproducción y el rodaje de los cortometrajes-exámen de los alumnos. Y un incentivo para ellos era que el mejor proyecto de corto presentado, lo protagonizaba gratuitamente Aldo. ¡Y muchas veces el (futuro) director o directora no se atrevía a dirigirle, impresionados por su prestancia y curriculum!

P. Te digo tres directores y tu me dices lo que opinas de sus peliculas.

John Ford.

El Cine que nos encantaba de niños. Uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, aunque nos inculcó demasiada propaganda yanky.

François Truffaut.

Tremenda, hermosa, brutal, delicada obra maestra de Francoise Truffaut sobre el mundo de los niños perdidos

Me encanta su Cine, su forma de ver y narrar la realidad cotidiana, sus sutiles guiños y homenajes a los clásicos. “La piel dura”, “Fahrenheit 451”, “La noche americana”… Es el primer cineasta cinéfilo. Maravillosa e importantísima su obra cinematográfica, e importantísima su obra periodística dedicada al Cine: Fue el primero en reivindicar como Autores a Ford, Hitchcock, Cukor, etc. Y un excelente actor en “Encuentros en la tercera fase”, de Spielberg.

Luis García Berlanga.

“Esta Nochebuena siente un pobre a su mesa, por favor”

La socarronería hecha Cine, y del bueno. Un genio, que teniendo el humor como principal arma, hizo contundente crítica social cuando estaba prohibidísimo hacer crítica social.

Francis Ford Coppola.

El Autor sin término medio. Creador tanto de portentosas obras maestras como de obras fallidas. Fallidas, sí, pero nunca mal realizadas.

Howard Hawks.

Un gran narrador, con un excelente sentido del ritmo y del “tempo” fílmico. “El Dorado”, reverso irónico de su previo “Río Bravo”, me parece una película inconmensurable.

José Luis Garci.

Esa forma de hacer radio, con copa, y cigarrillo, y Solos en la madrugada

Genial en sus inicios, autor de las inolvidables y acertadísimas “Asignatura pendiente”, “Solos en la madrugada”, “Las verdes praderas”, “El crack”… Pero a partir del Óscar su cine perdió interés (para mí), se volvió “academicista” y “adocenado”, sin riesgos ni nada nuevo que aportar ni decir. Lástima.

Valerio Zurlini.

Debo reconocer que no conozco casi nada de él, y lo poco que conozco me parece fascinante: Solo he visto “El desierto de los tártaros”, y la considero una película magistral, con múltiples capas de lectura, sabiamente realizada para encumbrar como protagonista al paso del tiempo.

P. ¿Qué estás escribiendo en estos momentos? ¿Publicarás en breve un nuevo libro?

Ahora mismo, mientras espero la publicación de “Exégesis de Un Perro Andaluz”, retrasada por la pandemia, tengo dos obras a medias, una sobre cine y otra de ficción:

Respecto a la de Cine, estoy rehaciendo mi análisis de TODA la obra de Luis Buñuel, porque siempre he entendido sus películas como español y ahora que conozco y comprendo la mentalidad mexicana he descubierto que su obra es mucho más compleja de lo que nos imaginábamos. Y vista conociendo ambas mentalidades los resultados son sorprendentes e impresionantes, revelan la importancia y calidad de su mal llamado “cine alimenticio” mexicano.

Y en cuanto a la de ficción, estoy a la mitad de la tercera novela sobre Don Juan de Cedaceros, un disparatado detective privado matrimonialista que ejerce en Madrid… en el año 1641. Mantengo inéditas las dos primeras, que me llevaron más de tres años documentándome sobre todo tipo de pequeños detalles cotidianos del siglo XVII, las moveré por el circuito editorial mexicano cuando termine esta tercera. Y te puedo adelantar que son, hasta ahora, mi obra más personal, y la que más me divierte escribir. Porque mezclo y fusiono mis dos géneros literarios preferidos, el negro y la novela picaresca, y eso permite escribir parrafadas a lo Phillip Marlowe con léxico del siglo XVII: “Sépades vuestra merced que establecí mi despacho en la calle de Leganitos y dediquéme al oficio de inquiriente en la Corte, que bien pagarían los linajudos mansos por averiguarles con qué bravos sus esposas se amartelan en las misas de vísperas…

P. En tu obra Exégesis de un perro andaluz dices que Lorca era ese célebre “perro andaluz” Que así era como Dalí y Buñuel llamaban amistosamente a Federico, pero que a él no le gustaba nada.

Así es. En la Residencia, llamaban genéricamente “Perro Andaluz” a todos los andaluces; pero no se sabe cómo ni porqué, Federico acabó siendo el “Perro Andaluz” único y genuíno. Y es muy normal que le incomodase, era algo muy despectivo, muy propio del ambiente clasista de la Residencia. Buñuel y Dalí lo utilizaron con muy mala leche, la mala leche que les caracterizó a ambos toda su vida.

P. José, ¿cual es la pelicula que más veces has visto en tu vida?

Una obra maestra de luces, colores, lluvia y canciones inolvidables

He de responderte que varias, por igual. Y seguiré viéndolas una y otra vez: “Casablanca” de Curtiz, “La muerte tenía un precio” y “Hasta que llegó su hora” de Leone, “Viridiana” de Buñuel, “Conan el bárbaro” de Milius, “Mad Max” (la de 1979) de Miller, “El séptimo sello” de Bergman, “Star Trek: la película” de Wise, “Cantando bajo la lluvia” de Donen y Kelly, “Pink Floyd: The Wall” de Parker… Son películas que habré visto entre 20 y 30 veces (cada una) en el Cine, cuando aún existían los ”cines de reestreno” y los “cines de barrio”. Y luego gracias al VHS, primero, y el DVD, después, puedo asegurar haberlas visto más de 100 veces cada una. Y quizá me quede corto.

En muchas ocasiones me han reprochado ver tantas veces una misma película. Pero personalmente lo entiendo como las canciones: Si oyes una canción y te gusta, ¿ya no vuelves a escucharla porque ya la has oído y ya sabes el final? A que no, ¿verdad? Pues a mí me pasa lo mismo con las películas.

P. ¿El cine y la vida son la misma cosa?

Ni sí ni no sino todo lo contrario: El Cine es un reflejo de la vida y la vida copia e imita al cine, que es un reflejo de la vida y la vida copia e imita al cine, que es un reflejo de la vida… etc.

José Portolés en plan castizo

A pesar de que nos queda muy lejos geográficamengte hablando, está realmente muy cerquita gracias a la amistad y a las RRSS otro invento, dicen, cargado por el diablo.  Muchas gracias José Portolés. Que las hadas y tu ángel de la guarda, (llamado Clarence, cómo el que visitó una vez al bueno de George Baily) , te traigan lo mejor de la vida.

Muchas gracias a “Más que palabras”, a vuestro interés por el Arte y la cultura.

Y a Clarence / Henry Travers.

“Larga y próspera vida”.

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Más que palabras… con Cristina López


“La medicina según iba estudiando en el colegio se fue convirtiendo en una obsesión. Me encantaba el hecho de imaginar que viajaría y que ayudaría en las zonas de más penurias. Vengo de una familia de economistas, pero como te digo, desde muy pequeña me plantee el estudio del cuerpo humano”

La doctora Cristina López y su deliciosa sonrisa.

Tal vez sea una de las personas en las que más pensamos en la actualidad, dado el tiempo de pandemias y disturbios en que nos encontramos. Pero ella va mucho más allá de contagios, virus, y maratonianas guardias, y nos habla seductoramente de culturas precolombinas, indígenas, conquistadores, chamanes y leyendas de Mesoamérica. Y todo ello sin ceder ni un centímetro a las mentiras, misterios de estar por casa, y amarillos sensacionalismos de portada. Ella es, claro está, nuestra querida Cristina López.

AD. Cristina, aquí y ahora, ¿Te ves muy diferente a aquella niña que eras?

Cristina López. No para nada, siempre he sido muy soñadora y tremendamente cabezota, como buena Tauro, y sigo igual. Sigo con los mismos ideales, que la vida te va modificando y ordenando en prioridades.

P. ¿Ya te sentías atraída por la medicina y el mundo de la antropología?

Verás, me han atraído siempre. La medicina según iba estudiando en el colegio se fue convirtiendo en una obsesión. Me encantaba el hecho de imaginar que viajaría y que ayudaría en las zonas de más penurias. Vengo de una familia de economistas, pero como te digo, desde muy pequeña me plantee el estudio del cuerpo humano. Y es curioso, mis padres antes de elegir carrera, me insistían e insistían si estaba segura, y si, claramente.

En cuanto a la antropología Ada, las civilizaciones antiguas y la historia son mi pasión desde muy niña. También la de mi padre, al que le robaba los libros, Dioses Tumbas y Sabios, El Misterio de los Hititas, Troya…

Era fascinante. Me impresionaba la historia antigua, los relatos bíblicos eran una aventura constante.

P. ¿Te gustaban las películas de aventuras, tipo Indiana Jones, Steven Spielberg, 1981, o Esecreto de los Incas,  de Jerry Hopper, 1954, o preferías las de médicos, estilo Historia de una monja, de Fran Zinnemann 1959?

Cualquiera de ellas. Historia de una monja es una película que a muchos nos ha marcado la vocación, para que negarlo. Mira que la he visto veces y es maravillosa. Las de aventuras las he disfrutado con mi padre siempre. Somos dos locos de ese tipo de cine, incluso una vez que te metes en el tema ya de manera profesional, no te importan los errores históricos que puedan tener, siguen siendo encantadoras.

P. Eres una de las veteranas de Tiempo de Hadas. ¿Programa con el que más disfrutaste? ¿ Y el que menos?

Disfruté mucho con el de poetas andaluces y ya en la temporada pasada ha habido varios, la brujería, hombres lobo, jesuitas, recuerdo con mucho cariño el de chamanismo… Suelo disfrutar en aquellos en los que el dialogo fluye y se convierten en una charla entre amigos. Que haya disfrutado menos, no se, puede que en alguno que la temática no haya sido tan afín a mi, pero así tampoco sabría que decirte, me lo paso fenomenal con vosotros.

P. Cristina, ¿Cómo ves la situación en España en esta era del Covid-19? 

Veo España fatal Ada. En lugar de estar unidos luchando en esta mierda de pandemia, cada partido político va a su bola y la gente se radicaliza. Es un problema. Teorías negacionistas se ven amparadas por malas decisiones política, y aquí hablo en general, gobierno central y autonómicos.

No se deben dar situaciones como la de Madrid, si se hubiese tomado medidas a principios de septiembre, no hubiera sido necesario confinar. Por otro lado es brutalmente estigmatizador el aislar zonas concretas. Ni Vallecas es el infierno ni el Barrio de Salamanca el Paraíso.

Al respecto de esto, hoy me pasaban un vídeo de un local en el barrio de Salamanca, en el que chavales bien jovencitos, incluyendo algún miembro de la “nobleza” hacían alarde de beber y pasarlo bien sin mascarillas. Todo a la vez que salen banderas de España en coches a no se sabe muy bien que.

Le diría a los gestores que evitaran todo esto, que escucharan a los científicos, virólogos y epidemiólogos, que esto no es ninguna tontería.

P. Según leo en diferentes medios, estamos a la cabeza en Europa de contagios y víctimas. ¿Culpables?

Por supuesto, culpables los gestores y culpables los ciudadanos.

Me apena decir esto, pero veo en ocasiones gente tan despreocupada, jóvenes y no tan jóvenes. También veo gente responsable y fantástica. Gente que lucha por sus negocios y que los convierte en lugares de confianza.

Pero si tuviera que elegir, evidentemente el desencuentro político es el factor mas preocupante.

P.  Bajo tu punto de vista, y ante situaciones como la que estamos viviendo ¿Qué es peor  cierto pesimismo moderado, o el optimismo puro y duro?

La realidad Ada. No se deben manipular ni las cifras ni los datos. No se debe hacer de una tragedia un arma política, eso para mí, es un crimen de estado.

Cristina López además de médico pediatra y doctora en arqueología, es una viajera impenitente.

P. ¿Qué sueles hacer para relajarte, serenarte, des estresarte?

R. Fundamentalmente leer. Me encanta buscar textos de antropología, revisarlos, estudiarlos. Eso ahora, con el poco tiempo que el COVID nos deja por desgracia.

Aunque bueno, ya sabes que hay una tendencia miserable a decir que no trabajamos, no atendemos, bailamos y somos casi unos asesinos.

El otro día en RRSS tuve una discusión absurda con alguien que no viene al caso, en la que cualquier cosa que decía me la rebatía, incluso aunque le diera la razón en parte, me hizo explotar como nunca.

Hemos pasado de héroes a villanos. 

P. ¿Cuales son para tí las cosas que importan?

R. La personas: Teresa y Enrique mis padres, que adoro, mi Paloma, mi hermanaza, mi otro yo mucho más racional y Luis, mi pareja, que está siempre a mi lado apoyándome y compartiendo mi existencia, que es muy loca. Luis que llegó a mi vida cuando tenía que llegar y para quedarse.

Y vosotros, mis amigos siempre.

El resto en este caos, pasa a segundo lugar.

P. ¿Qué borrarías de tu vida, si es que borrarías algo?

R. Si lo que he vivido me lleva hasta lo que soy hoy día no borraría nada. Te podría decir a alguna persona, pero sería darles demasiada importancia.

Me quedo igual.

P. Cristina, para terminar, dime una película, canción, que nunca te hartas de ver, o escuchar.

R. No me cansaré nunca de Sweet Home Alabama y Free Bird de Lynyrd Skynyrd, del The Tunnel of Love de Diré Straits o Fear of The Dark de Iron Maiden. También la Creedence y Bruce me gustan muchísimo y ahora el Pagan Folk, Heilung, etc.

Iván IV, El terrible, 1944, obra maestra en blanco y negro de Sergei Einsenstein.

Películas pues cualquiera de Einsestein me flipan, y últimamente el cine de Ari Aster, Midsommar me hechiza hasta el punto de haberla visto varias veces, como The Wicker Man de Robin Hardy. Ah y Suspiria, la del 2018 de Luca Guadagnino me fascinó, la escena del baile, magistral.

Cristina nos deja con muy buen sabor de boca, además de hacernos dormir esta noche un poquito más a gusto sabiendo que en este planeta nuestro, existen hadas doctoras y pelirrojas como Cristina López. Un placer y afortunadísimos de conocerte.

La actriz Dakota Johnson en Suspirira, película de 2018.


Cuentos en primera persona

Rapunzel.

Érase que se era, allá en el lejano reino del Maresme catalán, justo al lado del Mediterráneo, entre el mar azul y una montaña verde, una apacible tarde de abril en la cual iba paseando mi madre, embarazada de mi, del brazo de mi padre. A punto estaban de finalizar su paseo, cuando casualmente pasaron por delante de la verja de un espectacular jardín que formaba parte de la inmensa propiedad de una masía bastante añosa. Mi madre se detuvo al momento ante la puerta, admirando maravillada aquellas rosas blancas como la luna, bellas rosas rojas como la sangre, exultantes narcisos amarillos de luz, petunias y clavellinas de seda, margaritas como soles y aterciopelados pensamientos, y altivos y perfumados nardos y jazmines. Entre los frondosos tilos, castaños de indias y tejos, y los macizos de flores, se veían antiquísimas fuentes de piedra, mármol y alabastro, cuyo rumor, unido al del viento y el canto de los pájaros, eran los únicos sonidos que enturbiaban el sosiego de aquel lugar prodigioso. Grandes palmeras de cimbreante y curvilíneo tronco; dorados plátanos de sombra de hojas rosadas; rododendros gigantescos, de llameantes copas, y lánguidos sauces llorones, sombreaban la imponente fachada de la enorme casona, que se asemejaba más a un castillo encantado que a una masía. Ante la mirada extasiada de mi madre, mi padre no pudo evitar un cierto estremecimiento.

-¡Dios mío, Dios mío, Pepe, por favor, sáltate al jardín en un momento y tráeme algunas rosas de esas de las de color rojo sangre!

El rostro de mi padre se oscureció al momento.

-¿Saltarme la valla del jardín y robar rosas? Mira, Tere, mejor vamos a la floristería de la Alfonsa y te compro las que quieras.

-¡No! ¡Yo quiero esas de ahí! ¡Quiero las de ahí!

Una mamá embarazada atacada por un antojo puede ser algo terrible.

-¡Mira que esto es un jardín privado y nos la vamos a cargar, Teresa! Bueno, pues dejaré algunas monedas sobre aquél banco antes de irme. Venga, voy… ¡Ay, madre! Lo mismo tienen un perro asesino y me devora vivo…

Pero mi madre ya no era dueña de su voluntad. De su voluntad eran dueñas las rosas rojo sangre al otro lado de la verja del jardín. Y estaba cerrado. mala cosa. Mi madre ante la preocupación de mi padre, decidió no incordiar más. Pero mi padre al final, caballero sin espada y sin caballo, antes de meditar un momento en lo que estaba a punto de hacer, ya estaba trepando la verja del jardín, que poco a poco y para colmo de males, se iba oscureciendo lentamente, ya al final de aquella tarde perfumada y feérica de abril. De manera que sintiéndose el ladrón más miserable y el futuro padre más agobiado del mundo, y mientras mi madre le esperaba impacientemente al otro lado, se puso con creciente nerviosismo a cortar para su dama, con su navajita-llavero suizo, tres rosas rojo sangre. Y es que pensó, mientras una gota de su propia sangre resbalaba por entre los pétalos de una rosa roja, que las espinas de aquellas rosas eran tan peligrosas como cuchillas. Pasaron así unos minutos largos como siglos, y enfrascado estaba en la `poda de las rosas, con ganas de terminar cuanto antes no fuera que aparecieran los dueños, cuando escuchó tras su espalda el inquietante rumor de unos zapatos caminando sobre la tierra.

-¡Malvado! ¡Así que has venido a robarme mis rosas aquí mismo delante de mis narices! ¡Ladrón! ¡Ya verás ya, la que te espera!¡ Ladrón más que ladrón!

Mi padre, que nunca en su vida fue un cobarde, no pudo evitar que un escalofrío de terror sacudiese todo su ser. Con el rostro sin color, y empapado en sudor, al girarse contemplo, sin poder dar crédito a sus ojos, a una señora muy mayor, de piel blanquísima, bajita, gafosa, regordeta y pelirroja, peinada con un moño redondo y pegado a la nuca, del cual sobresalía una hojita de mandrágora. Iba vestida de negro de pies a cabeza, y sobre el pequeño caballete de su blancuzca nariz bailaban unas redondas gafas de oro. La anciana mujer caminaba no sin cierta dificultad, y se ayudaba para tal menester con un bastón de tilo, tan rugoso como sus propios dedos.

-¡Perdone mi atrevimiento, señora! ¡Lo siento muchísimo, de verdad! ¡Las cortaba para mi esposa embarazada! ¿Sabe usted? Es que dará a luz en un mes, y al pasar hace un momento ante la puerta de su maravilloso jardín, ha sufrido un antojo de los rabiosos. Nada más descubrir esas rosas color sangre ha sentido la pobre que se moría si no me saltaba prestamente a por tres. Pero, no se preocupe, pensaba dejarle el dinero sobre ese banco de ahí. ¡Dígame lo que valen y tenga el dinero!

-¡Mmmm…! ¿Así que serás padre en el mes de mayo? ¿Eh, malandrín? ¡Jejejeje! ¡Bueno, bueno, el mes de mayo…! Debes saber buen mozo, que ese es el mes de los gatos, de las amapolas, de los hechizos, y de las hadas. Los bebés que nacen en mayo son mágicos y casi divinos. Guárdate tu dinero, que yo no necesito dinero, mozo… no, no. ¡Jejeje! Yo no te voy a castigar por tu maldad de robarme mis preciosas rosas, pero te propongo un trato: cuando nazca tu niña -que eso lo que lleva tu mujer en las entrañas-, me la has de traer aquí a esta casa. Llama cinco veces y deja a la niña en la puerta. Tu te vas y que no se te vaya a ocurrir mirar atrás. Si te dijera que tengo la casa amueblada con muebles que son en realidad, padres díscolos, roba-rosas, que al igual que tu, un buen día intentaron llevarse mis flores, y engañarme sin más. A mi, una pobre y solitaria anciana. ¡Ya os daré yo rosas!

– ¿Una niña por tres rosas? ¡Quédese con las flores que no las queremos! ¡Vamos hombre!

-¡Pues ya no las puedes devolver, malandrín, ya que están manchadas con tu sangre!

-¡Pues las lava usted y tan a gusto! ¡ Ala, adiós!

Mi padre saltó la vaya aún más rápidamente de lo que la había saltado al entrar, y salieron los dos, mi madre y él, a paso ligero cual galgo cazador. Pero al mes de nacer yo la bruja apareció por casa una noche de mucha lluvia, y relámpagos y me llevo con ella. Mis padres? ¿Qué si intentaron impedírselo? Por supuesto, pero como ya le dijo a mi padre aquella lejana tarde de abril en su jardín, la malvada bruja Consuelito, los hechizo convirtiéndolos, a mi padre, en un sillón chester de cuero marrón, que le combinaba genial con la bola del mundo en madera de nogal. Y a mi madre, en una bella silla chaise longue en seda color champán. Y desde entonces vivo en un castillo y solo salgo al mundo para cabalgar.

Mis cabellos negros como los ojos de la noche, y tan largos que llegaban ya hasta las mismas lindes del jardín, servían a la bruja Consuelo para trepar por la alta torre en donde me había encerrado para pena mía. Si la vieja quería subir solo tenía que decir las palabras mágicas:

¡Rapunzel,

Rapunzelera,

échame al pronto

tu cabellera!

Y entonces, ¡oh, prodigio! mis largos rizos se lanzaban extraordinariamente vivaces, fuera de la única ventana, y puerta con que contaba la torre de piedra que era mi prisión. Y la bruja trepaba ágilmente por mis rizos, teniendo en cuante sus ciento treinta y dos años, y me subía, espaguetis a la carbonara, pizza, tortilla de patatas, con mucha cebollita, flan de café, rosquillas de anís, uvas y queso. Después me obligaba a bordar un tapiz larguísimo con imágenes de lunas llenas, estrellas, arboledas y cabras, y para colmo me obligaba a hacer multiplicaciones, divisiones, ecuaciones, analizar morfológicamente frases tontas como por ejemplo: Pepito usa la sala, o filtróse el mozo en una zahurda lóbrega, o cualquier imbecilidad por el estilo. Así hasta que cumplí los diecisiete años. Entonces sin saber yo nada, mientras una tarde de temporal, mucho viento, lluvia, hojas que revoloteaban armónicamente al desbocado compás del céfiro, cual bailarinas en La Fenize veneciana bailando El Cascanueces, acertó a pasar por aquellos intrincados y frondosos senderos, un joven estudiante de Ciencias Exactas, que se había perdido por culpa, dijo, de la tormenta. Y, mira tu que feliz casualidad, fue a dar con la torre de piedra que era mi amarga reclusión, justo en el momento en el que la bruja Consuelito, (parecidísima a la directora del colegio para niñas Nuestra Señora del Pilar), pronunciaba las consabidas palabras mágicas, y mis kilométricos rizos bajaban a toda prisa ventana abajo.

¡Rapunzel,

Rapunzelera,

échame al pronto

tu cabellera!

El estudiante, que era realmente atractivo, alto, moreno, de pálido rostro y ojos profundos, se quedó con la copla, y escondido tras el más alto y viejo de los eucaliptos, esperó pacientemente para salir a que la malvada bruja Consuelito se hubiese marchado.

Cuando lo hizo, ya noche profunda y brillante, profusa de búhos ululantes y de ranas cantarinas, se acercó silenciosamente hasta el pie de la torre, tal y como había visto hacer horas antes a la bruja Consuelito, y dijo con voz queda y susurrante:

¡Rapunzel,

Rapunzelera,

échame al pronto

tu cabellera!

De manera que involuntariamente, mis cabellos se lanzaron a escurrirse por la ventana y cual no sería mi sorpresa al ver subir, no a la bruja del moño pelirrojo, que me obligaba a aprender a hacer ganchillo, a golpetazos, que me martirizaba con ecuaciones, números primos, verbos regulares y pretéritos pluscuamperfectos, si no a un chaval guapísimo, vestido con jeans y camisetucha de los Sex Pistols.

-Hola.

-¡Oh, oh! ¿Eres el Príncipe azul, por ventura?

_ ¿Yo? ¡Qué va! Solo soy un estudiante de Ciencias Exactas que debido a las adversas circunstancias meteorológicas, se ha despistado de su camino. Pero veo que estás aquí recluida en contra de tu voluntad y ahora mismo nos vamos.

-Mejor, ¿sabes? Es que a mi los príncipes azules no me gustan mucho, la verdad. Prefiero los príncipes color magenta. O incluso gris nube.

Bajamos a toda velocidad por entre mis rizos, y al poner los pies en tierra, él me besó. Pero solo en la frente. Y es que creo que se había enamorado profundamente de mi, como todo el mundo. Para entonces, mis padres que habían permanecido hechizados todos esos años en la salita de estar de la horrible bruja doña Consuelito en forma de sillón chester, y de chaise longue, recuperaron su forma humana, y todos juntos nos marchamos felices, lejos de aquél sombrío lugar. Y lo último que supe de la bruja Consuelito fue que había encontrado trabajo como directora de un colegio junto a la mar.

Enero, 2020. Ada García.

Más que palabras con… Pilar Alcalá

“Soy aprendiz de poeta. Poeta es una palabra que nos viene grande a casi todos, y que muchos usan alegremente”

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Pilar Alcalá García

Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía…” Y Pilar Alcalá, filóloga sevillana, y unas de las máximas responsables de los múltiples actos que se han organizado y aún quedan por organizar, en Sevilla con motivo de este Año Bécquer, lo sabe mejor que nadie, pues eso, que siempre, siempre habrá poesía. Pilar tiene mirada de golondrina, como las golondrinas que vuelven a tu balcón como aquella que amó el Príncipe feliz, y Pilar tiene voz como la caricia del arpa, aquella mágica del poema becqueriano. Entusiasmo al público que escuchaba silencioso en el salón del palacio de los marqueses de la Algaba, en Sevilla en diciembre pasado; a los que se acercaron hasta el parque de Maria Luisa junto a la estatua de Bécquer; a Alvaro anula Pulido durante nuestro programa Poetas andaluces en la etapa Desde casa, y entusiasma a todos los que tiene  la suerte de escuchar a Gustavo Adolfo Bécquer, el poeta amante de los ojos verdes, y las leyendas oscuras, en los labios de Pilar Alcalá.
AD. Pilar, ¿Son estos malos tiempos para la lírica?
Pilar Alcalá. Es una frase que oigo desde hace tantos años… Siempre son malos tiempos para lírica, aunque la concesión del Nobel de Literatura a la poeta neoyorkina Louise Glück da muchas esperanzas. La poesía tiene menos lectores (adictos, adeptos, amantes…) que cualquier otro género literario. Son muchos los que rechazan este género, a veces, sin ni siquiera haberse acercado a él. Hay quien dice que no entiende la poesía, ¡cómo si la poesía se escribiera para entenderla! La poesía, si atendemos a la etimología de la palabra y a su significado, vemos que es “la manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa”. Esto quiere decir, en mi opinión, que la poesía es el más sublime de los géneros pero últimamente la poesía está siendo atacada por los mismos que dicen amarla, y me explico: en los últimos tiempos veo, a veces con pavor, que todo el mundo publica poesía, se ha pasado de no leerla por temor a no entenderla, a publicarla sin ningún pudor. Hay tal proliferación de actos poéticos que a veces asusta, no se trata de cantidad sino de calidad. Todos somos libres de escribir lo que nos dé la gana, pero creo que a la hora de publicar hacen falta unos límites, unos criterios, no todo vale, al menos a mí no todo me vale. Y los límites tienen que empezar en uno mismo y por supuesto en las editoriales. Tiene que haber rigor y honestidad. No es de recibo abrir un libro y encontrar faltas de ortografía, amén de otros disparates gramaticales o sintácticos. Se necesita leer mucha poesía para poder escribir algo digno de ser presentado al lector. Ya lo dijo Bécquer en su “Introducción Sinfónica”: Los extravagantes hijos de mi fantasía,
duermen por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, esperando en el silencio que el Arte los vista de la palabra, para poderse presentar decentes en la escena del mundo.
“Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”

P. ¿Cómo puede ser eso de que en la España de años, e incluso siglos atrás, se leyese, escribiese, y vendiese poesía, en un país según los historiadores, con un elevado índice de analfabetos y pobres, y hoy, en la era del bienestar más o menos general, y la cultura más o menos al alcance de todos, apenas se publique? ¿Por qué la poesía es como la hermana “difícil” de la literatura?
R. Un poco ya he respondido en la respuesta anterior. Lo que más llama la
atención es que en un país como el nuestro, donde lee muy poca gente, casi
todo el mundo publique. A veces tengo la impresión de que el arte de escribir no está lo suficientemente valorado. No todo el mundo está capacitado para ser tenor o soprano o corredor de fondo, pero parece que todos, por el simple hecho de saber leer y escribir, estemos capacitados para crear arte con las palabras. De la marginalidad de la poesía ya hablé antes, podría añadir que muchos ven al poeta como un solitario, como un ser endiosado y eso les puede causar rechazo. Mucha gente lee para distraerse, para pasar el rato y está claro que la poesía no está hecha para eso.
P. Pilar tú eres poeta. ¿Dónde podemos buscar tus obras?
R. Soy aprendiz de poeta. Poeta es una palabra que nos viene grande a casi
todos y que muchos usan alegremente. Soy poco dada a publicar por lo que en RRSS poco hay de mi obra, unos cuantos poemas. Tengo poemas publicados en algunas revistas y en la colección Torremozas y tengo dos poemarios publicados: “Adamar” publicado por TAU y “Poemas de názora y azófar” publicado por En Huida. Piensa que tengo otro poemario acabado hace tres años y no me decido a darle el consuelo del papel porque le tengo mucho respeto a la Poesía y creo que para publicar hay que aportar algo nuevo. Y lo peor es que estoy terminando otro poemario que comencé hace tres años. Me sorprendo mucho cuando veo que hay quienes publican uno o dos poemarios al año. Insisto en lo dicho anteriormente, no es cuestión de cantidad sino de calidad y yo nunca estoy satisfecha con lo que escribo, de lo cual me alegro. Soy, al igual que Bécquer, “ansia perpetua de algo mejor”.

P. Háblanos por favor, de lo que ha significado este Año Bécquer para ti, personalmente. ¿Qué actos al respecto quedan aún por celebrarse?
R. Puedo decir que cuando el ayuntamiento de Sevilla aceptó mi propuesta y
declaró 2020 “Año Bécquer” me sentí como una niña en la noche de Reyes
Magos. El interés de este centenario estriba en el hecho de que es un
centenario de ambos hermanos, Valeriano y Gustavo, que murieron con tan
sólo tres meses de diferencia. Dos hermanos que, desde que se quedaron
huérfanos siendo muy pequeños, siempre habían vivido juntos en Sevilla, en Madrid, en Toledo, en Veruela. Gustavo y Valeriano fueron más que hermanos, fueron amigos y compañeros de trabajo, uno fue la familia del otro ya que casi no se relacionaron con sus otros seis hermanos que se quedaron en Sevilla. Valeriano siempre ha estado a la sombra de Gustavo y por eso me parecía que este aniversario era el momento ideal para reivindicar la figura de Valeriano y la importancia que tuvo en la vida y en la obra de Gustavo Adolfo. Yo creo que no podemos entender al uno sin el otro, se son mutuamente indispensables. Quedan dos Rutas Bécquer en noviembre, que haré yo misma, organizadas por el CAL (Centro Andaluz de las Letras), dentro del programa “Ciudades literarias”, una de las rutas dentro de la programación de la Feria del Libro Antiguo. Y en diciembre, organizadas por la Casa de los Poetas y las Letras, dos jornadas tituladas “Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer: del romanticismo a la modernidad”, en las que tengo el honor de participar con una ponencia. La lectura de “Maese Pérez el organista” en Santa Inés, los días previos a Navidad, etc. Y el acto de clausura del Año Bécquer, el 22 de diciembre, día de la muerte de Gustavo Adolfo, acto que se hará en el Panteón de Sevillanos Ilustres ante la tumba de los Bécquer. Pero todos dependen de la situación sanitaria, como es lógico.
P. Decía Sorolla, enamorado de la luz de la ciudad de la Giralda, que si fuera posible él sería de Valencia y de Sevilla el mismo tiempo. Gustavo Adolfo Bécquer,  Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Antonio y Manuel Machado; Bartolomé Esteban Murillo, Diego Velazquez, Juan Valdes Leal. ¿Qué crees que tiene la luz y el aire de Sevilla para crear tantos maestros irrepetibles en el Arte?
R. No creo que sea sólo la luz. Se habla de la luz de Valencia que inspiró a
Sorolla, de la luz de Skagen, en Dinamarca, donde se estableció una colonia
de pintores escandinavos a principios del XIX, de la luz y los cielos violáceos de Firenze, donde nació el Renacimiento. La luz de Sevilla, como todas las luces, es para todos, pero sólo algunos seres son capaces de ver, de captar esa luz y son capaces de transformarla en belleza. Vuelvo a citar a Bécquer: Todo el mundo siente. Sólo a algunos seres les es dado el guardar, como un tesoro, la memoria viva de lo que han sentido. Yo creo que éstos son los poetas. Es más, creo que únicamente por esto lo son. (II, Cartas literarias a una mujer). Esto se puede extrapolar a cualquier disciplina artística. Creo que, además de la luz, hacen falta almas y corazones dispuestos a dejarse llevar por ella, hace falta tener una sensibilidad especial para escribir Ocnos o pintar la Virgen de la servilleta, hace falta seguir unas huellas. Se tienen que dar una serie de circunstancias para que aflore la belleza.
P. Pilar, ¿se puede ser poeta sin ser en absoluto romántico?
R. Me gustaría hacer una aclaración. Para mí el romanticismo es algo más que una corriente artística, un movimiento que se produjo a finales del XVIII y principios del XIX. Para mí el romanticismo es un modo de sentir y vivir, es el continuo deseo, la lucha constante por lo que amas, es perseguir un sueño, un misterio, tener un ideal, tener una pasión, y este romanticismo existe desde que existe el hombre y este romanticismo es imprescindible para crear, no sólo para ser poeta, sino para cualquier tipo de arte.

P. Qué pena que este esperado Año Bécquer haya coincidido con el año del virus. Pilar, ¿habéis tenido que suspender muchos actos al respecto?
R. Sí, ha sido una pena. La historia se repite con Bécquer ya que el centenario de su nacimiento, en 1936, se vio truncado por algo tan terrible como la guerra civil. Se han suspendido algunos actos, otros se hicieron de manera virtual, durante el confinamiento, por ejemplo el “Día de la Poesía”. Quizá para mí la supresión de este acto haya sido la más dolorosa porque iba a tener lugar en la Venta de los gatos, escenario de un texto homónimo de Bécquer, un lugar que está esperando que las autoridades lo salven del abandono para convertirlo en un lugar dedicado a Bécquer y a la cultura. Tenía que haber sido un acto reivindicativo y no pudo ser. Se suspendió la Ruta Bécquer de mayo, la

presentación de la edición de las Rimas, edición conmemorativa del ciento
cincuenta aniversario de la muerte de los Bécquer, que hizo la editorial Anantes
y para la que yo misma he escrito el prólogo, se ha suspendido la Noche en
blanco y en consecuencia el acto becqueriano que se iba a celebrar esa noche.
Pero tengo el consuelo de que el ayuntamiento de Sevilla hizo una ofrenda
floral ante la tumba de los Bécquer el día de la muerte de Valeriano, el 23 de
septiembre, un acto muy emotivo durante el que leí unas palabras de Julia
Bécquer, hija del pintor, en las que hablaba de la faceta humana de su padre. Y espero que podamos hacer algunos de los actos que están programados hasta final de año, aunque soy consciente de que otros habrá que suspenderlos.
P. Decía el poeta y artista Gerardo Alonso Zahonero, autor del libro de poemas ilustrado con sus propios dibujos, Odonata,  y colaborador de Tiempo de Hadas, que a pesar de no recibir ningún tipo de ganancia material él seguirá escribiendo poesía, y dibujando, y que no puede ni quiere dejar de hacerlo, pese a que no pueda vivir de ello. ¿Crees que en España debería haber más apoyo al Arte y a la Cultura?
R. ¡Por supuesto! Invertir en Cultura es fundamental para cualquier sociedad. La sociedad necesita Cultura, necesita alimentar los sentidos. Se ha repetido mucho en estos tiempos, y es verdad, la Cultura nos ha salvado en los terribles días que hemos vivido y nos seguirá salvando. Ya lo dijo Dostoyevski en su libro El idiota: “La belleza salvará al mundo”. Tal vez a algunos poderes no les interese tener un pueblo formado y culto por eso los que amamos la Cultura tenemos que hacer todo lo posible para mantenerla viva.

P. ¿Durante tu infancia ya te gustaba y disfrutabas con la poesía? ¿Cómo eras entonces? 
R. Empecé a leer desde muy pequeña porque mi madre era maestra y me
enseñó, así que con 5 años ya sabía leer y escribir perfectamente. Para mí el
mejor juego era leer, eso sí, no me gustaban los cuentos de princesas, me
parecían absurdos. De pequeña leí a los clásicos en versión infantil y cuentos, muchos cuentos, claro, que no fueran de princesas… La poesía llegó más tarde y llegó con Bécquer. Fueron dos versos suyos “el alma que hablar puede con los ojos / también puede besar con la mirada”, los que me hipnotizaron. Esas palabras sí que eran maravillosas y mágicas no como el estúpido príncipe azul que tan mal me cayó siempre. Y es curioso, porque en estos tiempos esos versos de Bécquer son muy de verdad, son plena actualidad, ahora que llevamos la boca tapada, nuestros ojos se encargan de besar. Era una niña seria y callada, tímida, y sigo siendo así pero ahora, con el paso y el peso de los años, he aprendido a disimular la timidez.
P. ¿A quién lee Pilar Alcalá antes de irse a dormir?
Glorieta Bécquer en el sevillano parque de María Luisa
R. Pues al autor que esté leyendo en esos momentos, da igual que sea prosa o
poesía. Lo que sí es cierto es que hay autores a los que vuelvo continuamente,
no sólo Bécquer, también Cernuda, Salinas, Julia Uceda, Ángel González,
Javier Marías, Wislawa Szymborska, Alda Merini, Pavese, Ungaretti, Quasimodo, etc., la lista sería demasiado larga. Soy de las que subrayan los libros y marcan los poemas, por eso me encanta retomar un libro leído hace tiempo y releer aquellos versos subrayados, aquellos poemas marcados, aquellos párrafos señalados en las novelas, por ejemplo de Javier Marías, mi preferido
en absoluto.

P. Vivimos tiempos tortuosos, ¿eres optimista y piensas que en nada todo esto se habrá convertido en un mal sueño, o piensas que tardaremos años en volver a ser lo que fuimos antes de febrero del 2020?
R. Espero que no volvamos a ser los que fuimos. Yo creo que algo tan grave
como lo que estamos viviendo nos va a marcar, nos debe marcar, de lo
contrario significaría que tenemos poca sensibilidad. Al principio de la
pandemia se leía y se escuchaba a menudo que de esto íbamos a salir todos
mejores. Tengo mis dudas. Creo que vamos a salir diferentes, unos saldrán
mejores y otros, peores. Es más, ya lo estamos viendo. Insisto, lo que está
ocurriendo no debería dejarnos igual que antes, deberíamos aprender mucho de todo esto. A lo mejor ahora mismo es pronto, porque todavía estamos inmersos en la pandemia, pero cuando acabe (ojalá sea muy pronto) todos habremos aprendido. Es obligatorio reflexionar y sacar conclusiones, tanto a nivel personal como a nivel de sociedad. Tanta tristeza, tanto dolor, tanto esfuerzo no pueden ser en vano. Deberíamos ser menos egoístas y menos individualistas, menos materialistas y deberíamos aprender qué es lo realmente necesario, imprescindible e importante en nuestras vidas. Yo, por ejemplo, quiero aprender a no tener prisas, a no agobiarme, a relativizar.

“Ansia perpetua de algo mejor, eso soy yo”.

(G. A. Bécquer)

Cuentos en primera persona

HOY: LOS DUENDECILLOS ZAPATEROS. (Perdón, escritores)

Octubre de un año lejano.

Mi editor, Leónidas Decorrido, me hacia continuamente la pascua al exigirme una y otra vez que pusiese ya el punto y final a mi última novela, una surrealista historia de amor entre un ectoplasma y un hada, llamada: Historia de un jueves. Y eso que solo había transcurrido un año fuera de plazo de la entrega del manuscrito original. Creedme si os digo que Leo Decorrido, el jefe máximo de Ediciones Bela Lugosi, era realmente un tirano. Y tan cubano él. Con su latino porte de jinete apocalíptico, (la guerra, por supuesto) los negros y lacios cabellos hasta los hombros, esas pobladas cejas circunflexas, esa estatura…  Por eso cuando Leo decidió organizar una mega fiesta para celebrar el no sé cuantos aniversario del derrocamiento de Batista, no dude lo más mínimo en plantarme en el Gran Casino Ópera María Callas de la hermosa ciudad a pie de mar, llamada  Barcelonia, ataviada  con un bellísimo vestido de gasa color café marroquí. Ya en la fiesta, en la cual se bailó bestialmente los últimos éxitos del momento, tal como Ma baker, de Boney M, Te estoy llamando locamente, de Las Grecas, o  Los pajaritos, de María Jesús y su acordeón, mi editor fan declarado de Lady Gaga, no me hizo el más mínimo caso hasta que no terminó de bailar Bad Romance, junto al escritor más cañero del momento Wilfredo von Stadtbewohner que llevaba el traje sastre más cool de la temporada, valorado en 3000 euros. Y es que la célebre   influencer e instagramer, Sangrilla Dracull había diseñado el tejido en tartán irlandés, con micro calaveras en rojo beso.

— Querida Karina, si no me envías el manuscrito definitivo este fin de semana,  rescindo el contrato y te buscas la vida en una editorial de esas de yo meloguiso yomelocomo. ¿Entiendes, princesa? Tienes de plazo, irrevocable, hasta el lunes.

 — ¡Oh, no Leónidas! ¡No puedes hacerme esto, soy Karina Andersen! ¡He vendido más de tres millones de ejemplares de Océanos de Tiempo!

— Claro que puedo.

— ¡No, no puedes!

Y así dos horas hasta que un taxi se detuvo ante su impactante mansión a las afueras de la ciudad. Al llegar a mi casa, estilo shabby chic, con toques industriales aquí y allá, me apeé bastante achispada por culpa del Veuve Cliquot rouge, pero afortunadamente mi doncella suiza Gretel Bunis me preparó un delicioso postre a base de nata, pasas y canela. Gretel, una chica muy guapa que lunes y miércoles estudiaba para ser abogado pro Derechos Humanos, estaba esperándome en la entrada entre los florecidos jazmines, los exuberantes castaños de indias, y las perfumadas rosas de China. Gretel, mi querida doncella, que de pequeña se había perdido a intempestivas horas de la noche junto a su hermano Hansel en pleno bosque, y que gracias a unas miguitas de Bollycao que robaron de una casita encantada, pudieron aguantar hasta ser rescatados por el Equipo A. Pues así me contaba sus andanzas Gretel, aunque yo creo que en realidad sobrellevaba un exceso de estudios, mientras yo devoraba a mordisquitos el postre de nata, y me estrujaba la cabeza pensando qué puñetas escribir en esas cuatrocientas páginas en blanco que me esperaban para completar Historia de un jueves.

Este es mi fin. Pensé, mientras Gretel me preparaba el baño antes de irme a dormir. Seré pobre, otra vez una doña nadie. Vestiré inmundicias, comeré sopicaldo. Tendré que viajar en bus, o ¡horror! en metro.  Volveré a ser uno de esos escritores a los cuales no les conoce más allá de su exiguo marco mediático, ni su vecina Lolita. Lágrimas densas, cálidas y saladas barrían los últimos vestigios de mi maquillaje anti lágrimas de Dior que me habían mandado por ser famosa, en una cestita preciosa. Pero ahora, maldita sea, por culpa de mi bloqueo mental, se acabaron las cestitas, los regalos, los coches eléctricos de Tesla. ¡Otra vez  a contaminar!

Y así, llorando y compadeciéndome de mi misma de está vergonzosa manera, me quedé profundamente dormida.

A la mañana siguiente me despertó la campana de la iglesia, su sonido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición… ¡Ay no que esto no es mío, si no de Gustavo Adolfo Bécquer! Pues nada, que a la mañana siguiente, con un dolor de cabeza abominable, me arrastré hasta la bañera y caí en sus profundas y perfumadas aguas, mientras Gretchen abría de par en par las cortinas de las tres ventanas de mi habitación, más la terraza, con jardín incluido, y el sol casi estuvo  a punto de derretir mis maltrechas y achispadas neuronas. De pronto recordé las malvadas palabras de Leo Decorrido, mi editor: “Si no me envías el manuscrito definitivo este fin de semana,  rescindo el contrato y te buscas la vida en una editorial de esas de yo meloguiso yomelocomo. ¿Entiendes, mi querida Karina? Tienes de plazo, irrevocable, hasta el lunes” Así que, rápidamente me puse mi bata Donna Karan de seda negra, bordada con encaje gris perla por costureras vietnamitas, que sólo bordaban las noches de luna llena brillando sobre las tibias aguas del Mekong. Bajé las escaleras hasta mi escritorio, sorbiendo la última taza de café,  y, cual no sería mi sorpresa cuando ¡oh, cielos! ¡oh, cielos! descubrí eufórica, sin dar crédito a mis maravillados ojos, que por la noche alguien había escritor diez capítulos seguidos de mi novela Historia de un jueves. Pero, ¿quién? pardiez. ¿Quién?

Me pase el día metida en la cafetería Mónica, escribiendo cosas infumables, cosas que no servirían ni para aliviar el vacío de un escritor con el agua al cuello como yo.  Comparado con las maravillas que habían dejado escritas misteriosamente en mi ordenador, todo eso era pura inmundicia. No entendía nada. ¿Cabía la posibilidad de que fuese sonámbula y me acometiese por las noches una inspiración sublime, mágica, febril, y que dormida, bajase las escaleras y me pusiese a darle al teclado como una posesa? No, ciertamente. Intenté antes de subir a dormir, escribir de nuevo. Nada. Las palabras que surgían del teclado eran trilladas, eran frases muertas, mil veces escritas, trillones de veces usadas. De manera que me vestí rápidamente con un chubasquero amarillo flan sobre el delicado camisón, y unas botas de agua transparentes; arranqué mi descapotable blanco marca Bentley, y me fui hasta la pastelería en donde felizmente adquirí dos cajitas de bombones al Cointreau. Después me acosté con la nariz enrojecida por los bombones y los disgustos, pensando que estaba a punto de, o salirme un granito horripilante sobre la ceja, o bien, tirarme directamente por la ventana. Da igual que fuese una primera planta…

Al día siguiente otra vez ocurrió.  Alguien misterioso había escrito diez capítulos más de Historia de un jueves sin una miserable falta de ortografía, con unas descripciones increíblemente maravillosas, tipo Marcel Proust, y una prosa exquisita, en plan Joseph Conrad o Benito Perez Galdós. Esto es de premio Nobel, pensé, y hasta me vi a mi misma allí en Suecia, sobre el escenario de la Sala de Conciertos de Estocolmo, vestida con un maravilloso vestido en organza azul pavo, de Omar Gutrier, con tocado de redecilla, y zapatos de tacón en terciopelo color capuchino,  recibiendo el premio y diciendo “¡Gracias, gracias, pero todo se lo debo a…!”

¿A quién?

Esa noche decidí esconderme tras la cortina y cual no sería mi sorpresa cuando descubrí a tres niños de unos diez años, con las orejas puntiagudas, los ojitos verdes, y rasgados, la naricilla chata, y los pelos rizados y rojizos. Sobre ellos llevaban unos gorritos de lana marrón, con hojas de fresno y de haya pegadas, camiseta a rayas  verde y azul, y botones de latón del tamaño de un plato de café. Los otros dos duendecillos tenían el saludable aspecto de añosos abuelotes, de sonrosada tez, pelo largo y blanquísimo, al igual que sus largas y densas barbas; sobre sus rasgados ojos verdes, cejas tipo escoba de barrer el jardín sombreaban sus inquisitivas miradas. Y todos ellos con bigotines de gato bajo sus feérica narices. Uno de los más ancianos, el que llevaba unas gafas de alambre y nácar sobre su picuda nariz, quizás el más anciano de ellos, susurro con una voz metálica y suave:

— ¡Venid, venid ya por aquí! ¡No hagáis ruido!

— ¡Si, amigos terminemos ya ese dichoso libro y volvamos a Cratynghen otra vez!

Y por eso les dejé a la noche siguiente, la madrugada del domingo al lunes, unos batidos de chocolate y vainilla, unas magdalenas, una piruleta, y unos bocatas de jamón de York, con huevo hilado y media tortilla de patatas con ketchup, junto a mi ordenador con el siguiente mensajito:

                                   Queridísimos duendecitos:

Gracias, gracias por todo.

(Os he dejado algunas cosas ricas

Para animar la tripilla).

Karina Andersen.

Ese año gane no gané el premio Nobel. Ni el Goncourt, ni el Pulitzer. Pero no tiene importancia, ya que mi libro, Historia de un jueves, fue un  best seller absoluto, gané mucha pasta y nos fuimos a vivir a un castillo junto al mar. Mi editor, Leónidas Decorrido se marchó a su Cuba natal, a contarles cuantos a los niños del Malecón. Cuentos de duendecillos escritores, de hadas durmientes, y de tiburones con gafas que echan fuego por la boca. Más tarde, me compraron los derechos de la obra para el cine,  y Emma Watson y Will Smith fueron los protagonistas. Y creedme si os digo que ganó un Óscar. Todo gracias los duendecillos escritores. Por su parte, Gretel Bunis y su hermano Hansel, se colocaron como abogados cañeros-luchadores pro Derechos de la Infancia en Bruselas. Queridos amigos escritores, si alguna vez os desesperáis por no saber como llenar una página en blanco, cómo avanzar en esa historia que se os ha quedado estancada, y bien estancada, y para colmo vuestro editor acecha, no, desesperéis, puede que esa noche, o cualquier otra noche la magia corretee por vuestra casa, como ratoncitos traviesos, sin vosotros siquiera sospecharlo. Y entonces, al día siguiente al despuntar el alba, descubrís que alguien ha escrito extraordinariamente bien sobre las páginas que forman vuestra historia, celebradlo. Dicen algunos seres feéricos que ellos, los duendes, escribieron en realidad, Las aventuras de Nils Olgerssön  a través de Suecia, La Vida es sueño, Harry Potter y la piedra filosofal, y tantos otros. Ah, que no se os olvide dejarles un poco de cena, algunos bollitos con mantequilla, leche, dulces y naranjas. 

Ada García. (Y cinco duendecillos más). Octubre del año de 2020

Más que palabras con… Itziar Morago

“Mis canciones van de lo que siento en el momento en el que empiezo a componerlas. Las primeras tenían letra, hablaban de un amigo de la infancia, ahora ya no escribo letras”.

Itziar Morago, música bajo los árboles

Había una vez una escuálida y solitaria muchacha que vivía sola, a no ser por un gato sin nombre. Así comienza la novela de Truman Capote Desayuno en Tiffany´s la novela llevada al cine con el nombre muy mítico y muy legendario de Desayuno con diamantes, por Blake Edwars. Y  es que esta chica de quién os hablo es pelín escuálida y pelín solitaria, y además tiene un gato, que responde al nombre de Lucas, nos la podemos imaginar perfectamente vestida con el maravilloso traje largo y negro de Givenchy, (como la mismísima Audrey-Holly), comiendo croissants y bebiendo café frente al escaparate de Tiffany’s en Nueva York. Ella es Itziar Morago y es teclista, por ejemplo del ya desaparecido grupo pucelano Dawnlight, y si, os aconsejo escuchar su música en estos días de olor a madera mojada y a café al atardecer. Ya me contaréis. Itziar además lleva una sección que es puro gusto en el programa Tiempo de HadasUn poema, una canción, y es un gustazo disfrutar Bécquer dándole vida a la voz profunda y suave al mismo tiempo, de Itziar Morago. Ada García.

AG. Itziar bienvenida a Más que palabras. ¿Para tí qué son las palabras? Pueden ser dardos, armas mortales, besos o caricias?

Itziar Morago. ¿Cuando descubriste que lo tuyo era emular a Franz Schubert?

R. Creo que no lo descubrí yo, si no mis padres. Cuando era muy pequeña llegó a mi casa un casio pt 1,ese tecladito blanco, pequeño, que muchos niños de mi generación tenían en casa. No era mío, era de
mi hermana mayor, pero no me despegaba de él. Luego entró otro tecladito, el Casio pt 87, tampoco era mío, pero tampoco me despegaba de él, así que unos años después, en mi 15 cumpleaños, mis padres me regalaron ya un teclado más decente, El Casio CT 470 que aun conservo con muchísimo cariño. Con este último teclado creo que fue cuando descubrí que la música era parte de mi.

P. ¿De pequeña ya te gustaban los teclados?

R. De pequeña me encantaban los teclados, aunque el primer instrumento que toqué fue la flauta, en el colegio. Había un piano en la clase de música que me tenía enamorada. Me encantaba el sonido
cuando tocaba la monja, aunque nunca llegué a aprender solfeo, hacía trampas tocando la flauta de oído. Era una niña introvertida y muy rara, es lo que tiene criarse en un ambiente de bullying escolar espantoso, propiciado por las monjas y ejecutado por las propias monjas y las compañeras de clase. Ir al colegio era una pesadilla todos los días. Antes de cumplir los 10 años llegué a pensar que era una especie de ser maligno que no tenía derecho a vivir, solo por el hecho de existir. Estuve toda mi infancia
sumida en una depresión.

P. ¿Crees que existe una Movida pucelana encubierta y mal disimulada por los medios de comunicación?

R. No sé si hay una movida encubierta. Creo que en Valladolid siempre ha habido teatro, escritores, músicos de muchos estilos… Pero no creo que haya nada encubierto.

P. ¿Comenzaste a tocar por primera vez para quién?

R. Para mí, siempre que toco lo hago para mí. Me da mucha vergüenza que me vean tocar.

Ella es inspiración

P. Itziar eres autodidacta con respecto a la música. ¿El talento está ahí y solo necesita una mano como lázaro que le diga levántate y anda? La mano podría ser la musa.

R. El talento está ahí, sabes que está ahí porque te ronda la musa, pero el talento si no lo trabajas no
vale para mucho, así que al final de poco vale el talento si el miedo amordaza a las musas.

P. Dime qué músicos, qué poetas y escritores te inspiran.

R. Hay muchísimos músicos, poetas y escritores que me inspiran, depende de la época, cuando comencé a tocar me inspiraba por ejemplo Jean Michel Jarre, en cuanto a la poesía, en su día fue Gustavo Adolfo Bécquer, como a tantas niñas de mi edad, también me gusta mucho José Ángel Buesa o Walt Whitman, no sé, la lista es larga.

P. Háblanos de qué van  tus canciones.

Mis canciones van de lo que siento en el momento en el que empiezo a componerlas. Las primeras tenían letra, hablaban de un amigo de la infancia, ahora ya no escribo letras. Mi música es un poco
tristona.

P. ¿Cómo ves tu experiencia en esa sección Un poema, una canción, en Tiempo de Hadas?

R. Mi experiencia es muy buena, disfruto muchísimo de lo que hago y aprendo un montón de los colaboradores. Sí, a la directora se le va un poco la pinza a veces, pero es lo que tiene la creatividad y sinceramente, si no fuera por esos momentos y estas cosas yo no sería adicta al programa.

P. ¿Cómo vives estos tiempos de contagios y confinamientos?

R. Para que te hagas una idea, de pequeña vi una película en la que un científico, contagiado de un virus, se mete en un tren y va propagando el virus entre los viajeros, que van muriendo a lo largo de la
película. Esa noche me puse malísima en la cama, mi madre estaba desesperada tratando de convencerme de que yo no podía tener ese virus, porque era una película. Así que sobre todo al principio de la pandemia, esto era para mi como si todas estas personas que las aterrorizó la peli de
The Ring, estuvieran viendo a una niña siniestra salir de sus televisores, vamos, su pesadilla hecha realidad. Ya en temas de políticas, políticos y decisiones no entro.

P. Itziar, ¿con qué grupos o solistas, míticos o no, te gustaría tocar?

R. Hombre, puestos a soñar, por ejemplo con Nightwish, me encanta el rock sinfónico, pero creo que a Tuomas Holopainen, teclista y líder de la banda le daría una ataque de risa.

P. ¿Es Itziar Morago más de lunas que de soles?

R. Como Itziar Morago es un sol, es más de lunas.

P. Cuéntanos un poquito sobre tus sueños, planes y proyectos.

R. Mi sueño, mi plan y mi proyecto es vencer a la agorafobia, cosa complicada en este tiempo raro que estamos viviendo.

P. ¿Crees en la magia? ¿En hadas y duendes? ¿Necesitamos la fantasía para vivir?

R. Por supuesto que creo en la magia, en las hadas y en los duendes, son parte de mi vida, como la poesía y la música. La fantasía es tan necesaria como el aire. Me gustaría compatir contigo el diálogo que tienen en la historia interminable Atreyu y el lobo Gmork, porque es el ejemplo perfecto:
GMORK: Atrévete a acercarte más y te destrozaré.
ATREYU: ¿Quién eres?
GMORK: Soy Gmork, y tú quien quieras que seas vas a tener el honor de ser mi última víctima.

Auryn, (Haz lo que quieras).

ATREYU: No moriré sin pelear, soy un guerrero.
GMORK: Valiente guerrero, ¡lucha contra la NADA!
ATREYU: No puedo, no sé traspasar las fronteras de FANTASÍA.
GMORK: Ja, ja, ja, ja.
ATREYU: ¿Qué es lo que te parece tan gracioso?
GMORK: FANTASÍA no tiene fronteras.
ATREYU: Eso no es cierto, mientes.
GMORK: Pequeño necio, qué sabes tú del PAíS DE LA FANTASÍA. Es el mundo de la fantasía humana.
Cada parte de su reino, cada criatura, no es más que un trozo de los sueños y esperanzas de la
humanidad. Por lo tanto, no tiene fronteras.
ATREYU: ¿Por qué se está muriendo FANTASÍA entonces?
GMORK: Porque los hombres han empezado a perder sus esperanzas y a olvidar sus sueños, por eso
la NADA avanza cada día más.
ATREYU: ¿Qué es la NADA?
GMORK: El vacío que queda, como una ciega desesperación que destruye este mundo, yo lo odio y por
eso ayudo a la NADA.
ATREYU: ¿Por qué?
GMORK: Porque las personas que no tienen esperanza son fáciles de dominar, y quién tiene el dominio tiene el poder.

P. Tu sabes que eres un hada también. ¿A quién de estos tres personajes le concederías un deseo si te lo pidiera? 

Ozzy Osbourne: ser joven de nuevo.

Mick Jagger: resucitar a Brian Jones

Nina Hagen: ser reina por un día, (de Alemania).

R. Hombre, yo por interés personal, concedería a Ozzy la juventud de nuevo. Ozzy era guapísimo de
joven

P. Itziar, ¿qué libros te llevas a la cama?

R. Ahora mismo estoy con el último libro de la tetralogía de el cementerio de los libros olvidados de Carlos Ruiz Zafón, El laberinto de los espíritus, aunque tengo una cola de libros esperando detrás de
éste.


Y con este extravagante, a la par que entretenido, juego producto de la titilante imaginación de un Ada, ponemos punto y final a esta conversación con Más que palabras. Porque las palabras, lo digo siempre, son como los duendecillos aquellos que se levantaban por las noches a terminar los zapatos del pobre y desorganizado zapatero. ¡Gracias Itziar, querida hermana hada!

Ada García