Más que palabras con…

ANTONIO MOLINA RAMÍREZ «EL ZURDO»

(Músico de Cucharada, Luis Eduardo Aute, Antonio Flores…)

Antonio Molina haciendo música

Todo comenzó cuando a un niño gaditano de enormes y oscuros ojos, sonrisa tímida, y corazón de poeta-como cantaba Jeanette-, le llevaron desde Cádiz hasta Madrid. Y era allá por la época en la cual andaluces salian a porrillo desde ese extenso territorio situado entre Algeciras y Despeñaperros. Antonio Molina Ramírez, marinero en tierra, como aquél Alberti que soñaba con ver el mar y en sueños se lo llevaba la marejada de vuelta a las playas del Puerto de Santa María, descubrió sus dedos sobre una guitarra y se sintió atrapado por la música como al poeta la poesía, marineros en Madrid. Pero en Madrid no había ni mares, ni orillas, ni playas. Y entonces ¿para qué sirve una ciudad sin mar? Pues para buscar la playa bajo los adoquines. Y creo que sólo la encuentran los artistas, músicos, escritores y poetas, y no bajo los adoquines, si no con sus partituras y sus actividad creativa. Huir del asfalto, de las medianas de las carreteras, de atascos cutres, y de bloques de hormigón tan feos que hiela el alma sólo con mirarlos. Esa era la premisa de aquellos chavales del cinturón sur de Madrid que se enrolaron en una banda de rock para sacudirse el dióxido de carbono -más negro que un blues de John L. Hooker- pegado a los poros del alma. Y Cucharada -como Leño, Coz , Burning, o Moon- echaron guitarras, micros, baterías a la mochila, y carretera y manta, a hacer y tocar su música para aquellos jóvenes que salían lenta pero felizmente de una España polvorienta y anquilosada. A mi personalmente me los fue descubriendo una noche de confinamiento el escritor Javier Arries. Entre aquellas largas noches que daban paso a otro día cerrado y exacto, él buscaba, y encontraba, bendito YouTube, estas bandas míticas y tan buenas que cuesta creer que hayan caído muchas de ellas en el baúl de los recuerdos perdidos.

Manolo Tena, Antonio Molina «El Zurdo», y José Manuel Díez: Cucharada a finales de los 70.

Albacete Aldía. Antonio, ¿cómo fueron tus inicios y dónde? ¿Cómo comenzó todo?

Antonio Molina «El Zurdo». ¿Los comienzos? Pues los comienzos fueron de una forma muy casual, porque ellos, Manolo (Tena) y José (Manuel Díez), que son dos de los miembros originales ya tenían un grupillo hecho. Te hablo de chavales de dieciséis años, ¿no? Actuaban en una parroquia, que en esa época se hacían actividades para los jóvenes y tal. Y yo les ví y nos hicimos amigos, y que tocaban unas canciones que a mi me gustaban. Ellos vivían en Lavapiés y yo en Cuatro Caminos, y bueno, comenzé a ir a su barrio y luego empezamos a ensayar y a hacer cosas. Y así empezó todo. En ese momento el grupo estaba con el nombre en inglés, se llamaba Spoonfull, que es lo mismo que cucharada pero en inglés; es en honor de un blues muy conocido que se tocaba… y así comenzó la cosa. Primero haciendo unas actuaciones así, en sitios pequeñitos. En esa época se tocaba mucho; había mucha afición a la música en directo, y no estaba tan extendido el asunto de las discotecas… la música tenía su sitio, la música en directo me refiero. Manolo dejó el trabajo que tenía, José también, y yo me estaba dedicando cada vez más. A partir de los dicisiete, dieciocho años, ya estábamos actuando por toda España. Salíamos de Madrid a principios de junio y no volvíamos hasta septiembre.

Cucharada hasta en la cama

P. Cuéntame ¿cómo era aquél niño al cual llevaron desde El Puerto de Santa María, en Cádiz, al Madrid de los años sesenta?

R. A ver, ¿qué recuerdo tengo yo de mi mismo de esa época? Pues recuerdo a un niño muy pequeñito que le regalaron una guitarra española, mi tía, la hermana de mi madre, y me pase como dos años, que yo no sabía ni por dónde cogerla. Pero no la dejaba, estaba siempre liado con ella y veía que allí había como un mundo que yo podía descubrir, pero que no sabía por donde andar. Por supuesto yo ni clases, ni nadie me enseñaba ni nada. Hasta tal punto que, eso me lo regalaron en Cádiz; yo nací en Cádiz y pasé parte de mi infancia en Cádiz. Cuando llegué a Madrid en el colegio conocí a un niño que me dijo «¡Jo, yo también toco la gitarra!» Y un día fuímos para su casa y allí se llevaba las manos a la cabeza. decía: «¡pero si estás tocando al revés! Eres zurdo y tocas al revés.» Y claro para mi era natural, y mi amigo me dijo, «bueno, cambiamos las cuerdas.» Y cambiamos las cuerdas, y tuve que empezar de nuevo. Lo mismo que sabía pero al contrario. Y recuerdo esa anécdota que en su momento me chocó mucho, pero que ahora visto con los años me parece muy bonita. Ese es un poco el recuerdo que tengo de mi infancia, una infancia al lado del mar. En Cádiz yo creo que fuí bastante feliz. Mis padres emigraron aquí a Madrid a trabajar. Cuando yo vine pues claro, aquí las cosas eran tan diferentes, que era como que vivía en dos mundos.

P. Un poco entonces como Rafael Alberti, y que es paisano tuyo del mismo Puerto de Santa María, y contaba que cuando le llevaron a Madrid se iba todos los días a la estación de Atocha a ver si podía volverse para Cádiz en uno de aquellos trenes. Y ahí fue germinando Marinero en Tierra.

R. Si, seguramente hay algo de eso. Yo te puedo decir es que cuando escuchaba ciertas canciones me emocionaba. Ya desde muy pequeño se movía en mi interior algo que… y eso ocurría tanto en Cádiz como en Madrid. Pero si es verdad que yo tengo un lazo muy profundo con el mar. Claro, los primeros años marcan mucho.

P. Comenzó vuestra andadura con el grupo Cucharada a mitad de los años setenta, ya que con la nueva década, la de los 80, los tiempos cambiaron drásticamente. La Movida entonces nacida en las entrañas de Madrid hizo ¡chas! y apareció a tu lado con sus grupos pop y sus canciones asequibles para todo tipo de vestuarios. ¿La Movida mató a los rock star, Antonio? ¿Fue la culpable de que tantas bandas como la vuestra echasen el cerrojo?

Cucharada en la actualidad

R. Pues si efectivamente, tienes toda la razón, toda esa vorágine de grupos arrastró un montón de bandas, y cambió, digamos, la moda. Lo que era el rock urbano ya no estaba tan de moda, tan apreciado como en los años anteriores, ¿no? Era una cosa vertiginosa, queríamos cambiar. Esa fue una de las razones. Yo también, en nuestro interior, como grupo, también pienso que hubo otro problema añadido, y es una cosa que ocurre en muchos grupos es cuando alguien se da cuenta, en este caso Manolo Tena, que era el que hacía las letras. Y no mucha música, él realmente no hacía mucha música, no componía casi, pero las letras si. Entonces, además cantaba, de alguna manera era como el líder. Le comenzaron a hacer propuestas y llegó un momento en el que empezó a vislumbrar un camino en solitario. Eso ha ocurrido en muchas bandas en las que el líder quiere hacer sus cosas en solitario. ¿Si hubieramos continuado? Podríamos haberlo hecho perfectamente, ya que hay grupos que se han mantenido muchos años. Pero claro, hay que tener la visión de futuro, y también estar aconsejados. Ten en cuenta que en esa época el negocio de la música era una cosa totalmente sin ningún tipo de ayuda legal ni nada. Era todo como un poco improvisado. Nadie nos aconsejaba, nos guiaba, nos decía «oye tenéis una cosa entre las manos muy buena, cuidarla y tal.» No, no, llegó un momento en el que no; además había que sobrevivir. Cada uno tiraba para el lado que creía que su futuro estaba ahí.

P. Como tu bien dices, Antonio, hacia finales de los setenta hubo un potente a la par que breve, reinado de grupos como Asfalto, Ñu, Burning, Leño o Cucharada. Octubre de 2022. ¿Hay nostalgia hacia aquellos años?

R: Pues no creo que haya mucha nostalgia, por lo menos por parte de los medios, y tampoco del público. Si la gente no tiene esa música la gente se olvida claro. Yo por ejemplo, siempre me acuerdo de un pianista que conocí en Londres, que me contaba que ellos, aunque fueron un grupo así efímero pues tenían su sitio en lo que era la historia de la música inglesa. ¿No? Un grupo llamado Thunderclap Newman. Nostalgia tenemos nosotros los que fuimos partícipes de aquello, y valoramos lo que fue. Y sobretodo lo artesanal que era todo, el impuslo ese tan natural de hacer las cosas con muy pocos medios, y en un mundo de negocios que estaba sujeto con cuatro palitos. Yo ahora cuando pongo la radio o pongo la televisión poquísimas veces escucho grupos de esa época. Y si, como tu dices, hubo grupos muy importantes y muy efímeros. Que le echaron mucho valor, y en una sociedad en la que, oye, había que ser muy valiente para dejar todo, y muchas veces hacer música en contra de la familia, de las opiniones de mucha gente, además era una situación muy contestataria, en la que todos ibamos a ver, desde cómo nos vestíamos, a cómo pensabamos o cómo viviamos, era una cosa muy contestataria. Muy en contra de la sociedad que nos rodeaba. En fin, que ese valor tampoco se pone ahora de manifiesto. Cuando ponen una canción en la televisión o en la radio hablando de la libertad de los homosexuales, o este tipo de cosas siempre ponen a Alaska y los Pegamoides, el ¿A quién le importa? Pero la primera canción que hablaba de que los homosexuales eran tan libres como los demás, era este tema que hicimos Manolo y yo, Peligrosidad social.

P. ¿Quién era el responsable de esas rompedoras puestas en escena que vuestras y que he podido ver en un concierto de Cucharada de 1978?

R. Pues eso nació de la manera más sencilla. Un día teníamos que tocar en me parece que Valladolid, en una discoteca, y digimos «oye vamos a maquillarnos, vamos a dar aquí la bronca; yo me visto así y tu te vistes…» Y gustó mucho, nos lo pasamos muy bien, a la gente le encantó, y así seguimos. Nosotros lo hacíamos en plan un poco comunitario. Nos reuniamos en un bar, el día anterior o un par de días antes y «oye ¿qué canción vamos a hacer?, pues en esta su sales y te disfrazas de no sé qué.»

P. Y fuísteis teloneros de Chuck Berry.

R. Si, no recuerdo que año fue. Fuimos teloneros de Chuck Berry, pero yo en esa concierto no estuve porque pasé unos meses tocando con Luis Eduardo Aute, que me propuso una pequeña gira.

P. Manolo Tena, Enrique Urquijo, Antonio Vega, Antonio Flores, Agustín de la Piedra… Antonio ¿crees que la vida es una lucha de gigantes?

R. Bueno, una cosa que estoy aprendiendo contigo es que eres muy inteligente haciendo preguntas, oséa me tienes asombrao. (Risas) ¡Uf, pues no sé! No sé si es una lucha de gigantes o una lucha gigante. O una lucha de pequeños niños perdidos en mitad de la soledad, ¿no? No sé, no sé por qué irrumpió de esa manera el «caballo» en toda esta generación. Los que nos salvamos de milagro lo podemos contar. Ellos no, pero sí, fueron gigantes, sí. Yo tuve una relación muy intensa con Antonio Flores. Estuve un año y pico con él, y era un tipo extraordinario, generoso, simpático, con una humanidad tremenda, pero claro… igual que Manolo. A Enrique Urquijo no le conocí demasiado…, pero vamos Manolo era amigo íntimo mío desde la infancia casi. Y te puedo decir que cuando el «caballo» entró con toda su fuerza aquello, aquello fue tremendo. ¿Gigantes? Sí, sí, ahora he visto con el tiempo que hicieron cosas tan bonitas y tan grandes, que ¡qué gigantes! Pero desde otro punto de vista, pobrecillos, pobre gente que se han dejado atrapar. No sé por qué. Es un pena. En fin…

P. Antonio, ya para ir poniendo punto final, ¿me cuentas alguna anécdota que recuerdes especialmente, o con mucho cariño?

R. Si, la verdad es que ha sido muy interesante, muy bonito. Me ha gustado esta entrevista. ¿Anécdota? Pues recuerdo con mucho cariño los paseos que nos dábamos Manolo y yo por la Cuesta del Moyano, viendo libros y hablando de la vida, la filosofía de cosas importantes. Dos jóvenes ahí, viendo a ver cómo sobreviviamos, cómo saliamos adelante, con una naturalidad y una cosa… Ahora visto con el tiempo, com mucho cariño, con buen rollo. No sé… luego la vida da dantas vueltas que al final todo se diluye, ¿no? Pero recuerdo sobretodo, los paseos con Manolo por la Cuesta del Moyano hablando de las canciones que ibamos a hacer, los proyectos…

P. Dime ¿qué música sueles escuchar?

R. ¿Qué música escucho yo? Pues escucho un poco de todo, la verdad. Como guitarrista sigo mucho a Jeff Beck, que me parece una persona que ha evolucionado muy bien con los años, cada vez hace cosas y propuestas muy interesantes. Y bueno, escucho un poco en general guitarristas de esa época que me siguen gustando, desde Jimi Hendrix, hasta Alan Holdsworth, por ejemplo. Estoy muy centrado ahora en recuperar canciones que siempre me han gustado, reinterpretandolas, y componiendo nuevas también. Estoy poniendo música a algunos textos, a algunas poesías que Manolo me dejó. Y bueno, tengo tiempo tengo ganas y es lo único que sé hacer. Aunque sea una pequeña cosa nueva y así soy feliz.

A esta poesía, por ejemplo, que Antonio me cuenta que un día hace ya mucho, Manolo Tena escribió en su casa, y que ahora comparte con todos nosotros. Maravillosa generosidad por su parte.

Fue siempre Carnaval, y la noche era el día

y la vida era puesta, y la risa semilla

cuando tu corazón en las nubes vivía.

Y esperabas el sol

donde acaba la lluvia.

Luego la realidad y su huracán

al torbellino.

Y como agua entre las manos

los años fueron pasando.

Días de perros y gatos esperando el milagro,

aprendiendo a vivir sin edad ni pasado,

y esperando el milagro

los años fueron pasando.

Horas en que el amor te dejaba plantado

cantando una canción desafinando.

Y en la encrucijada del camino elegir el destino,

y como agua entre las manos

los años fueron pasando.

Y como agua entre las manos

los años fueron pasando.

La leyenda es Cucharada

P. Antonio, si tuvieras que ir a un concierto en los años setenta, en el Delorian de Regreso al futuro por ejemplo, ¿Qué grupo sería el candidato? ¿Sex Pistols, Black Sabbath, Deep Purple o The Who?

R. Pues si tuviera que elegir sería The Who.

P. Antonio gracias por tu amabilidad, y por tu música. Espero que podamos compartir un café en algún lugar de Madrid. Ha sido todo un placer.

R. Te agradezco mucho tu paciencia conmigo, y espero que nos veamos y podamos hablar de muchas más cosas.

Esta entrevista está dedicada al escritor Javier Arries que fue el artífice de que descubriese esas legendarias y atemporales bandas del rock ibérico del final de los años setenta.

Ada.

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