El enano que bajó un momento a por tabaco.

Durante toda la Tercera Edad, Lindon sobrevivió como tierra de los elfos, y las Montañas Azules siguieron siendo hogar y refugio de diferentes pueblos de enanos. Cuando Smaug atacó Erebor y sus habitantes tuvieron que huir, se establecieron en estas montañas esperando algún dia volver a recuperar su reino.

( El Silmarillion, J.R.R Tolkien.

Este tipo que me saluda correcta y amablemente entrando por la puerta de mi cafetería al filo de las siete y media de la tarde de un viernes, me regala un velero de madera en el cual, en una plaquita metálica sobre el casco se lee:

«Recuerdo de Chipiona».

-Buenas tardes, Alba. ¿Cómo va eso? Te saluda un amigo, un cliente, un rendido admirador…

-Hola Máximo.

Y el hombre que es en realidad Grór, hermano de Thrór, quién guió al resto de supervivientes de las Colinas de Hierro, sonríe dejando entrever sus agudos dientes de chacal, y ese intenso brillo en la mirada que llevan como un tatuaje los grandes bebedores de cerveza. Máximo, o Grór, es un enano fornido, barbudo, de enormes ojos oscuros, sombreados por cejas bien pobladas y nariz y espaldas bastante desarrolladas. Y el tipo me cuenta, para que me entere, mientras saca un paquete de tabaco de la máquina y lo va abriendo tranquilamente…

-Nada, Albilla, hoy no voy a tomar nada que me voy escopetao para arriba. He bajado un momento a por el paquete Winston y me subo enseguida.

Dijo. Y eran exactamente las ocho menos diez de la tarde. Pero mucho tiempo y muchas cervezas después, todavía estaba Grór hermano de Thrór, el de las Colinas de Hierro, rulando por ahí, agazapado tras unos y otros, más borracho que un pirata el día de paga.

Unos minutos antes de haber aparecido por mi bar, todavía en su casa, Máximo Gómez Bayona, Grór, natural de Belegost, en la parte central de las Montañas Azules -o de la Sierra de Grazalema, que viene a ser un poco la misma cosa-, explicaba a su mujer Celia, abriendo la puerta de la calle:

-Cari, bajo a por tabaco a la cafetería de Alba, y subo antes de que te des cuenta. Ve enharinando los boquerones, cacho guapa…

-Pero Maxi, si yo estoy bañando a la niña…

-Bueno, bueno, subo en medio minuto y los enharino yo. Verás cari que no tardo nada. ¡Antes de que saques a la peque del agua estoy aquí!

Las últimas palabras las ha ido diciendo saliendo por el jardín, con la puerta de la calle ya cerrada.

Y ahí en el baño, madre e hija, entre pompas de jabón con olor a fresa y burbujitas de color azul flotando ante los azules ojos de la peque de seis meses llamada con el precioso nombre de Elvira, hay risas y canciones de ratones y brujitos de Gulugú. En tanto, ahí al lado en la milenaria cafetería Galadriel

-¡Tío, Max! ¿Qué tal?

-Hola, Sting. Nada tío le estaba contando a Alba que me voy ya para mi casa. Sólo he bajado un momento a por tabaco, y ya me voy. Es que como Celia está terminando de bañar a la niña y…

-¿Cómo? ¿Qué no te vas a tomar ni una birraaaa? ¡Anda que no! Alba, por favor, ponle una jarra bien fría a Máximo.

-Pero ¿no oyes que dice que no puede? Su mujer está arriba esperándole, jopetas.

-Estooo, bueno venga Albitita. Ponme una. Pero solo una ¿eh? Tío, Sting, que de verdad solo una.

-¡Madre mía, qué poco fiables son los enanos de las Montañas Azules !

-¿Qué decías, Alba?

-¿Yo? Nada, (Grór, hermano de Thrór, los que salvásteis a los supervivientes de las Colinas de Hierro…)

Me entras unas ganas locas de no ponerle ninguna cerveza a estos tipos, y hasta se me ocurre cerrar mi cafetería y largarme a Nueva York. Pero va entrando más gente, y entonces observo por la ventana como la luna de abril ilumina un limonero cuajado de perlas amarillas, dotándolas de poderes maravillosos. Todo aquél que contemple este limonero, o coma uno de sus dorados frutos, vivirá mil felices años. Pero vuelvo a la realidad más que nada debido a la bulla imperante, y pongo sobre la barra de madera dos cañas tan frías como el cuerpo de un vampiro antes de ponerse el sol.

-Alba, eran dos jarras, no dos cañas.

-¡Upsss!

-Bueno a mi me da igual, Sting. ¡Mejor, así duran menos, jajajaja!

-Alba, Alba…, ¿es que nos quieres echar ya?

-¡Uahhh! ¡Qué fresquita! ¡Hoy si tienes la Cruzcampo como mandan los Diez Mandamientos!

El local comienza a animarse, y pongo música. Los Piratas y sus Promesas que no valen nada, nada, nada, nada… Y me despido de Grór, o lo intento. Pero no hay nada que hacer.

-Bueno, pues adiós Máximo. Recuerdos a tus dos amores del alma.

-Vale, Alba. Ejem, adiós… hasta la vista Sting.

-¿Pero ya te vaaasss? ¡Pardiez! ¡Pero si esto no es nada! Mira por favor, por favor, Alba, pon dos jarras hasta el borde. Y unas aceitunas de esas que pones a veces cuando los clientes te caen guay, preciosa.

-Sting… basta ya. Su mujer y su hijita le esperan desde hace mucho.

En estas va entrando por la puerta más y más peña, y al rato aparecen Rita, Beatriz y Lilith, con todo el glamour de una diva de la Columbia en los años cuarenta.

-¡Yujuuuu, Alba! ¿No pones el fútbol? Que le vamos a dar una paliza a esos colchoneros. Y a mi me pones un chupito de Rua vieja con hielo, cielo mío; a Rita un cubata de ron con cola, y a Lilith un cóctel molotov bien cargado, porfisss. Ah y esas almendras y patatitas de miel y limón que pones algunas veces, cuando los clientes te caen guay, preciosa.

Lilith. vestida de negro y púas, con un cuervo más negro aún que su mirada, sobrevolando sus pensamientos, va cantando a media voz como en una letanía fugaz y equívoca.

– Si, fumo. ¿Tú no? Soy delgada. Tú no. Creo que al enamorarse siempre pierde alguien. Antes o después. Lo mejor en esta vida es ser independiente, con todas las consecuencias. Y si alguien te hace daño porque si, que lo pague. Que cobre. Si tu eres inocente y te golpean sin motivo, con saña incluso, ve a por ellos. Defiéndete tú. Cuídate tú. Quiérete tú.

Y es que acababa de cortar una vez más con su novio Jeremías, el cual una o dos sillas hacia la salida, charlaba animadamente con su vaso de wisky y con la vecina de Lilith, una chica muy rubia, con muchas curvas y un moño a lo María Antonieta. En tanto el enano Grór de la Tierra Media permanece inamovible entre el interior del local y el resto del mundo.

-Bueno, de verdad, de verdad, que yo ya me voy. Joder, sin darme cuenta llevo ya una hora

-No, hombre no. Máximo, tío, ¿te vas a perder al Betis por Canal Plus? Coñío.

-Es que me voy ya, en serio, Sting. Y yo tengo Canal Plus en mi casa, je je.

-Eso dijiste justo hace una hora, Máximo.

-Ya Alba, pero ya sí que me voy. Ya sí….

Para colmo de desgracias, que, dicen, nunca vienen solas, se les unen otro amigo, y otro, y otro. Ahora es Hendric, un vikingo de pelos rizados y rubios, de casi dos metros, heavy a más no poder, con piercings agujereando sus cejas, labios, y nariz.

-¡Pero hombre, Máximo, que yo acabo de llegar! Una jarrita y un gol, y te vas. ¿Nos vas a hacer el feo, después de que nos vemos poco y mal?

-Hola, Hendric, jejeje… no, no, no, es que he bajado un momento a por tabaco mientras mi mujer baña a la niña, ¿sabes? Como quedaba un ratiyo para que empezara el partido y me daba tiempo, pues digo: voy a bajar un momento a por tabaco y subo enseguida. Es que, como te digo, no iba a bajar pero entonces…

-¡Jajajaja! ¡Venga hombre, que no son ni las diez! Por favor Alba, cuatro jarras y unas almendritas poderosas, haga usted el favor señorita.

-Bueno, bueno, Hendric, pero solo una, en serio. Qué mira que ya llevo aquí una hora y media y mi parienta…

Pero el gigantesco vikingo del Betis ya tiene las neuronas puestas en otra cosa.

-Alba, ¿ y las almendritas?

-¡Oh, cuánto lo siento, Hendric! No queda ni una.

-¡Hum! ¿Cacahuetes?

-No.

-¿Patatas fritas con miel y limón?

-Te va a hacer gracia, pero no.

Y así entre botellines y chupitos, jarras, piratas, elfos, vikingos y enanos; faunos, divas y princesas; chicas malas y demás, llega un momento en el cual solo se escucha una profunda exclamación de desagrado. Entonces…

-¡Nooooooooooooooooo!

En la pantalla un tipo vestido a rayas rojas y blancas, mete un golazo que no ve el portero del otro equipo que va de verde y blanco, hasta que el balón ha llegado a Puente Genil. Y sacude las lenguas de los allí reunidos un temblor como de ganas de gruñir pero en idiomas diferentes. Otro tragazo, malta y espuma, y el enano Grór, hermano de Thrór, el que guió a los supervivientes de las Colinas de Hierro me pide que le ponga otra jarra. En tanto su móvil- con la sintonía de la serie de televisión Expediente X– , suena una, y otra, y otra vez.

-¿Cari?

_¡………………..!

-¡Cari!

-¡….!

-¡Voy ya para casa! ¡Que no tardo nada! ¡Que estos cuatreros me han enreao!

-¡….!

-¡No te oigo…! ¿Qué? ¡Bueno, que no tardo niña!

-¡¡¡…………………..!!!!

-Max, creo que he visto a tu mujer asomada a la ventana y te estaba llamando hace un rato. Creo que deberías irte.

-No no era ella, Albilla. De todos modos, llevo el móvil. Así que no te preocupes, princesa, que si me llama me voy para arriba.

Hendric, el vikingo del Betis, se mete por la banda derecha sin ser invitado.

-Alba, hija, ni que fueras su conciencia. Por favor, pon aquí unas jarritas para estos señores y mi persona. Hermanos, ser bético y sufrir es la misma cosa.

Gentío, vapores de otros mundos, extraños seres llegados desde quién sabe dónde a quién sabe qué. Enmedio del bullicio suena una vez más la música de Expediente X.

-¡Qué sí, cari qué voy ya!

De pronto suena una sola garganta y una sola y palpitante palabra se enrosca como una pitón por los orificios de toda mente, despierta o no.

-¡Gooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooool del Betis!

Y se sale a la calle en plan pelota vasca gigante, todos a una Fuenteobejuna, a festejar un gol de los verdiblancos de la comarca. Y muchas jarras, cubatas, bourbon, y cigarrillos son consumidos en una orgía sin tapujos. Pero…, como nunca llueve a gusto de fabricantes de paraguas y agricultores, otros enferman de rabia durante cinco minutos, y dicen que el partido está amañado y que blablablabla es mejor el Sevilla, o los otros rojiblancos. ¿Qué más da?

Ahora, y ya para finalizar tan gratísima velada, y como el partido hace aflorar las esencias más oscuras de la peña, enanos, elfos o medianos, incluso princesas, decido sabiamente cambiar fútbol por música para serenar a la bestia que todo ser lleva dentro, y surge pletóricamente con dos o doce copas de más.

Las palabras fueron avispas
Y las calles como dunas
Cuando aún
te espero llegar

-¡Heeeyyyyy que pasaaa, Alba! Pero, ¿cómo nos haces esto? ¡Qué ganaba el Betiiiisssshhh!

-¡Oleee, genial! ¡Héeeeeeeeeeeroooooooeeeeeeesssssss!

-¡Quéeeee ascooo Alba, tía! ¡No soporto al Bunbury! ¿Puedes poner a Extremoduro por favor? ¡Gracias!

Quiero ser tu perro fiel
Tu esclavo sin rechistar
Que luego me desato y verás
A ver qué me dice después

-¡Aaaaaahhsssggg! ¿Esos drogatas insoportables? ¡Alba, porfas!

Why do you come here?
Why do you hang around?
I’m so sorry
I’m so sorry

-¡Ouuuussssshhh, Morrissey! ¡Genial ¡Qué guapoooo!

-No hombreeee. Alba, ¿es necesario? ¡Por favorrrr!

Para mis manos tumbaga,
pa mis capricho monea
y pa mi cuerpo lusirlo
mantone bordao, vestío de sea.
La luna que yo pía
la luna que me da.

-Pero, ¿esto que eeesssss? ¿Ahora nos pones María de la Oooooooooo?

-Se acabó. Fuera todo el mundo. Son las doce y me voy a mi casa. Galadriel café se despide hasta después de la Primera Edad del sol.

-Pero Albailla, Albillita, Albillaita… es de noche en la Comarca; resplandece como un sol, el terrible ojo de Mordor. Saruman está al acecho… ¿Qué año es este? Muero. Muero ya por siempre. Adiós…

Y cae en redondo contra el suelo. Pero sus amigos lo recogen, lo llevan en camilla a su casa, y al mes, o antes, nos dice alguien que Grór-Máximo, hermano de Thrór, se está divorciando de su mujer.

-La vida Alba, la vida qué mala es. ¡Qué mala!

Ada GA. Abril 2010.

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