FILOMENA

Cuentos a medianoche en punto

Esta breve historia tal vez haya ocurrido. Pero ni hace mucho tiempo, ni en un lejano lugar, si no que está breve historia, como os digo, tal vez acaba de ocurrir, ahora, durante la ventisca y temporal de nieve que aún azota Madrid.

Aeropuerto de Barajas. Enero de 2021.

-Perdona, pero, ¿nos conocemos?

-Pues… no sé. No creo. ¿Por…?

-Pues porque llevas un rato largo que no me quitas ojo, chico.

-Ah, ¿es por eso?

-Por eso.

-Es que tus pies llevan ya un rato dándole pataditas y pisotones a mi maleta. Mira, jovencita, ¿ves? Esto está tan petado de equipajes y peña, que entiendo que le des patadas. Pero, jobá, tengo miedo de que mi ropa interior comience a desparramarse a la vista de todo quisque. ¿Entiendes?

-¡Oooh perdona! ¡Madre mía, que desastre!

-Nada, no te preocupes.

-Pero, ¿por qué no me has dicho nada en todo este tiempo, en lugar de mirarme de vez en cuando con ojos como de querer comerme viva?

– Perdóname tu a mi, entonces. Pero estaba, estoy, tan preocupado por el estado de esos paneles informativos, que no atinaba a preocuparme por nada más, la verdad.
-Pero si que podrías habérmelo dicho, hombre. Mira en el estado que está tu pobre maleta. Yo aquí, también nerviosita perdida, pendiente de si van o no a cancelar mi vuelo, mientras pisoteaba alegremente tu maleta. Pensando para colmo, que eras el típico ejecutivo ligón de aeropuerto.

-Si en lugar de ser mi maleta, llega a ser mi pie, te aseguro que no hubiese tardado nada en decírtelo. Ejem, ¿te parezco un ejecutivo ligón de aeropuerto, entonces?

-¿No lo eres? Es broma. ¿Qué eres pues?

– Como dijo no sé quién en no sé donde, solo soy un hombre. Que ya es bastante.

-Me refiero a qué hace un tipo como tu para poder comprarse zapatos y maletas.

-Ah, bueno. Me llamo Jaime , soy profesor de Historia, y escribo libros.

-¡Oh! ¿En serio? ¿Eres escritor? ¿Y qué escribes?

-Pues hasta ahora escribía libros de ensayo, muuy serios, y muuy académicos, tipo Tartessos, la Edad de hierro en Andalucía, pero, hostigado por mi ex mujer, un día me puse a escribir un mamotreto pseudo histórico con muchas páginas, mucho sexo y violencia, y la letra bien grande, El rey de fuego, inspirado en la vida y andanzas del rey castellano Pedro I el Cruel, y resulta que se está vendiendo como rosquillas. Donde más se está vendiendo, y es verdaderamente sorprendente, es en Francia. ¿Te lo puedes creer? Yo no, desde luego.

-¿El rey de fuego? Ah, claro, lo he visto en la prensa del aeropuerto antes, cuando he ido a comprar unas revistas.

-Vale, genial todo esto. Pero, ¿podemos ahora hablar de ti, por favor?

-Muy bien. ¿Qué quieres saber? ¿Mi nombre? Pues me llamo Lucia. Soy modelo, nací, y vivo, en Sevilla, y llevo cuatro horas dando vueltas, sentada, de pie, por Barajas, intentando saber cuando voy a poder volver a mi casa.

-Lucia…, ¡que nombre tan magnífico! Lucia es nombre de reina y de amazona, como muy bien dijo el capitán Greigg. En cuanto a tu vuelo no te preocupes más, mira esos paneles de ahí arriba: cancelado, canceled, cancelado.

-¡Me lo estaba temiendo! ¡Madre mía, que terrible panorama! ¿Y cómo vuelvo a mi casa? ¿Habrá algún tren que salga de Atocha para Sevilla?

-¡Hum… no creo. Mira, Lucia, lee lo que pone en los titulares de las noticias en mi móvil… hay un tremendo temporal de nieve sobre Madrid. ¿Ves?

-“El temporal “Filomena” colapsa Madrid, cierra Barajas y deja seis provincias en alerta máxima. Las peores nevadas en lo que va de siglo dejan más de 400 carreteras cortadas e interrumpe varios trayectos del AVE. El aviso rojo afecta a Madrid, Guadalajara, Cuenca, Albacete, Toledo y Valencia.”

-Produce escalofríos leerlo, ¿verdad?

-Entonces… ¿entonces estamos atrapados aquí, en este maldito aeropuerto? ¡Mira que pensé en irme para Sevilla en el coche de unas amigas anoche! ¡Qué tonta!

-Nada que hacer, más que esperar. Son las seis menos veinte ya de la tarde…

Y eso es lo que hacen. Esperar. Mientras nieva y nieva y remolinos blancos, esponjosos y gélidos van cayendo sobre Madrid. Y ellos, Lucia y Jaime, sentados, espera que te espera, al igual que tantos y tantos pasajeros y viajeros ese día en Barajas, Atocha, las carreteras de la comunidad, Toledo, Guadalajara, Castellón, Teruel…. caos bajo la tormenta Filomena. Entonces pasa un chino vestido de chino con una maleta gigantesca; pasa una chica pelirroja, muy alta, con pinta de eficiente secretaria; pasan un tipo gordo y su pareja, una chica muy mona, a la que alguien pide que por favor se ponga bien la mascarilla. Al rato pasa una pareja de amantes furtivos, ella morena y guapa, con los ojos violeta, y abrigada con un sensacional abrigo de Givenchy, y él, moreno, alto, pinta de rey del juego, chapurreando castellano con un tremendo acento francés.

-No creo que sean amantes, Jaime. Lo mismo ella es su vecina de enfrente y se acaban de encontrar casualmente en el aeropuerto.

-Observa como se miran a los ojos un momento, y después, intentan disimular su arrobamiento… da gusto verlos. O lo mismo es que son cuñada y cuñado y se van a Las Vegas a divorciarse.

-Tu estás divorciado, ¿no? Antes dijiste que tu ex mujer te obligo a escribir El rey de fuego…

-Mi mujer es jefaza en un Bankia de Albacete. Es una persona muy física, muy pragmática. Para ella poesía es tontería, y los poetas unos maleantes. Decía que o escribía algo que diese dinero, o se iba con su coach del fitness. Además no le gustaba mi perro. Un día le pisó el rabo a mala leche. Gritaba que lo llenaba todo de cacas y de pelos. Espero que esta señora se esté congelando en Albacete.

-A mi me encantan los perros. Pero a mi madre le da la alergia. También me gustan mucho los sábados por la tarde, siempre que no esté retenida en un aeropuerto. Me gustan así mismo los niños, montar a caballo, en bici, conducir, el mar, las chimeneas, Maria Callas y los pasteles de frutas. Ah, y viajar.

De nuevo esas miradas candentes. Flamígeras, incandescentes. De nuevo esas miradas con poderes paranormales cuyo contacto produce la misma sensación que una caricia. Una caricia cálida, hipnótica, poderosa como un imán. Suena un móvil y rompe el hechizo. Pero no del todo.

-¿Rafi? ¿Hola? ¡No puedo oírte! ¡Estoy tirada en Barajas! ¿Rafi… ? Nada.

-Tranquila Lucia. Me quedo contigo hasta que estés sana y salva en tu avión rumbo a Sevilla. Mira, ahí está otra vez la parejita furtiva….

-¡Uuuf! Estoy cansada de ver pasar gente y preguntarme qué guardarán en sus frigoríficos, o que estaban haciendo el año pasado tal día como hoy, Jaime.

– Lucia, te propongo, por ahora, irnos a la cafetería, y comer algo. Si quieres vaya…

-No sé… Dios mío, ¡es que no sé que hacer…! Creo que me voy a poner a llorar o a gritar en dos, uno, cero…

-Lucia, antes de pisoterme la maleta estabas aquí sola. Ahora el tipo de la maleta hecha un asco es tu amigo. Ya sabes que Sancho, cabal y muy discreto escudero, dijo aquello de: buen corazón quebranta malaventura. Y en mi libro alguien sabio y alegre dice también: no hay pies fríos, si el estómago está caliente.

-Pero, es que mi móvil está casi sin batería. ¡Y tengo que llamar a mi novio! ¡Hace dos horas que debería haber llegado ya a Sevilla!

-Toma, llámalo con el mío. Estoy ahí enfrente, en la cafetería. Ven si te apetece, Lucía.

Cogen sus equipajes, sus revistas y periódicos. Sus libros. Él pone rumbo hacia la cafetería, se sienta en la única mesa que queda libre. Pide un café solo, muy caliente, y una copa de Centenario Terry. Abre un periódico y se enfrasca en la lectura de un artículo muy bueno sobre el inexorable declive del Séptimo Arte… Ella, sin quitarle ojo, habla con su novio el futbolista del Sevilla. Fuera, la ciudad, como en una estampa siberiana envuelta en un fulgor fantasmal, enmudece. Lentamente la nieve va enterrándola con pespuntes infinitos, como plumas de cisnes de hielo. Arriba, mucho más arriba, un cielo lechoso, a pesar de ser noche profunda, sin ser más allá de las siete de la tarde, ilumina los caminos y carreteras cubiertos de estrellas de acero, y púas congeladas.

-¿Rafi… ? ¡Rafi! ¡Si supieras lo que te echo de menos!

-¿Luci? ¿Eres tu?

-¡Soy, soy! ¡Rafi!

-¡Hombre, menos mal! ¿Dónde estás, hija de mi alma? ¿Y por qué estás llamando con un móvil que no es el tuyo? Por la foto del contacto veo la cara de un tío… ¿de quién es este móvil?

-¡Es de un amigo, que me lo ha prestado ya que el mío estaba casi a cero, y el cargador debe andar por las profundidades de mi maleta! ¡Estoy en Barajas, y han cancelado todos los vuelos de hoy sábado! ¡Estoy bien, pero … !

-¡Joder, chica! ¡Hay que ver en los berenjenales que temes tu solita! ¿Eh? ¡Y mira que te lo dije, que no te fueras, que te olvidases de una puñetera vez de esta tontería de ser modelo, Luci! ¡Con lo a gusto que podrías estar ahora en casita! Pero tu, nada, que no le haces caso a nadie; tu a lo tuyo sin importarte nada los demás. ¿Verdad? Pues mira, te lo digo ya muy seriamente, o te olvidas del tema modelos o te olvidas de mi ¿Y ahora como narices te vas a venir p….?

-¡Rafi, adiós! ¡Gracias por todo!

Ahí fuera, mientras, como una corona de alguna diosa hermosa y blanca, la nieve rodea, y cubre casi completamente el mundo.

Pese a todo, en la cafetería, ella Lucia, la reina, la amazona, la chica que es modelo y quiere volver a su casa, y él, Jaime, el escritor de éxito, un treintañero, alto y atractivo, del tipo que hace volver la cabeza disimuladamente a las mujeres por la calle. Pero lo mejor es que él no lo sabe, y eso es lo que le hace aún más atractivo, su rotunda honestidad, maravillosa generosidad, y a ratos, intensa timidez. Y un sentido del humor a prueba de ventiscas.

-Hola jaime…

-¿Qué ocurre? ¿Estás bien, Lucia?

-¡Oh,si, muy bien! Gracias. Me apetece un té verde, y un par de bocatas. Uno de jamón y el otro también.

-Tienes rimmel resbalando en lágrimas por tus mejillas al rojo vivo. Por si te sirve de algo, estás guapa a rabiar, pero tienes una sonrisa triste. Como mi pointer Merlín cuando no dejo que me destroce las zapatillas, casi.

-Perdona, pero son cosas mías. Y gracias por lo de guapa y por decirme que tengo sonrisa de pointer. ¿Mis bocatas y mi té, por favor?

-Marisa, se llama usted Marisa ¿verdad? Marisa está en ello, Lucia. ¿Y ahora, me vas a decir que te ha dicho tu novio el futbolista para hacerte llorar?

-Ya te he dicho que eso no te importa. Es que él sencillamente es de Camas, y en Camas los chicos son muy posesivos con sus cosas. En realidad tiene razón, si él me hubiese llamado con el móvil de una muchacha atractiva, a 500 kilómetros de

mi, habría reaccionado igual.

-Osea ¿que tu novio se enfadado solo por que le has llamado con el móvil de otro tipo, a 500 kilómetros de casa, sola, con esta tormenta, y sin saber siquiera cuando podrás volver? Ese tío es un imbécil. No digo que yo, de vez en cuando, no lo sea también; pero es que tu novio lo es todo el rato. Hasta cuando duerme, creo.

-¡No sé para que he tenido que contarte nada! ¡Si solo hace dos horas que nos conocemos! En cuanto anuncien nuestros vuelos todo habrá llegado felizmente a su fin, y tu y yo nos diremos hasta siempre.

-Aquí están ya tus suculentos bocatas. Y yo que pensaba que las modelos solo comíais cosas repelentillas como miso, tofu etcétera…

-Que va, hombre. Todo eso es en realidad, pura leyenda urbana. Las modelos comemos menús de tres platos, postre y café.

-Y copa y puro, ¿no?

-Solo los domingos y festivos.

Ahora, entre cafés, bocatas y risas, transcurre el resto de la tarde sin que nadie se percate de que la tormenta de nieve se ha recrudecido. En toda la península hay vías de tren cortadas, aeropuertos cerrados, cientos de vehículos atrapados en la carreteras …. la noche no ha hecho mas que empezar.

-Lucia, son ya las ocho; salgo por ahí a ver qué pasa o qué no, con los pasajeros abandonados a nuestra suerte en Barajas. ¿Me esperas aquí?

-Si, por favor. Ven pronto a informarme, y en tanto me tomaré otro té.

Jaime Baras sale de la cafetería charlando por el móvil con su editora, la célebre Katherine Spencer de editorial Prometeus. Le dice que ella misma se ha tenido que quedar dentro del edificio de la editorial en pleno paseo de la Castellana, y que las predicciones meteorológicas anunciando la Gran Nevada, están resultando dolorosamente ciertas. Nadie sabe ni dice nada. Solo que hay que esperar a que la tremenda tormenta pase de largo. En estas, cuando va dando ya media vuelta en busca de la cafetería en donde aguarda Lucia, suena su móvil.

-Dime…

-Oye, soy Rafi Marín y si te estás acostando con mi novia, prepárate, colega. ¡Dile a mi novia que se ponga inmediatamente!

-Hola, ¿qué tal todo? Lucia -esa chica sensible, maravillosa, feérica, morena, guapísima-, está bien, a salvo, y se ha merendado dos bocatas de jamón a la catalana. También se ha tomado un té, o dos, bien calentito, y ha llorado un poco por culpa de un idiota cuyo nombre me importa un carajo. ¿Qué más? Ah, si, escucha: todos los vuelos cancelados. ¿Entendido? Ea, buenas noches amigo.

Como el móvil de Rafi Marín insiste e insiste, una y otra vez, Jaime termina por bloquearlo.

-¿Por qué oscura razón me toca siempre lidiar con semejantes cretinazos?

-Hola Jaime. ¿Qué? ¿Siguen todos los vuelos cancelados? ¡Qué horror! ¡Yo no sirvo para dormir ahí en un banco, toda la noche! ¡Me avergüenzo de mi misma pero es la dura realidad!

-Lucia, estoy contigo en esto. Un viejo proverbio zulú dice que eres responsable en parte, de toda persona que pisoteé con saña tu maleta. Además te presto mi abrigo, es un Burberrys recién estrenado.

-Gracias, Jaime, pero prefiero intentar llegar hasta un hotel. ¿Puedes mirar en tu móvil si hay alguno cercano a Barajas? Para colmo, mi móvil se ha quedado sin batería del todo. Creo que olvidé el cargador en la habitación del hotel. Cómico ¿verdad?

-Lucia, un kilómetro bajo esta ventisca puede ser terrible, en serio.

-¿Un taxi?

-Uf, no sé- le dice mientras mira lo del hotel en el móvil-, podemos intentarlo. Yo me quedaría en el aeropuerto a dormir. Es muy arriesgado poner un pie ahí fuera en estos momentos, Lucia.

-Tu puedes hacer lo que quieras, que yo me voy a dormir a un hotel.

-Espera, no me siento nada cómodo dejándote sola. Aunque sé que nos estamos metiendo literalmente en la boca de la bestia…

Llama al Iris Hotel, a un kilómetro escaso del aeropuerto, y reserva dos habitaciones, y una mesa para cenar.

-¿Recuerdas aquella película, la de Margaret Sullavan y James Steward, Caballero sin espada? Pues eso eres tu, Jaime. ¡Y hasta te llamas igual! Jaime…

-Dime.

-Gracias.

Salen al frío y al caos, todo es repito, blanco. Sigue nevando sin detenerse ni un instante. Al contrario, arrecia. Encuentran un taxi que va dando tumbos, pero el hombre los recoge, más que nada por que esos dos casi se les meten dentro a la fuerza, y sin mucha esperanza los lleva hasta el primer lugar con pinta de hotel que vislumbran a través de la ventisca. En circunstancias normales, el camino desde Barajas se echa en cinco minutos. Ellos tardan media hora.

-Miren, no se si tendremos que seguir el camino andando, pero allá vamos. Este coche es muy duro de pelar. ¡Yo lo llamo mi Clinteastwood!

“Tin tin tin. Son las nueve. Noticias Radio Nacional de España. El temporal de nieve que azota Madrid en estos momentos, colapsa el aeropuerto de Barajas, Atocha, Chamartín, y todas las estaciones de cercanías. Hay carreteras cortadas y muchas personas atrapadas en sus vehículos, en espera de que las máquinas quitanieves y la UME puedan socorrerlos. Filomena cubr de nieve media España. Desde Protección civil piden a la población que evite salir a la calle. El presidente de la comunidad de Castilla… “

-¡Lo que faltaba, señores! Primero el puñetero virus chino, y ahora, maldita sea, esta tormenta de nieve tan extraña! Lo que yo digo que esto es que nos quieren encerrar a todos en casa, el Soras, el Billie Gates, y el tío ese feo de las gafas que es dueño de Zara. El gallego ese dueño de todo, hombre.

-Se refiere usted a Amancio Ortega…

-¡Ese, ese! ¡Me cago en la mar… ! ¡Tengo cuarenta tacos y en mi vida he visto ni un virus como este ni una nevada como la puñetera Filomena esta! ¿Ustedes que dicen?

Ellos no dicen nada. No hacen otra cosa que evitar siquiera un roce, una mirada o una palabra. Ellos, bien lo saben ya, se beben sin mirarse el uno al otro. Ella piensa en su novio, pero de lejos, como si mirase un objeto lejano. Tan lejano que se pierde cerca de Alfa Centauri. Él tiene cerca de sus dedos el abrigo de ella, su perfume, y su pequeña maleta con pegatinas de nubes de purpurina.

-… Y por eso les digo yo que el Covid y la ventisca todo lo han apañao esas ratas del banco mundial. ¡Vamos hombre! ¡A mi me van a engañar estos canallas…. !

A nada de llegar al Iris Hotel, el coche definitivamente se pone atravesado en plena carretera y de ahí ya no hay forma de moverlo. De manera que el taxista se pide muy cabreado el hombre, una habitación en el hotel, y se va despotricando contra la nieve, las mascarillas y los hoteles.

-Buenas noches a todos. Yo me retiro a dormir, por que si no se me va a hinchar la vena; y cuando a mi se me hincha la vena….

Ella y él. Dos habitaciones cada una en una planta diferente. No hay nada más. Por las ventanas la nieve y la ventisca no deja ver más que eso, un mundo blanco. Eternamente, infinitamente blanco.
La vida es joven, libre, y expectante. Lo viejo, cobarde y triste no existe. Ya no.

-Mentira me parece que estemos aquí…

-Yo aún no me lo creo, Lucia. Estoy echo polvo, y muerto de hambre. ¿Te parece que vayamos directamente a cenar? Es que creo que si subo ya no tendré fuerzas para volver a bajar, Lucia. ¿Me acompañas?

Cenan. Apenas hay comensales en el restaurante. Suena Eric Satie muy flojito, y hay velas por todos lados que huelen a canela y coco. El mantel es de lino color arena, y la vajilla de cristal azul pavo; grandes arañas de cristal de Murano iluminan suavemente el lugar, un restaurante especializado en cocina mediterránea: quesos griegos, vinos franceses, arroces italianos, carnes españolas, legumbres marroquíes, higos tunecinos. De la pared, tapizada en damasco color caramelo, con grandes vigas vistas de hormigón, cuelgan obras de Santiago Rusiñol, Toulouse Lautrec, Ramón Casas, Zuloaga… Hay solomillo, vino del penedés, sopa y trufas. Hay tartitas de nata y almendras. Y después, mas tarde, hay champán, regalo de la dirección por que han reconocido al escritor Jaime Baras. Alguno casualmente acababa de comprar el libro,
un ejemplar de El rey de fuego, sobre la vida, muy novelada, de Pedro I el Cruel; sus amoríos, y su manía de matar a todo aquél que le cayese gordo. El director del hotel, disculpándose por ello, le pide muy cortés que se lo firme.

-Gracias , muchísimas gracias.

Suben. El ascensor es como una cápsula de cristal rumbo al espacio. Casi se sienten como en órbita, desde la cual se puede ver un planeta cuyas flores son de escarcha y nieve. Ella está en la tercera planta, él en la segunda. Pero la acompaña.

-No entiendo que a muchos escritores les moleste que los lectores que compran sus libros, se acerquen a felicitarlos.

-¡Buuf! Yo estoy tan agradecido de que una persona que no me conoce de nada, que no es mi madre ni mi hermana, se interese por lo que escribo, hasta el punto de gastarse 25 euros en un libro mío, que considero a esa persona un amigo.

La puerta de la habitación de ella, 1350, está al fondo de un precioso pasillo acristalado, con enormes vidrieras en plan invernadero. ¿135o? Qué casualidad, el mismo año que Pedro I de Castilla conoció a la que probablemente fue el gran amor de su vida, Maria de Padilla . Ella abre la puerta con su tarjeta; él va hablando de mesnadas, de asaltos, y traiciones épicas. Ella sonríe; él la mira.

-Bueno, este es el momento en el cual hay que decir adiós.

-Eso parece. Buenas noches Jaime. Gracias por todo.

Ella entra y lanza su gorro y sus guantes sobre la primera silla que encuentra.

Él sale hacia el pasillo. Se aleja… Ella le pregunta de pronto desde la puerta:

-Perdona, Jaime ¿puedes venir un momento, por favor?

Él no quiere. En realidad si quiere, pero se niega. No y no.

-Dime.

-Perdóname, sé que estas muy cansado…

-Estoy hecho polvo, Lucia.

-Estas hecho polvo, Jaime, y yo aquí pidiéndote un cigarrillo.

Él la mira. Sus ojos se van escurriendo hacia el interior más profundo de ella.

-Aquí no se puede fumar, y lo sabes.

-Solo una caladita. Antes de domir. ¿Si?

-Entra.

Él enciende un cigarrillo. Le da un par de caladas, se lo pasa a ella. Ella lo acerca hasta sus labios, le da una caladita y pasa la lengua por la boquilla que antes ha estado entre los labios de él. Y se lo pasa de nuevo a él, que lo apaga. Entonces él coge las manos de ella, que están heladas y azules, las pone sobre sus hombros, acaricia sus labios con sus dedos, y abrazando su cintura, la besa. Lentamente caen sobre la cama, lentamente, a oscuras, se besan sin tregua, se acogen el uno al otro, el uno dentro del otro. Ráfagas de nieve golpean despiadadamente los cristales. No hay más que murmullos de ropa que cae blandamente sobre la alfombra. Algún gemido sofocado por un beso voraz, o un mordisco. Nada más . Pasa el tiempo, las horas, las nubes, las estrellas cambian de lugar, el mundo da vueltas sobre sí mismo y al tiempo va dando vueltas alrededor del Sol.

Al amanecer, una luz azul de estanque encantado florece sobre el pálido gris perla de la cortinas. Suena intempestivo el móvil de ella; Él duerme desnudo, abrazado a ella bajo mantas y sábanas.

-Mira Rafi, lo sé: no tengo remedio. No, por favor, no más sermones, no mas regañinas, felicidades por tu gol. Pero no voy a volver. Por ahora. Échale la culpa a Filomena si quieres.

Fin.

Ada García.

Primeros de enero de aquella gélida era.

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