Más que palabras… José Portolés

José Portolés, una sonrisa y un libro, el suyo propio: Los Corruptos de Benilladre,

s.

El cine… ese invento del demonio.

Ese invento del demonio, nuestro protagonista en esta nueva entrega de Más que palabras, y la autora de estos párrafos, adoramos ese invento del demonio, como lo describía alguien enorme y eterno como es Antonio Machado. Incluso los que tanto amamos el llamado Séptimo Arte (auqnue hay algunos actores y cineastas que rechazarían la calificacióin de arte, como por ejemplo el mismísimo Buñuel o José Luis López Vázquez), reconocemos haber sido educados por el cine: desde montar a caballo emulando a John Wayne en la colosal obra maestra fordiana Centaruos del desierto, hasta almorzar café y unos sandwiches, como hace Katherine Hepburn en la maravillosa obra póstuma de Spencer Tracy, Adivina quién viene a cenar esta noche, o como quitarle los filtros a los cigarrillos rubios mientras hablamos con un presunto ladrón y asesino con la pinta de Walter Mathau, en la divertida y hichtcockiana Charada. El cine, o el invento diabólico, forma parte de la vida de este personaje que nos ocupa, él mismo es profesor y estudiante de cine, sobrino nieto de Luis Buñuel, amigo de la viuda de Sergio Leone, socio del actor Aldo Sambrell y escritor de obras muy cinematrográficas. Una de las cuales sin llegar a ver publicada, Exégesis de Un perro andaluz, tengo en mi poder desde este verano gracias a la amabilidad y generosidad de su autor. Además la crítica a la película La lista de Schindler para Tiempo de Hadas se la debemos a él.  Señoras y señores, con ustedes José Portolés.

AD. José, ¿cual es el recuerdo más antiguo referente al cine que conservas?

José Portolés. ¡Ufffffffff! Los más antiguos, desde muy, muy pequeño, imágenes sueltas del desaparecido cine Imperial de Madrid, donde mi padre me llevaba a ver las películas de Walt Disney. El que mejor recuerdo de los más antiguos, con 6 años, mi primera visita al cine recién inaugurado en mi barrio de Madrid, Las Águilas: El cine San Ignacio. Era allá por 1973, y la película, “El Cid”, de Anthony Mann. Y durante mi infancia, hasta su cierre a finales de los 80, los fines de semana yo “vivía” dentro de ese cine, formaba parte de su mobiliario.

P. Vives a caballo entre España y Mexico. ¿En cual de los dos países te encuentras más a gusto ahora mismo?

Vivir con un pie en España y otro en México.

Los lugares, el clima, la gente, la comida, la forma de ver y vivir la vida… Son tan distintos que no se pueden comparar. Ambos tienen mucho bueno compensado con su lado malo. Te puedo decir que aquí en México echo de menos muchas cosas de España; y seguramente, si regresara a España echaría de menos muchas cosas de México. Lo curioso es que, involuntariamente, seguí el camino de Luis Buñuel: dejar España para desarrollarme profesionalmente en México.

P: ¿Qué recuerdos de familia Portolés te son más queridos, José?

Precisamente los últimos: Cuando falleció mi padre, allá en 2016, su hermano y hermanas, que llevaban años sin hablarse, fueron capaces de apartar momentáneamente sus rencillas y diferencias irreconciliables para estar todos juntos acompañándome. Hicieron un esfuerzo que les agradezco mucho.

P. Hablanos de tus libros, por favor, háblanos de tus libros.

Solo te diré que hasta ahora he escrito los libros que a mí, como lector, me gustaría leer. Están escritos como a mí me gustaría leerlos, y tratan sobre los temas que a mí me interesaban en el momento de escribirlos.

Las obras de ficción tratan sobre la explotación del 3er mundo por el 1er mundo la primera. La utilidad de las religiones, todas, para controlar y manejar a la gente, la segunda. Y las consecuencias de la corrupción política en la gente normal, la tercera. Y gustaron lo suficiente para permitirme vivir de sus ventas, algo poco habitual en España.

Y por otro lado el Cine, claro, para comunicar todo lo que voy descubriendo o razonando sobre “ese invento del diablo” que nos apasiona…

P. Eres profesor de cine en México. ¿Crees que el cine de antes, antes de los ochenta, tal vez, es superior al de nuestra época?

Más bien creo que no se puede comparar el Cine de una época con el de otra, cada una está definida por unas circunstancias sociales, económicas, técnicas, estéticas… Lo que sí debemos tener en cuenta es que, lo tengo muy comprobado, nuestro Cine preferido, nuestras películas realmente favoritas para toda la vida, son las que hemos visto en pantalla grande entre los 14 y los 20 años. Es como si nuestras mentes fueran, no más impresionables, sino más receptivas a esa edad, justo cuando se desarrolla nuestro sentido crítico y capacidad analítica.

El antiguo cine Bogart, uno de los que forman parte inborrable de la infancia de muchos madrileños, como la de José Portolés, por ejemplo.

En mi caso, tuve la inmensa suerte de que durante esa época de mi vida en Madrid estaban en pleno funcionamiento la Filmoteca y los añorados Cinestudios (Fantasio, Ideal, Bogart). Yo era un asiduo de todos, cada fin de semana me veía entre siete y nueve películas de todos los géneros, épocas, autores… Y bien programadas en ciclos: Por ejemplo, recuerdo que en tres fines de semana seguidos ví, ordenadas cronológicamente, 10 películas de Hitchcock. En otros dos domingos, 7 ú 8 de los Hermanos Marx… Y así fui descubriendo y conociendo también a Akira Kurosawa, Luis Buñuel, George Cukor, Billy Wilder, Charles Chaplin, Edgar Neville, Ingmar Bergman, Ernst Lubist… Sí, fui afortunado al poder ver en pantalla grande a los grandes clásicos, y justo con esa edad tan especial, entre los 14 y los 20. Después, ya no me quedó más remedio que dedicarme al Cine.

P. ¿Se han agotado las ideas y perdido la inspiración? ¿Por eso se hacen remakes, refritos, versiones, una y otra vez, de antiguos éxitos, con más o menos suerte?  Normalmente con más pena que gloria.

Siempre han existido los remakes, la gran diferencia es que antes tenían razón de ser y cada uno superaba las anteriores versiones, porque se trataba de rehacer una película antigua tal y como las carencias técnicas o la censura lo habían impedido. Por ejemplo, el “Ben-Hur” que todos conocemos y admiramos (el de William Wyler con Charlton Heston en 1959), es la tercera versión: La primera data del año 1907, dura 15 minutos (un rollo a velocidad 14 fotogramas por segundo) y es muy buena… para su época. El primer remake se realizó en 1925, todavía silente (o “mudo”), pero tuvo una razón de ser: 18 años después se había mejorado la técnica, ya se pudo filmar en exteriores y adaptar la novela (que es malísima) completa, con una duración de 2 horas y media. La versión de 1959 se realizó con los últimos avances técnicos: Sonido estereofónico, Technicolor, Ultra Panavisión 70. Muchas otras obras maestras del cine también son remakes de películas mudas o en blanco y negro: “Primera plana” de Billy Wilder, por ejemplo, es un remake de “Luna nueva”, que a su vez es un remake de “Un gran reportaje”.

Lamentablemente, se siguen haciendo remakes de los remakes, sin razón de ser y peores que los originales: La última versión de “Ben-Hur”, de 2016, es la peor de las cuatro. Y “Primera plana” se rehizo como la pésima “Interferencias” en 1988… Y no es por falta de ideas o de inspiración: Especialmente en Hollywood, el problema son los productores. Porque allí hace mucho que los productores ya no son “hombres de Cine” como David Selznick, Irving Thalberg o Louis Burt Meyer, interesados en el Cine, sino inversores de Wall Street interesados en el beneficio económico. Por eso ya no buscan “arte” sino “negocio rápido”. Fíjate que muchos éxitos del cine de, digamos, los últimos 15 o 20 años, son producciones independientes modestas, producidas y realizadas fuera de los grandes circuitos, que triunfan por la calidad y novedad de sus planteamientos, tanto temáticos como narrativos o técnicos. No, imaginación, ideas, creatividad y talento no faltan. Lo que falta es que el capital apoye las ideas nuevas.

P. Jóse, menuda época aquella de la Residencia de estudiantes con tanta gente genial, Lorca, Alberti, Giner de los Ríos, Dalí, Buñuel, Luis Rosales, Luis Cernuda…irrepetible, ¿no?

¿Qué quienes son estos tipos? Pues Dalí, José Moreno, Luis Buñuel, Federico García Lorca y José Antonio Rubio, en 1926.

¡Ya me hubiera gustado a mí vivirla! La Residencia fue una importantísima apuesta de la Institución Libre de Enseñanza, muy adelantada a su tiempo. Brindó (a los que entonces podían permitirse una educación superior) un irrepetible ambiente cultural multidisciplinar, regido por el espíritu de algo que aún hoy se echa de menos en la enseñanza: Libertad. Libertad de expresión, libertad de creación… ¡Pero siempre dentro de los márgenes de la “urbanidad” de la época! Inevitable, pues, que allí germinara y se desarrollara el Surrealismo español.

P.  Dalí, Buñuel, Lorca, 1936. ¿Amigos irreconciliables?

¡Amigos irreconciliables y enemigos íntimos! Tres genios, con caracteres tan dispares que no les quedó más remedio que aunar su creatividad ligando sus respectivas obras tan profundamente que solo pudieron terminar por enemistarse. ¡Pero no fueron tres amigos, sino cuatro! No debemos olvidarnos nunca de José (“Pepín”) Bello.

P. Estas palabras…

Cierto aire bogartiano…

  “A veces digo que el surrealismo triunfó en lo accesorio y fracasó en lo esencial… Reconocimiento artístico y éxito cultural que eran precisamente las cosas que menos nos importaban a la mayoría. Al movimiento surrealista le tenía sin cuidado entrar gloriosamente en los anales de la literatura y la pintura. Lo que deseaba… era transformar el mundo y cambiar la vida. En ese punto –el esencial– basta echar un vistazo alrededor para percatarnos de nuestro fracaso.”

P. ¿Estás de acuerdo con tu tío abuelo? ¿El Surrealismo fracasó, en su cometido de derribar normas polvorientas, alambradas oxidadas, párametros estrictamente confortables, cómodos, aburguesados?

Surrealismo Ad hoc, ellos fueron los primeros

Totalmente, basta ver actualmente a burgueses pagando millones por obras surrelistas en las más prestigiosas galerías de Arte.

La base e intención auténtica y fundacional del Surrealismo, la planteada por André Breton, era ESCANDALIZAR. Buscaba romper con todos los moldes establecidos para provocar, incomodar, concienciar; para… digámoslo claro: para cabrear a las clases altas desde una posición filocomunista y desprejuiciada. Y quienes más lo consiguieron fueron sin duda Dalí, Lorca y Buñuel. Aunque luego Dalí “cambiase de bando”, siguió creando y, sobre todo, actuando según los postulados surrealistas, como Buñuel: Ambos fueron surrealistas a lo largo de toda su vida.

Y otro fracaso del surrealismo, este estético, es que en la actualidad está muy generalizado confundir surrealismo con sicodelia. ¡Y no tienen nada que ver! Mientras el surrealismo crea acciones e imágenes sin sentido y escandalosas mediante narrativa onírica, la sicodelia deforma las imágenes inspirándose en alucinaciones.

And the winner is…

P. José, cuéntanos qué haces en tus aulas de cine. ¿Cómo son tus alumnos?

En general, veo en mis alumnos el futuro del Cine, tanto en España como en México. Tienen ideas, ideas nuevas e interesantes, muy válidas. Y vienen con mucha ilusión, muy decididos a contar sus historias y contarlas a su manera. En un gran porcentaje, son alumnos de los que el maestro aprende.

Actualmente, aquí en México, tengo asignado el módulo “Historia del Cine Mundial”, así que hablo de Cine procurando transmitir mi pasión por el Cine, y mi forma de transmitirlo es de manera similar a la “literatura comparada”. Comienzo con “La salida de los obreros de la fábrica Lumière” y a partir de ahí cito y comento las películas que han ido aportando algo nuevo al 7º Arte, ya sea técnica, contenidos, formas interpretativas, música, estética… Y lo cuento como si estuviera hablando con unos amigos, buscando la sonrisa y la complicidad. Pero con una base sólida, un guión propio que es una lista de más de 500 películas, ordenadas cronológicamente y especificando porqué considero importante cada una. Y lo adorno con mil anécdotas, claro. Pero todo destinado a que comprendan las implicaciones artísticas y expresivas de la narrativa, el lenguaje y la técnica cinematográfica que les enseñan los otros compañeros docentes.

Por ejemplo, es importante saber que Eisenstein creó el montaje subjetivo en “El acorazado Potemkin”, evidentemente, pero también es importante saber para qué lo inventó, qué resultados artísticos y emocionales buscaba. Es decir, mi idea es que no basta con conocer la técnica porque también hay que saber para qué sirve la técnica.

Pero no siempre he sido solo “teórico”: Antes de venirme México, mi socio Aldo Sambrell y yo colaborábamos, a través de nuestra productora Duncan67 p.c., con la Facultad de Imagen, Sonido y Cine de la Universidad de Alicante, dirigidos por el catedrático Israel Gil y el realizador Toni López Vizcaíno. Primero impartíamos conferencias sobre Cine (sabiendo qué películas “caerían” en los exámenes), y luego “asesorábamos y supervisábamos” la preproducción y el rodaje de los cortometrajes-exámen de los alumnos. Y un incentivo para ellos era que el mejor proyecto de corto presentado, lo protagonizaba gratuitamente Aldo. ¡Y muchas veces el (futuro) director o directora no se atrevía a dirigirle, impresionados por su prestancia y curriculum!

P. Te digo tres directores y tu me dices lo que opinas de sus peliculas.

John Ford.

El Cine que nos encantaba de niños. Uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, aunque nos inculcó demasiada propaganda yanky.

François Truffaut.

Tremenda, hermosa, brutal, delicada obra maestra de Francoise Truffaut sobre el mundo de los niños perdidos

Me encanta su Cine, su forma de ver y narrar la realidad cotidiana, sus sutiles guiños y homenajes a los clásicos. “La piel dura”, “Fahrenheit 451”, “La noche americana”… Es el primer cineasta cinéfilo. Maravillosa e importantísima su obra cinematográfica, e importantísima su obra periodística dedicada al Cine: Fue el primero en reivindicar como Autores a Ford, Hitchcock, Cukor, etc. Y un excelente actor en “Encuentros en la tercera fase”, de Spielberg.

Luis García Berlanga.

“Esta Nochebuena siente un pobre a su mesa, por favor”

La socarronería hecha Cine, y del bueno. Un genio, que teniendo el humor como principal arma, hizo contundente crítica social cuando estaba prohibidísimo hacer crítica social.

Francis Ford Coppola.

El Autor sin término medio. Creador tanto de portentosas obras maestras como de obras fallidas. Fallidas, sí, pero nunca mal realizadas.

Howard Hawks.

Un gran narrador, con un excelente sentido del ritmo y del “tempo” fílmico. “El Dorado”, reverso irónico de su previo “Río Bravo”, me parece una película inconmensurable.

José Luis Garci.

Esa forma de hacer radio, con copa, y cigarrillo, y Solos en la madrugada

Genial en sus inicios, autor de las inolvidables y acertadísimas “Asignatura pendiente”, “Solos en la madrugada”, “Las verdes praderas”, “El crack”… Pero a partir del Óscar su cine perdió interés (para mí), se volvió “academicista” y “adocenado”, sin riesgos ni nada nuevo que aportar ni decir. Lástima.

Valerio Zurlini.

Debo reconocer que no conozco casi nada de él, y lo poco que conozco me parece fascinante: Solo he visto “El desierto de los tártaros”, y la considero una película magistral, con múltiples capas de lectura, sabiamente realizada para encumbrar como protagonista al paso del tiempo.

P. ¿Qué estás escribiendo en estos momentos? ¿Publicarás en breve un nuevo libro?

Ahora mismo, mientras espero la publicación de “Exégesis de Un Perro Andaluz”, retrasada por la pandemia, tengo dos obras a medias, una sobre cine y otra de ficción:

Respecto a la de Cine, estoy rehaciendo mi análisis de TODA la obra de Luis Buñuel, porque siempre he entendido sus películas como español y ahora que conozco y comprendo la mentalidad mexicana he descubierto que su obra es mucho más compleja de lo que nos imaginábamos. Y vista conociendo ambas mentalidades los resultados son sorprendentes e impresionantes, revelan la importancia y calidad de su mal llamado “cine alimenticio” mexicano.

Y en cuanto a la de ficción, estoy a la mitad de la tercera novela sobre Don Juan de Cedaceros, un disparatado detective privado matrimonialista que ejerce en Madrid… en el año 1641. Mantengo inéditas las dos primeras, que me llevaron más de tres años documentándome sobre todo tipo de pequeños detalles cotidianos del siglo XVII, las moveré por el circuito editorial mexicano cuando termine esta tercera. Y te puedo adelantar que son, hasta ahora, mi obra más personal, y la que más me divierte escribir. Porque mezclo y fusiono mis dos géneros literarios preferidos, el negro y la novela picaresca, y eso permite escribir parrafadas a lo Phillip Marlowe con léxico del siglo XVII: “Sépades vuestra merced que establecí mi despacho en la calle de Leganitos y dediquéme al oficio de inquiriente en la Corte, que bien pagarían los linajudos mansos por averiguarles con qué bravos sus esposas se amartelan en las misas de vísperas…

P. En tu obra Exégesis de un perro andaluz dices que Lorca era ese célebre “perro andaluz” Que así era como Dalí y Buñuel llamaban amistosamente a Federico, pero que a él no le gustaba nada.

Así es. En la Residencia, llamaban genéricamente “Perro Andaluz” a todos los andaluces; pero no se sabe cómo ni porqué, Federico acabó siendo el “Perro Andaluz” único y genuíno. Y es muy normal que le incomodase, era algo muy despectivo, muy propio del ambiente clasista de la Residencia. Buñuel y Dalí lo utilizaron con muy mala leche, la mala leche que les caracterizó a ambos toda su vida.

P. José, ¿cual es la pelicula que más veces has visto en tu vida?

Una obra maestra de luces, colores, lluvia y canciones inolvidables

He de responderte que varias, por igual. Y seguiré viéndolas una y otra vez: “Casablanca” de Curtiz, “La muerte tenía un precio” y “Hasta que llegó su hora” de Leone, “Viridiana” de Buñuel, “Conan el bárbaro” de Milius, “Mad Max” (la de 1979) de Miller, “El séptimo sello” de Bergman, “Star Trek: la película” de Wise, “Cantando bajo la lluvia” de Donen y Kelly, “Pink Floyd: The Wall” de Parker… Son películas que habré visto entre 20 y 30 veces (cada una) en el Cine, cuando aún existían los ”cines de reestreno” y los “cines de barrio”. Y luego gracias al VHS, primero, y el DVD, después, puedo asegurar haberlas visto más de 100 veces cada una. Y quizá me quede corto.

En muchas ocasiones me han reprochado ver tantas veces una misma película. Pero personalmente lo entiendo como las canciones: Si oyes una canción y te gusta, ¿ya no vuelves a escucharla porque ya la has oído y ya sabes el final? A que no, ¿verdad? Pues a mí me pasa lo mismo con las películas.

P. ¿El cine y la vida son la misma cosa?

Ni sí ni no sino todo lo contrario: El Cine es un reflejo de la vida y la vida copia e imita al cine, que es un reflejo de la vida y la vida copia e imita al cine, que es un reflejo de la vida… etc.

José Portolés en plan castizo

A pesar de que nos queda muy lejos geográficamengte hablando, está realmente muy cerquita gracias a la amistad y a las RRSS otro invento, dicen, cargado por el diablo.  Muchas gracias José Portolés. Que las hadas y tu ángel de la guarda, (llamado Clarence, cómo el que visitó una vez al bueno de George Baily) , te traigan lo mejor de la vida.

Muchas gracias a “Más que palabras”, a vuestro interés por el Arte y la cultura.

Y a Clarence / Henry Travers.

“Larga y próspera vida”.

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