Más que palabras con… Pilar Alcalá

“Soy aprendiz de poeta. Poeta es una palabra que nos viene grande a casi todos, y que muchos usan alegremente”

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Pilar Alcalá García

Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía…” Y Pilar Alcalá, filóloga sevillana, y unas de las máximas responsables de los múltiples actos que se han organizado y aún quedan por organizar, en Sevilla con motivo de este Año Bécquer, lo sabe mejor que nadie, pues eso, que siempre, siempre habrá poesía. Pilar tiene mirada de golondrina, como las golondrinas que vuelven a tu balcón como aquella que amó el Príncipe feliz, y Pilar tiene voz como la caricia del arpa, aquella mágica del poema becqueriano. Entusiasmo al público que escuchaba silencioso en el salón del palacio de los marqueses de la Algaba, en Sevilla en diciembre pasado; a los que se acercaron hasta el parque de Maria Luisa junto a la estatua de Bécquer; a Alvaro anula Pulido durante nuestro programa Poetas andaluces en la etapa Desde casa, y entusiasma a todos los que tiene  la suerte de escuchar a Gustavo Adolfo Bécquer, el poeta amante de los ojos verdes, y las leyendas oscuras, en los labios de Pilar Alcalá.
AD. Pilar, ¿Son estos malos tiempos para la lírica?
Pilar Alcalá. Es una frase que oigo desde hace tantos años… Siempre son malos tiempos para lírica, aunque la concesión del Nobel de Literatura a la poeta neoyorkina Louise Glück da muchas esperanzas. La poesía tiene menos lectores (adictos, adeptos, amantes…) que cualquier otro género literario. Son muchos los que rechazan este género, a veces, sin ni siquiera haberse acercado a él. Hay quien dice que no entiende la poesía, ¡cómo si la poesía se escribiera para entenderla! La poesía, si atendemos a la etimología de la palabra y a su significado, vemos que es “la manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa”. Esto quiere decir, en mi opinión, que la poesía es el más sublime de los géneros pero últimamente la poesía está siendo atacada por los mismos que dicen amarla, y me explico: en los últimos tiempos veo, a veces con pavor, que todo el mundo publica poesía, se ha pasado de no leerla por temor a no entenderla, a publicarla sin ningún pudor. Hay tal proliferación de actos poéticos que a veces asusta, no se trata de cantidad sino de calidad. Todos somos libres de escribir lo que nos dé la gana, pero creo que a la hora de publicar hacen falta unos límites, unos criterios, no todo vale, al menos a mí no todo me vale. Y los límites tienen que empezar en uno mismo y por supuesto en las editoriales. Tiene que haber rigor y honestidad. No es de recibo abrir un libro y encontrar faltas de ortografía, amén de otros disparates gramaticales o sintácticos. Se necesita leer mucha poesía para poder escribir algo digno de ser presentado al lector. Ya lo dijo Bécquer en su “Introducción Sinfónica”: Los extravagantes hijos de mi fantasía,
duermen por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, esperando en el silencio que el Arte los vista de la palabra, para poderse presentar decentes en la escena del mundo.
“Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”

P. ¿Cómo puede ser eso de que en la España de años, e incluso siglos atrás, se leyese, escribiese, y vendiese poesía, en un país según los historiadores, con un elevado índice de analfabetos y pobres, y hoy, en la era del bienestar más o menos general, y la cultura más o menos al alcance de todos, apenas se publique? ¿Por qué la poesía es como la hermana “difícil” de la literatura?
R. Un poco ya he respondido en la respuesta anterior. Lo que más llama la
atención es que en un país como el nuestro, donde lee muy poca gente, casi
todo el mundo publique. A veces tengo la impresión de que el arte de escribir no está lo suficientemente valorado. No todo el mundo está capacitado para ser tenor o soprano o corredor de fondo, pero parece que todos, por el simple hecho de saber leer y escribir, estemos capacitados para crear arte con las palabras. De la marginalidad de la poesía ya hablé antes, podría añadir que muchos ven al poeta como un solitario, como un ser endiosado y eso les puede causar rechazo. Mucha gente lee para distraerse, para pasar el rato y está claro que la poesía no está hecha para eso.
P. Pilar tú eres poeta. ¿Dónde podemos buscar tus obras?
R. Soy aprendiz de poeta. Poeta es una palabra que nos viene grande a casi
todos y que muchos usan alegremente. Soy poco dada a publicar por lo que en RRSS poco hay de mi obra, unos cuantos poemas. Tengo poemas publicados en algunas revistas y en la colección Torremozas y tengo dos poemarios publicados: “Adamar” publicado por TAU y “Poemas de názora y azófar” publicado por En Huida. Piensa que tengo otro poemario acabado hace tres años y no me decido a darle el consuelo del papel porque le tengo mucho respeto a la Poesía y creo que para publicar hay que aportar algo nuevo. Y lo peor es que estoy terminando otro poemario que comencé hace tres años. Me sorprendo mucho cuando veo que hay quienes publican uno o dos poemarios al año. Insisto en lo dicho anteriormente, no es cuestión de cantidad sino de calidad y yo nunca estoy satisfecha con lo que escribo, de lo cual me alegro. Soy, al igual que Bécquer, “ansia perpetua de algo mejor”.

P. Háblanos por favor, de lo que ha significado este Año Bécquer para ti, personalmente. ¿Qué actos al respecto quedan aún por celebrarse?
R. Puedo decir que cuando el ayuntamiento de Sevilla aceptó mi propuesta y
declaró 2020 “Año Bécquer” me sentí como una niña en la noche de Reyes
Magos. El interés de este centenario estriba en el hecho de que es un
centenario de ambos hermanos, Valeriano y Gustavo, que murieron con tan
sólo tres meses de diferencia. Dos hermanos que, desde que se quedaron
huérfanos siendo muy pequeños, siempre habían vivido juntos en Sevilla, en Madrid, en Toledo, en Veruela. Gustavo y Valeriano fueron más que hermanos, fueron amigos y compañeros de trabajo, uno fue la familia del otro ya que casi no se relacionaron con sus otros seis hermanos que se quedaron en Sevilla. Valeriano siempre ha estado a la sombra de Gustavo y por eso me parecía que este aniversario era el momento ideal para reivindicar la figura de Valeriano y la importancia que tuvo en la vida y en la obra de Gustavo Adolfo. Yo creo que no podemos entender al uno sin el otro, se son mutuamente indispensables. Quedan dos Rutas Bécquer en noviembre, que haré yo misma, organizadas por el CAL (Centro Andaluz de las Letras), dentro del programa “Ciudades literarias”, una de las rutas dentro de la programación de la Feria del Libro Antiguo. Y en diciembre, organizadas por la Casa de los Poetas y las Letras, dos jornadas tituladas “Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer: del romanticismo a la modernidad”, en las que tengo el honor de participar con una ponencia. La lectura de “Maese Pérez el organista” en Santa Inés, los días previos a Navidad, etc. Y el acto de clausura del Año Bécquer, el 22 de diciembre, día de la muerte de Gustavo Adolfo, acto que se hará en el Panteón de Sevillanos Ilustres ante la tumba de los Bécquer. Pero todos dependen de la situación sanitaria, como es lógico.
P. Decía Sorolla, enamorado de la luz de la ciudad de la Giralda, que si fuera posible él sería de Valencia y de Sevilla el mismo tiempo. Gustavo Adolfo Bécquer,  Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Antonio y Manuel Machado; Bartolomé Esteban Murillo, Diego Velazquez, Juan Valdes Leal. ¿Qué crees que tiene la luz y el aire de Sevilla para crear tantos maestros irrepetibles en el Arte?
R. No creo que sea sólo la luz. Se habla de la luz de Valencia que inspiró a
Sorolla, de la luz de Skagen, en Dinamarca, donde se estableció una colonia
de pintores escandinavos a principios del XIX, de la luz y los cielos violáceos de Firenze, donde nació el Renacimiento. La luz de Sevilla, como todas las luces, es para todos, pero sólo algunos seres son capaces de ver, de captar esa luz y son capaces de transformarla en belleza. Vuelvo a citar a Bécquer: Todo el mundo siente. Sólo a algunos seres les es dado el guardar, como un tesoro, la memoria viva de lo que han sentido. Yo creo que éstos son los poetas. Es más, creo que únicamente por esto lo son. (II, Cartas literarias a una mujer). Esto se puede extrapolar a cualquier disciplina artística. Creo que, además de la luz, hacen falta almas y corazones dispuestos a dejarse llevar por ella, hace falta tener una sensibilidad especial para escribir Ocnos o pintar la Virgen de la servilleta, hace falta seguir unas huellas. Se tienen que dar una serie de circunstancias para que aflore la belleza.
P. Pilar, ¿se puede ser poeta sin ser en absoluto romántico?
R. Me gustaría hacer una aclaración. Para mí el romanticismo es algo más que una corriente artística, un movimiento que se produjo a finales del XVIII y principios del XIX. Para mí el romanticismo es un modo de sentir y vivir, es el continuo deseo, la lucha constante por lo que amas, es perseguir un sueño, un misterio, tener un ideal, tener una pasión, y este romanticismo existe desde que existe el hombre y este romanticismo es imprescindible para crear, no sólo para ser poeta, sino para cualquier tipo de arte.

P. Qué pena que este esperado Año Bécquer haya coincidido con el año del virus. Pilar, ¿habéis tenido que suspender muchos actos al respecto?
R. Sí, ha sido una pena. La historia se repite con Bécquer ya que el centenario de su nacimiento, en 1936, se vio truncado por algo tan terrible como la guerra civil. Se han suspendido algunos actos, otros se hicieron de manera virtual, durante el confinamiento, por ejemplo el “Día de la Poesía”. Quizá para mí la supresión de este acto haya sido la más dolorosa porque iba a tener lugar en la Venta de los gatos, escenario de un texto homónimo de Bécquer, un lugar que está esperando que las autoridades lo salven del abandono para convertirlo en un lugar dedicado a Bécquer y a la cultura. Tenía que haber sido un acto reivindicativo y no pudo ser. Se suspendió la Ruta Bécquer de mayo, la

presentación de la edición de las Rimas, edición conmemorativa del ciento
cincuenta aniversario de la muerte de los Bécquer, que hizo la editorial Anantes
y para la que yo misma he escrito el prólogo, se ha suspendido la Noche en
blanco y en consecuencia el acto becqueriano que se iba a celebrar esa noche.
Pero tengo el consuelo de que el ayuntamiento de Sevilla hizo una ofrenda
floral ante la tumba de los Bécquer el día de la muerte de Valeriano, el 23 de
septiembre, un acto muy emotivo durante el que leí unas palabras de Julia
Bécquer, hija del pintor, en las que hablaba de la faceta humana de su padre. Y espero que podamos hacer algunos de los actos que están programados hasta final de año, aunque soy consciente de que otros habrá que suspenderlos.
P. Decía el poeta y artista Gerardo Alonso Zahonero, autor del libro de poemas ilustrado con sus propios dibujos, Odonata,  y colaborador de Tiempo de Hadas, que a pesar de no recibir ningún tipo de ganancia material él seguirá escribiendo poesía, y dibujando, y que no puede ni quiere dejar de hacerlo, pese a que no pueda vivir de ello. ¿Crees que en España debería haber más apoyo al Arte y a la Cultura?
R. ¡Por supuesto! Invertir en Cultura es fundamental para cualquier sociedad. La sociedad necesita Cultura, necesita alimentar los sentidos. Se ha repetido mucho en estos tiempos, y es verdad, la Cultura nos ha salvado en los terribles días que hemos vivido y nos seguirá salvando. Ya lo dijo Dostoyevski en su libro El idiota: “La belleza salvará al mundo”. Tal vez a algunos poderes no les interese tener un pueblo formado y culto por eso los que amamos la Cultura tenemos que hacer todo lo posible para mantenerla viva.

P. ¿Durante tu infancia ya te gustaba y disfrutabas con la poesía? ¿Cómo eras entonces? 
R. Empecé a leer desde muy pequeña porque mi madre era maestra y me
enseñó, así que con 5 años ya sabía leer y escribir perfectamente. Para mí el
mejor juego era leer, eso sí, no me gustaban los cuentos de princesas, me
parecían absurdos. De pequeña leí a los clásicos en versión infantil y cuentos, muchos cuentos, claro, que no fueran de princesas… La poesía llegó más tarde y llegó con Bécquer. Fueron dos versos suyos “el alma que hablar puede con los ojos / también puede besar con la mirada”, los que me hipnotizaron. Esas palabras sí que eran maravillosas y mágicas no como el estúpido príncipe azul que tan mal me cayó siempre. Y es curioso, porque en estos tiempos esos versos de Bécquer son muy de verdad, son plena actualidad, ahora que llevamos la boca tapada, nuestros ojos se encargan de besar. Era una niña seria y callada, tímida, y sigo siendo así pero ahora, con el paso y el peso de los años, he aprendido a disimular la timidez.
P. ¿A quién lee Pilar Alcalá antes de irse a dormir?
Glorieta Bécquer en el sevillano parque de María Luisa
R. Pues al autor que esté leyendo en esos momentos, da igual que sea prosa o
poesía. Lo que sí es cierto es que hay autores a los que vuelvo continuamente,
no sólo Bécquer, también Cernuda, Salinas, Julia Uceda, Ángel González,
Javier Marías, Wislawa Szymborska, Alda Merini, Pavese, Ungaretti, Quasimodo, etc., la lista sería demasiado larga. Soy de las que subrayan los libros y marcan los poemas, por eso me encanta retomar un libro leído hace tiempo y releer aquellos versos subrayados, aquellos poemas marcados, aquellos párrafos señalados en las novelas, por ejemplo de Javier Marías, mi preferido
en absoluto.

P. Vivimos tiempos tortuosos, ¿eres optimista y piensas que en nada todo esto se habrá convertido en un mal sueño, o piensas que tardaremos años en volver a ser lo que fuimos antes de febrero del 2020?
R. Espero que no volvamos a ser los que fuimos. Yo creo que algo tan grave
como lo que estamos viviendo nos va a marcar, nos debe marcar, de lo
contrario significaría que tenemos poca sensibilidad. Al principio de la
pandemia se leía y se escuchaba a menudo que de esto íbamos a salir todos
mejores. Tengo mis dudas. Creo que vamos a salir diferentes, unos saldrán
mejores y otros, peores. Es más, ya lo estamos viendo. Insisto, lo que está
ocurriendo no debería dejarnos igual que antes, deberíamos aprender mucho de todo esto. A lo mejor ahora mismo es pronto, porque todavía estamos inmersos en la pandemia, pero cuando acabe (ojalá sea muy pronto) todos habremos aprendido. Es obligatorio reflexionar y sacar conclusiones, tanto a nivel personal como a nivel de sociedad. Tanta tristeza, tanto dolor, tanto esfuerzo no pueden ser en vano. Deberíamos ser menos egoístas y menos individualistas, menos materialistas y deberíamos aprender qué es lo realmente necesario, imprescindible e importante en nuestras vidas. Yo, por ejemplo, quiero aprender a no tener prisas, a no agobiarme, a relativizar.

“Ansia perpetua de algo mejor, eso soy yo”.

(G. A. Bécquer)

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