Una hora antes de la medianoche.

La sombras que borran cualquier contorno de la habitación se atenuan sobre la parte superior del armario. Entonces, un extraño fulgor casi verdoso ilumina a ese muñeco que sonrie siempre. Que nunca para de sonreir. Y sus dientes blancos y puntiagudos brillan en la oscuridad para horror de quien no puede dormir.

-¡Mamá! ¡Mamá! ¡Corre! ¡Corre! ¡Ven por favor!

Desde la habitación contigua se oyen los rápidos pasos de mamá que viene en auxilio de la pequeña Luisa. La pequeña Luisa guarda mariposa polvorienta en su libro de Naturales y ayer por la tarde, durante la clase de Religión hizo que la señorita Amelia regañase a su compañera Lourdes por haberle hecho reír. Después tiró de los pelos a su amiga Beata simplemente por gusto.

-¡Qué pasa? ¿Qué te pasa hija?

-¡Mamá, llevate ese horrible payaso de ahí!

-¿El payaso Clodoveo? ¿Pero porqué?

-¡Llévatelo! ¡Llévatelo! ¡Aaaag!

-¡Tranquila hija! ¡Por dios, no te pongas así que ya me lo llevo!

-¡Tíralo mamá!

El payaso Clodoveo y su tebeo en unos minutos termina en el contenedor de basura justo al lado de una caja de cervezas vacía. Y al pasar un coche junto a él, abre los ojos de par en par y echa a correr.


Ada García.

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