Una hora antes de medianoche.

La sombras que borran cualquier contorno de la habitación se atenuan sobre la parte superior del armario. Entonces, un extraño fulgor casi verdoso ilumina a ese muñeco que sonrie siempre. Que nunca para de sonreir. Y sus dientes blancos y puntiagudos brillan en la oscuridad para horror de quien no puede dormir.

-¡Mamá! ¡Mamá! ¡Corre! ¡Corre! ¡Ven por favor!

Desde la habitación contigua se oyen los rápidos pasos de mamá que viene en auxilio de la pequeña Susi. La pequeña Susi guarda mariposas de seda entre las polvorientas páginas de su libro de Matemáticas, y ayer por la tarde en clase de ganchillo, molestó a su compañera Mari Carmen, solo por gusto. Después mas trade, a la hora de la cena, dio una patada a su hermano pequeño Pepito por debajo de la mesa, porque no quería medio filete de bacalao suyo.

-¡Qué pasa? ¿Qué te pasa hija?

-¡Mamá, llevate ese horrible payaso de ahí!

-¿El payaso Clodoveo? Pero, ¿porqué?

-¡Llévatelo! ¡Llévatelo! ¡Aaaag!

-¡Tranquila hija! ¡Por dios, no te pongas así que ya me lo llevo!

-¡Tíralo mamá! ¡Tiraloooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!

El payaso Clodoveo y su tebeo en unos minutos termina en el contenedor de basura justo al lado de una caja de cervezas vacía. Y al pasar un coche junto a él, abre los ojos de par en par y, sin perder un minuto, echa a correr hacia la casa de la pequeña Susi.


Ada García.