Vampiros como nosotros.

“-Me dice usted, amigo Cervenka, que son seres malignos. Que salen de noche de sus sepulturas para merodear por poblados y aldeas, para beberse la sangre de los vivos. Gnomos y hadas mi querido amigo, puro folclore y nada más. Yo no daría un chelín por la veracidad de esas leyendas”.

– Vampiros a la luz de las velas. Radio Zombi, de Ada García

Vampiros. Esas odiosas criaturas que se alzan de su tumba en medio de las tinieblas para, sedientas y lujuriosas, ir en busca de alguna apetitosa víctima. Esos implacables demonios que no están muertos. Pero que tampoco están ya vivos. ¿Existen realmente? ¿Son como dice en mi cuento Vampiros a la luz de las velas, el muy racional y escéptico doctor Clark, producto del folclore, de la calenturienta imaginación de las gentes, de la histeria? O bien, esos no muertos, esos upiros, lamias, lampusas, vurdalaks, nosferatus, según la diferente terminología del lugar, o del momento histórico… ¿ existen y están entre nosotros? Para un campesino de siglos pretéritos perdido en alguna aldea entre los oscuros y densos bosques de los Cárpatos, la respuesta esta muy clara: ¡Por supuesto que existen y quién diga lo contrario merece ser mordido por una bestia de esas!

Pero no a la luz de cualquier ciudadano iluminado ya por la Ciencia, la Lógica y la Razón. Aunque desde luego, a pesar de que la literatura primero y el cine más tarde, han popularizado la idea del vampiro aristócrata poseedor de un formidable y lúgubre castillo en Transilvania, la terrorífica figura de espectro bebedor de sangre la podemos encontrar en prácticamente todas las culturas del planeta, según leo en esa imprescindible Encyclopaedîa Vampira que es Vampiros. Bestiario de ultratumba, del autor Javier Arries: “El folclore ha situado a este no muerto que se alimenta de sangre en las zonas geográficas más diversas. Su amenaza se extiende desde Egipto y Sumer, hasta China.” Os recomiendo leer esta obra de Javier Arries y visitar su web si queréis conocer a fondo la figura de estos detestables personajes

No, no nos reflejamos en el espejo.

“Me dijeron que lo mío no tenía cura, que me quedaba poco tiempo para irme al cielo o al infierno. Yo sonreí divertida. Los diagnósticos médicos siempre me habían producido en el pasado auténtico terror. Ahora ya no. ¿Para qué? Si yo sabía mejor que el doctor Clark por qué mi mirada se afilaba día tras día. Y el porqué de que la palidez de mi piel resultase ya escandalosa, con ese fulgor azulado alrededor de las mejillas y sobre mis párpados, tan semejantes a esas delicadas nubes que flotan sobre los campos a la hora del crepúsculo. Y también conocía el motivo de que mis uñas y colmillos creciesen a un ritmo irreal, de que mis latidos fuesen casi nulos. Y en la última noche descubrí maravillada que mi imagen no se reflejaba en el espejo”.

Vampiros a la luz de las velas. Radio Zombi de Ada García

Y es que los vampiros además de ser así como somos, y al tener una muy larga vida por delante, leemos muchísimo. Sobretodo leemos todo lo que los escritores de ayer y hoy han imaginado sobre los vampiros. Es muy interesante conocer cómo nos ven, qué idea tienen de nosotros los vivos. Por mis manos han pasado obras tan clásicas y emocionantes como: Drácula, de Bram Stokker; Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu; Morella y Berenice, de Poe; La familia del Vurdalak, de Alexei Tolstoy; La novia de Corinto, de Goethe, y ya en una muy pop actualización del mito encontramos los Relatos vampíricos de Roger Vadim, los muy extraños y desconocidos de Alfonso Paso, y Entrevista con el Vampiro de Anne Rice.

“En ese momento suena la hora lúgubre de los espíritus, y entonces, solamente, la joven parece sentirse a gusto.
Ávidamente, de sus labios pálidos,
ella bebió el vino de un rojo sombrío como la sangre.
Pero del pan de trigo que él le ofreció amablemente,
no tomó la menor migaja.Y ella tiende la copa al joven,
quien, como ella, la vacía de un solo trago, golosamente.
Y durante esa comida silenciosa, él le solicita su amor.
Su pobre corazón, ay, estaba enfermo de amor”.

– La novia de Corinto. Johan Wolfgang von Goethe

El hombre que encontró aliens en la catedral de Palencia.

“Click, clack, click. Un hombre vestido de negro -camiseta negra de Black Sabbath, vaqueros negros, botas negras-, muy alto, más alto casi que nadie, un hombre de pelo largo y barbas cerradas, con los ojos pardos donde se reflejan las llanuras, y los cielos, y los montes y ríos de Castilla. El hombre va disparando su cámara aquí y allá, una vez y otra vez más. Los silenciosos muros, los pilares centenarios, y aquél hermoso altar donde ha muchos siglos lloró un rey Trastámara por su señora Doña Urraca…”

El hombre que buscaba aliens en la Catedral de Palencia. Radio Zombi, de Ada García

Catedral de Palencia
Catedral de Palencia desde la Plaza de San Antolín

La catedral de Palencia, durmientes de piedra, oquedades donde de pronto brilla como una joya un rayo de sol, arbotantes milenarios, campanadas y plumas de cigueña, dormita tranquila bajo un despiadado atardecer de julio. Mientras, mi cabeza va hilvanando todo esto, además de la misteriosa estampa del fotógrafo que va completamente vestido de negro y que busca… ¿Pero que es lo que busca dando vueltas y vueltas alrededor de la espléndida mole de la catedral?

Aliens dormitando en la puerta principal de la catedral palentina.

Aquél caluroso mes de julio, estaban próximas las Fiestas de San Antolín, y ya la ciudad bullía con el ir y venir de artistas, turistas, viajeros y curiosos, en tanto él, Javier, ajeno a todo ese trajín, se sumergía en las maravillas que le ofrecía esta sacra construcción cuyas piedras más antiguas, la cripta de san Antolín, por ejemplo, datan del siglo VIII. Yo le observaba intrigada pero feliz, ahora sentada en el pavimento, ahora en las escaleras, o bien dando vueltas alrededor de la catedral, siguiendo los movimientos de él.

Catedral de Palencia. Vista nocturna
Vista nocturna de la Cabecera de la Catedral de Palencia

Si queréis saber que buscaba, y encontró, el insistente fotógrafo vestido de negro, leed Radio Zombi y lo descubriréis. Así, la próxima vez que visitéis la catedral de esta hermosa ciudad castellanoleonesa, podréis buscarlo por vosotros mismos.

Podéis escuchar una genial dramatización de este cuento pétreo y voraz, con la voz de Elena Merino al final de la entrevista (a partir del minuto 165) que me hizo para su programa Elena en el País de los Horrores. La dramatización comienza a partir del minuto 177. ¡No os la perdáis!

Una cura llamada The Cure.

Cuando me preguntan que rutinas o manías tengo a la hora de escribir, es inevitable que mencione la noche -escribo mejor durante las horas nocturnas-, y la música; y es que realmente escribir sin estas dos circunstancias me resulta difícil. Casi todos los cuentos incluidos en mi primer libro Radio Zombi se han creado bajo estos mágicos influjos. ¿Hay una combinación más subyugante? Música en la noche… historias que van a comenzar a surgir.

La banda de Robert Smith, Simon Gallup, Andy Anderson, o Jason Cooper entre otros memorables miembros, es una de mis referencias a la hora de jugar un poco a ser como Dios y ponerme a crear seres con vida propia que exigen, menudos son ellos, su lugar al sol de la existencia. El mismo programa de radio que hace de columna vertebral en el argumento de Radio Zombi.

“Lúgubre tema, The Holy Hour el del grupo de Robert Smith y muy apropiado para una noche santa como esta, el que nos ha pedido Pepe Gracia desde Sevilla. Y que por supuesto, vamos a oír mientras no perdemos de vista la puerta antornada del amario, ni esa cara que medio asoma tras la cortina encubierta por el siniestro pájaro de las pesadillas”.

“…He quiet and empty bodies
Kiss the ground before they pray
Kiss the ground
And slip away…”

Así , con la música de esta siniestra cura donde las haya, comienza la andadura de un programa de radio en la madrugada del primer día de noviembre de un año, no importa cual. Y es esta mítica banda creada allá por 1979 en Crawley, Reino Unido, y que junto con la ya desaparecida Siouxsie and The Banshees, han influenciado a varias generaciones de siniestros y musicales vampiros. Temas como el que forma parte de Radio Zombi, The Holy Hour, o Siamese Twins, Boys don´t cry, Lovesong, Faith, The Blood, han acompañado esas silenciosas, oscuras noches; y me han ayudado a formar espectros, a vislumbrar casas perdidas en la niebla donde hay alguien que grita pero jamás se le escucha. Como muy bien dice Javier Arries en ese prólogo formidable:

«A través de un relato que actúa como hilo conductor Ada García nos lleva de una historia a otra. Un relato que esconde otros tantos relatos… una ilustre y venerable tradición que emparenta esta obra con lo que se dado en llamar “narración enmarcada”, técnica literaria “de la caja china”, que hunde sus orígenes en el tiempo… »

The Cure. Concierto en 2012
La banda de Robert Smith durante un concierto en 2012.

El Fantasma y la señora Muir

Ella (Gene Tierney) es una señora viuda que vive en el Londres de principios de siglo, con su hija de ocho años Anna (Natalie Wood), su suegra (Isobel Elsom), su cuñada (Victoria Horne) y su ama de llaves Martha (Edna Best). Un buen día decide marcharse a vivir junto al mar, ante la firme oposición de su suegra y cuñada, pero consigue salirse con la suya y alquila una preciosa y poética villa sobre unos acantilados. Esta marítima mansión que lleva por nombre “La Gaviota” y desde cuya habitación principal se disfruta de unas vistas maravillosas de marejadas, amaneceres y atardeceres marineros guarda en sus entrañas un fantasmagórico secreto. En efecto, en “La Gaviota” envuelta en poemas de Keats, blancos visillos levantados por el viento de la mar, y barcos anclados en el oleaje de los sueños, vive un fantasma: el del capitán Daniel Gregg (Rex Harrison).

Gener Tierney en El Fantasma y La Señora Muir

El pobre e irascible capitán murió asfixiado mientras dormía y claro, una forma tan tonta de morir es motivo más que suficiente para convertirle a uno en fantasma. Y así y de esta forma el capitán Gregg, mejor dicho, el fantasma del capitán Gregg se lo pasa bomba fastidiando a la gente que tiene la desvergüenza de querer habitar su casa. Pero Lucy-Lucia mejor, Lucía es nombre de reina, de amazona, que le diría un ya enamorado y fantasmal capitán Gregg a la valiente y atractiva viuda señora Muir-, no le amilana un fantasma descarado y gruñón, por muy lobo de mar que hubiese sido en su otra vida. Entonces, casi sin darse cuenta, van entablando una extraña relación mitad amistad, mitad… ¿amor? y aquí al principio de sus primeras conversaciones juntos, entre el capitán y la joven viuda, al lado del fantástico mirador de la habitación de ella, y que era de el cuando no era aun un fantasma.

Rex Harrison en 1947

Y así los días van transcurriendo rumorosamente como esas olas que rompen en la playa y en los acantilados, a veces dulces y dóciles, apenas una leve onda sobre la verde y eterna piel de la mar… pero otras veces, son terribles montañas de agua, borbotones de espuma que anegan y destruyen todo lo que se les ponga por delante. Ella y él, en esa complicidad más propia de amantes, escriben juntos un libro: las divertidas y a ratos procaces memorias del capitán.

Y se salvan a ella misma, su hijita Anna, y su fiel y resignada doncella Martha de ser desahuciadas de “La Gaviota”. Él le explica a la señora Muir que fue un niño bastante terrible criado por una vieja y pobre tía, que se pasaba la vida limpiando las alfombras que su sobrino ensuciaba sin tregua. Continúa explicándole a la muy interesada Lucy, mejor Lucia, que un buen día a la edad de dieciséis años abandonó a su tía para irse a recorrer los siete mares. Entonces en una escena de belleza sublime, ella se queda en silencio meditando, mientras él le pregunta en qué piensa. Y ella, ensimismada responde: “En lo sola que debió sentirse su tía viendo las alfombras limpias”. Creo que esta escena resume en dos o tres fotogramas de arrebatadora belleza el poder de sentimientos como el amor, el afecto, la soledad, la infancia que se marcha para no volver. Mientras continua el lento e implacable paso del tiempo representado por ejemplo, en otra escena inolvidable, Anna Muir de pequeña y con la ayuda de un amable pescador del pueblo, escribe su nombre en un palo hundido a mitad de la playa. Muchos años más tarde, durante una tormenta vemos el mismo palo, gastado, comido por la sal y las mareas, y el nombre de “Anna Muir” que pintaran aquella lejana tarde de la infancia, gastado y apenas legible ya…

“¡Cuantas cosas nos perdimos Lucía! ¡La galerna del norte que en el Cabo de Hornos hace que el mar se ponga blanco de espuma…! ¡Cuántas cosas nosperdimos!” Le susurra el capitán Gregg a una dormida señora Muir, antes de desaparecer durante muchos años. ¿Todo ha sido un sueño? Podría ser…pero…


Por que Tiempo de Hadas

Por varias razones, porque estas criaturas mitológicas no siempre son las dulces y empalagosas criaturas que nos vende la edulcorada industria del ocio infantil; y por el contrario, —cualquiera que conoce bien el folclore sobre estos y otros seres feéricos lo sabe bien—, pueden resultar inquietantes, peligrosas y hasta letales; porque en un mundo aséptico y anodino como el que nos imponen es necesario rescatar el lado mágico de la vida; y ¿por qué no? porque me llamo Ada y este es mi sitio y mi tiempo, un lugar para hablar de mi libro, de mi programa de radio, de las cosas que me gustan, de la cultura y del arte, de la buena literatura, del cine… un espacio propio al que te invito a entrar.