El Tapiz del Vampiro

El vampiro como depredador

El Tapiz del Vampiro
Título: El Tapiz del Vampiro
Autor: Suzy McKee Charnas
Editorial: Alamut
Fecha de edición: 2009
ISBN: 978-84-9889-021-1
Páginas: 256
PVP: 18,95 €.
Tipo: Novela
Formato: Rústica

La Obra

El Tapiz del Vampiro no es una obra reciente. Se publicó en 1980 y significó una nueva vuelta de tuerca, una visión hasta cierto punto innovadora del mito del vampiro enmarcado no tanto en el género de terror como en el de la ciencia ficción; una ciencia ficción muy del gusto de una generación de escritoras estadounidenses más interesadas en los aspectos humanos que en los tecnológicos del género. En 1991 la editorial Alcor publicó la obra en castellano. En 1993 lo hizo Martínez Roca; y ahora es la editorial Alamut la que nos brinda esta edición traducida por Albert Solé que incluye un suculento artículo titulado Me and Suzy McKee escrito en 1993 por Elia Barceló, donde nos relata su encuentro con la autora con ocasión de una conferencia que diera en Viena en 1992.

Veamos la sinopsis de la obra según la ficha proporcionada por la editorial:

El doctor Weyland es el profesor más respetado de una pequeña universidad de Nueva Inglaterra. Alto, maduro, de pelo acerado, sus modales anticuados cautivan a los estudiantes, y un magnetismo especial rodea todos sus actos. Sin embargo, Weyland es un nombre falso, sus credenciales académicas son inventadas, y tras la fachada del erudito absorto en su trabajo se oculta el mayor depredador que el mundo ha conocido, uno cuya presa son los seres humanos. A través de los siglos, el vampiro ha sobrevivido mimetizándose en la sociedad humana. Ahora es profesor de antropología, lo que resulta irónico dadas sus costumbres alimenticias... Pero Weyland no es el monstruo que cae víctima de sus sentimientos humanos. Es el monstruo que perdura. Y hará todo cuanto esté en su mano para protegerse a sí mismo y su modo de vida.

Es evidente que Suzy McKee al escribir esta obra quiso huir de los tópicos propios de la literatura vampírica clásica, pero también de la contemporánea. Pocos años antes Anne Rice había comenzado a conquistar al público con su saga de vampiros imperecederamente jóvenes, apuestos y tan sensuales como repletos de dudas existenciales. El vampiro de A. Rice es una sublimación del eterno adolescente, pletórico de pasiones violentas y de estética romántica. Por el contrario Suzy McKee nos presenta a un vampiro que no tiene nada de sobrenatural. Se trata de una rareza biológica, quizá una extravagancia evolutiva, que sólo aparenta ser humano.

De cazadores y presas

En realidad es el solitario representante de una especie de la que no sabemos si existen más individuos, un depredador implacable que ha aprendido a confundirse con su presa, una presa por lo demás peligrosa y a veces impredecible que le obliga a estar siempre alerta. Ha aprendido a mimetizarse como un humano más. Habla y se comunica con sus presas, pero en realidad en sus relaciones con ellas sólo tiene un objetivo, sobrevivir en su propio territorio de caza sin llamar la atención. Y curiosamente él mismo expone en una conferencia como sería desde un punto de vista científico ese depredador hipotético al que las leyendas, dándole un cariz sobrenatural, habrían dado el nombre de vampiro.

Es una idea novedosa y atrayente el que la presa no se distinga a primera vista de su depredador. Pero como él mismo confiesa un análisis médico somero pronto sacaría a la luz las enormes diferencias biológicas bajo la superficie de su piel. Una de esas diferencias es su constitución ósea y muscular, más fuerte y mejor adaptada para la supervivencia física que la de los humanos; otra, más llamativa, es el apéndice que oculta bajo la lengua, un aguijón con el que consigue perforar la piel de sus víctimas para succionar el líquido de la vida, un apéndice que recuerda inmediatamente al aguijón del que se valen los vampiros en algunas tradiciones polacas.

También este es un vampiro asaltado por dudas, pero son interrogantes mucho más prosaicas que los que acosan a los no muertos de Rice. El vampiro de McKee entra periódicamente en un letargo del que se despierta sin recordar la "vida" que ha llevado antes del sueño. Es esta una fase crítica y peligrosa de su existir. Interesantes son las reflexiones del vampiro acerca de la naturaleza humana y la incertidumbre de saber si en su siguiente existencia podrá sobrevivir, una existencia que parece prolongarse indefinidamente en el tiempo, en el pasado; pero ¿y en el futuro? Quién sabe si cuándo despierte de su sueño no se encontrará en un mundo en el cual la especie humana se haya autoextinguido torpemente, una preocupación no tan lejana cuando McKee escribió la obra. O quizá la sociedad humana habrá cambiado tanto qué no podrá adaptarse a ella. Son dudas muy razonables. No tiene necesidades sexuales; no busca a otros de su especie. Como los grandes depredadores es un ser solitario que no gusta de tener competencia de su propia especie rondando en su territorio de caza. El sexo para él es otra arma más con la que manipular a sus víctimas y conseguir sangre.

El encanto de la bestia

La seducción que ejerce el vampiro no tiene nada de sobrenatural, no posee la belleza de un adonis eternamente joven. Por el contrario responde a otro tópico de seductor, el del hombre maduro, elegante, experimentado, culto y seguro de si mismo. El doctor Weyland sin embargo no es un don juan, no es un seductor activo salvo cuando tiene hambre, pero su figura, el personaje que ha inventado, atrae irremediablemente las miradas del público femenino; a veces más de lo que él quisiera. Suzy McKee se ha esforzado mucho en recrear este vampiro "científicamente posible" evitando las escenas de romance tan habituales ya en la literatura vampírica contemporánea. Y sin embargo inevitablemente parece que al fin sucumbe a la tentación de mostrarnos una escena erótica entre el vampiro y la psicóloga a la que, para cubrir las apariencias, se ve obligado a visitar. La propia autora reconoce, según podemos leer en el artículo de Elia Barceló, que escribió dicha escena en respuesta al desafío de algunos amigos que la preguntaron si le daba miedo mostrar al vampiro alimentándose o teniendo relaciones amorosas. En nuestra opinión no era necesario recoger un reto tan manido y al que ningún autor de este siglo creo que tenga miedo en absoluto. Por el contrario es precisamente lo que la mayoría del público espera y lo valiente es prescindir de recursos fáciles.

La Dama y el Unicornio

La doctora Floria, con quien el doctor mantiene esta relación, es la protagonista indiscutible del capítulo El Tapiz del Unicornio. Poco a poco acaba descubriendo que su paciente no es un enfermo; que es lo que dice ser. La doctora sucumbe a la fascinación de descubrir una bestia única, una bestia siempre alerta porque es una presa codiciada por los cazadores. Es aquí donde surge el hilo que une la obra con el hermoso mito medieval de la Dama y el Unicornio plasmado en los hermosos tapices franceses del siglo XV en los que se representa a la mítica bestia descansando en el regazo de una doncella, la única capaz de amansarla hasta el punto de hacerla olvidar a sus perseguidores. Se trata de una trampa tan bella como mortal.

No obstante Weyland no es precisamente un unicornio encandilado por la inocencia de la doctora, y él mismo se da cuenta que es el humano, su presa, la inocente doctora, la que se siente fascinada por la bestia. Lo que si tienen en común el unicornio y el vampiro de Suzy McKee es ser el objetivo ansiado de cazadores que les atribuyen propiedades milagrosas y extraños poderes. En la leyenda medieval el asta del unicornio, como la sangre del vampiro, esconde el secreto de la longevidad. El enemigo más peligroso del doctor Weyland es un satanista de salón; un loco ocultista que sueña con una multitud de seguidores adorándole y que anhela poseer los poderes que cree adivinar en el vampiro. El infeliz soñador ignora que su monstruo sobrenatural es tan sólo un ser extraordinariamente dotado biológicamente. En su locura, intenta obligar al vampiro a colaborar con él para crear una nueva religión donde el, como sacerdote, controlaría al dios, el vampiro. Pero Weyland es antropólogo, y no olvida el gusto que los seres humanos tienen por sacrificar a sus dioses.

El placer de la caza

En suma en esta obra Suzy McKee nos presenta a un depredador en lo más alto de la cadena alimenticia, un depredador que tiene como fuente de alimentación a una presa muy peligrosa, nosotros. La escritora nos presenta el punto de vista del cazador, nos describe su mente centrada en un único objetivo, la pieza, el acecho, el hambre, la necesidad de sobrevivir. Lo demás son estorbos que le distraen de su meta. No es el único cazador en la novela. La vida del vampiro resulta seriamente amenazada por los disparos de una mujer con ese mismo instinto y que no se ha dejado engañar por las apariencias, Katje, protagonista del primer capítulo, con un título esclarecedor, La mente antigua en acción. Katje es una mujer de origen bóer que se ha criado en tierras sudafricanas. Ella posee ese instinto primitivo del cazador, esa mente antigua. No cuesta mucho reconocer aquí cierta identificación entre el personaje y la escritora, que pasó dos años de su vida en Nigeria.

Pero sin duda la intensidad y el poder de ese instinto primario del cazador se ponen de relieve en el capítulo Interludio Musical. Esta es una sección particularmente exquisita de la obra. La autora nos sitúa en la Ópera, donde asistimos a la representación de la Tosca de Puccini, cuya protagonista, Floria, se llama igual que la psicóloga que descubrió la auténtica naturaleza de Weyland. Entretejida con las descripciones de lo que ocurre en el escenario la autora nos muestra al vampiro inquieto, impelido por su necesidad de cazar, arrastrado fuera por ese instinto primario. Estas pequeñas pérdidas de control, errores casi imperceptibles, son los que le obligan a desaparecer, a deshacerse de un plumazo de su existencia forjada, diseñada durante años, para asumir otra de modo camaleónico. El vampiro, el implacable predador, debe descansar y reinventar una nueva vida.

Suzy McKee Charnas

Suzy McKee Charnas

Suzy McKee Charnas nació en 1939 en Nueva York. A los seis años empezó a escribir sus primeros comics. En 1961 su interés por escribir literatura de fantasía, horror y ciencia ficción la llevó a cursar Historia Económica en el Barnard College de la Universidad de Columbia, con el fin de poder recrear sociedades humanas creibles en sus relatos.

Tras vivir dos años en Nigeria impartiendo clases, regresó a Nueva York para estudiar en la Universidad. En 1969 contrajo matrimonio y se trasladó con su marido a Nuevo Mexico, donde reside actualmente en la ciudad de Santa Fé. A partir de ese momento comienza su labor como escritora. En 1974 se publicó su novela Caminando hacia el fin del mundo, comenzando así sus Crónicas de Holdfast, que continuarían años después con Motherlines (1978), The Furies (1994) y The Conqueror's Child (1999). Asimismo es autora de una serie de novelas denominada Sorcery Hall, compuesta por The Bronze King (1985), The Silver Globe (1988) y The Golden Thread (1989). En 1980 escribió El Tapiz del Vampiro a partir de una serie de relatos cortos. El capítulo denominado El Tapiz del Unicornio recibió el premio Nebula. Otras novelas suyas son Dorothea Dreams (1986), The Kingdom of Kevin Malone (1993), y The Ruby Tear (1997).

Suzy McKee es autora de muchos relatos cortos recogidos en diferentes antologías como Moonstone and Tiger-Eye (1992), Music of the Night (2000) y Stagestruck Vampires (2004).

© 2009. Javier Arries

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