Vrykolakas de las Cícladas


Los siguientes casos fueron expuestos por François Richard en su Des falses revenants. Relation de ce qui s'est passé a Sant-Erini Isle de l'Archipel, publicado en 1657 en París. Todos ellos se sitúan en el archipiélago de las Cícladas al norte de Chipre.

EL ZAPATERO DE PYRGOS Y OTROS VAMPIROS AMABLES

Pyrgos, en la isla de Santorini
Pyrgos, en la isla de Santorini

En la isla de Santorini está la localidad de Pyrgos. En ella vivía un zapatero de nombre Alexander. Al morir, según Richard, se convirtió en un vrykolakas que volvió para visitar a su familia. Sorprendentemente no fue para consumir su sangre, sino para arreglar los zapatos de su prole y ayudar a su viuda en las faenas de la casa: cortar leña, acarrear agua, etc. Pese a todo, sus vecinos, temerosos de verlo por allí, incineraron el cuerpo y acabando de este modo con sus visitas.

Parecido al anterior es el caso de un campesino que a su muerte tomó la costumbre de ir a arar por las noches los campos del que fuera su patrón en vida. Tal era el brío con el que trabajaba que le cundía el doble que cuando estaba vivo, dejando a los bueyes extenuados y casi muertos por el esfuerzo. Los vecinos, celosos de sus hazañas laborales, lo quemaron como al zapatero.

Amorgos
Isla de Amorgos. Según Richard era creencia habitual en la isla que los vrykolakas deambulaban libremente (Foto de Agon S. Buchholz, WikiMedia Commons)

Richard comenta que también era habitual ver a los vrykolakas deambulando pacíficamente y comiendo habas por los campos. Al parecer esta era una creencia habitual en Amorgos, donde afirmaban haberlos visto. Algunos, según era creencia común, regresaban a sus casas y cohabitaban con sus viudas.

IANETTIS, EL USURERO DE SANTORINI

Otro caso recogido por Richard en Santorini es el de Ianettis. Ianettis era un usurero con algunas deudas pendientes que no pudo pagar debido a que falleció antes de poder hacerlo. En su lecho de muerte le pidió a su mujer que se encargara de pagar a sus deudores. La mujer sin embargo hizo caso omiso.

Aquello parece que enfureció mucho al difunto, pues empezó a aparecer por la región causando todo tipo de destrozos a sus vecinos. No era infrecuente que les asaltara de noche tirando de las ropas de cama, vaciando las barricas de vino y provocando todo tipo de trastornos.

La tomó especialmente con los religiosos, y con frecuencia solía despertar a los sacerdotes para molestarlos. En otra ocasión se apareció ante la madre abadesa de un convento dominico, arrojó sus zapatos a una tina de agua y estrelló su rosario contra el suelo.

PATINO DE PATMOS

Patino era un comerciante de Patmos que murió mientras realizaba un viaje para realizar unos negocios en Natolia. La viuda se encargó de que tuviera un enterramiento digno, pero el comerciante regresó de su tumba asaltando las casas de la comarca y atacando de forma violenta a sus ocupantes. Tras muchos destrozos y al ver que ni las oraciones ni los exorcismos le conjuraban se desenterró el cadáver. El cuerpo fue embarcado con la intención de dejarlo en Natolia, pero los marineros lo desalojaron en la primera isla que encontraron y quemaron el cuerpo.

ALGUNAS REFLEXIONES

Patmos
Patmos

Sin duda resultan sorprendentes los casos de vampiros que deambulan tranquilamente o que vuelven para seguir con las labores que tenían en vida. Es como si el vampiro fuera un autómata movido por los restos del psiquismo que le animaba en vida; como si mantuviera rasgos de su personalidad anterior pero de forma mecánica.

Más clásicos, por su ferocidad, resultan los otros vampiros de los que habla Richard. A destacar su aversión a lo sagrado. Resulta curisoso también que en estos casos de vampiros griegos como en otros de vampiros centreoeuropeos una de las travesuras a las que se entregan los no muertos, como en el caso de Patino de Patmos, consiste en vaciar barriles y botellas de vino. En Rusia la borrachera, el acto de beber, el rubor que produce la bebida y el vampirismo mantienen una relación estrecha que se deja ver en algunos dichos en los que se compara al borracho con el vampiro. Es posible que los bebedores compulsivos sean considerados como candidatos a convertirse en vampiros a su muerte, entre otras cosas por el estado de animalidad a que conduce la ebriedad. El vampiro, en cierto modo, se comporta como un borracho, irresponsable, peligroso y violento. A esta imagen quizá pueda agregarse el hecho de que las personas ebrias, en la imaginación popular, parecen comportarse como si hubieran sido poseidas por un espíritu maligno, lo cual los asemejaría, según sus paisano, con el vampiro, que no es sino un cuerpo muerto invadido por un demonio.

© 2008. Del texto y traducciones, Javier Arries

© 2016. Diseño y contenido por Javier Arries

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