Necronomicón

El Libro Maldito de Lovecraft

Artículo publicado en la revista Nueva Dimensión Karma 7 (Año IX, número 8). Autor: Javier Arries

Maldita la tierra donde los pensamientos muertos viven reencarnados en una existencia nueva y singular, y maldita el alma que no habita ningún cerebro. Sabiamente dijo Ibn Shacabad: bendita la tumba donde ningún hechicero ha sido enterrado y felices las noches de los pueblos donde han acabado con ellos y los han reducido a cenizas. Pues de antiguo se dice que el epíritu que se ha vendido al demonio no se apresura a abandonar la envoltura de la carne, sino que ceba e instruye al mismo gusano que roe, hasta que de la corrupción brota una nueva vida espantosa, y las criaturas que se alimentan de la carroña de la tierra aumentan solapadamente para hostigarla, y se hacen monstruosas para infestarla. Excavadas son, secretamente, inmensas galerías donde debían bastar los poros de la tierra, y han aprendido a caminar unas criaturas que sólo deberían arrastrarse.

Una cita de una terrible crudeza, no hay duda. Detenerse en ella parece abrir todo un mundo de horrendas posibilidades. ¿Cuál es su horrible procedencia? Muchos ya habrán adivinado que semejante muestra de "abominación", sólo puede proceder de uno de los textos más raro y famoso, a la vez, de todos los tiempos: "El Libro de los Nombres Muertos", el Necronomicón.

EL PROFETA DE PROVIDENCE

El nombre de esta obra curiosa se populariza gracias a Howard Phillips Lovecraft, autor de relatos y novelas de terror nacido en Providence (Rhode Island) el 20 de agosto de 1890. A lo largo de varios años Lovecraft, y varios amigos y colaboradores, irán forjando en sus cuentos de terror toda una mitología contemporánea, con sus propios dioses, cosmogonía, leyendas, y personajes, conocida popularmente como los "Mitos de Cthulhu". A los propios mitos pertenece toda una bibliografía fantástica; una colección de libros espantosos buscada asíduamente por los personajes de las narraciones lovecraftianas, y de entre los cuales destaca el Necronomicón.

Todo ese horror, como informaría el libro, procede, en última instancia, de las lejanas estrellas que son el origen de los auténticos protagonistas de los Mitos: los "Antiguos", los blasfemos "dioses primigenios o primordiales", esencia del Mal y de la Locura, que llegaron a la Tierra hace incontables eones. Se apoderaron de ella y establecieron una "tiranía maligna y pestilente de locura y terror", hasta que fueron vencidas eones atrás por los dioses Arquetípicos, más indiferentes que benévolos. El Gran Cthulhu, muerto y sin embargo soñando, fue recluído en la ciudad sumergida de R'lyeh; el inefable Hastur masculla su odio cerca de Carcosa, en las estrellas Híadas; Azathoth, jefe de los primigenios, privado de voluntad e inteligencia, mora y bulle en un terrorífico e incoherente Caos de locura y angustia que conforma su propia substancia, más allá del espacio-tiempo tal como lo conocemos; le acompaña Yog-Sothoth, una de cuyas manifestaciones más conocidas es una infinidad de globos iridiscentes que consumen y queman el espíritu; Dagon; Ithaqua; Wendigo; Shub-Niggurath; Cthugha;... son otros tantos dioses terribles, de los que la mayoría de la humanidad, todavía y afortunadamente, permanece ignorante.

CUANDO EL HORROR PENETRE EN EL ESPACIO-TIEMPO

Pero los "Antiguos" intentan volver a dominar nuestro mundo. Para ello cuentan con la ayuda de seres y razas extrañas desconocidas para nosotros, pero que comparten nuestro Universo y sus aledaños y son fieles a las antiguas deidades. Según los relatos lovecraftianos en el Necronomicón se afirmaría que en todo lugar y tiempo, incluido el nuestro, repulsivos iniciados de las más espantosas Artes Negras intentan abrir los portales a través de los cuales puedan pasar los horrorosos "dioses antiguos", desterrados por una raza divina más benévola. Los temerarios sicarios al servicio de las verdaderas encarnaciones del "terror cósmico", obtienen buena parte de su malévolo poder y sus abominables conocimientos de ciertas obras malditas. El propio Necronomicón integra una buena colección de fórmulas para viajar entre los mundos, para cerrar los "Portales", ... ¡y para abrirlos, amén de otras técnicas mágicas, físicas, y geométricas de las que sería mejor ni hablar. Aunque especialmente horrible, parece la profecía que anuncia la apertura de los Portales con la consiguiente irrupción de lo que ninguna inteligencia debería contemplar, si se me permite emplear un cierto tono a lo Lovecraft.

El propio Lovecraft, que pese a haber nacido de padre anglicano y madre anabaptista se declaraba ateo, afirmaba que el Necronomicón, y los mitos, eran una invención suya, y que no tenían existencian real. Pese a todo, los datos bibliográficos que se daban en los relatos, referentes a lo que podría llamarse la Biblia de los Mitos de Cthulhu, eran tan eruditos y precisos, que muchos aficionados a la literatura de terror, y más específicamente a la obra de Lovecraft, llegaron a creer en su existencia real. Muchas librerías y bibliotecas se vieron, de pronto, abrumadas por las peticiones de ejemplares del ignominioso libro. Rafael Llopis, en la introducción a una de las recopilaciones de los Mitos de Cthulhu editadas en castellano, nos refiere como en la librería parisina "La Mandragore", una lista de libros raros solicitados clavada en la pared la encabeza el Necronomicón; una broma de su amigo François Béaulu, según afirma el propio R. Llopis. Muchos libreros siguieron la broma. Uno de los creadores de los mitos, y amigo de Lovecraft, August Derleth, comenta divertido que algunos, incluso lo ofrecían en anuncios por correo, y lo incluyeron en los catálogos de libros antiguos, como el incluído por Walker Baylor en el Antiquarian Bookman, en 1962: Alhazred Abdul. The Necronomicon. España, 1647. Lomo de piel algo ajado y descolorido, por lo demás en excelentes condiciones. Numerosos pequeños grabados en madera de signos y símbolos esotéricos. Al parecer, es un tratado (en latín) de Magia Ritual. El sello de ex libris en la página de respeto indica que el libro procede de la biblioteca de la Universidad de Miskatonic."

En 1960, según el colaborador de Lovecraft, August Derleth, incluso se descubrió una ficha de la obra en la Biblioteca General de la Universidad de Califirnia, que habría sifo incluída en los archivos por un estudiante:

     BL 430
     A 47
     B
              Alhazred, Abdul ----------- aprox. 738 D.C.
              NECRONOMICON (Al Azif) de Abdul
              Alhazred. Traducido del griego
              por Olaus Wormius (Olao Worm)
              xiii, 760 págs., grabados madera,
              enc. tablas, tam. fol. (62 cm.)
              (Toledo), 1647

Está cuidada hasta en sus mínimos detalles, pues BL 430 alude a la sección de religiones de la Biblioteca, y la letra A corresponde a un armario cerrado con llave que incluye libros de difícil acceso.

Y sin embargo, son muchos los que afirman que el Necronomicón es un libro real del que Lovecraft tenía conocimiento. Pese a que el escritor era materialista, no son pocos los que alegan que su excepticismo era un tanto peculiar. Desde su niñez se aficionó a la lectura de obras esotéricas, teosóficas, etc., algunas de las cuales aparecen también en sus relatos. Lo cierto es que este extraño y genial personaje, que acostumbraba a escribir de día con las cortinas echadas, y a pasear de noche por los parajes más exóticos, cuando sólo era un muchacho asaltado por extrañas pesadidllas levantaba altares "a Pan y a Apolo, a Atenea y a Artemisa y al benévolo Saturno, que gobernaron el mundo en la Edad de Oro". Muchos sospechan que Lovecraft sabía más de lo que decía, y dan por válido lo que del Necronomicón se dice en sus relatos.

HISTORIA DE UN LIBRO IMPOSIBLE

El auténtico nombre del libro sería Al-Azif. Azif es una palabra árabe que designa el ruido nocturno de los insectos, atribuído en otro tiempo a los demonios. Su supuesto autor, Abdul al-Hazred, habría sido un poeta del tiempo de los Omeyas, en los últimos años del siglo VII. Huído al Yemen visitó las ruinas de Babilonia y de Menfis. Pasó diez años en el gran desierto del sur de Arabia, aquel al que los antiguos árabes llamaban Roba el-Khaliyeh, y que ahora llaman Dahna, "el desierto escarlata". En algún lugar de aquella tierra infestada tradicionalmente de demonios y vampiros, el poeta halló "la ciudad perdida", Irem, la "Ciudad de los Pilares", y desde entonces se le conoció como "el árabe loco", pues lo que allí presenció o encontró le arrebató la razón. Pasó sus últimos días en Damasco, donde escribió el famoso tratado en el año 730, hasta que murió, pagano, y en extrañas circunstancias, 8 años después. Según Ibn-Khallikan, quien habría redactado su biografía en el siglo XII, un monstruo invisible lo habría devorado horriblemente en una plaza de Damasco, delante de una multitud de testigos. Su libro circularía secretamente en círculos muy cerrados.

Theodorus Philetas de Constantinopla lo vertió al griego, en secreto, el año 950, bajo el título con el que se conoce actualmente: Necronomicón. El patriarca Michael prohibió y mandó quemar el libro, un siglo después. En 1228, un tal Olaus Wormius habría encontrado la famosa traducción latina, que conocería dos ediciones. Una de ellas, probablemente del siglo XV, habría tenido lugar en España. Una traducción castellana, probablemente de León y del año 1300 aproximadamente, habría sido "encontrada" en el Archivo Histórico de Simancas por F. Torres Oliver, a quien debemos buena parte de las traducciones en castellano de la obran de Lovecraft. No me resisto a transcribir una cita de dicha "versión", tal como aparece en la obra Los Mitos de Cthulhu: "De los Primero Engendrados, escripto está que esperan sienpre al umbral de la Entrada, e la dicha Entrada se encuentra en todas partes é en todos tiempos, ca Ellos non conosçen tienpo nyn lugar, sino esisten en todo tienpo é en todo lugar, ..." El caso es que en 1232, se dice que el papa Gregorio IX prohibió ambas veriones, la latina y la griega. Desde los tiempos de Wormius no se ha vuelto a tener noticia del original. El único ejemplar conocido de una versión en griego, editada en Italia en la primera mitad del siglo XVI parece haberse perdido tras el supuesto incendio un incendio en la biblioteca de un vecino de Salem, en 1692.

¿QUIEN TIENE EL DICHOSO LIBRO?

En El que acecha en el Umbral, se menciona un manuscrito que perteneció a un tal Alijah Billington, con cubierta de cuero muy flexibe y suave, piel humana probablemente, sin título, y en una de cuyas primeras páginas, antes de comenzar el texto, sin preámbulo, dice: Al Azif: El Libro del Arabe, fragmentos traducidos de la edición latina y de la griega. En el manuscrito, que consistiría en fragmentos del necronomicón, podrían verse señales y anotaciones que se refieren a los originales de los que fue extraído: Br. Museum (British Museum de Londres); Bib.Nationale (Bibliotheque Nationale de París); Widener (de la Universidad de Cambridge); Univ.Bs.Aires (Universidad de Buenos Aires); y San Marcos (Biblioteca de Lima). De estas Bibliotecas se sospecha que guardan algún ejemplar. Algunos afirman que existen además sendos ejemplares ocultos en las Bibliotecas del Vaticano y en El Cairo.

Pero el ejemplar más famoso en inglés arcáico se halla, según muchos relatos, en la Biblioteca de la Universidad de Miskatonic, en la ciudad de Arkham, guardado celosamente bajo llave. Se trataría de una versión de la traducción latina de Olaus Wormius, impresa en España en el siglo XVII. En realidad la ciudad de Arkham no existe, sin embargo su modelo real habría sido Salem. Algunos suponen entonces que diferentes patronímicos y gentilicios ocultarían lugares y personajes reales, del mismo modo que algunos de los personajes de lo relatos son recreaciones de los propios autores.

Se sospecha dela existencia de muchos fragmentos manuscritos, copiados por diversos practicantes de los antiguos cultos, de estos textos, como el ya mencionado Alijah; y un ejemplar, según el relato The Descendant, habría sido adquirido a muy bajo precio por un tal Williams a un tendero judío de Clare Market. La cubierta de piel, con cierre de latón, era muy voluminosa y pesada. La obra era una traducción en un latín medieval, deformado. E incluso al famoso mago y alquimista isabelino John Dee se le ha atribuído una traducción incompleta y manuscrita.

Sin embargo algunos ejemplares no estarían en manos de particulares. Extrañas sociedades son mencionadas en los mitos, como la orden de Dagon, cuya sede más importante sería una antigua logia masónica que compraron en New Church Green, Innsmouth. Sus cultos se orientan a la búsqueda de la inmortalidad con extrañas transformaciones. Ceremonias especialmente importantes son las que llaman "re-nacimientos", que se celebran el 30 de abril, la Noche de Walpurgis, y el 31 de octubre, la Noche de Helloween. Se menciona asimismo a un secta conocida como "Sabiduría de las Estrellas", cuya sede habría estado en la Iglesia de Federal Hill, en Providence. Se les asocia con ciertos cultos para traer a espantosas criaturas vampíricas desde más allá del espacio conocido.

RINDIENDO CULTO A LOS "ANTIGUOS"

Todo ésto no es, en principio, sino una serie de suposiciones sin demasiada base real para algunos, pero con sentido para otros. Rafael Llopis acaba su introducción a Los Mitos de Cthulhu diciendo en tono jocoso "Tal vez algún ocultista engañado cita algún dia en sus obras el Necronomicón. Acaso entonces sus discípulos y lectores crean al maestro y Cthulhu empiece a tener adoradores reales...". Pues bien, ¡eso ya ha ocurrido! Una sociedad satánica invoca a Cthulhu en un ritual organizado que suelen llevar a cabo, siempre que les es posible, en grutas al lado del mar, desde las que se pueden oir las voces de los participantes adorando a los "Antiguos": "Por el Sello de los Nueve y por el Brillante Trapezoide, que nada nos haga incurrir en tu cólera, pues conocemos a los Antiguos dioses. ¡Viva Cthulhu! ¡Viva Satán!"

Y no son los únicos que han integrado los mitos en sus sistemas y doctrinas. La mayoría de los discípulos de Crowley relacionan a éste y a su sistema revelado en el famoso Liber Legis, con el Necronomicón y su supuesto contenido. Para la Ordo Rosae Mysticae (O.R.M.), sociedad ocultista asociada a la Ordo Templi de Orientis en su facción crowleyana, Crowley expuso de manera clara lo que Lovecraft percibió de forma deformada en sus sueños y pesadillas. La O.R.M. incluso ha publicado un texto denominado Sauthenerom, "El Libro de la Ley de la Muerte", que según afirman sus miembros, es la auténtica fuente del Necronomicón, que por otra parte también han publicado. En la introducción, Frank G. Ripel, asegura que el suyo es el verdadero Necronomicón, que habría surgido hace 4000 años, mientras que la versión de Abdul Alhazred no sería sino una "versión espuria".

¡Y OTRO DIFERENTE! ALGUIEN MIENTE

Aún conocemos otra edición del Necronomicón, en esta ocasión americana, que se autocalifica como auténtica. Nuevamente se relaciona a Crowley con el Necronomicóm, e incluso hay una dedicatoria a su memoria Ad Meiorum Cthulhi Gloriam, además de una tabla comparativa de tópicos crowleyanos, deidades sumerias, y dioses lovecraftianos. En las diferentes secciones que lo introducen se afirma que el manuscrito le llegó al editor de manos de un sacerdote, y que tiene pruebas para demostrar su autenticidad. Todo el texto está integrado por aspectos mitológicos y divinidades sumerias, de las que habrían derivado los nombres de los mitos; así, Cthulhu, no sería otro que el dios Kutu del Enuma Elish, el poema babilónico de la creación; el "Antiguo" Azathot, sería Azag-Thoth, donde Thoth sería el dios egipcio de la magia del mismo nombre, y azag una palabra sumeria que significa "mago"; y el Shub Niggurath de Lovecraft sería el dios sumerio Ishnigarrab, sin contar con que "Shub" es un vocablo sumerio que alude a algo referente a los exorcismos. Contiene algunas sugerencias ingeniosas, como la posibilidad de que la Universidad de Miskatonic, invento de Lovecraft, lleve este nombre en relación a los dioses ctónicos; esto es, subterráneos.

Si bien el texto de este último Necronomicón resulta curioso en ocasiones, hay varios indicios que hacen sospechar de su autenticidad, como ciertas paráfrasis y expresiones extraídas de los Oráculos Caldeos, como los "demonios de cara de perro". Algunos de los signos mágicos, por otra parte se parecen excesivamente a los llamados "sigilos" obtenidos de los cuadrados mágicos, bien conocidos de la magia talismánica medieval, derivada en buena medida de la árabe. Por otro lado, uno de los capítulos del libro, denominado El Libro de los Cincuenta Nombres de Marduk, Vencedor de los Antiguos, y el denominado Las Abominaciones se parecen excesivamente a los conocidos grimorios medievales asociados al Lemegeton, del que Crowley se atribuyó la traducción comenzada por Mathers, con alusión al "No Nacido" incluída. Todos estos tópicos y bibliografía mágica, son especialmente bien conocidos por todos aquellos que directa o indirectamente, incluídos los crowleyanos, tienen alguna filiación doctrinal con la Orden Hermática del Alba Dorada. También resulta sospechoso la inclusión de caracteres griegos y latinos en sellos e instrumentos de una obra supuestamente sumeria.

Todo parece indicar, por tanto, que el misterio de la existencia real del Necronomicón sigue siendo un misterio. El propio Lovecraft y su círculo negaban que fuera real, y por otro lado, todo lo demás son sólo rumores por confirmar, o la prueba de que el ser humano está dispuesto a creerse cualquier cosa; aunque por otra parte, los escasísimos esoteristas e iniciados que conocen la existencia de la extraña fraternidad a la que denominan Iluminados del C.B., y a un tal L.M.T., alegan buenas razones para sospechar la existencia de "un volumen escrito por un autor árabe que murió loco" en el seno de la Orden. Interrogados en mi presencia, hace tiempo, sobre la posible existencia del Necronomicón, los fratres M., y P.S.M., de la I.C.B., se miraron entre ellos. Visiblemente enojado por la pregunta, frater M. se limitó a contestar que la gente decía demasiadas tonterías, y cambió de tema inmediatamente; mientras su compañero aún se quedaba mirando unos segundos al "curioso" de una forma amenazante. Seguramente todo es una broma, ...¡espero!

© Javier Arries
 
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